Fernando Garea: “En este colegio me enseñaron a pensar”
“El primer trabajo periodístico de mi vida me lo puso Pepe Domaica para la hoja colegial”
Fernando Garea (Madrid, 1962) es un periodista de enorme reconocimiento en el panorama actual. Es uno de los más importantes cronistas parlamentarios, pocos han paseado tanto esos pasillos, sus crónicas son referencia, como aquella sección de El País llamada “El patio del Congreso”. Actualmente en El Confidencial, ha sido miembro fundador de El Mundo y de Público, ha trabajado en El País y lleva muchos años colaborando en multitud de medios de radio y televisión (Cadena Ser, Antena3…). Una impresionante carrera profesional que alcanzó la cima cuando fue nombrado director de la Agencia EFE.
Pero no solo es conocido por su calidad periodística en sus certeros artículos analizando la actualidad, sino que también lo es por su valentía y su integridad, valores especialmente reseñables para el desempeño de un oficio tan especial como importante.
Todo nació aquí. ¿Qué recuerdas de tus inicios en el colegio y en el barrio?
Entré al colegio con 6 años, en 1968, mi familia es de Madrid, pero les dieron un piso muy cerca del colegio, en la calle Marcelo Usera, donde sigue viviendo mi madre, de la llamada “Obra sindical del hogar”. Era un barrio obrero de gente trabajadora en el que hubo una etapa mala cuando llegó la droga, incluso fallecieron algunos alumnos. En un entorno bastante igualitario, era el mejor colegio de la zona, muchos nos quedábamos a comer, en esos momentos había incluso 3 comedores. Desde luego que era un esfuerzo importante para mi familia pagar las mensualidades de este colegio, pero merecía la pena.
¿Has seguido teniendo contacto con antiguos alumnos?
Sí, algunos hemos mantenido el contacto, tenemos incluso un grupo de whatsapp. Hace como año y pico no pude venir cuando se reunieron, una pena. Pero me he ido encontrando a lo largo de los años con antiguos alumnos, por ejemplo el ex ministro Catalá. Cuando te vas sientes que es tu colegio, son muchos años los que has vivido aquí, incluso mi hermano y yo comíamos de lunes a viernes, pasábamos casi 12 horas diarias, la influencia que da es enorme, a lo que hay que añadir los fines de semana, que también veníamos a ver o a jugar partidos de baloncesto.
“No tenía pueblo y en verano venía a la piscina”
El colegio estaba muy presente en mi vida, muchas de las cosas que he aprendido han salido de aquí. Yo además no tenía pueblo, por lo que en verano veníamos a lo que llamábamos “pedir partido” a otros chicos en el patio o en la montaña. E incluso en verano estaba la piscina, al final del campo de tierra, que luego ya quitaron. Veníamos a disfrutar el día entero, pasábamos tanto tiempo bueno que eso ha hecho que lo sientas como tuyo. Antes se hacía más vida de barrio de la que se hace ahora, el barrio en cierto modo se desplazaba aquí cuando veníamos en el fin de semana o en vacaciones, sobre todo los que no teníamos pueblo, porque incluso jugábamos al frontón o al tenis con una cuerda. Estaba abierto todo el día hasta que los curas soltaban unos perros enormes por la noche.
“Yo viví el histórico incendio”
Incluso yo puedo decir que me casé en el colegio, cuando en la planta baja había una iglesia enorme, creo recordad que con el padre Fernando Sanz. Y hasta puedo decir que viví el histórico incendio de aquel domingo de junio de 1979 en el que murió el padre Mario, yo ya no era alumno del colegio pero mi casa estaba tan cerca que nos vinimos corriendo, y con todo aún en llamas recuerdo un momento increíble cuando de entre los bomberos salió el padre Vicente con el cáliz y vino.
En definitiva, yo no me he desvinculado nunca, y de hecho esa vinculación es más larga aún porque luego he tenido una segunda parte, por mis hijas, que han estudiado también aquí. En su momento valoramos ciertos aspectos que hicieron que lo eligiéramos para ellas por el ambiente, las instalaciones, el deporte… La educación que yo recibí fue muy buena así que quise repetirlo, y creo que también con ellas fue un acierto.
