Javier Olivares: “Este colegio cambió mi vida para muy bien, sin él no sería quien soy”
Si uno tiene que nombrar algunas series españolas de la televisión de los últimos años es seguro que van a salir nombres como Isabel, Víctor Ros, Los Serrano, Los hombres de Paco, Doctor Mateo…una lista casi interminable que lleva detrás el sello de los hermanos Olivares, guionistas y productores de enorme éxito y reconocimiento. Han sido ganadores de 3 premios Ondas, 10 premios de la Academia, Fotogramas, Feroz, incluso premios en Latinoamérica. Señal inequívoca de que algo habrán hecho bien. Pero el último de sus éxitos ha sido ya tan rotundo que ha provocado un antes y un después, abriendo una nueva vía de cómo producir series de calidad de una manera distinta. Hablamos de El Ministerio del Tiempo, serie de enorme impacto, e incluso de culto para los llamados “ministéricos”.
Javier Olivares (Madrid, 1958) estudió en San Viator toda su etapa escolar hasta que empezó Historia del Arte en la Universidad Complutense, de la que salió rumbo a muy diversas experiencias como trabajar en la revista Lápiz o ser redactor jefe de La Luna de Madrid, todo antes de desembarcar en el mundo de la televisión.
Háblanos de tu familia, de tus raíces. Y de tu hermano Pablo:
“Mi familia es de Cuenca, y vino a Usera como tantas familias emigrantes en busca de una vida mejor. Mi padre era carpintero de aluminio y mi madre ama de casa. Vinieron porque les dieron una casa en la calle Marcelo Usera 166, no teníamos ningún vínculo con el barrio, yo llegué recién nacido. Somos 6 hermanos, ahora 5 tras la muerte de Pablo. El mayor, Francisco, también fue al sanvi, la segunda Rosa fue al instituto Emperatriz, yo soy el tercero y detrás va mi hermano Pablo, que también fue al sanvi. Los dos pequeños, Daniel y Ana, ya fueron al instituto. Luego Pablo se fue al instituto con nuestros dos hermanos pequeños. Francisco, el mayor hizo todos sus estudios aquí, fue número uno de su promoción, y es arquitecto”.
La historia de Pablo (Madrid, 1965) es la historia de un verdadero héroe. 7 años menor que Javier, siempre estuvo muy vinculado con él, de hecho trabajaron juntos mucho tiempo en distintos proyectos formando un tándem perfecto. Diagnosticado de ELA en julio de 2010, mantuvo una tremenda entereza y dignidad hasta su fallecimiento en noviembre de 2014. Durante esos 4 años siempre estuvo activo, unido a Javier y al resto de su familia a través de sus tres pasiones: su hija Paula, su trabajo y su Atleti. De hecho escribió varios capítulos del Ministerio del Tiempo, ya inmóvil pero lúcido y creativo como siempre, con sus pupilas, letra a letra, con un ordenador especial. Es la historia de una serie que nunca pensaron que fueran a poder hacer, y que, casualidades del destino, fue la última que pudo hacer.
“Pablo era mi hermano y mi amigo. Era muy sociable, tenía mucho ángel, era muy creativo y muy perfeccionista, era un genio. Yo era más de pelear, nos repartíamos los papeles, yo era el malo y él era el bueno”.
¿Cómo fue tu vida en el colegio? ¿Hacías algún deporte?
“Durante mis años en el colegio pasé por épocas más oscuras y más luminosas. Entré como con 9 años, vine tarde, en aquellos tiempos era habitual empezar tarde la escolarización. Yo me sentía bien en casa, me gustaba estar solo, y me costó adaptarme. Encontré en esa primera etapa un profesorado muy diverso. De hecho, el primer día en una clase de la primera planta pregunté dónde ir porque era nuevo y me dieron dos tortazos. Y me asusté, claro. Eran otros tiempos. Esa misma tarde vino mi padre a “ver” al Padre José María, que desde ese día me trató exquisitamente”.
