Su término municipal, cuya forma se asemeja mucho a la de un triángulo, se sitúa en el suroeste de la provincia de Toledo. Limita al este con San Bartolomé de las Abiertas, Santa Ana de Pusa, Retamoso y Torrecilla de la Jara, mientras que por el lado opuesto (occidente u oeste) comparte con Belvís de la Jara una dilatada línea divisoria territorial que solamente se rompe por un pequeño espacio que corresponde a la divisoria entre Sevilleja y Alcaudete en la parte suroccidental. Sus límites meridionales lindan con los de El Robledo del Mazo (en una escasa franja) y Sevilleja de la Jara, mientras que por el norte lo hace con los términos de Las Herencias y San Bartolomé de las Abiertas. La extensión del término municipal es de 156,10 km2 (20,5 de longitud de norte a sur y 16,60 este a oeste).
Mapa en el que se muestra resaltado en color verde el término municipal de Alcaudete de la Jara y los pertenecientes a las otras entidades territoriales con las que comparte límites territoriales. Fuente: realización propia a partir de las capas y servidores del IGN.
El término municipal de Alcaudete se inserta en la comarca de La Jara, territorio que Jiménez Rodrigo divide en dos grandes unidades desde el punto de vista de la geomorfología:
Una unidad hercínica que conforma la estructura básica del relieve
Un segundo componente geológico neógeno-cuarternario conformado principalmente por depósitos de tipo raña y aluviales-coluviales
El mapa geológico del término de Alcaudete refleja que la mayor parte del territorio que se sitúa alrededor del casco urbano de la villa están formados por gravas que se insertan en las terrazas de origen fluvial (números 33-37 y 40 en el mapa) que, para el caso alcaudetano, tienen en el río Jébalo y su persistente acción durante millones de años el principal agente natural. En menor proporción se encuentran materiales de origen sedimentario como son los conglomerados, limonitas (números 24, 25 y 28), a los que se suman arenas y limos (números 38, 39 y 42).
Este predominio de materiales formadas fundamentalmente durante los periodos terciario y cuaternario solo se rompe en la zona meridional, donde hay una presencia más relevante de materiales graníticos (granitoides microporfídicos) cuyo origen pudo estar en el final de la era Paleozoica, lo que supondría cuanto menos, una antigüedad de unos 250 millones de años (número 5 en el mapa geológico aportado). En la imagen siguiente se han señalado elementos litológicos más destacados, acompañados de una leyenda explicativa en la parte inferior de la misma.
Extracto de la hoja del mapa geológico nacional en el que se muestra la litología que circunda el casco urbano de Alcaudete de la Jara. Fuente: elaboración propia a partir de los datos de la página del IGME
Leyenda
5. Granitoides micropofídicos
24. Conglomerados.
25. Arenas arcósicas, conglomerados y limolitas
27. Arenas arcósicas
28. Conglomerados y limonitas.
31 Cantos y bloques en matriz areno-limosa. Rañas.
32 Cantos en matriz Areno-limosa. Coluvión de raíz de la Raña.
33 a 37 Gravas.
38. Cantos, arenas y limos. Glacis.
40. Gravas. Terraza.
42. Arenas y limos con cantos. Abanicos y conos.
45. Gravas y arenas. Aluviales.
Si se amplía más la visión del terreno hacia otras zonas del término municipal encontramos distintas tipologías de materiales litológicos entre los que destacan:
En la Berciosa y la casa de La Dehesa se encuentra otro tipo de granito (biolítico-moscovítico con cristales de feldespato potásico, cordierita, andalucita y sillimanita), algunos enclaves corneánicos (lugares en los que el roquedo ha experimentado metarmorfismo por contacto) y restos de leucogranito moscovítico con biotita, aplitas y o pegmatitas.
Los conglomerados y limos rojos ocupan buena parte de los terrazgos de Montejícar, Las Dehesillas y Los Puertos.
Unos pequeños espacios situados entre La Dehesa (donde hay un glacis que aloja fragmentos cuarcíticos) y las anteriores fincas citadas en los que hay un predominio de concentraciones de elementos cuarcíticos, arenas y limos.
