Nuestras Letras amigas
Nuestras Letras amigas
Yala - Provincia de Jujuy - Argentina
Del libro "Senderos de la Memoria, Jujuy"
Exodo jujeño
Recordar la gesta de Belgrano en el norte de la patria es palpar el amor a la tierra.
Heroísmo esperanzado de mi pueblo en un agosto ventoso de 1812.
Hombres y mujeres con abnegación y valentía tuvieron que decidir no solo el destino de sus vidas sino del país que se estaba consolidando. Y en medio del frío y la ventisca invernales partió la caravana hacia el sur.
El general Belgrano la conducía.
Nos parece oír su convocatoria: “… Llegó, pues, la época en que manifestéis vuestro heroísmo…”
Llamamiento hidalgo que señaló el sacrificio de los jujeños.
Reflexionamos sobre este hecho, imaginamos el dolor del exilio, la incertidumbre del abandono. Miramos el cielo de agosto iluminado por una luna espléndida y pensamos, desde lo femenino, en los varones y mujeres, hijas, novias, madres, en el sufrimiento de los jujeños en aquel momento.
Sí, el éxodo sucedió aquí, en el norte, en Jujuy, en mi Jujuy, donde nació la patria.
* * *
Dice la niña
Mi casa cerrada, papá ha puesto tablas en las ventanas, en los galpones. Con el caballo ha pisoteado los sembrados. Solo aroma a alfalfa, a yerbabuena flota en el aire. Nos vamos. Nos vamos cuando la aurora. Me duele el pecho, tengo miedo y pena, dejo mis cositas.
Mamá me dice que marcharemos hacia el sur al amanecer con el frío del invierno, con estos vientos calurosos de las tardes que nos llenan de hojas de tierra de lamento.
Tenemos que huir, el enemigo está llegando. Diosito, que no nos vea que no nos aprisione que no nos aplaste ni esclavice.
Tengo un miedo grandote que me atraviesa el cuerpo, me llega aquicito al corazón, me tapa la boca me calla se trepa a mis espaldas. Tiemblan mis manos y las de papá, de mamá.
¡Ay, Pachamama! No nos abandonés, encubierta queda la apacheta. Sus piedras tapan mi muñequita, mis juguetitos… y mis lágrimas. Cuidámelas.
Sí, el general Belgrano es fuerte, bravo. Sus ojos cuando me miran se hunden en los míos y me espanto. Dicen que está enfermo, y yo escondida detrás de la piedra alta lo veo va viene montado en su caballo no descansa ni con la fiebre que tiene revisa las casas los avíos mira todo todo todo … no se detiene pobrecito pobrecito…
Cuando leyó el terrible bando su voz era firme y dura: “...Llegó, pues, la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reuniros al Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres...”
Orden terminante, nos indicó que no debía quedar nada que le aprovechase al enemigo ni casa ni alimentos ni nada nada nada. Así esos soldados extraños se volverán por donde vinieron.
Dicen mis padres que el general es un gran soldado, que nos señala un rumbo, un nuevo destino que es la luz que nos guía. Por eso debemos seguirlo.
¡Ay, diosito, qué peso fiero en mi pecho! Menos mal que marcho con mis papitos.
Ellos siempre a mi lado protegiéndome. Se queda mi casita oscura, encerrada, mis cosas, mis plantitas tristes, solas.
¡Pachamama, ayudános! ¿Volveré algún día? ¿Las encontraré? ¿Volveremos?
* * *
Y la mujer
Atardece. Una luna grande redonda y anaranjada va apareciendo, quizás para consuelo ¡Ay, cariño!
Me decís que ese color medio rojizo no es un presagio sangriento, es por la tierra que ha desparramado el viento, este viento de agosto inescrupuloso caliente! Desde la tardecita ha corrido mañoso por el campo y ha entrado hasta el último lugarcito del rancho desmantelado.
Todo es polvo. Ya hemos preparado los avíos. Pocas cosas llevamos, las necesarias. Saldremos al alba. Me falta el aire. Respiro hondo. Tomados de las manos nos cobijamos, yo en tu pecho, vos en tu fuerza, en tu valor que no decae. La niña, en la ternura de nuestro regazo. Hacemos un alto en el apuro, en la aflicción, y te digo casi en un susurro:
— Amor, la hija y yo con vos, siempre juntos.
Miro tu uniforme de soldado lleno de polvo, gastado por el uso. Se me encoge el corazón ¿Señales del destierro? Cierro los ojos, me delatan, no quiero que veás mi sufrimiento. Pero te das cuenta, adivinás mi miedo, mi dolor. Entonces, me hablás al oído, bajito, me acariciás con ternura, me pedís fortaleza, coraje.
— Nos guía el general, querida. Tengamos fe, por la hija, por ti, por mí, por nuestro amor, por Jujuycito.
Sí, por todo eso, por este terruño que amamos y que, bizarro y solitario, frena los avances del enemigo, nos exiliamos, abandonamos lo que construimos con esfuerzo y alegría, nos vamos, nos sacrificamos.
Tiemblo. Me aferro a vos, a tu entereza, amor.
¡Ay, diosito ayudános!
* * *
Para ver otros contenidos: Volver a la Página de Inicio