Por Ibrahim Hidalgo Paz
Doctor en Ciencias Históricas.
Miembro de la Academia de la Historia de Cuba.
Investigador del Centro de Estudios Martianos.
Premio Nacional de Historia, 2009.
Boletín UNHIC No.44 – Marzo 2022
El periódico Patria, bajo la dirección de José Martí, no fue el órgano oficial del Partido Revolucionario Cubano (PRC). Este es un tema que he tratado en ocasiones anteriores y en el que insisto, porque se repite frecuentemente el error de atribuirle tal condición o el de referirse a esta publicación como si no hubiera presentado cambio alguno después de la muerte de su fundador.
Es cierto que, desde su aparición, se destacó por encima de otras publicaciones del momento, no solo por la calidad de sus escritos y el dinamismo que supo imprimirle el Maestro, sino porque la mayoría de los patriotas consideraban que sus páginas expresaban con mayor rigor y belleza las ideas rectoras de la nueva etapa revolucionaria. Pero el rigor histórico exige precisiones que no debemos soslayar. Debe repararse en que el primer número de Patria apareció el 14 de marzo y la proclamación del PRC ocurrió el 10 de abril de 1892, por lo que resulta contradictorio que antes de que este se constituyera, un periódico tomara para sí y por sí, sin que nadie le confiriera tal condición, la responsabilidad de representarlo.
La confusión pretendió introducirla Enrique Trujillo desde su periódico El Porvenir, al calificar al periódico martiano como “órgano” del partido, en un saludo supuestamente desprovisto de segundas intenciones. Sin embargo, no era posible que Martí admitiera aquellas palabras sin darles respuesta, pues era bien conocida la posición de Trujillo contraria a la obra política del Maestro, por lo que en la segunda entrega del semanario fue incluido su artículo “Patria: no ‘órgano’”, en el que niega que el periódico haría suya tal función, pues resulta evidente que no podían asumirse las tareas “de un partido que está aún en creación”.
No se trataba de un asunto intrascendente cuando se gestaba la organización patriótica, pues las pugnas entre personalidades que se arrogaban atribuciones indebidas hizo de las emigraciones un campo propicio al divisionismo desde la etapa de la Guerra de los Diez Años. Era sabido que Martí había propuesto la fundación del nuevo aparato político y que encabezaba la Comisión Recomendadora de las Bases del Partido Revolucionario Cubano y sus Estatutos Secretos, cuyas aprobaciones constituían el paso inicial para formar parte de la nueva agrupación, por lo que si permitía que se le atribuyera a su periódico un deliberado interés por convertirse en órgano de la institución que se gestaba, cualquier malintencionado podría iniciar una campaña —como hizo Trujillo— en la que tras formulaciones más o menos veladas se insinuaba que el Apóstol creaba la organización con el objetivo de encumbrar su persona, erigirse en centro absoluto y acaparar para sí toda la falsa gloria de un dictador demagogo. Nada más alejado de la limpia actuación de quien hizo de su vida un ejemplo de pensamiento democrático y de entrega desinteresada.
Después de proclamado el Partido, tampoco era acertado atribuirle a Patria el carácter de órgano, pues con ello asumiría una posición que pondría en desventaja a los demás periódicos de las emigraciones, portavoces de los revolucionarios de las localidades que les habían dado vida. Si el nuevo vehículo formativo e informativo asumía el carácter que le señalaba El Porvenir, cuanto publicara sería considerado como declaración oficial, lo que contradecía el propósito de Martí, quien, por el contrario, aspiraba a que en las páginas del periódico fueran tratados, sin limitación alguna, temas en los que no todos los miembros de la agrupación coincidían —entre ellos se hallaban, entre otros, el racismo, los peligros del expansionismo estadounidense, el anarquismo o la posición de la mujer en la sociedad—, cuya exposición devendría incitación al intercambio, al diálogo, a la polémica, sin posibles confusiones con orientaciones institucionales, que generalmente aparecían en los documentos del Partido, reproducidos en diversos medios.
En un artículo publicado el 30 de abril de 1892, Martí amplió las ideas antes expuestas y analizó que “[…] Abrir al desorden el pensamiento del Partido Revolucionario Cubano sería tan funesto como reducir su pensamiento a una unanimidad imposible en un pueblo compuesto de distintos factores […]”;1 se lograría la unidad ideológica de sus integrantes mediante publicaciones oportunas, sobre las que cada cual tendría el derecho a emitir sus opiniones, respetadas por todos, y cuya rigurosa exposición, y el debate consecuente, contribuiría a la formación de los ciudadanos de la República futura.
Otras, muy diferentes, fueron las concepciones de quien ocupó la máxima dirección partidista tras la muerte de Martí. Entre las múltiples transformaciones impuestas por Tomás Estrada Palma se encuentra la transformación de Patria en “Organo Oficial de la Delegación del Partido Revolucionario Cubano”, como aparece expresado en el número 176 de la publicación, correspondiente al 24 de agosto de 1895. Es por ello un notable error ―que implica desconocimiento histórico y ligereza conceptual― insistir en atribuirle méritos inmerecidos a quien traicionó la confianza del pueblo. El cambio de denominación no debe ser considerado asunto intrascendente, pues fue una de las manifestaciones de la orientación antidemocrática que caracterizaría a la organización bajo su nuevo dirigente, quien no confiaba en la capacidad de los cubanos para alcanzar por sí mismos la independencia y construir una sociedad de justicia y dignidad, como la que había esbozado Martí en múltiples textos que servirían de inspiración a las generaciones futuras para luchar contra la opresión foránea, hasta alcanzar la verdadera y definitiva independencia, y abrir la posibilidad de construir la “república nueva” concebida por el Maestro, que hoy su pueblo se empeña en construir.
1 José Martí: “Generoso deseo”, en Obras completas, t. 1, Centro de Estudios Martianos, Colección digital, La Habana, 2007, p. 424.