¿Cómo era el colegio en aquellos años 70?
Recuerdo un colegio de finales del franquismo, íbamos a misa, rezábamos antes de entrar pero con un punto “progre”, que se decía por entonces. El centro de todo eran unos curas de origen vasco, traían una mentalidad distinta a la cerrada y presionante de la época. Nos contaban muchas cosas, pasábamos muchas horas con ellos, nos aprendimos muchos nombres de pueblos vascos por ser los pueblos de ellos, eran muy abiertos, no solo ellos sino también muchos profesores. Nos enseñaron a pensar.
Por ejemplo, Alberto Barcia, que ahora sería un profesor normal, pero por entonces era muy trangresor en un colegio de curas llevar el pelo por los hombros. Nos daba Matemáticas, pero enseñaba a pensar sobre muchas cosas, discutir, dialogar, era muy interesante. Otro era Alberto Urdiales, “el lobo”, que nos hacía pasar año tras año por los mismos trabajos manuales: el castillo de corcho, el coche de madera, la casa de tizas…mi hermano era muy bueno haciendo todos esos trabajos pero yo era una catástrofe, se me rompía muy fácilmente el famoso pelo de segueta, me entraba el pánico…¡era un tormento!. Marcos Vélez, de Física y Química, que decía cosas tan curiosas como “desde el punto de vista de la puerta, pospóngase y sitúese en las coordenadas del pasillo”. Don Francisco, con su famosa frase “vete al parque a comer flores”. El Padre Vicente con la escolanía, venía a hacernos la prueba y nos ponía a cantar “Dueño de mi vida”. Yo también soy un desastre en cantar y bailar, tampoco me cogieron, pero una vez más a mi hermano sí. De tutores tuve a Don Miguel, a Don Severiano, al padre Heliodoro, al padre Evilasio…por cierto bastantes de ellos fumando en clase, muy habitual por entonces. También conocimos a varios curas que venían de la misiones y nos contaban su experiencia. Muchos y bonitos recuerdos. Y el padre José López Cano, qué con su sola presencia Imponía, ¡te estudiabas lo que fuera! Todos pasábamos por el laboratorio para abrir una rana o una cobaya, y hacíamos la colección de minerales. Nos llevaban una hora a la semana a la biblioteca, a leer, yo me sacaba libros para casa, leía mucho, aquí he aprendido mucho de la lectura y de la necesidad de leer. Incluso alguna vez me quedé al club de ajedrez. En aquella época no se salía mucho de excursión del colegio, de hecho yo miraba con cierta envidia a los scouts por sus salidas y acampadas, pero costaba dinero y además ya estaba en baloncesto. Eso sí, se hacía un único viaje, el de fin de curso a Mallorca. Nos acompañaron Barcia y Dionisio, fue un viaje estupendo.
“La mejor enseñanza que me llevé de este colegio fue a pensar y a dialogar”
Capítulo aparte merece Dionisio Cidad, era muy peculiar, daba asignaturas de humanidades, a veces nos decía que cerráramos el libro porque íbamos a hablar de algo que habíamos visto en la tv, era muy innovador para la época, se hablaba de la poca política que se podía hablar por entonces, en plena transición. Un día un compañero puso en la pizarra con el dedo “psoe”, y tras salir el “culpable”, en lugar de castigarle nos pasamos toda la clase hablando sobre su significado, con lo cual aprendimos mucho más que si hubiera sido un castigo. Discutimos, hablamos, nos marcó. No olvidemos que estábamos en plena transición, un detalle es que en esos años se celebraban asambleas clandestinas de trabajadores en la parroquia de la Fuensanta. La mejor enseñanza que me llevé de este colegio fue esa, a pensar y a dialogar.
