Por María Caridad Pacheco
Dra. en Ciencias Históricas. Miembro del Secretariado Nacional de la Unhic.
Boletín UNHIC No.31 – Febrero 2021
El alzamiento del 24 de febrero de 1895 obedeció a un plan mediante el cual debían pronunciarse los grupos que en la Isla se habían comprometido a ello. A unos días del comienzo de la contienda, por delación o imprudencia, desaparecieron, en un instante, los esfuerzos organizativos de una década, con la frustración del Plan de Fernandina,que consistía en alzamientos provinciales simultáneos,conjuntamente con tres expediciones bien pertrechadas que debían apoyarlos, y que fueron incautadas por las autoridades yanquis. A pesar de ello, el delegado del Partido Revolucionario Cubano, José Martí, consciente del momento crucial que se vivía, cursó la orden de alzamiento y se trasladó a la República Dominicana para reunirse con el general en jefe y juntos partir hacia Cuba. Días después, ambos firmarían el “Manifiesto de Montecristi”, documento programático de la Revolución que se iniciaba.
Allí, en la tierra quisqueyana, llenos de emoción,conocieron que el estallido redentor se había producido el 24 de febrero. Por lo general se ha identificado erróneamente el inicio de la guerra del 95 como Grito de Baire; pero hacer de este alzamiento el centro aislado o principal del levantamiento —como señaló muy acertadamente la historiadora Hortensia Pichardo—, sería desconocer que esa fecha patria era el resultado de una sabia orientación táctica de Martí: lo que tuvo lugar fue —aunque no en la escala prevista y necesitada del proyecto martiano—una insurrección simultánea con el fin de que la guerra necesaria tuviera la brevedad y eficacia del rayo. En consecuencia, cuando se hable de este día, no se debe denominar el Grito de Baire1 ni de localidad alguna, sino simplemente,alzamiento nacional del 24 de febrero de 1895.
Se escogió esta fecha por ser el último domingo de mes y ser el primer día de carnavales. Lo primero proporcionaba la ventaja de que los emisarios podrían ir a los lugares donde se hallaban los principales líderes de los grupos que habrían de alzarse y regresar con sus respuestas a tiempo para avisar a Nueva York y lo segundo permitía que en el campo se pudiera transitar a caballo, en grupos armados, sin llamar la atención. Una vez aceptada la fecha del 24 de febrero por Las Villas y Oriente, y recibido en La Habana el aviso de Salvador Cisneros Betancourt, marqués de Santa Lucía, de que Camagüey no podía iniciar el movimiento, pero que lo secundaría a poco de que se iniciase, Juan Gualberto Gómez dirigió a José Martí un cable de apariencia comercial cuyo texto decía simplemente: “giros aceptados”. La acción de los grupos occidentales y del centro de la Isla, entre los que estuvo el de Ibarra como uno de los más importantes, fue neutralizada por el Ejército español. En Oriente, sin embargo, triunfaronlos alzamientos. La jefatura del movimiento revolucionario en la provincia oriental estuvo compartida por los mayores generales GuillermoMoncada y Bartolomé Masó, y en Guantánamoestuvo en manos del teniente coronel Pedro Agustín Pérez Pérez, conocido familiarmente como Periquito, quien también estaba a las órdenesde Moncada.
La llegada de Maceo el primero de abril de 1895, y de Gómez y Martí el 11 del propio mes logró consolidar la lucha armada. Pronto Camagüey y Las Villas secundarían el levantamiento. Gómez y Maceo partirían hacia occidente y tras consolidar la lucha armada en Matanzas y La Habana,el Héroe de Baraguá llegaría con su contingente invasor hasta Mantua, en lo más occidental de nuestra geografía (22 de enero de 1896).
El mayor general Bartolomé Masó Márquez —combatiente que se había alzado con Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 en la finca Demajagua, y participado en la Guerra Chiquita, uno de los jefes militares que se negaron a firmar la Paz del Zanjón, testigo del combate de Dos Ríos, donde cayó José Martí el 19 de mayo de 1895, vicepresidente de la República en Armas elegido en la Asamblea Constituyente de Jimaguayú (13 de septiembre de 1895), resuelto opositor de la injerencista Enmienda Platt— en plena guerra, compuso la letra de un himno al cual Néstor Carbonell calificaría de “viril y hermoso,himno que debiera repetirse constantemente,que debería estar en todos los labios cubanos,a todas horas”. Titulado “Resurrección”, estuvo dedicado al alzamiento del 24 de febrero, y en él expresaba: Cuba libre es la frase sonora / que resuena en los campos doquier, / Cuba libre será desde ahora, / Cuba libre por fin ha de ser…
Gracias a la compañera Elena Alavez, miembro de la sección de base de la Unhic del Centro de Estudios Martianos se pudo rescatar del olvido la partitura del himno, cuya letra y partitura reproducimos en las páginas de este Boletín.
Resurrección
Letra del general Masóy música de Ramiro Mazorra
Compatriotas, un pueblo oprimido
O que dócil se deja oprimir
No debió nunca haber existido
O no debe jamás existir.
Ha llegado el momento supremo
Que nos llama de nuevo a la lid
Y llegado ese caso ya extremo
Es forzoso vencer o morir.
Nada extraño vendremos haciendo
Que ya Cuba diez años luchó
Y no hay pueblo que pueda queriendo
No salìrse del yugo opresor.
Las antiguas colonias lucharon
Y lucharon con tanto fervor
Tan tenaces que al cabo lograron
Desacirse del yugoespañol.
Coro
¡Cuba libre! es la frase sonora
Que resuena en el campo doquier
¡Cuba libre! será desde ahora
¡Cuba libre por fin ha de ser! (bis)
Segunda vez
1
¿Es luchar sin piedad nuestra suerte?
Pues luchar y luchar sin piedad;
Que luchando, si ocurre la muerte,
Es muy dulce por la libertad.
2
¡Cuántos héroes por ella murieron,
Cuántos héroes que hay que imitar,
Si no hacemos lo que ellos hicieron,
Cuba libre jamás se verá!
3
¡Ese grito es el grito de guerra!
¡Ese grito sea el grito de paz!
¡Cuánto en Cuba de noble se encierra,
No responda á otro grito jamás!
4
¡Ya en el mundo no caben tiranos
De los pueblos baldón y terror;
Mientras haya uno solo, ¡Cubanos!
¡Guerra, guerra, demanda el honor!
1 Fueron los españoles quienes denominaron el alzamiento como Grito de Baire, con el objetivo de minimizar la acción limitándola a una sola localidad, en la que, además, los primeros alzados, confundidos por los autonomistas locales, enarbolaron la bandera símbolo de esa corriente. Los españoles ignoraron el hecho de que en el propio Baire, pasados los primeros momentos, la insurrección confirmó su carácter independentista. Véase Centro de Estudios Militares de las FAR: Historia militar de Cuba, Primera parte, t. 3, vol. 1, Casa Editorial Verde Olivo, La Habana, 2009, p. 170.