Quien le teme al fracaso, también le teme al éxito, a veces nuestros proyectos o metas se ven cegadas o paradas por nuestros pensamientos y miedos al fracaso, el negativismo es algo natural y hay que estar consciente de esto, pero volverlo cotidiano puede ser lo que cabe nuestras tumbas.
La primera (religión) le vende al humano una narrativa de vida que, si es seguida al pie de la letra, le recompensará con vida eterna, solucionando así el problema de la muerte.
La segunda (amor) le propone idealizar a un tercero, a una pareja amorosa o algún familiar, de una forma casi divina y adjudicar el sentido de su existencia a él como una manera de trascender y justificar su propia vida.
Mientras que la tercera (el arte), seduce al humano con la idea que su trabajo, su vocación o su pasión, puede dejar un legado después de su muerte, que lo haga ser recordado para siempre.