La fiesta de San Viator era muy importante, nos daban el chupón, y entre otras muchas cosas soltaban una vaquilla en la montaña, hay veces que lo cuento y no me creen, ¡incluso mis hijas no me creen!. También traían unos karts para aprender a conducir, montaban un recorrido por todo el patio durante varios días, daban puntos por saltarse señales, y venían policías a explicarnos las señales.
Y ya fuera del cole el parque sur era una agradable extensión del colegio, a veces me escapaba en la hora de la comida con Sergio Sauca (también antiguo alumno y periodista de TVE). O a la puerta donde había un vendedor, Jacinto, venía con su bicicleta cargada de cosas para vender a los chicos chucherías, cigarros sueltos, palulú, se pasaba todo el día en la puerta.
¿Eras de los buenos, te portabas bien?
Había una libreta de disciplina, mítica en esa época, en la que si hacías algo malo te ponían una firma, la tenías que llevar a casa para que tus padres te la firmaran, y de remate tenías que venir una hora antes por la mañana a estudio. Si no tenías ninguna firma te daban puntos, y si acumulabas una determinada cantidad al mes podías ir o no al cine. ¡Yo nunca iba y mi hermano iba siempre! Yo hablaba mucho en clase, y por eso tenía la mayoría de las firmas en la cartilla, te daba pánico que te la pidieran para ponerte una firma. El que la supervisaba era el padre Leonardo Pérez, tenía todo bajo control, sabía quién arrancaba alguna hoja, o falsificaba alguna firma. Ese cinefórum mensual era un verdadero acontecimiento porque venían chicas del Rafaela Ibarra, nos poníamos como motos, nos endomingábamos, no estábamos acostumbrados a tratar con ellas, las únicas mujeres del colegio eran Ana la secretaria, recientemente fallecida, y otra en el laboratorio.
¿En esos años ya querías ser periodista?
Yo siempre quise ser periodista aún sin tener nadie periodista en la familia. En los test del gabinete psicológico te decían si valías más para letras o para ciencias, hacíamos un test cada cierto tiempo, y me salía humanidades. Quizás me gustó también medicina, pero era y soy más bien de letras. Yo estudiaba lo justo pero tenía facilidad, no iba a por el sobresaliente. Siempre aprobé todo excepto un año que me quedó educación física para septiembre, por no saltar el dichoso plinton, lo recuerdo como un dolor en aquel gimnasio pequeño.
¿Y qué te quedó de esos años de deporte?
Pues bastante me quedó, entre otras cosas porque hago mucho deporte, aunque menos del que quisiera. Creo que los deportes, especialmente los de grupo, son esenciales porque aprendes a estar con otros compañeros, a compartir, a hacer equipo. Se fomentaban muy bien, más el baloncesto que el fútbol, por eso Don Miguel se quejaba. Empecé con el padre Heliodoro, que nos cogió de pequeñitos y nos ponía a botar el balón 2 horas seguidas, en fila, primero una mano y luego la otra, cuando casi no podíamos ni con el balón. Aprendíamos, sin duda, aunque muy pedagógico no era.
“El deporte te enseñaba el sacrificio y la organización, era muy positivo”
Pasábamos las tardes entrenando, lloviera o no, porque con escobas barríamos el gua para poder botar y jugar. Así nos pasaba, que cuando íbamos a pabellones cubiertos como en San Agustín o Claret se nos caía la baba. Pero la ilusión era la misma al salir a jugar a otros sitios, era la bomba, íbamos con el cura en metro o bus al partido en una gran sensación de equipo. Las zapatillas que usábamos casi todos eran las Keds, eran como de tela, no podíamos acceder a unas John Smith, casi para millonarios. De Adidas ni soñar, claro.
Y a las 8 a casa a estudiar, esa vida te enseñaba el sacrificio y la organización, era muy positivo. Cierto es que había un pequeño o gran protectorado con los de baloncesto, te echaban una manita, te protegían, te ayudaban. El fomento del deporte ha sido fundamental en mí.
