Por José Martín Suárez Álvarez
Boletín UNHIC No.30 – Enero 2021
El 10 de enero se cumplieron 92 años del vil asesinato del joven revolucionario Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista de Cuba y destacado líder estudiantil, en la ciudad de México.
Mella visitó en varias oportunidades la ciudad de Ciego de Ávila y gozó de la amistad de la familia Cabrera, que entonces vivía en la calle José María Agramonte esquina a Joaquín de Agüero, ya que era compañero en la Universidad de La Habana de Julio Cabrera, quien más tarde fue abogado y notario. Personas que vivieron en esa época han afirmado que el sombrero de paño que aparece en una de sus más conocidas fotos, se lo obsequió ese amigo avileño, como muestra de afecto y compañerismo.
Otra visita tuvo lugar en 1924, cuando los trabajadores azucareros de esta región realizaban una de las más enérgicas huelgas de la historia de Cuba, dirigida por el líder ferroviario Enrique Varona González, la cual duró tres meses y estuvo a punto de provocar una nueva intervención militar norteamericana en la Isla. En aquella ocasión, Mella participó junto a Varona en una velada artística celebrada en el teatro Iriondo con el objetivo de recaudar fondos para las familias de los obreros en huelga, necesitadas de ayuda económica para la subsistencia. Entre ambos líderes surgió una sincera y entrañable amistad basada en principios e ideales compartidos. Muestra de ello son las palabras que escribió Mella al saber del asesinato, en las calles de Morón, en 1925, del incorruptible líder proletario, crimen ordenado por el presidente Machado en contubernio con las grandes compañías azucareras yanquis. Entonces expresó:
Hermano luchador, ¿quién hubiera podido profetizar tu final trágico? Líder magnífico. Gigante de cuerpo y de pensamiento. Tú estabas hecho para la vanguardia del ejército proletario. Grande como un gladiador, la misma muerte parecía temerte. Tu palabra desordenada —como la lucha en los campos de Cuba— era palabra de profeta anunciador de una nueva era. Tu dirección en las formidables huelgas de los centrales azucareros era una esperanza para el proletariado ávido de nuevas conquistas. ¡Salud, general de los bisoños y rojos ejércitos proletarios de Cuba! Cuando pasen los años y el proletariado destruya las tiranías sociales, tú habrás sido también un precursor.
El pueblo avileño atesora con celo y amor el recuerdo de las visitas de Mella y también sus proféticas palabras, antes de partir hacia México:
“Somos optimistas, confiamos en la victoria, nuestra juventud y nuestros ideales nos incitan a luchar y triunfar”.