Por María Caridad Pacheco González
Boletín UNHIC No.34 – Mayo 2021
Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, hija del médico Manuel Sánchez Silveiray la manzanillera Acacia Mandule y Alsina, nació en Media Luna, hoy en la provincia Granma,el 9 de mayo de 1920. Creció en un hogar donde se veneraba la historia de Cuba, a los próceres de la patria, y se luchó contra el régimen de Machado. El doctor Sánchez Silveira, quien había quedado viudo muy joven, no volvió a casarse y cuidó de su prole (ocho hijos, de los cuales Celia fue la cuarta); fue un médico sin horario ni exigencias económicas para atender a los más pobres, a quienes solía no cobrarles la consulta y un defensor de los derechos de los campesinos de la región de Manzanillo.
Sus hijos se formaron en esos patrones éticos.
En los años finales de la década del cuarenta y principios de la siguiente, Celia se adhirió a las ideas de Eduardo Chibás Ribas, líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), quien denunciaba la corrupción y los turbios manejos de los dirigentes y funcionarios del gobierno. Cuando el10 de marzo de 1952 Fulgencio Batista Zaldívar protagonizó el golpe de Estado, Celia se opuso resueltamente al régimen dictatorial impuesto por lafuerza. El 21 de mayo de 1953, junto a la escultora Jilma Madera, su padre y otros martianos participó en el pico Real del Turquino en la develación del busto del Apóstol. Al realizarse el 26 de julio de 1953 el ataque al cuartel Moncada, se solidarizó con el grupo de jóvenes que habían realizado la audazacción. Integrante del MR-26-7 asumió, junto a Frank País García, tareas relevantes durante los preparativos de la expedición del Granma y el inicio de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra.
En un informe que escribió a Fidel el 13 de mayo de 1958, en Vegas de Jibacoa en la Sierra Maestra, Celia señaló: “Hay muchos papeles sin importancia hoy, pero que para un futuro y para la historia serán de gran valor”. Sin saberlo, desde ese momento marcaba el inicio de lo que sería una labor perdurable, consistente en salvaguardar la memoria histórica de la lucha insurreccional,que asumiría la Oficina de Asuntos Históricos desde su creación en 1964.
Tras el triunfo de la Revolución Cubana, Celia trabajó con la misma sencillez y entrega con que lo había hecho durante la etapa de la lucha insurreccional.
En 1962 se le nombró secretaria de la Presidencia y del Consejo de Ministros. Integró el Comité Central del Partido Comunista de Cuba que se constituyó en octubre de 1965, condición que le fue ratificada en el primer Congreso de esta organización (1975). En 1976 fue elegida diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular y también secretaria del Consejo de Estado. Casi siempre desde una posición anónima, Celia fue la gestora de diversas obras de beneficio popular, como el Parque Lenin y el Palacio de Convenciones. Mantuvo un estrecho contacto con el pueblo y atendió las necesidades de los campesinos de la Sierra Maestra y de los combatientes.
La modestia en Celia era un rasgo consustancial de su personalidad. Cuando comenzaba a ser percibida por la opinión pública nacional e internacional como figura relevante del Ejército Rebelde, Celia escribió a su padre en mayo de 1958 que habían desfilado periodistas de cuatro nacionalidades por la Sierra Maestra y la abrumaba el hecho de que no se conformaban con entrevistara Fidel, sino también mostraban interés en ella; al respecto, decía con cierto enfado: “Soporto esto hasta que esto acabe, después hasta el nombre me lo quito”. No pudo quitarse el nombre ni soslayar el deber de continuar ofreciendo lo mejor de sí ala Revolución y, aunque estaba llamada a ocupar una posición pública de primer orden al triunfo de la Revolución, prefirió el trabajo callado y crucial que desempeñó hasta su muerte.
Una de sus últimas apariciones públicas fue aquel memorable acto del 26 de julio de 1979, en que se presentó de nuevo radiante y hermosa, vistiendo el traje de combatiente junto a tres comandantes guerrilleras de la recién victoriosa Revolución nicaragüense. Era su forma muy personal de honrar a esa revolución hermana.
Fue la colaboradora más cercana a Fidel hasta el instante mismo de su muerte, ocurrida el 11 de enero de 1980, de modo que devino testigo y participante activa de los momentos más trascendentales de la Revolución triunfante en enero de 1959.
Celia ocupa un lugar significativo en la historia de Cuba por su labor como luchadora y dirigente revolucionaria y, sobre todo, por su sensibilidad extrema para con las preocupaciones y aspiraciones del pueblo. Por ello, un poeta inspirado en su excepcional existencia, la llamó“¡Celia de tu pueblo!”1
1 Se trata del escritor y poeta santiaguero Alberto Serret, autor del poema “En un tren de espuma”, en cuya estrofa final se lee: “Celia, Celia nuestra/ ¡Celia de tu pueblo!”