La liga interna de los sábados por la mañana era magnifica, hacía comunidad, jugábamos todos contra todos, con unas camisetas descoloridas que Domaica repartía en el momento, las llevaba todas colgadas de su brazo. Sabía perfectamente quién jugaba contra quién, y a qué deporte, también hacíamos de árbitros o anotadores, verdaderamente servía para hacer equipo entre todos porque todos teníamos una función.
Por cierto que el primer trabajo periodístico de mi vida fue con Domaica cuando aún ni tenía asomo de serlo. Un día me encargó que me pasara los lunes por las clases a recoger los resultados de la liga interna, para sacarlos el viernes en la hoja colegial. Yo iba con mi libreta y ya con el paso de las semanas lo tenía controlado. La hoja colegial era muy importante, salían los fallecidos, los resultados, algunos éxitos de Corbalán, Borrajo, chinche Lafuente, era la referencia del colegio.
Los domingos veníamos a ver partidos importantes, de los junior, a veces venía el Madrid o el Estudiantes y era un acontecimiento, recuerdo en el patio a Romay de espectador. Veníamos a animar y a cantar, en esa cancha con el suelo lleno de grietas.
“Fue enorme el esfuerzo de Pepe Domaica para tantas generaciones”
Mi hermano mayor, que por cierto luego hizo ingeniería, vivió más tiempo el baloncesto, era más alto que yo. Incluso pudo ir a jugar al País Vasco un partido con el colegio, contra el Indautchu, aunque perdieron por casi 200 puntos porque tenían a uno buenísimo, el famoso Iturriaga que luego jugó con Corbalán. Y como yo era bajito, Domaica me puso de ayudante suyo, de delegado de los equipos, me hacía ir a la federación a llevar las actas de los partidos, le tengo muchísimo cariño. Cómo le daba la vida a Pepe para todo, a pesar de lo mal que tenía la vista, lo que trabajaba ese hombre, sin descanso, porque en fines de semana era incluso más. Su cuartito con balones, camisetas, escobas, de todo. Fue enorme el esfuerzo que hizo para tantas generaciones de antiguos alumnos, era reconocido dentro y fuera, porque cuando salíamos a jugar a otro colegio nada más pronunciar San Viator rápidamente lo asociaban a Domaica.
Cuando murió me enteré y fui al tanatorio y al funeral posterior, fue emocionante, me dio una pena horrible, y me alegré mucho de que le pusieran su nombre al pabellón. La pena es que los chavales jóvenes ya no saben quién es. A la misma altura estaba Don Miguel, reconocía a todos, los tenía en la cabeza, a mis hijas les decía ”Qué, Gareita, dónde vas?”, me gustaría mandarle un saludo y que le llegara esa foto que acompaña la entrevista de cuando él fue mi tutor en EGB.
Tu trayectoria periodística ha estado marcada en muchos momentos por decisiones basadas en tu conciencia y dignidad:
Mi profesión está muy mal, hay mucho paro, se paga mal, muchas empresas están en una mala situación económica, hay demasiada gente precarizada y sometida a cosas que no les gusta. Yo he tenido la suerte o el acierto de ganarme cierta independencia, y para ello antes tienes que sufrir un poco y arriesgarte. Fui fundador de El Mundo y cuando estaba totalmente asentado me atreví a irme a fundar Público, por vivir otras experiencias, una locura, me fui para aprender. En un momento determinado también me fui de allí a El País, todo iba bien hasta que me fui de nuevo a El Confidencial, por nuevas circunstancias, y porque no quise asumir ciertas cosas. Ahora tengo la gran ventaja de escribir libremente lo que quiera.
“En el periodismo la objetividad no existe, pero la honestidad sí”
Creo que los que tenemos cierto privilegio en nuestras profesiones, sobre todo si son públicas, también tenemos una obligación, también pública, de dar ejemplo a los demás, de no pasar por ciertas cosas, con el fin de que las empresas vean que los periodistas tenemos capacidad de decidir y pensar.