“Luego ya fui creciendo y viví una etapa que duraba todo el año, por el deporte, que fue vital para mí: formé parte del equipo de balonmano infantil, pero luego me cambié a fútbol, y pasé otros 4 años en infantil cadete y juvenil, era delantero centro. Entrenaba hasta las 8, hubo un año que incluso jugué en 2 equipos distintos. Vestido de amarillo, jugaba con el 7 y llevaba el pelo largo que me tapaba medio número. Como de siempre hemos sido todos muy del Atleti, por entonces me comparaban con el mítico jugador rojiblanco Ratón Ayala. Me encantaría conseguir alguna foto de esos equipos de los que formé parte”
“Me gustaba también mucho el baloncesto. Hubo un año que estuve a punto de entrar en un equipo que era casi tan potente como el de la época de Corbalán, yo era bueno y me fueron a fichar, porque además con 13 años medía casi lo que mido ahora, era de los altos. Pablo en cambio siempre fue de balonmano. Luego yo me pasé a futbol con Don Miguel, que era una institución, al que desde aquí le mando un saludo”.
“Los veranos también los pasaba en el colegio, porque la puerta siempre estaba abierta para jugar. Mi madre no me dejaba ir a la calle, porque este barrio era muy duro, pero al colegio sí. Fue una infancia muy feliz”
“Al Padre Jaime le adoro y le adoraré siempre”
“Hubo un momento clave cuando empezaron a llegar una serie de curas jóvenes, casi todos vascos, con la influencia francesa del Padre Querbes, que tenían una visión del mundo más abierta, más democrática…eran otra cosa… Esa etapa de deporte, y de esos curas jóvenes que nos enseñaban un mundo más abierto, para mí fue muy interesante como chaval. Los últimos años eso cambió, entraron otros y ya no fue lo mismo. Antes había gente con la que podías no estar de acuerdo o discutir, pero era gente con talento. Por ejemplo el Padre Murguía tenía mucha clase y mucho talento. Capítulo aparte merece el Padre Jaime Gómez, de Latín, Griego, Inglés, Francés, era un genio, conocía mil idiomas, le recuerdo con mucho cariño, tenía un enorme talento, una gran pasión dando clase, con un nivel de Latín estratosférico. Le adoro y le adoraré siempre, me enseño a soñar con lo abstracto, por ejemplo, con él me di cuenta de que lo más parecido a las Matemáticas era el Latín. A todos ellos se añadieron profesores laicos, como Teófilo Martínez de Filosofía, o Luis Valencia, de Historia, que de hecho fue definitivo para que yo estudiara Historia del Arte.”
“Yo era y soy muy observador, desde niño, me gustaban la fantasía y la ciencia ficción, todo eso me viene de ver mucha tele (“Misión desconocida, Chicho Ibáñez Serrador…), pero lo que me gustaba era escribir, yo era muy bueno redactando. Referente a ello me gustaría contar el disgusto que me dio el Padre Jaime cuando tuvo que elegir quién iba al famoso concurso de redacción de Cocacola. Eligió a otro compañero porque me dijo que mi redacción era muy atrevida, y por primera vez no me puso el primero, y no me llevó. Me molestó, pero lo que es la vida, años después fue mi hermano Pablo el elegido, y encima lo ganó. Yo era un muy buen estudiante, en 4º curso saqué matrícula honor global, incluido Matemáticas. No en vano siempre escuchábamos en casa el anhelo de una de tantas familias trabajadoras de aquella generación que no pudieron acceder a una formación superior: `estudia una carrera, hijo´”
En mi último año asistí al primer COU mixto de la historia del colegio, las chicas fueron una revolución en nuestras vidas, ¡novia incluida!. Pero ya no estaba igual de contento, yo me quise ir al instituto, aunque acabé con buenas notas. Ya empezó a cambiar el país, y el colegio, donde empezaron a crearse ciertas situaciones incómodas en las que tomar partido político, en cierto modo similar a la situación tan polarizada que se vive ahora. Esa mediocridad fue una lástima, pero afortunadamente ya me pilló acabando mi vida escolar.”
“Alberto Urdiales fue un personaje clave en mi vida”
“A partir de los 15 años apareció un profesor que fue vital en mi vida, Alberto Urdiales, “el lobo”, junto con su mujer Araceli. Fui elegido por él para el primer grupo de teatro de la historia del colegio, llegamos a actuar en colegios mayores, y a raíz de todo ello nos quisieron fichar para otros grupos. Él generó una creatividad en ese grupo muy especial, yo ya empecé a adaptar textos, fuimos incluso al festival de Sitges con una obra de teatro. Muchos de los integrantes de ese grupo han llegado a ser actores y otros han vivido de tareas creativas, lo cual indica el nivel. Ese grupo para mí fue la clave de mi cambio de vida, yo estudiaba mi carrera pero además quería ser actor, a la vez que también empecé a escribir y a adaptar. Y allá por los 35 años fui crítico de arte, fundé con mi hermana la revista Lápiz, fui crítico de arte y redactor jefe de La Luna de Madrid, que fue la revista de la movida, y poco a poco fui haciendo cosas, adapté dos obras de teatro, y a partir de ahí pude entrar en contacto con gente de la televisión…y hasta ahora. Sin Alberto Urdiales yo no habría tenido tan claro una actitud de vida cultural como centro de mi vida, su existencia fue muy luminosa para mi futuro.
