Nunca supe cómo es que me auto invite a esta bajada de amigos. Tampoco supe bien quién la organizó. Marcos dijo que fue Marcos
Parece ser que esta travesía la venían planificando hacía años. Amigos de montaña y poca agua. Montañeses de piernas fuertes y brazos débiles.
Ya habían tenido varios intentos pero no habían llegado al éxito. Así que esta vez sí sería la tan deseada travesía. Que al pasar de las horas, ni siquiera los día, se fue bautizando, por obra de David .. en DEBUT Y DESPEDIDA.
Así es que salimos... Esta vez la Amarok quedó en casa y Hugo nos llevó hasta La Leona. Ahí nos encontramos con Diego (el papá de Rulo) y por supuesto Rulo, uno de los Marcos que no organizó.
Ya en la mismísima salida, los tripulantes del MG se estaban arrepintiendo de haber organizado esta bajada de montañistas.
El río La Leona venía muy cargado. Este viaje, era mi primer travesía sin el guía que no quiere guiar.. el Reggy... nos había cambiado por un par de dólares en el Glaciar.
Yo, recién llegada de mis vacaciones sanitarias por Buenos Aires, con poca previsibilidad, me apuré a subir a la camioneta, y supuse que todo estaba en condiciones.
Así trataba de meter las cosas por la boca del tambucho de 20 cm de mi súper SDK 510 (legendario). Hasta la pala de repuesto puse al revés.
En cuanto subimos al Río La Leona, con Mario, compañero de bajadas, veníamos pisando los talones a Rulo, que iba con su kayak bajo el agua. Había comprado todas las provisiones y las llevaba en su super Jonok. Íbamos a todo vapor, Rulo marcando el camino y por supuesto eligiendo los peores lugares para pasar. Cuando escucho, una piedra.... y un pata puff del súper doble que barrenaban por arriba de las rocas.
Seguimos meandro que otro meandro. La verdad que el paisaje es muy hermoso. Uno se siente en otra dimensión. Se va viendo la ruta 40 de tanto en tanto, las formaciones del terciario te van trasladando de a poco a otras épocas.
Entre juego y juego, Mario siempre pasando al guía, Rulo, cuando de repente me encuentro arriba de un banco de piedras, arrastré, empuje y seguí. Esto me trajo memorias de la bajada de Septiembre, donde el chiste era dejarnos arriba de los bancos de piedras, claro, Rulo tiene roto moldeado, de plástico y no de fibra.... pequeño detalle... que una inexperta como yo no lo había tenido en cuenta.
Así que después de reírme un rato seguí remando. No teníamos mucha idea cuánto faltaba para llegar al puente que pasa la ruta 40, calculábamos que un par de horas más. Y después se nos venía el cruce del Lago Argentino... yo había llevado buenas zapatillas para arrastrar mi kayak.
De repente , muevo las piernas y siento un ... plic plic... adentro del cockpit, y siento agua... “que rarooo” pensé... no sabía que podía ser... sigo remando... y siento medio inestable mi kayak, y más plic plic... entonces con voz muy bajita digo al grupo: “ Me parece que tengo un poco de agua”. A lo que Mario contesto... “será la pollerita”, y Rulo y los del doble ni se inmutaron... pero seguí con cara de preocupada y andaba medio a los tumbos, cuando Rulo osó a preguntar: “¿querés parar?” Y yo dije “SIIII!!”.
Buscamos un resguardo y en 5 segundos me había bajado... Todos aprovecharon para recorrer (eso es ir a hacer pis)... cuando con mi bomba achicadora empecé a sacar agua y agua y agua... ahí se dieron cuenta que no era chiste... había roto el casco de mi kayak, vestigios de salir a las apuradas, de las corridas de septiembre y no revisar jamás el casco... UNA LECCIÓN APRENDIDA.
Yo muy previsora llevaba una bolsita ziploc de reparaciones con un poxiran, una tela adhesiva, un poco de cordín, elástico (para que sería el elástico) y un rollo de duc tape... pero nada de kit de reparación... tampoco hubiese sabido las proporciones, ni se hubiera secado... y nada más!!!
Así que el Rulo saco de su kayak no sé qué pegamento, de que sé yo que... algo de arreglar motores... excelente... y secamos y pegamos vuelta y vuelta mi casco. Lo sellamos con mi cinta y con la que me presto Mario. Me preguntaron qué hacia... y dije que me quedaba en Charles Furh, si es que llegaba... no sabía cómo sería mi destino... pero bueno...confié... no podía detener la expedición de los montañistas... Se me venían a la mente los cuentos que dicen que cada cual se hace cargo de sus problemas... cómo resolver este dilema... otra lección.
De cómo acarrearon mi kayak
El mecánico arreglando el kayak de fibra
De cómo quedó
Mi amigo Seba arreglando mi nave varios meses después y 2 días antes de otra expedición. Siempre previsora.
Este segundo día, con atraso, venía cargado de ansiedad. Por un lado, ver si mi kayak filtraba, y por el otro , llegar a las nacientes del Río Santa Cruz.
