Con el estudio del DNA en restos biológicos se pueden abordar unas series de problemáticas relacionados con el análisis de DNA para casos forenses, el análisis de DNA para la identificación de vegetales y el análisis de DNA en agentes infecciosos. Debajo se presentan algunos ejemplos de las aplicaciones que se pueden abordar.
Determinación de DNA en victimas de conflictos y persecuciones
La secuenciación de DNA se pueden llevar a cabo en el caso de persecuciones y conflictos siempre que los familiares de la victima estén vivos y sean identificados. Esto ayudaría en la identificación y reconstrucción de los hechos como la devolución del cuerpo a la familia (Szleszkowski et al. 2014). Siendo el DNA de victimas enterradas fácilmente expuesto a contaminación controles sobre la calidad de DNA y el impacto de la contaminación son necesarios (von Wurmb-Schwark et al. 2008).
Análisis de DNA para la identificación de semillas antiguas
El análisis de DNA en semillas antiguas se pueden llevar a cabo dependiendo del estado de conservación, siendo más complicada la conservación del DNA en el caso de que la semilla haya sido sometida a un proceso de cocción. La identificación del DNA de una semilla podría ser de gran interés para conocer las especies más cultivadas durante un periodo en una región y determinar el proceso de expansión geográfica de una determinada especie (Fernández et al., 2013).
Análisis de DNA en bacteria, hongos y virus conservados en tejidos y huesos humanos antiguos
Las bacterias, hongos y virus se puede conservar en huesos y tejidos antiguos especialmente en calcificaciones como son los cálculos dentales. La identificación del DNA de estos agentes puede ser importante para conocer su evolución a lo largo de la historia que puede llevar a ensayar nuevas metodologías para combatir la nuevas versiones de estos agentes infecciosos. El interés hacia el estudio de los agentes infecciosos originales está creciendo por la creciente alerta hacia las modernas versiones que han desarrollado resistencia a los antibióticos (Preus et al. 2011).