En todas las etapas que viví siempre hubo algo muy bueno, la disciplina, era un colegio muy exigente, hacía revalidas internas continuas, teníamos un nivel de competitividad escolar muy alto, y muy duro. Eso hizo que los dos primeros cursos de universidad los pasara con notables sin casi estudiar. Iba el doble de preparado que todos los que iban a mi facultad, por ejemplo el nivel de francés, que era brutal. Ese concepto de competitividad y exigencia también lo valoro mucho.
El Padre Sabino también influyó culturalmente mucho en mí, aunque tuve grandes peleas con él, pero era un tipo con una cultura cinematográfica impresionante, salí de aquí habiéndome visto todo el cine de Bergman o Minnelli.
Aunque yo defiendo una enseñanza laica, como también decía Corbalán en su entrevista, tengo luces muy muy grandes de este colegio, que cambió mi vida para muy bien, y que sin él no sería quien soy. Me dieron una formación deportiva altísima, y una intelectual también altísima. Valoro mucho el deporte, es una actividad muy reflexiva, hay mucho silencio interior, ayuda muchísimo a la formación intelectual. Y tuve profesores que marcaron mi vida para muy bien, porque toda mi carrera creativa nace aquí por personas como el Padre Jaime o Alberto Urdiales.”
Viviste en Usera, y has vuelto al barrio:
Sí. Mi esposa es también del barrio, nos mudamos en distintos momentos a varios sitios, pero nuestras madres se fueron haciendo mayores, y decidimos volvernos por estar cerca de ellas cuando envejecieran. Y también porque es mi barrio, y lo sigue siendo ahora aunque haya más cruce cultural, estoy feliz de estar aquí. Son curiosas algunas anécdotas por el hecho de hacer un personaje que lleva el nombre del barrio, Pacino de Usera: vas a La Amistad y no te dejan pagar, o vas a lavar el coche y tampoco te dejan. Me dicen: “¡Para una vez que tenemos un héroe del barrio en la tele!” O vas paseando por Usera y una señora te dice “Muy bueno el capítulo de ayer ¡Gracias!”. La gente es muy agradecida.
Me volví al barrio con mucho gusto, también por sentido de pertenencia, tengo a la gente cerca, también a mi hermana, me parece que al final el barrio es muy importante no perderlo de vista, sigue siendo un barrio de Madrid, el Madrid auténtico, solidario, de ayudarse la gente, por ejemplo. Y cuando se oyen noticias malas yo también digo que, tras haber vivido en diferentes lugares, justo aquí nunca me han robado. En su momento la droga y el sida hicieron mucho daño pero había y hay gente muy creativa. El barrio era un descampado, pasaban mulas por donde ahora está el metro, venían las lecheras de la policía. Teníamos hasta un pipero en la puerta del colegio, el mítico Jacinto, con su carrito lleno de chuches y palulú, era como Robin Williams en “El rey pescador”.
La vida de los Olivares es una permanente historia de constancia y dignidad, en la que vivencias tan terribles como la enfermedad de su hermano Pablo sacaron lo mejor de todos ellos. Hay varios episodios de su vida dignos de reseñar, como la frase que le dijo Pablo a su hermano cuando le contó en 2010 el terrible diagnóstico: “He hecho morir tan dignamente a tantos personajes que espero hacer lo mismo conmigo”. O el día en el que aquel viejo sueño que venían larvando desde hacía 15 años de que el Ministerio del Tiempo pasara de ser utopía a realidad, Javier llamó a Pablo para contarle que tenían el ok de los productores para empezar a hacerlo, pero eso sí, con las condiciones de los productores. La respuesta de Pablo, ya enfermo, desde su cama, sabiendo que probablemente era la última oportunidad de que pudiera verlo hecho realidad fue: “No firmes, o se hace bien o no se hace”.
¿De dónde vienen esos valores tan férreos?