Fue muy lindo todo el recorrido hasta la desembocadura del Río La Leona, un río alegre, rápido y colorido. Cada tanto movía mis piernas para ver si había entrado agua. Ningún plic hasta ese momento.
Cuando estábamos ya saliendo del delta de la desembocadura, me empecé a inquietar. Calculé que los montañistas tenían bien claro el recorrido, que habían estudiado la carta, los vientos y los accidentes geográficos. Después me acordé que cada vez que salen se pierden un rato. Marcos contaba la anécdota de los amigos de San Julián que enfilaron para el Aeropuerto en vez de para el río Santa Cruz, así que muy atentos no dejamos la costa. Capaz que era por el susto. No lo sé.
La verdad es que el Lago Argentino nos recibió con un día hermoso, calmo. Con ondulaciones profundas que hicieron que David cabeceara varias veces.
Con dificultad pero con convicción le embocamos a la naciente del Río Santa Cruz. Cuando pisamos la costa, todas las aventuras del Perito Moreno, de Moyano y de todos los exploradores se nos vinieron a la mente. ¿Qué habrán pensado al llegar desde el río y ver este Lago, tan hermoso, tan inmenso, tan majestuoso?.
Mi kayak no filtraba una sola gota, de a poco se iba pasando es miedo a tener que quedarme en Charles Fuhr y ver como salía de ahí, sin plata pero con zapatillas.
Con sentimiento de éxito encaramos la entrada al Río Santa Cruz. Yo me acordaba que había que ir por la margen norte para evitar un par de remolinos. Pero al llegar al puente que pasa la ruta 40 empezó a soplar un viento de la Santa Madre. Ráfagas de 100 km calculamos. Yo con la colchoneta en la cubierta, no podía acomodar mi kayak. A penas cruzamos el puente nos tiramos a la costa, bajamos y nos resguardamos, los kayaks parecía que iban a salir volando. Por suerte estaban pesados y solo se zarandearon bastante. Llovió, sopló, y calmó. Siempre que sopla en algún momento calma. Así que decidimos seguir avantti.
Seguimos remando y remando, el viento arranchado, siempre por Río Bote nos agarran unas ráfagas que te hacen pensar en los días que siguen. Mario, Marcos y David y yo, nos pegaba el viento y nos llevaba contra la margen norte. Rulo tranqui seguía por la margen sur, silbando bajito. En un momento me sugirió meter la colchoneta en el cockpit y santo remedio. No me empujo más el viento y además me calentaba las piernas. Mi único pedido, si me iba al agua, era que rescataran mi Therm-a-Rest que me acompaña hace más de 20 años.
Paramos en un lugar muy lindo, reparado. Una noche fría con escarcha. Que a la mañana me dolieron los dedos al guardar la carpa y sobre todo el tener que ponerme todo de neopreno escarchado...
Ese día remamos lindo y parejo hasta pasar Condor Cliff, unos de nuestros lugares favoritos. Pasando los remolinos.
Al otro día también remamos lindo, con buen clima. Pasamos Cerro Mantecol.
O Cañadón de los Fósiles.
Cuando pasamos por La Marina vemos un montón de gente que saludaba. Yo no veía mucho, en realidad no veo nada... pero escuché ...”CHAU JOSE!!” ... era Alicia que saludaba desde la costa. Ella venía bajando con Alexandro. Estas cosas pasan muy pocas veces. Encontrarte con gente en el río, es muy lindo.
Finalmente llegamos a Los Plateados.
En Los Plateados nos estaba esperando Brian y Dante. Brian con milanesas de guanaco y Dante para sumarse al día siguiente. Rulo se mandó unos pancitos y cenamos muy pero muy rico.
Dante con 13 años, tiene esta cosa adolescente de la explosión e implosión.
Y dice la Wikipedia:
¿Cómo implosiona una persona?
(Se dice que alguien implosiona cuando dentro de él o ella existe una gran cantidad de energía, que todavía no tiene forma en el mundo real, pero que en su mundo interno se traduce en forma de mucha elucubración, confusión y planes no acabados ni concretos.)
El tema es que me pasaba y se detenía, se detenía y me pasaba.... eso en un lugar común no es taaanto problema, pero en zonas de remolinos sí. Le venía diciendo con energía... “distaaaaaaaaaaaaancia...” “distanciaaaaaaaaaaaaaa” y algunas cosas más que mejor no recordar.
Íbamos bastante pegaditos, cuando Mario nos pasa... nos pasa.. y va.. y viene y viene y va... y a la agua.
Según Mario vio las caras de pavor de David y Marcos,..... Rulo se había dedicado a instruir a David para este tipo de emergencias. Pero quedó petrificado, mientras Rulo “sugería” que saquen a Mario rápidamente del agua ... y David pensaba... meditaba... Mario muy tranquilo dio vuelta su kayak, Marcos lo agarró del chaleco y lo metió dentro de su kayak. Mientras tanto Dante y yo en la costa tratábamos de buscar leña.
Ese remolino tiene nombre. Para los cuentos de los futuros marineros.