El profesor Jiménez de Gregorio hace referencia a la presencia de calizas cristalinas en el Cerro de la Calera, que en algunos puntos son marmóreas.
Finalmente citar la zona del Martinete, zona de alto valor histórico para los habitantes de Alcaudete de la Jara está asentada sobre un terreno de origen cámbrico compuesto por areniscas, cuarcitas y pizarras.
Sintetizando mucho se puede decir que la altitud desciende según avanzamos en latitud, siendo más abrupta y serrana la topografía al sur del término municipal, frente a la mayor planitud que predomina en territorio alcaudetano septentrional (al norte).
Morfológicamente, tal y como se ha mostrado antes el relieve que muestra el término municipal (encajado en la evolución peninsular) es muy heterogéneo. La topografía resultante proviene de un relieve derivado que ha experimentado tanto la erosión diferencial por agentes como el agua, el viento, las temperaturas, en connivencia con la gravedad, pues los empujes de la placa africana son más palpables en elevaciones como el sistema Central. Este tipo de modelado podría encajar con el relieve apalachense que el IGN designa para la cercana zona de los Montes de Toledo en el Atlas Nacional de España.
Vista aérea en perspectiva del casco urbano de Alcaudete de la Jara (señalado con un marcador) y su entorno más inmediato. En esta imagen se puede percibir tanto la mayor altura del término municipal al sur, como la erosión diferencial creada por los factores naturales, entre la que se encuentra el valle generado por el Jébalo. Fuente: 3D Mapper (18/07/2023).
La denominación de esta artería fluvial que ha donado sus aguas durante siglos para las huertas y gentes de Alcaudete puede llevar a duda.
Gregorio Planchuelo, en un estudio geográfico realizado a mediados del siglo XX, afirmaba que debería ser Jébalo, debido a que en las Relaciones de Felipe II se lo denomina como Xébalo, por lo que lo lógico es que la “X” evolucionase a “J”, en lugar de la “G” que observamos en la actualidad .
Jiménez de Gregorio en sus estudios hace referencia también a este término. Informa del origen árabe de la palabra, siendo mantenida por los mozárabes repobladores de las tierras jareñas, con el significado de jabalí (xebal). La denominación Dehesa de los Xebalillos, para las zonas que los monarcas castellanos iban acotando dentro de la Jara, es, para el citado académico, un antecedente a tener en cuenta .
En la octava edición de la ortografía (1815), la Real Academia de la Lengua reservará la x para el grupo culto /ks/ (examen, exención), pero no como grafía del fonema /x/, función que era reemplazada por la j (caja, queja, lejos en lugar de caxa, lexos o dexar) . No obstante, hay que tener en cuenta la tradición establecida a la hora de emplear el término aquí tratado. En este sentido, existen denominaciones diversas a lo largo del tiempo. Como Jévalo se lo nombra en el libro de acuerdos del concejo talaverano, a finales del siglo XVI . En el expediente levantado para la reconstrucción del puente por el que se accedía a Alcaudete en el siglo XVIII, se menciona Gévalo, Gébalo y Jévalo . Con intención de indagar en el uso del término por los alcaudetanos, y por tanto al uso tradicional del término, podemos decir que, en 1848, Julián de Bodas, como cabeza del Ayuntamiento de Alcaudete, en un escrito a la Diputación, empleaba Gébalo. De la misma manera es denominado por el secretario de dicha institución jareña en el plan y presupuesto de obra que se tratará más adelante . A estas referencias hay que añadir el empleo de la g y la v en los últimos tiempos, tanto en instituciones oficiales, como por buena parte los alcaudetanos y alcaudetanas.
De todas formas, esto no es más que una mera aproximación, que requeriría la revisión por parte de especialistas en lengua, para una visión etimológica más correcta.
El Jébalo es uno de los más importantes ríos de la comarca de la Jara, a la que atraviesa desde su zona meridional hasta el septentrión de la misma.