Los hemos heredado de mis abuelos maternos, a través de mi madre. Ellos lo pasaron bastante mal en la posguerra, y nunca me inocularon ni odio ni venganza pero sí dignidad y comportamiento ético. De mi padre recibimos el concepto de orgullo, de no dejarnos pisar. En el mundo laboral en el que nos hemos movido hemos dicho “no” a muchas cosas, eso nos ha cerrado muchas puertas pero lo bueno es que con ello hemos conseguido que cuando nos han dicho “sí” lo hemos hecho como nosotros queríamos. Además, hacer las series que hemos hecho del modo que hemos querido ha sido lo que ha hecho que se recuerden para siempre, y esa es la gran diferencia, porque así sí le llega al público de una manera directa e impactante. Una serie no solo tiene que servir para entretener sino para algo más, y no solo hay que conformarse con eso. Por ejemplo, yo siento orgullo por aquellas personas que han querido estudiar Historia por El Ministerio del Tiempo. El objetivo no puede ser únicamente ganar dinero sino también dar una visión del mundo y un concepto ético o moral”
¿Qué te gustaría decirle a los alumnos y a sus familias?
Yo quisiera recomendar a los alumnos que se dediquen a lo que les apasione y no a lo que le va a dar un sueldo, porque luego la vida te lleva a un trabajo o a otro. Es vital que encuentren su propia voz en el mundo, y que tengan pasión por la vida. Y si tienen hijos, educándoles y enseñándoles que no todo es de color de rosa, que no vivan en un mundo ficticio. Y que hay que llorar más las cosas, que por no volver a vivirlas se han olvidado, esa cultura del olvido no es buena. De vez en cuando sale un genio como Berlanga que te cuenta todo lo duro mientras te ríes con una mirada ácida, pero en general somos muy evasivos ante lo malo. Creo que hay que educarles en que alguna vez van a llorar, que van a perder a seres queridos o que les va a ir mal en algo, la vida es esa conexión de emociones por lo que merece la pena vivirla, es necesario enseñarles el sentido de la realidad, que si llegan esos momentos malos que no se asusten y que peleen, que no se rindan. Y que no merece la pena tu felicidad si en tu entorno no la hay, es un concepto muy cristiano de la vida, hay que pelear por un concepto de bondad desinteresada y volver a ser más humanos, pensar más en los demás, y eso empieza en tu propio barrio.
Se habla mucho del ascensor social y de la cultura del esfuerzo. ¿Qué opinas?
El ascensor social se ha estropeado, no funciona. Ahora las condiciones son peores que antes, que había una sociedad más abierta. La frase de si luchas lo conseguirás es mentira. Lo que tienes que hacer es prepararte porque algún tren va a pasar, pero si no estás preparado no tendrás nunca esa oportunidad. Por ejemplo, en un rodaje hay una cantidad enorme de oficios necesarios, y a veces cuesta encontrar gente formada para ello porque no hay conexión con el mundo educativo, por lo que hay trenes. Otras personas con otros apellidos ilustres van a tener más oportunidades que muchos alumnos de Usera, pero siempre vas a tener alguna oportunidad, y hay que estar bien preparado para ese momento. A otros les van a pasar más trenes, es verdad, y que es mucho más difícil también es verdad. Pero no se pueden rendir antes, hay que ayudarles a que se preparen y a que no se rindan. La gente que no viene de pasarlo bien, como por ejemplo muchos chicos inmigrantes, y que son buenos estudiantes, esos son los que van a romper, porque están educados para salir adelante en la dificultad. Como todas esas personas que vemos por las mañanas en el Yakarta, que son explotados día a día, ellos son la verdadera cultura del esfuerzo.
Que la gente sepa que lo primero es estudiar y tener una preparación, y que sin eso no van a dar el salto nunca. Yo por ejemplo he tenido que estudiar mucho para todas las series de historia que he hecho (Isabel, Víctor Ros), es decir, que el estudio me sigue acompañando. Hay que luchar, porque si se rinden antes han regalado el partido a los otros. Así que, como no te van a regalar nada, te lo tienes que currar el doble”
Porque así hicieron siempre los Olivares, vivir con valores y trabajar con talento. Y como en la famosa escena final del capítulo del Ministerio del Tiempo en el que Federico García Lorca descubre, según escucha cantar a Camarón uno de sus versos, que décadas después sería reconocido por la historia: “Pero, entonces…¿¿he ganado??”. Claro que has ganado, Javier. Por tus éxitos y por todo lo demás. Y Pablo también, que seguro que lo estará viendo desde su querida puerta 58.
¡Maneras de ganar y maneras de vivir!
Gracias, Javier