(Metapán, 27 de abril de 1991)
Estudió en la Universidad de El Salvador, Facultad Multidisciplinaria de Occidente. Es bajista de la banda musical santaneca Aire Libre.
Su primer trabajo poético es NOCTEM, siendo primer lugar en el certamen de Poesía José Rutilio Quezada en el año 2017, publicado por Proyecto Editorial La Chifurnia. Malditos Domingos (Artesanos & Editores, 2019) es su segundo libro publicado.
Hay noches en las que hablo con los
insomnios que vienen a sentarse al borde
del buró a pedirme que les hable de ti.
Les hablo de tu recuerdo,
ése que juega a que te piense para extrañarte,
logrando que la cerveza me sepa a tus besos
y con el humo del cigarro imagine tu silueta.
Les digo que desde que me dejaste como un náufrago
y teñiste los sueños con un poco de imposibilidad
he visto al amor de reojo,
con recelo,
en otras parejas que se toman de la mano.
Desde entonces respiro entre sombras
en madrugadas que se resumen en gritos de ausencia
buscando migajas de luz donde encontré un infierno,
y un mar de recuerdos agridulces de un reino sumergido en las cenizas
que ahora es abrazado por la poesía y su magia.
Desde aquel derrumbamiento me quedó el paladar con sabor a sangre
donde las noches parecen días en los brazos de la nostalgia
y los días un invierno
porque,
Cielo
ya no está.
Ha comenzado a llover.
Por la ventana se cuela una tenue imagen de cómo el tejado llora en las madrugadas
como si estuviera triste,
como si le faltara algo.
Pasa que no estás
y la humedad del sereno ya no deja la marca de tus pies descalzos en esta habitación
donde dejaste pequeños rastros de tu aroma,
que a veces me permiten respirarte.
Y en el buró está tu cepillo de dientes
con el único rastro que quedaba de tu sonrisa,
ésa que no he visto desde hace tanto tiempo.
Ahora pierdo las noches a la intemperie
entre los deseos y lo que no aprendí contigo,
curioso de experiencias que me dejó tu cuerpo.
A veces me ha ganado el sueño,
me quedo dormido en la noche de otro domingo
con la esperanza de despertar al día siguiente,
verte de espaldas, sentada en la orilla de la cama,
amarrándote el pelo
pero de nuevo sólo estoy yo
y toda esta mierda.
Tengo estas noches depresivas que consuelan
la nostalgia en unos ojos perdidos en el pasado,
que naufragan entre soledades,
y una ausencia que acompaña a esta tristeza que parece no acabar
unas noches que imploran compañía
porque mi pecho es un reino que ha quedado en ruinas
que está cansado de tantos golpes,
que hacen romper en llanto a mis ojos endeudados con lágrimas.
Tengo estos malditos domingos
que me recuerdan a quien robó mi poesía
y cada uno de los versos de estas noches insustanciales
que traicionan mi tranquilidad,
ante un retrato con miradas lascivas;
estos domingos que nos dicen que a veces luchamos por sueños que no nos pertenecen,
por guerras ajenas,
oportunidades innecesarias,
por personas que no valen ni la mitad,
y eso de que siempre tenemos la maldita manía de enamorarnos de lo imposible,
—necios— de querer lo que no podemos tener.