DOS EXPEDICIONES GLORIOSAS
Por María Caridad Pacheco
Boletín UNHIC No. 80 - abril 2025
Por María Caridad Pacheco
Boletín UNHIC No. 80 - abril 2025
El Plan de Fernandina, abortado el 10 de enero de 1895 por las autoridades norteamericanas, retrasó el levantamiento; pero la orden de alzamiento firmada el 29 de enero de 1895 por José Martí como delegado del Partido Revolucionario Cubano (PRC); José María Rodríguez Rodríguez, Mayía, en nombre del general Gómez, y Enrique Collazo, por los conspiradores en la Isla, puso la Revolución en marcha. Los patriotas escogieron el domingo 24 de febrero, día de carnaval, ideal para el tránsito y reunión de personas, incluso jinetes, sin llamar la atención; pero el estallido se produjo sin que los principales jefes se hallaran en Cuba, y con ese propósito llegaron a la Isla dos notorias expediciones el 1.o y el 11 de abril: la de Duaba y la de Playitas de Cajobabo.
El plan operativo organizado por Martí de llevar a cabo un levantamiento simultáneo se frustró al ser incautado el armamento por parte de las autoridades estadounidenses, y a ello se sumaron los inconvenientes que llevaron a que Flor Crombet asumiera el mando de la expedición del Honor destinado antes a Maceo, aunque según la orientación recibida, una vez en tierra cubana Crombet le entregó el mando total al general Antonio y se subordinó a sus órdenes.
Su agotadora marcha estuvo llena de obstáculos y peligros; algunos fueron muertos —como Flor—, heridos o apresados; el general José caminó unas cuarenta leguas hasta encontrar un bohío, donde le ofrecieron una sopa que le provocó un desmayo debido al tiempo que había estado sin probar alimento; pero a pocas semanas del desembarco, Antonio Maceo disponía ya de 3000 mambises para iniciar operaciones militares y la Revolución logró extenderse y afianzarse tras la llegada de sus principales dirigentes.
Mientras ocurrían las acciones en que perdiera la vida el general Flor Crombet, José Martí y Máximo Gómez preparaban en República Dominicana su partida hacia el campo de batalla. Luego de una frustrada partida el día 1.o, el 10 de abril los expedicionarios salieron del Cabo en el carguero alemán Nordstrand. Durante la travesía conocieron que un buque inglés los perseguía, por lo que el capitán Lowe desvió el barco de su ruta habitual y en la madrugada del 11 de abril se aproxima a Inagua, sin ser advertido, para verificar si continuaba el acoso. A pesar de la actuación cautelosa del grupo expedicionario, el cónsul norteamericano en Inagua comunica a las autoridades inglesas su presencia, y desde Nassau envían un cañonero para apresarlos, pero el Nordstrand se adelanta y el vapor se acercó a tres millas de la costa sur de Oriente. La noche tormentosa hizo dudar al propio capitán acerca de la conveniencia de este desembarco, pero ya Cuba se divisaba en el horizonte y Gómez consideró que el momento no admitía vacilaciones.
Los seis hombres: Máximo Gómez Báez, Francisco Borrero Lavadí, Ángel Guerra Porro, César Salas Zamora, Marcos del Rosario Mendoza, y José Martí Pérez, condujeron contra viento y marea el bote que, por momentos estuvo a punto de zozobrar en medio de la tormenta. Paquito Borrero y el General ayudaban de popa, mientras los demás hacia la costa, y Martí conducía el remo de proa. Vivieron momentos de angustia hasta que divisaron luces lejanas que les sirven de guía. De pronto, un grito de júbilo, porque han llegado felizmente a una playa de piedras, la Playita, al pie de Cajobabo, y se hallan todos a salvo frente a un enorme farallón. En su Diario de campaña, Martí describe vívidamente la felicidad —“Dicha grande”— que lo embargaba por su arribo al campo de la guerra tras quince años de ausencia de la patria.
Nueve días después de su odisea, el general José Maceo recibió la orden de encontrarse con Martí y Gómez en Arroyo Hondo, y le llegó la información de la contrainteligencia mambisa de que una considerable fuerza enemiga se dirigía al lugar para cercar y sorprender al Delegado del PRC y al general en jefe, por lo que marchó al frente de 200 hombres y después de 12 horas llegó al lugar del encuentro, justo en el momento del arribo del enemigo.
El combate duró dos horas, hasta que la columna enemiga se retiró, de modo que uno de los más valientes expedicionarios de Duaba llegó a tiempo para proteger la vida de los líderes de la expedición que desembarcó por Playitas. Al reencontrarse con Martí, José le regaló el corcel blanco llamado Baconao sobre el que moriría en Dos Ríos.
Las expediciones que condujeron a Martí, Gómez y Maceo junto a otros eminentes patriotas al escenario de la guerra contribuyeron, pese a todas las contingencias, a un importante viraje en la guerra iniciada el 24 de febrero de 1895.
* Dra. C. Vicepresidenta de la Unhic.