Por Gustavo Placer Cervera*
Dr. en Ciencias Históricas, investigador del Instituto de Historia de Cuba y académico de número de la Academiade la Historia de Cuba.
Boletín UNHIC No.32 – Marzo 2021
El 13 de marzo se conmemora el centenario del fallecimiento ocurrido en Marianao, en 1921, del general de brigada del Ejército Libertador Enrique Collazo Tejada. Su nacimiento, 72 años antes,en Santiago de Cuba, el 28 de mayo de 1848, lo sitúa dentro de la joven generación que se incorporó a la lucha armada por la independencia a partir de 1868.
La trayectoria de su vida fue muy singular. Con apenas nueve años, Collazo fue llevado a España por su tío y padrino, hombre de una posición económica acomodada. A los catorce, ingresó como cadete de la Escuela de Artillería de Segovia, de la cual se graduó en 1866, tras cuatro años de estudios, con el tercer lugar de su promoción y el grado de alférez. Continuó sus estudios en el citado centro de enseñanza militar y dos años después fue ascendido a teniente.
Cuando le llegó la noticia del inicio de la guerra en Cuba, era un cubano desarraigado que no conocía su patria ni las razones del conflicto. Ni siquiera sabía qué actitud política tenían sus padres y hermanos.
No obstante, al tener contacto con jóvenes cubanos residentes en España que simpatizaban con la causa independentista, decidió abrazarla; abandonó el ejército español, se escapó a Francia y logró embarcarse para Nueva York, adonde arribó en abril de 1869.
Allí encontró a su hermano Guillermo y supo por él que toda su familia estaba vinculada a la revolución. Casi inmediatamente, se alistó como soldado en la Compañía de Rifleros de la Liberta de integró la expedición que preparaba el general Thomas Jordan. Desembarcó el 11 de mayo de 1869 en la península El Ramón, al norte de la región oriental de Cuba. Al día siguiente, entró en combate y fue herido. Poco tiempo después, ya repuesto, pasó a ser ayudante del general Máximo Gómez, a quién acompañó durante dos años.
Participó en varios combates, entre ellos el de La Socapa (12 de diciembre de 1870) y alcanzó el grado de capitán. Posteriormente, debido a su precaria salud, se le ordenó salir de Cuba y, en diciembre de 1872, llegó a Jamaica, donde se reunió con su familia. Después de haber estado en Panamá y Colombia —donde se ganó la vida como fotógrafo—, y en Estados Unidos, regresó a Cuba en septiembre de 1875 y se reincorporó al Ejército Libertador en Camagüey. En abril de 1877 fue ascendido a comandante y se destacó en el combate de Imías.
En 1878, cuando se firmó el Pacto del Zanjón,Enrique Collazo no estuvo de acuerdo con él, pero acató disciplinadamente a la mayoría. Partió después hacia Jamaica, acompañando a Máximo Gómez y a otros libertadores. Durante su permanencia en esa isla, publicó un artículo en la Revista Cubana, donde explicaba las causas del fin de la guerra. En 1887, decidió retornar a Cuba para consagrarse de nuevo a la causa de la independencia. En contacto con José Martí Pérez,Juan Gualberto Gómez Ferrer y José María Aguirre Valdés, conspiró en La Habana.
A propósito de la crítica que José Martí hizo sobre el libro A pie y descalzo, de Ramón Roa Traviera,su compañero y amigo, polemizó con Martí y Collazo; aunque la inteligencia y el patriotismo de ambos hicieron posible que se esclarecieran confusiones y exageraciones expresadas al calor del debate y, a la postre, Collazo se convirtió en uno de los hombres de confianza de Martí.
En 1893 Enrique Collazo publicó, en La Habana,su primer libro, Desde Yara hasta el Zanjón, obra analítica y sencilla, que si por un lado muestra la grandeza de aquella gesta, por otro trata de exponer las causas de su ineficacia. Uno de sus méritos fue el de contribuir a elevar la moral revolucionaria de la juventud cubana cuando se preparaba la reanudación de la lucha armada por la independencia.