Antes de comenzar a navegar por el este jareño río hacia el Tajo, sería interesante aludir a un factor que suele estar relacionado con la formación de la red hidrográfica. Se trata de la tectónica del territorio que puede traducirse en fenómenos de adaptación o inadaptación del trazado fluvial respecto a la disposición de las deformaciones que padece la superficie terrestre (tales como la sobreimposición a las nuevas formas resultantes; o la antecendencia, que puede tener lugar cuando la zona por la que discurre el curso fluvial padece un levantamiento lento que supone que el río se encaje más en su labor erosiva). Jiménez de Gregorio (1983: 11) afirma que la antigua red fluvial fue borrada, “por el aporte de las rañas” de forma que el trazado que existía en el Terciario no ha sido seguido por los ríos actuales, y pone como ejemplo el caso del Jébalo que secciona la orografía antigua en forma de hoces.
Sobre la relación entre el Jébalo y la tectónica el profesor Jiménez de Gregorio hace referencia a la presencia de un pliege-falla en este río. En la memoria de la hoja 655 del mapa geológico nacional se indica la existencia de una falla que denomina de la “Casa de las Alamedas” entre el Jébalo y el Sangrera.
Extracto del mapa ráster del IGN en el que se han marcado las fallas (de forma aproximada con una línea negra continua una falla y en discontinua otras posibles fallas). Fuente. Elaboración propia a partir de los mapas ofrecidos por el IGN y del IGME.
Corte geológico entre los ríos Jébalo y Sangrera en el que se puede ver la zona de contacto entre facies (zonas con diferencias en la composición lítica) graníticas, marcada con un trazo vertical discontinuo. Fuente. Elaboración propia a partir del mapa geológico de España creado por el IGME
Este afluente del Tajo nace en la garganta de las Puentecillas (a 1140 metros de altitud) en la vertiente suroriental de la sierra de La Hiruela, situada al oeste de Piedraescrita, zona en la que se encuentra la frontera entre las vertientes de la cuenca del Guadiana y la del Tajo.
Una vez pasado el puerto de Piedraescrita, penetra en el valle de Robledo del Mazo en dirección oeste-noroeste y, tras pasar por las cercanías de Navaltoril, se dirige hacia la parte septentrional del valle, encajándose por este lado pizarroso, lo que determina la asimetría de este valle. El arroyo de La Canaleja, que recoge las aguas de los arroyuelos Robledillo y de Los Pozos, vierte sus aguas al Jébalo por su ribera derecha. Continúa hacia el este, pegado a la zona norte del valle, pasando por las cercanías de Las Hunfrías. En el Robledo del Mazo, el arroyo Endrino tributa con sus aguas al Jébalo.
Posteriormente se encamina hacia tierras septentrionales, cortando la sierra entre El Canalizo y el cerro de La Solana de la Pared o de La Mina, dejando atrás el valle de Robledo del Mazo, tras haber enriquecido su caudal con las corrientes procedentes de las gargantas de la sierra de La Hiruela, conocidas con los topónimos de Gargantilla, Molinillo, Barrosas y Tejadillas.
Aguas más abajo, vuelve a recoger caudal, por su margen derecha, procedente de los arroyos Valdesu y La Chaparra, los cuales descienden por las laderas de la sierra de Las Pedrizas. Sin cambiar de dirección norte, irrumpe el Jébalo con sus aguas por el cerro de La Atalaya, encajándose entre pizarras y cuarcitas. En esta zona ha contribuido a la creación de energía eléctrica, aprovechando la fuerza de las aguas del río. Se desliza por debajo del puente situado en la carretera que va de Espinoso del Rey a la Nava de Ricomalillo, donde recibe por la izquierda las aguas del Mazuelo, para dirigirse hacia las ruinas de El Martinete (antigua fundición de hierro), adentrándose hacia la zona central de la Jara, tras abandonar los montes silúricos.
