Nuestras Letras amigas
Nuestras Letras amigas
Buenos Aires - Argentina
Los maniquíes enmudecen desnudando las vidrieras del otoño.
En la tabla, mesa, lecho o ataúd
donde el grito es antes que el silencio.
Hay oscuridades que aún nos permiten estar juntos.
Y siempre un pliegue marca la audacia de un movimiento.
Del libro “El enigma de un pájaro exiliado”
* * *
Alrededor de la tarde
a Jorge Cabrera
Esta hora en la que el sol pone su mano en los edificios laterales.
Hora donde dejamos las armas porque empieza el amor.
Esta hora que es ciertamente dulce porque prevalece en su tibieza.
Soporta lo que es certero y final.
Todavía podemos alejar la muerte, distraerla,
Desatenderla. Desalentarla.
Ella se demora en los ojos de los locos
donde la furia y el pánico son los sellos
de las dos manos que abren la desesperación.
No hubo dios del miedo, no hubo dios del dolor.
Pero la locura fue del dolor su última defensa.
Y luego la apacible tarde de los poemas griegos.
Sus consecuentes secretos.
La única manera de conocerse en la amplia fantasía del deseo
en la grieta movediza del sueño.
En la dulce caricia de la amistad.
Haber dejado de apurar los rumbos.
Hacerse agua y deslizarse.
Juntar caracoles en la costa, para nada, para ningún fin.
Acercarse hasta la orilla
sin haber dejado ninguna tristeza interrumpida,
ningún dolor apremiado.
Solamente el cauce limpio, la tierra abonada,
un poema escrito en una habitación a plena oscuridad.
Una hoja iluminada, abierta en la plenitud de lo otorgado.
Y ese gesto se aproxima alrededor de la tarde,
Como un oportuno modo de estar.
Del libro “Estocada”
* * *
Morada
Comprendí que eras la ausencia
El deseo de desearte.
Tal vez te nombre en la noche aturdida de verano
Cuando la luna llena,
definitivamente,
me abra su morada.
Sueño ser el ángel que conquistó el corazón de un sueño.
Del libro “El enigma de un pájaro exiliado”
* * *
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