Siempre hay una buena oportunidad para bajar el río Santa Cruz.
Esta vez, fue por un pedido que le hicieron a Rulo. Los interesados, oriundos de El Chalten, cancelaron la expedición ... pero ya teníamos el gustito a río y TUVIMOS que ir igual. (El nombre de la travesía Al viaje LoHagoIgual es en honor a Siete Venas, grupo de Rock de El Chalten).
Los preparativos fueron muy simples. Mario Herrera ya tenía las cosas listas hacía dos intentos de bajadas. Rulo (Marcos Ayerbe), el chef oficial del equipo y el aguantador, Reggy (Cristian Ramírez), el guía y yo (Josefina Mouzo).
Llegamos a Charles Fuhr temprano, gracias al chofer de lujo (Mario Di Lillo)
Más o menos a las 13 horas estábamos en el agua.
La primavera nos recibió con un día hermoso, calmo y caluroso. Era un buen augurio. Este primer día remamos 6 horas. Me impresiono la cantidad de aves que hay en primavera, el canto de apareamientos, cantidad de bandadas revoloteando en los rápidos, los guanacos curiosos que nos llamaban desde la orilla o que peleaban por su harén. Uno de los comentarios fue... “ahora entiendo a los pibes en la fiesta del estudiante”…
Remábamos en total armonía cuando veo algo en la costa:
“Un gauchito Gil dije”, no, no era el Gauchito Gil sino un remo, que alguien perdió, y anda saber en qué condiciones. Esto fue motivo de muchas conjeturas.
Acampamos pasando La Porteña, esta vez, fue muy simple la curva. El río trae muy poca agua. En un santiamén Rulo se hizo unos riquísimos coditos con una salsa súper reparadora.
El segundo día, salimos muy al alba tipo 9.30 am, bueno tan al alba no era. Remamos unas 7 horas y acampamos pasando la Represa de Condor Cliff (esta vez no había ningún movimiento humano). Este último tramo fue bastante áspero. Había mucho viento que me cruzaba el kayak y me hacía renegar. Yo remaba, acomodaba el kayak, le daba pala y pala, de repente mire para el costado y Rulo me pasaba comiendo galletitas 9 de oro. Mis pensamientos sólo se dirigían a una cuestión.
Mario muy adrenalínico le seguía el ritmo al Reggy. El Rulo me consolaba mientras tragaba más 9 de oro.
Todo el tiempo el río nos sorprendía con una cualidad completamente diferente a la del otoño. Parecía otro río. El viento fiel a su horario y a las 13 horas empezaba a castigar.
Cuando llegamos a acampar Mario cuidando su kayak como una princesa, lo ponía al reparo. Rulo con su súper Jonok, lo llevaba a la orilla como si fuera un changuito del supermercado. Yo lo dejaba donde quedaba!!!
Sufriendo por las piedras
Esta noche nos tocaron los famosísimos capelettini al Rulo. Menú que no puede faltar en las travesías.
Emprendimos, siempre bien temprano, buah más o menos… tan temprano no… el tercer día de travesía.
Calentando las máquinas
Pensando en cómo meter las mil pavadas que llevo.
Esta jornada remamos 10 horas, por suerte paramos media hora a comer algo. Remamos hasta Los Plateados. El río estaba tan bajo, que en un momento Mario iba a toda velocidad con su súper kayak (inmaculado sin rastros de ningún rayón). Cuando lo seguía Reggy a toda potencia y quedo en medio de un banco. Rulo dice que es porque me siguió a mí ... pero Mario que no miente y dijo que lo seguía a Reggy. En esos momentos, cuando rayaba mi kayak contra los bancos de piedras pensaba… “que bien me vendría pesar 5 kilos menos” … e instantáneamente saltaba mi pensamiento a comprarme un Jonok (el kayak de Rulo que es de plástico).
Por suerte Reggy elegía siempre los mejores lugares para pasar. Mario iba pegado a él, yo un poco más atrás decidía pasar por donde había menos pesto.
Después de remar 9 horas, sin bajar ni para poder hacer pis… ya oscureciendo, llegamos a lo de Urigh, yo miraba esas casas, ahí en la costa, tan lindas, tan reparadas, con tanto hambre… Y Reggy dice que faltaban 20 minutos para llegar a Los Plateados, aun quedaba pasar por una zona de remolinos y llegábamos. Ya no veíamos nada. Reggy pregunto si seguíamos o no. Yo con voz temerosa dije: “Reggy yo no veo nada….” “si vas despacito… seguimos”. No pararon de reírse y de cargarme hasta Los Plateados…. mejor dicho hasta Piedra Buena. Los remolinos no sé si estaban o no. Como dice Rulo: “ si no ves, no están”.
Hicieron un fueguito y cocinaron un riquísimo arroz con atún (aunque era Jurel). Creo que me fui a dormir sin avisar.
Asi de noche llegamos!!
Al cuarto día, ya nos faltaban sólo 90 km. Nos sentíamos en casa. Primero, había que atravesar la zona de remolinos y después, unas 4/5 horitas más (o 5 vueltas) y en casa. A diferencia con el otoño, no había casi remolino. La geografía había cambiado completamente. Muchos saltos, muchas olas. Muy divertido y diferente.
Pasamos por donde en el verano, mis compañeros de travesía se había tirados al agua barranco abajo, pero era un banco de piedras y arena.
Todo bien hasta llegar a la Enriqueta. Mi dios!! Ese lugar esta endiablado!!! Viento de frente, y que viento, olas!! Estuvo muy divertido, mis compañeros se acomodaron atrás mío. No era que yo iba marcando el camino… estaban acompañando mi paso. Esa vuelta fue larga y dura. Mario peleaba con su kayak pero enseguida lo acomodaba. Rulo jugando con la GoPro (ya no le quedaban 9 de oro).
Toda la zona de chacra fue bravo luchar contra el viento de frente, pero cuando llegamos a la Chacra Municipal todo fue llegar a casa.
Una travesía hermosa, llena de risas y compañerismo. Forjando amistad, compañerismo para seguir contagiando esta actividad tan maravillosa a los más jóvenes.