Continua su ruta hacia el Tajo por los terrenos detríticos que forman la raña de Paniagua, zona en la que se encuentra unas superficiales y temporales lagunas incluidas en la Red Natura 2000, y territorio en el que añade a sus aguas las del arroyo Los Maíllos, a las que se suman las que vierten los pequeños arroyos situados en los cámbricos terrenos de las fincas Paniagua, Rozas Viejas y Villarejos. De la zona meridional de La Fresneda procede el arroyo Valbellido, antes de llegar a la cual, es nutrido nuevamente por el arroyuelo Tejada. En término (a unos 520 metros de altitud) de esta aldea pedánea de Torrecilla de la Jara, se construyó en el año 2008, un embalse que abastece (además de a la ya mencionada aldea) a las localidades de Alcaudete de la Jara, Belvís de la Jara, Las Herencias y Aldeanuela de Barbarroya. Algo más adelante, por su derecha se unen al Jébalo los arroyos de El Rosal y La Berciosa.
Sigue su curso este jareño río, hendiendo su hidráulico cuchillo sobre murallas de rocas ígneas, dispuestas de este a oeste, hazaña tras la cual, el arroyo de La Alameda aparece por su margen derecha, para fusionarse con su hermano mayor, antes de llegar al amplio valle, de suelos arcilloso-arenosos, con aluviones depositados, que conforman la vega alcaudetana, a cuyo casco urbano baña por el oeste, caminando hacia el norte en busca del Tajo. Con este destino como meta, gira levemente hacia el noroeste primero, para hacerlo de una forma más drástica hacia el sudoeste, en tierras de la finca Casa de la Torre, por una espaciosa vega para finalizar su viaje en El Carpio, a unos 340 metros de altitud, cediendo todo lo recolectado al Tajo.
Mapa en el que se refleja la red hidrográfica de la comarca de La Jara. Fuente: PLANCHUELO PORTALES, 1953: 245.
El caudal que se ha estado registrando en la estación de aforo entre 1972 y 2019 situado en la zona del Molino Riscal se muestra en el siguiente gráfico de barras.
Como se puede apreciar el mayor registro tuvo lugar entre 1978 y 1979, siendo los meses de enero y febrero en los que el aumento del caudal se hizo notar con más fuerza, probablemente por la influencia de los vientos atlánticos que penetran por el valle del Tajo, algo que ya indicaba Jiménez de Gregorio a inicios de los 80, si bien apuntaba los máximos para las estaciones equinocciales (primavera y otoño) que, para el caso de la gráfica mostrada, es muy palpable en los años 1986-1897 y 1999-2000.
Menos pronunciado parece ser el influjo mediterráneo en la pluviometría, hay que tener en cuenta que la continentalización y el efecto de las barreras orográficas meridionales y orientales evitan la clásica concentración de lluvias propia de los equinoccios del clima mediterráneo. En la siguiente gráfica lineal se aprecian mejor los años de mayor aportación hídrica del Jébalo a su paso por Alcaudete de la Jara, así como su tendencia decreciente en los últimos años.
Este valor hídrico está determinado también por otro tipo de factores como la permeabilidad del suelo, las temperaturas, las precipitaciones o la evapotranspiración (vinculada con las dos variables anteriores y con la absorción de humedad por parte de la vegetación). Por este motivo se ha considerado importante complementar este pequeño análisis de la evolución del caudal que transporta el Jébalo a su paso por la localidad con una alusión al clima característico de esta parte de España, así como los elementos del mismo citados (temperatura y precipitaciones), temática a la que se dedica un apartado.
A pesar de que ha sido más el beneficio que el perjuicio que hemos podido obtener del “padre” Jébalo, hay que hacer alusión a los desbordamientos que Alcaudete ha padecido desde tiempos inmemoriales.
En el siglo XVI, el concejo alcaudetano solicitaba permiso para ramonear los fresnos de la dehesa boyal, con el objetivo de convertirlo en puntales para hacer estacadas con las que hacer frente a las riadas que afectaban al lugar .
Durante el Siglo de las Luces (XVIII) también tuvieron lugar desbordamientos de este jareño río. En 1772, el procurador síndico del lugar describe los desastres ocasionados en la localidad. De estos sucesos también encontramos noticias en el expediente que aloja los trámites para la reconstrucción del puente derrumbado por las aguas en 1777. En el mismo se mencionan varios desbordamientos: en los años 1772, 1777, 1780 y 1792. En este último, las aguas del Jébalo volvían a enfurecerse, derribando un pontón provisional de madera que los alcaudetanos habían construido para poder habilitar el paso entre las dos orillas del río, mientras esperaban el permiso para el inicio de las obras nuevas. Esta estructura reparada anualmente por los vecinos del lugar, era otra vez destruida en el invierno de 1796 .
