A veces creemos que ganar una conversación es ganar una relación, pero cuando para “ganar” alguien debe perder, al final ambos pierden: se enfría la confianza y se rompe la cercanía. Dios nos invita a dejar el juego de competir y entrar al camino del honor, tratando a los demás con valor, respeto y dignidad, incluso cuando cuesta. También nos llama a salir del ciclo de culpar, porque buscar culpables apaga la gracia y evita el crecimiento. El verdadero cambio comienza cuando dejo de exigir y empiezo a asumir mi parte, con humildad, gratitud y obediencia a Cristo.