por Armando Hart Dávalos
Destacado intelectual y revolucionario cubano
Los hombres y mujeres que se convierten en mitos y leyendas de una nación expresan realidades que es necesario articular para construir en la conciencia humana la historia real de los pueblos.
Debemos honrar a José María Heredia porque es uno de esos grandes mitos y símbolos de la cultura y de la historia nacional cubanas, quien llegó a ser uno de los más grandes escritores de la literatura iberoamericana.
[…].
Heredia logró llegar a esa alta escala de valor porque articuló su arte de excepcional valía con su amor a la patria y su denuncia del sistema social y político que esta sufría. No habría alcanzado tan altas cumbres si no se hubiera dado en él ese acople maravilloso de que nos habló Martí, cuando en líneas memorables postuló: “Verso, o nos condenan juntos / O nos salvamos los dos!”.1
Y fue precisamente Martí, en su memorable discurso en honor de Heredia, quien lo calificó como primer poeta de América, para añadir: “Solo él ha puesto en sus versos la sublimidad, pompa y fuego de su naturaleza. Él es volcánico como sus entrañas, y sereno como sus alturas”.2 Por eso, pasó a ser uno de los símbolos de la historia cuana, cargada de proezas e ideas y se convirtió en un gran poeta de Cuba y Latinoamérica, porque logró realizar a la perfección, con talento y profesionalismo, ese difícil enlace entre poesía y política, para lograr expresar así las aspiraciones de la incipiente nacionalidad cubana.
Por ello, el Apóstol afirmó conmovido:
En la historia profunda sumergió el pensamiento: estudió maravillado los esqueletos colosales; aterido junto a su chimenea, meditaba en los tiempos, que brillan y se apagan; agigantó en la soledad de su mente sublime; y cuando, como quien se halla a sí propio, vio despeñarse a sus pies, rotas en luz, las edades de agua, el Niágara portentoso le reveló, sumiso, su misterio y el poeta adolescente de un pueblo desdeñado halló, de un vuelo, el sentido de la naturaleza que en siglos de contemplación no habían sabido entender con tanta majestad sus propios habitantes.3
Este maravilloso poeta tomó partido de manera radical, desde su temprana juventud, a favor de la independencia de Cuba y contra la esclavitud, a la que nombró en sus versos como “horror del mundo moral”. Su poesía marcó para siempre el alma de Cuba; si Varela fue el que nos enseñó a pensar primero, Heredia estableció en sus versos comprometidos la inevitabilidad de la independencia de la Isla […]. Enriqueció con su poesía el pensamiento y el amor a Cuba y se convirtió así en uno de los forjadores de la cultura nacional, en cuya cúspide más alta se encuentra José Martí.
[…] La causa de la independencia de los pueblos de la América hispana lo apasionó totalmente; le cantó al Libertador de América en encendidos versos: ¡Bolívar inmortal! ¿Qué voz humana Enumerar y celebrar podría / Tus victorias sin fin, tu eterno aliento?4
Este bardo inmenso, que pasó la mayor parte de su exilio en tierras mexicanas, fue también un hombre práctico. Fue maestro y se convirtió en uno de los fundadores de la Universidad de Toluca, fue jurista y participó en la vida política de ese país a favor de lo que consideraba mejor para los intereses del pueblo mexicano.
Hágase una selección rigurosa de su poesía y se encontrarán allí no solo la inmensa belleza del verso, sino también la aspiración a lo universal. Con su verso sublime supo penetrar en las esencias de los más diversos temas humanos, de la naturaleza, del universo. Estúdiese su poesía y se encontrará en síntesis lo mejor del pensamiento filosófico cubano; en su obra está pues el enlace del amor entre poesía y patria, poesía y justicia, poesía y realidad, entre ciencia y conciencia, todo lo que resulta indispensable promover en estos tiempos para servir a la humanidad.
Y al hacer este balance, no pueden olvidarse sus escritos de carácter político, entre los que se halla el antecedente más remoto de las tesis martianas sobre el equilibrio del mundo. El presidente norteamericano John Quincy Adams había afirmado que Cuba no podía ser una isla independiente, porque en tal caso una potencia europea se apoderaría de nuestro país, a lo que Heredia respondió con firmeza:
¿Ignora Adams que ninguna potencia europea podrá apoderarse de Cuba sin que se envuelva en sangre y fuego la mitad del mundo civilizado? ¿No sabe que Cuba, una vez despertada del letargo colonial, pesa mucho en la balanza política para que agregándose a cualquier potencia no trastorne el equilibrio y turbe la armonía del mundo? ¿Y no sabe que Cuba en manos de España es el punto de apoyo en que han de afianzar los reyes de España su palanca liberticida? ¿Cómo se desentiende de un peligro inminente por huir de uno quimérico, o lejano cuando más? ¡Hijo de John Adams, la causa de América estará comprometida, mientras Cuba no sea libre, a pesar de tu política temerosa!5
Estas ideas de Heredia encierran una impresionante vigencia y una advertencia muy seria para los tiempos actuales. Y es que con el genio de Fidel, sobre el fundamento de los mismos sentimientos que el poeta sembró en Mendive y en Martí, y con la acción de todos los que lucharon por Cuba en estos doscientos años, nuestro pueblo practica una política de defensa inclaudicable de su soberanía e independencia. Cuba, situada en el crucero del mundo, tiene una misión trascendente que cumplir, porque en Cuba se unió el amor a la razón, la poesía a la ciencia y todo ello está en el sustrato de los versos universales de José María Heredia.
* Tomado de Cubadebate, 24 de mayo del 2023.
1 José Martí: “XLVI”, en Versos sencillos, en Obras completas, t. 16, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p. 126.
2 José Martí: “Heredia”, en ob. cit., t. 5, p. 136.
3 José Martí: Discurso pronunciado en Hardman Hall, Nueva York, el 30 de noviembre de 1889, en ob. cit., t. 5, p. 169.
4 José Ma. Heredia: “A Bolívar”, en https://www.poesi.as/jhe0319.htm
5 José Ma. Heredia: Prosas, Editorial Letras Cubanas, 1980, p. 127.