Por Yasel Toledo Garnache
Periodista, ensayista y narrador.
Vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz.
Boletín UNHIC No.49 - agosto, 2022.
Tal vez Esther, cuando veía a sus niños jugar en la casa, leer o escribir sus primeros versos, nunca imaginó la dimensión que alcanzarían esos dos pequeños. Seguramente durante su adolescencia ya se sentía orgullosa de ellos y, quizá, hasta preocupada por la fuerza de sus ideas y el valor con que las defendían en un contexto tan peligroso. Aquel 13 de agosto de 1957, fregaba en la cocina de su casa, cuando sintió algunos disparos a lo lejos, y su alma, su mente, su corazón… lo supieron: “Me mataron a los muchachos”.
Lágrimas, dolor, impotencia… debe haber sentido aquella maestra de instrucción pública, que perdió en cuestión de segundos a sus dos únicos hijos. Ahí, frente al cine, fueron baleados: dos hermanos morían defendiendo uno al otro […] ¿Cuánto debe haber sufrido también el padre, el juez Luis Rodolfo Saíz?
Casi nunca se dice, pero hacían apenas seis días del cumpleaños de la madre. Aquel 7 de agosto, cuando la felicitaban, ella no podía imaginar lo que sucedería poco después. […]
Escucho y veo a Esther, a la novia de Luis, a sus vecinos…, a tantas personas que los conocieron. Los imagino siempre activos; leen a Martí y a Marx, escriben, polemizan, caminan por su San Juan, sueñan con una Cuba mejor y confían en la inteligencia y el coraje de Fidel y otros barbudos, que desde la Sierra Maestra eran motivación importante.
A mí lado están también los libros Los antepasados, selección de 10 cuentos de Luis Saíz Montes de Oca, con selección y prólogo de Eldys Baratute; y Juventudes, artículos y ensayos de los dos hermanos, recopilados por el investigador y profesor Luis Figueroa.
Impresionan la profundidad y proyección de su pensamiento a pesar de la edad. En textos como “Las razas, el problema racial en Cuba”; “Juventud, fuerza salvadora”; “Juventudes”; “La Generación del Centenario”; “Mártir de Dos Ríos”; “¿Por qué luchamos…?” y “¿Por qué no vamos a clases?” se siente la preocupación social constante que los llevó a escribir, incluso notas sobre política agraria y economía política.
Manantial de ideas y aprendizajes
Su pensamiento merece revisitas constantes para comprender mejor las particularidades de aquella etapa y de una generación que desde sus centros escolares y el activismo revolucionario soñaba con una Cuba no sometida al dominio neocolonial.
Sergio, por ejemplo, en “¿Por qué no vamos a clases?”, expresó: “Ser estudiante […] Es sentirpara la redacción de una futura constitución o que Sergio diseñara todo un programa de cinco años para una cátedra martiana, donde debía estudiarse la obra del Apóstol.
En su testamento político: “¿Por qué luchamos?”, ambos hermanos defienden una revolución martiana y socialista, alejada tanto del Tío Sam como del “oso ruso”, una revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y para nada debe sorprendernos el distanciamiento de ambos del llamado “socialismo real”, infestado ya en esos momentos por el estalinismo. Es que ellos forman parte de la originalísima tradición marxista cubana de profunda raíz martiana, al igual que Mella, Villena, Guiteras, Pablo, Roa, Fidel y otras destacadas figuras de la lucha revolucionaria del siglo XX.
Luis y Sergio aspiraban a una revolución que naciera de las propias entrañas de la nación cubana, tomando en cuenta la idiosincrasia de la Isla y su inserción dentro del contexto latinoamericano y caribeño, y a un socialismo muy propio, que tuviera como basamento esencial el pensamiento del Apóstol. A 65 años de su desaparición física, estos dos jóvenes siguen siendo semillas en el surco del porvenir luminoso de la Patria e inspiración para las nuevas generaciones de cubanos.