Santa Ana. Febrero, 1999.
Es estudiante de la Licenciatura en Ciencias del Lenguaje y Literatura en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente de la Universidad de El Salvador.
Ha participado en diferentes eventos y lecturas a nivel nacional. Su poesía ha sido publicada en diferentes revistas impresas y digitales de El Salvador, Guatemala, México y Perú. Entre sus publicaciones literarias como académicas se encuentran: La influencia semántica y función del morfema –a- como prefijo y sufijo en las palabras de El Salvador, 2019 (Morfología y sintaxis del español de El Salvador, artículo científico), Entre fusiles, guiones de telenovela y cobardía: reseña y opinión sobre la novela «Si te pudiera mentir» de Berne Ayalá, 2020 (reseña) y Sanguaza, 2021 (Editorial Navegando Sueños, poemario).
***No perdones al sol por hacerte compañía: Dos poemas de Carlos Quintanilla***
Pobre el niño, se alimenta del sol
Sécate, extiende la mano, toma la moneda y
guarda esos céntimos dentro de tu bolsillo roto.
No perdones al sol por hacerte compañía,
no perdones al país, al hombre y al polvo.
Sueña con el calor de una tortilla en la mano,
después quiébrate llorando porque el hambre
no te ha dejado en paz en tu existencia rota.
Los rayos claros y ardientes te alimentarán la tristeza.
El sol te hará soñar con la ignorancia,
con los cantitos de las piedras,
la bienvenida a tu hogar,
el dolor del niño.
Temprano debes de madrugar,
temprano debes de ir al prado de cemento
donde el sol te alimentará... otra vez.
Ahí nomás
Una nube de sentimientos
se tornaba arriba mío,
perfumaba, refrescaba
y mezclaba los olores de mi cuerpo.
Chispeando estaban las gotas
del más cercano río,
entre gritos retorcidos
de sapos de barro.
Ahí nomás estaba yo, arrodillándome,
a medio cántaro de lágrimas,
donde la tarde volteaba a ver hacia otros rumbos
por no presenciar lo que me pasaría dentro de un momento.
Melancolía entre caminatas forestales,
desmoronándome poco a poco,
antes, después
y siempre de agarrar un fusil.
Ahí nomás me encuentro,
apuñalado por mis hermanos,
y no les dolía verme agüitado
porque sabían que morí por mi pueblo…