El 29 de enero de 1895, Collazo firmó en Nueva York, junto a José Martí y el general José María Rodríguez Rodríguez, la orden de alzamiento que reinició la lucha armada contra el poder colonial. Se trasladó entonces con Martí a Santo Domingo y, luego de la firma del trascendental “Manifiesto de Montecristi”, donde se expresaban los fines de la guerra que recién se iniciaba, regresó a Nueva York por orden expresa de los líderes de la revolución, para preparar expediciones en apoyo a la campaña invasora a occidente aún por realizar.
Después de vencer múltiples dificultades, logró organizar una expedición que, procedente de los cayos de la Florida, desembarcó el 19 de marzo de 1896 por Varadero. En agosto de ese año, fue ascendido,por sus méritos, al grado de general de brigada. Ocupó la jefatura de diferentes unidades del Ejército Libertador entre ellas la brigada Occidental de Holguín y la de Las Tunas. En mayo de 1898 fue designado por el general Calixto García al frente de una comisión que marchó a Estados Unidos para coordinar, por la parte cubana, lo concerniente al desembarco de tropas norteamericanas en la región oriental de la Isla. Regresó a Cuba en julio y permaneció junto al general García hasta que fue licenciado en noviembre.
Apenas concluida la guerra, Collazo retomó la pluma para combatir los males internos y los peligros externos que amenazaban a la patria. Se convirtió así, en el primer historiador cubano que criticó en sus obras a “nuestros paternales vecinos norteños”.
En 1900, Collazo publicó Cuba independiente.Al explicar el porqué del título planteó: “Cuba independiente parece ser hoy un sarcasmo:viviendo en este ambiente saturado de desengaños, de desconfianzas y miserias. Pero que precisamente en las épocas desgraciadas y de decaimiento moral, es cuando debe hablársele a los pueblos de sus épocas de gloria y engrandecimiento”1
Continuando esa línea de lucha por reivindicaciones patrióticas, en 1905 vio la luz el libro Los americanos en Cuba, en el cual relata, con el estilo sencillo y directo que lo caracterizaba y sobre la base de un abundante material informativo, la intervención militar norteamericana en la guerra de liberación del pueblo cubano. Esta obra, cuya primera edición contó con un número reducido de ejemplares, constituyó una denuncia, una clarinada de alerta sobre las argucias del expansionismo norteamericano respecto a la Isla.
En 1907 integró la Junta Patriótica de La Habana,fundada para oponerse a la corriente anexionista que, durante la segunda intervención militar norteamericana, abogaba por que Cuba se convirtiera en un protectorado de Estados Unidos.
En 1910 publicó Cuba intervenida, que recoge un grupo de trabajos antes publicados, en los cuales se exponían los antecedentes de la segunda intervención norteamericana y denunciaban las pugnas entre los partidos políticos de la época por escalar el poder. Cuba heroica, publicada en 1912, ha sido considerada por algunos estudiosos su obra de más aliento. En cierta medida, resume todas las anteriores y se nota en ella un mejoramiento de su prosa, siempre dentro de la sobriedad. Está dedicada a los veteranos y dirigida contra los enemigos de la revolución. Contribuyó como pocas, en ese momento histórico, a elevar la conciencia patriótico-nacionalista del pueblo cubano. La continuación de esta obra, titulada La guerra en Cuba, fue publicada en 1926, años después del fallecimiento de su autor.
Enrique Collazo fue el primero en Cuba que apeló con sistematicidad a la historia para denunciar y luchar de manera intransigente contra el imperialismo norteamericano.
También colaboró con la prensa de la época. En la manigua dirigió el periódico Patria y Libertad (1898); más tarde fue director y editorialista de El Cubano (1899-1900) y La Nación (1900-1910). Además, publicó artículos en otros periódicos. Sus trabajos, escritos con estilo ágil y sencilla estructuración, estuvieron siempre en función de resaltar las glorias de nuestro mambisado y de fustigar la política norteamericana respecto a Cuba.
Podemos hacer nuestras las palabras que, sobre Enrique Collazo, escribiera el maestro de historiadores, Julio Le Riverend:
“[…] hombre que, engarzado en una línea histórica que nos alienta hoy para proseguir, vio más claro que muchos de sus contemporáneos y fue uno de los primeros antiimperialistas consecuentes del periodo de la república mutilada […]”.2
1 Enrique Collazo: Cuba independiente, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1981, p. 11.
2 Julio Le RiverendBrusone: “Introducción”, en Enrique Collazo: Desde Yara hasta el Zanjón, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990, p. XXI.