Algunas cesiones siempre hay que hacer, pero tienen que primar los valores que tienen que ver con la independencia y con que nadie te diga lo que tienes que hacer. Presiones recibes como periodista pero tienes que solventarlas y hacer lo que tienes que hacer, intentando dejar a un lado tus posiciones ideológicas pero nunca dejando a un lado tus principios, por lo que no hay que pasar. Hay que intentar ver las cosas sin la pasión ideológica que todos tenemos. La objetividad no existe, pero la honestidad sí.
Capítulo aparte merece tu paso por la dirección de la Agencia EFE. Aparte del enorme éxito profesional que significó, cabe destacar algún momento especial que habla de tu persona, en concreto el acto, con Felipe VI presente, en el que la Agencia EFE pidió perdón a los represaliados republicanos por el silencio en el pasado:
Es verdad, fue un acto muy bonito, con el Rey presente junto a varios ancianos represaliados, me hizo estar muy satisfecho por contribuir a cerrar heridas. Fue un honor ese momento así como cuando me llamó el gobierno para dirigir la Agencia EFE, viví experiencias en América brutales, pude por ejemplo entrevistar a Putin. Pero en ese tiempo me negué a ciertas cosas, en mi nombre o en el de la Agencia EFE, y finalmente me destituyeron. Podría haberme plegado y aceptar ciertas cosas, pero mi obligación era y es mantener la independencia, podría haber ganado más dinero, me hubiera ido mejor, pero no quise, todos tenemos una obligación acorde a nuestros valores, que provienen principalmente de nuestra familia, pero también de lo que vivimos en nuestro colegio y en nuestro entorno.
¿Qué te gustaría transmitir a los alumnos y a sus familias?
La aspiración de la generación de mis padres era que estudiáramos en la universidad, porque en general la inmensa mayoría no habían podido hacerlo, era su objetivo. Mi padre murió cuando yo tenía 3 años, he vivido el esfuerzo de mi madre para que pudiéramos ir a la universidad. Las cosas se consiguen con esfuerzo, no te las regalan.
Mis padres vivieron mejor que sus padres, nosotros mejor que los nuestros pero…no está claro cómo va a ser con nuestros hijos. Nosotros fuimos a la universidad, vivimos la entrada en Europa, pero los de ahora van a vivir dos crisis, y es muy difícil que puedan recuperar ese nivel de bienestar social que había hace unos años, tienen una situación más difícil. Recomiendo abandonar la obsesión por la universidad, existen los Ciclos Formativos, antes eran para los malos estudiantes, pero ahora tienen incluso más salidas laborales.
“Recomiendo enormemente leer y viajar”
Van a tener que pelear en condiciones difíciles, por ejemplo en periodismo no se asimila ni el 10% de los licenciados, pero que si lo eligen porque es su pasión que se maten a hacerlo, hay que apostar por lo que quieres ser. Esta generación tiene también ventajas sobre las anteriores: tienen herramientas para acceder y conocer la información y a la lectura. Les recomiendo leer todo lo que puedan, a mí me ayudó mucho en todo. También tienen la posibilidad de viajar y ver mundo, que abre enormemente la mente, eso fue una cosa que como padre me importó mucho respecto a mis hijas, además del inglés: todos los veranos estudiaron, participaron en el programa Erasmus, hicieron intercambios, porque creo que viajar es fundamental, estudiar y vivir fuera les viene de maravilla, esa experiencia que nosotros no tuvimos es fundamental que puedan tenerla. Porque somos lo que vivimos, y sobre todo cuando somos esponja e incorporamos todo lo que vamos viendo, lo que nos gusta y lo que no. Todo ello acaba reflejándose. Y es que sigo disfrutando de mi profesión, es un privilegio, y estoy encantadísimo.
Y no solo de su profesión. Fernando sigue disfrutando de ser antiguo alumno del sanvi, ha vivido mucho y bueno, se le iluminan los ojos al contar cualquier anécdota. Firme con sus valores y sensible con sus raíces. Y es que pocos se han empapado más de este colegio que él, dos generaciones de Gareas han salido de aquí felices y agradecidas. De “Gareítas”, como dice Donmi.
Fernando, quién sabe, quizás no hay dos sin tres…
¡Gracias!