Por María Caridad Pacheco González
Boletín UNHIC No.35 – Junio 2021
El carácter socialista de la Revolución Cubana,a la vez que entusiasmó, preocupó a escritores y artistas no hostiles al proceso revolucionario,pero conocedores de las deformaciones impuestas a las letras y las artes en casi todos los países que se decían socialistas. En junio de 1961tuvieron lugar varias reuniones de escritores y artistas con dirigentes políticos encabezados por Fidel. En dichas reuniones hubo, de viva voz,muchas intervenciones, de las que al parecer no existen transcripciones. Solo se ha conservado el discurso conclusivo de Fidel, llamado “Palabras a los intelectuales”, que sirvió de resumen a las reuniones efectuadas durante los días 16, 23 y 30 de junio de 1961, en el salón de actos de la Biblioteca Nacional José Martí.
No eran los escritores y artistas los únicos intelectuales con preocupaciones. Para los historiadores, entre otros sectores del mundo profesional, existían inquietudes similares. Ello explica que en aquellos días intensos no solo se hablara de creación artística y literaria, no solo se debatiera profundamente el concepto de realismo y los peligros que podían derivarse de la implantación del realismo socialista como norma para la creación artística; también se debatieron temas relacionados con la concepción denuestra historia, puesto que cultura también ese se espacio de diálogo en el cual se forja el serde la nación.
A partir de este discurso de Fidel se definieron posiciones ideológicas y se desbrozaron caminos que facilitaran la inserción del arte yla literatura en el proceso de las transformacionessociales. Sin embargo, resulta difícil considerar su real significación si se desconoce el contexto en que fue pronunciado. Dos meses antes se había librado en Girón la batalla victoriosa contra una invasión mercenaria organizada por el Gobierno estadounidense, que alentaba y apoyaba los sabotajes y las operaciones de las bandas contrarrevolucionarias en el Escambray y otras zonas montañosas, a la vez que estrechaba el cerco económico contra Cuba. El pueblo cubano se hallaba enfrascado en la tarea de erradicar el analfabetismo; se había procedido a la nacionalización de la enseñanza;se habían constituido y comenzaban a funcionar, entre otras entidades de la cultura, el Icaic, la Casa de las Américas y la Imprenta Nacional. Se avanzaba, asimismo, en la preparación de instructores de arte, simiente de la Escuela Nacional de Arte (ENA), fundada en1962, punto de partida para la sorprendente expansión de la enseñanza artística, como una de las obras más notables y hermosas de la Revolución.
Como parte del crecimiento educativo general, se fomentaban las manifestaciones culturales en beneficio del pueblo, destinatario y protagonista de aquellas, en una época de renovación y debate en los ámbitos de la cultura y las ciencias sociales.1
En ese contexto hay que situar aquella reunión,que concluyó con palabras de Fidel que sentaron la base de una política cultural, nacida de un diálogo profundo, intenso, respetuoso, sustentado en la tradición de nuestra historia y nuestra cultura. Semejante entorno confirma la importancia que la dirección del país reconocía a las diversas expresiones del arte para la vida de la nación y explica el carácter de los pronunciamientos de Fidel, que no se limitan a la famosa frase “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”, la cual, líneas después, seratificaba con esta variante: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”,lo que subraya que la Revolución, el mayor y más trascendente hecho cultural en el de curso de casi medio siglo, tenía el deber —más que el derecho— de defenderse, como obra transformadora que desató ideas, sentimientos y potencialidades humanas.
Poco antes de pronunciar su histórica definición, Fidel había dicho:
La Revolución no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, marchen junto a ella. La Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario. La Revolución debe tratar de ganar para sus ideas la mayor parte del pueblo […].
Y añadió con admirable precisión: “La revolución sólo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”. Cuando se lee con cuidado la cita se advierte una resonancia martiana que está presente a lo largo de todo el discurso. En el momento de gestación del Partido Revolucionario Cubano, el Apóstol había proclamado:
Para todos será el beneficio de la revolución a que hayan contribuido todos, y por una ley que no está en mano de hombre evitar,los que se excluyan de la revolución, por arrogancia de señorío o por reparos sociales,serán, en lo que no choquen con el derecho humano, excluidos del honor e influjo de ella.2
El proceso no estuvo exento de errores, que no hay que temer evocar, porque como dijo Armando Hart Dávalos, ninguno de ellos fue estratégico“[…] ni con el peso necesario como para nublar la obra de la Revolución en la cultura”y “[…] lo más depurado y de más alto nivel intelectual del país permaneció fiel a ‘Palabras a los intelectuales’ y se mantiene al servicio de la Revolución Cubana”.3
El estudio del discurso que hoy conmemoramos puede ayudar mucho a la imprescindible tarea de que los jóvenes se hagan depositarios del proceso histórico de la cultura y, en general, de la Revolución Cubana, que ha despertado la admiración de hombres y mujeres en todo el mundo, entre quienes se hallan intelectuales de muy diversa procedencia. El pasado tiene una función social,y la capacidad de mirar hacia adelante la otorga el conocimiento acerca de los orígenes, quiénes nos antecedieron, qué hicieron, cuáles fueron los valores que guiaron su comportamiento y a qué enemigos se enfrentaron, para así poder vivir en consecuencia con ese trayecto y ramificarse en él.
Tras seis décadas, “Palabras a los intelectuales”continúa, convocando a regocijarse con la libertad y la justicia social, la belleza y la imaginación,consustanciales a la sociedad socialista que construimos.
1 El 9 de abril de 1961, a pocos días del ataque por PlayaGirón, Fidel había clausurado el ciclo de charlas sobreeducación y revolución de la Universidad Popular. Ensu comparecencia, esclareció que no se podía concebiruna sin la otra y expresó: “[…] nosotros no le decimosal pueblo: ¡cree! Le decimos: ¡lee! […] la Revolución ledice al pueblo: aprende a leer y a escribir, estudia, infórmate,medita, observa, piensa. ¿Por qué? Porque ese esel camino de la verdad: hacer que el pueblo razone, queel pueblo analice”, en http://www.fidelcastro.cu
2 José Martí: “Nuestras ideas”, en Patria, Nueva York, 14de marzo de 1892, en Obras completas, t. 1, Editorial Nacionalde Cuba, La Habana, 1963, p. 320.
3 Armando Hart Dávalos: “Intervención realizada en el acto por el 30 aniversario de “Palabras a los intelectuales”,29 de junio de 1991.