Por José Martin Suárez
Secretario de Divulgación de la filial avileña.
Boletín UNHIC No.31 – Febrero 2021
El monumento, palabra que en latín se asocia con “recordar”, es toda obra preferentemente arquitectónica,de justificado valor artístico, histórico o social. Originalmente el término se aplicaba exclusivamente a la estructura que se erigía en memoria de un personaje o de un acontecimiento relevante; pero su uso fue extendiéndose y ha llegado a comprender cualquier construcción histórica enclavada en un núcleo urbano o aislado en el medio rural.
A lo largo de la primera mitad del siglo xx, la mayoría de los países occidentales aprobaron leyes de defensa y conservación de sus respectivos patrimonios y, desde finales del xx, y tras la regulación de la normativa internacional en materia de patrimonio histórico, el concepto de monumento se ha extendido a lugares o hechos naturales de especial valor y a obras de interés científico, técnico o social.
En Cuba, las primeras leyes aprobadas por la Asamblea Nacional en 1976, las no. 1 y no. 2 están dirigidas, justamente, a la protección del patrimonio heredado. Con frecuencia, los monumentos de concepción más clásica (fortalezas, santuarios o palacios) son asimilados como símbolo de una ciudad, región o país y sirven en numerosas ocasiones como elemento de identificación geográfica.
Así, el Morro o la Giraldilla, identifican a la capital cubana, San Pedro de la Roca a Santiago de Cuba, Puerta de Alcalá a Madrid y las ruinas de la trocha de Júcaro a Morón a Ciego de Ávila, solo por mencionar algunos ejemplos.
En la provincia avileña existen varios monumentos locales y cuatro nacionales, estos últimos a parecen en las imágenes: las ruinas de la mencionada trocha militar y seguidamente, de izquierda a derecha, el batey del central Cunagua,el sitio arqueológico Los Buchillones y más recientemente el sitial Lázaro López, histórico lugar donde quedó definitivamente organizado el contingente invasor para su marcha al occidente el 3 de diciembre de 1895. Allí estuvieron presentes once generales del Ejercito Libertador, incluidos Máximo Gómez y Antonio Maceo, así como el Consejo de Gobierno de la República de Cuba en Armas con su presidente Salvador Cisneros Betancourt.
Cuidar y proteger los monumentos es un deber de todos los ciudadanos y de las instituciones, organismos o entidades donde están enclavados. Siempre se ha de recordar la sentencia martiana: “A los monumentos hace falta, como a los hombres extraordinarios, espacio limpio en torno”.1
1 José Martí: “Carta al director de La Nación”, 20 de juniode 1883, en Obras completas, t. 9, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, p. 418.