Día 8º Calafate
(Días 12 y 26 de febrero de 2020)
(Días 12 y 26 de febrero de 2020)
No quiero cansarte ni adularte más Argentina, aquí abajo a unos 500 kms del fin del mundo (Ushuaia donde la tierra se acaba), la caprichosa y mejestuosa naturaleza lo puede todo. Por fortuna en este extremo de la tierra aún queda algún glaciar como el Perito Moreno y el Spagazzini que se mantienen estables, afortunados nosotros, afortunado el mundo.
Todas las personas aquí están bien concienciadas, cuidan el parque glaciar sin fisuras, primero porque es su sustento económico a través del turismo y segundo porque no hace falta ser entendido, ni científico viviendo aquí cada día, para darse cuenta que esto tiene fin, que va más allá de reglas, de leyes, de gobiernos caciqueros y poderosos, que sobrevuela de lejos la estupidez humana y, si acaso, atiende sólo a la sensatez. Y vamos con mucho retraso.
Dejémoslo ahí Argentina. Donde no me llaman ¿para qué me querrán?, que dice una amiga mía.
Cualquier aproximación al hielo glaciar es un desafío a los sentidos, todo es cambiante según la luz, el clima... el viento. Observándolo, lo real parece magia aún cuando la magia es real. Se te acelera el corazón si la enorme masa crepita y se desprende un pedazo sobre el lago, el estruendo y la visión en si se afianzan al recuerdo y sigo sin palabras.
Para acceder a otros glaciares del Parque Nacional sólo puede hacerse atravesando las montañas o por el lago. Tomamos un barco en Puerto Banderas para navegar todo el día por el enorme lago Argentino y alguno de sus brazos. Hace viento y para llegar al brazo norte tenemos que atravesar el paso del diablo, mucha ola y mucho balanceo pero lo peor es que el viento nos trae algo de agua y resulta difícil permanecer en cubierta.
Durante la navegación observamos algunos glaciares en retroceso, antes de entrar en el brazo de Upsala nos acercamos al glaciar Spagazzini, el más alto del parque de más de cien metros de alto en algunas zonas. Sin palabras, me apetece dibujarlo para el recuerdo. Es el otro que afortunadamente sigue estable. Luego el Upsala, el más grande, lo vemos de muy lejos porque sus desprendimientos forman numerosos iceberg, enormes masas de hielo flotante de las que asoma a la superficie sólo el diez por ciento. Navegamos alrededor de alguna de ellas. Sigo sin palabras.
Para acabar el día y después de desembarcar un ratito y ver Puerto Vacas, nos acercamos de nuevo al gran Perito Moreno, a su cara norte. Sigo sin los pinceles adecuados para pintar este cuadro, sigo sin los colores necesarios y, por supuesto, sin los conocimientos ni la habilidad de poder hacerlo, de poder mostrarlo ni siquiera con los fotogramas. Es impresionante, es bello, es indescriptible cuando el sol acaricia sus crestas.
Y así se queda el lienzo de la Patagonia, abstracto, inacabado, para que sea obligado venir a verlo, a sentirlo... a admirarlo.
No te olvides de pasar por aquí, si vienes a La Argentina.