Cuentos y relatos
Cuentos y relatos
La recusa
Había corrido entre los peñascos. Estaba jadeando.
Paró en la última piedra que le brindaba su subir.
Abajo, el abismo.
El viento soplaba cada vez más. Su pelaje se estremecía. Sus astas se envergaban.
Observó la tierra. Batió con los cascos fuertemente. Miró hacia atrás.
No había ya pasado, manada, recuerdos.
Contempló como por última vez, el bosque, las montañas. Y abajo, muy abajo, un hilo de agua que corría.
El río en que tantas veces había bebido, no solo y sí acompañado.
Trató como en un ensueño extraño, de recordar, aunque sea en breve tiempo, un momento de felicidad:
Sintió el burbujear del agua batiendo entre las piedras. Sus cascos humedecidos. Y a su alrededor, aquellos que habían sido sus compañeros y sus fieles hembras, que a través de los años fueron mostrando quién era él.
Sí... todo aquello no existía más.
Recordaba cierta vez en que el río había crecido estrepitosamente y cargaba parte de los árboles de la costa, el crujir de las maderas al quebrarse...
¡Cuántos recuerdos!
Pero ahora él era el último.
Habían sido perseguidos impiedosamente. No entendía el por qué.
El ver caer a los suyos, uno a uno, lo dejó desesperado.
El enemigo no se mostraba.
La lucha era imposible. Las formas utilizadas eran infames y mezquinas.
No aceptaba ser eliminado de la misma manera.
Sin objetivos, miró hacia el precipicio.
La vista se nublaba.
El viento soplaba con intensidad. Su pelaje parecía encresparse. Sus patas no conseguían mantenerlo en equilibrio.
Se acomodó como para dar un salto.
Miró hacia el frente y entre las nubes apareció un rayo de luna.
Aquella luna que tantas noches lo había iluminado...
No sentía miedo. Su jadeante respirar ya no existía.
Bajó el hocico a la tierra como queriendo absorber por última vez el olor de lo húmedo.
Sus cascos brillaban, estaban mojados. Su pelo, pegado.
Lamióse las patas como teniendo conciencia de lo que era la materia.
Miró hacia abajo y se lanzó al abismo. Mientras caía, su cuerpo giraba, no se retorcía. Era un salto elegante; el último.
Camino a la muerte.
Camino a la libertad.
Y allá abajo quedó su cuerpo entero, extendido.
Parece una estatua, una imagen que al cerrarse el rayo de la luna queda confundido entre las piedras como una mancha más...
Oliver Robertt
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