Ya en el siglo XX se pueden encontrar noticias de las consecuencias de las crecidas del Jébalo. En diciembre de 1916 las aguas del río volvían a embravecerse, inundando los barrios bajos de la villa y las huertas de la ribera. Al parecer no se produjeron daños personales. Las autoridades de la localidad anunciaban al gobernador civil acerca de la vigilancia montada por la noche al no haber luz eléctrica. Poco después, en febrero del año siguiente, el río se desbordaba por la zona de la carretera, desde Casablanca hasta el camino del Membrillo, inundando Las Dehesillas. El corresponsal de El Castellano afirmaba que el pueblo llevaba dos días sin corriente eléctrica y que la parte sureste del pueblo y huertas estaban en peligro de ser ocupadas por las aguas.
Consecuencias más trágicas produjo la cólera de las aguas de este jareño río en 1924. El 29 de marzo de este año la corriente provocada por fuertes temporales se cobraba la vida de Celedonio Juárez y Gregorio Ibáñez .
El 10 de septiembre de 1928, el río y su afluente Overo, inundaban parte del caserío alcaudetano. En algunas casas se llegó a registrar hasta un metro de agua. Las autoridades locales y vecinos de la localidad, tuvieron que evacuar a las gentes que habitaban en la zona inundada con carros y caballerías .
En 1941, volvería a encolerizarse el Jébalo. El resultado fue la destrucción de los dos puentes que había en nuestra villa, junto a parte del pueblo, dentro del cual se derrumbaron cincuenta casas .
Enlace a entrada del blog de Miguel Méndez La mejor tierra de Castilla
El profesor Jiménez de Gregorio, en su estudio sobre la geografía e historia de nuestra villa define el clima de Alcaudete de la Jara como “continental-extremado, más bien seco” y que recibe unas lluvias de tipo torrencial en “distanciados periodos de tiempo”. Identifica tres tipos de clima en La Jara: “Serrano-rañero, de los valles y de las vegas, en este caso del Jébalo y del Tajo”
Andrés de León, Alberto Arriba y M.ª Carmen de la Plaza en su clasificación agroclimática de la provincia de Toledo (De León Llamazares, 1988: 186) en función de la clasificación de Papakis indican que la mayor parte del territorio jareño está afectado por un clima mediterráneo seco. En función de los datos aportados por el IDEE del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana se ha confeccionado un mapa que refleja gráficamente las variantes de clima mediterráneo que afectan a nuestra zona.
Mapa pluviométrico de las zonas cercanas a Alcaudete de la Jara. Fuente: Atlas Nacional de España (ANE). Mapa de precipitación media anual. 1981-2010. Vista de la Península y Baleares (CC BY 4.0 ign.es, participantes y fuentes de datos)
Mapa con las variantes del clima mediterráneo que afectan a Alcaudete de la Jara (en rojo se ha marcado el espacio aproximado por el casco urbano) y las zonas circundantes más cercanas, acorde a la clasificación de Papadakis. Fuente: elaboración propia a partir de los datos alojados en el servidor WMS del IDEE del Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana.
Diferentes climas de la península ibérica según la clasificación de Koppen en el que se aprecian las dos variantes que afectan al territorio cercano a Alcaudete de la Jara el de tipo mediterráneo con rasgos de continentalizado que se traducen en veranos calurosos y secos, que se alternan con inviernos fríos (aunque el cambio climático es un factor a tener en cuenta en este sentido) y el de tipo estepario, más árido que el anterior. Fuente: IGN
9. Pirámide de población de Alcaudete de la Jara en comparativa con la total de la población nacional española en enero de 2021. Fuente: Instituto Nacional de Estadística. Pirámide de población empadronada [01-01-2023]
En enero de 2021, acorde a los datos del Instituto Nacional de Estadística (en adelante INE) la población total de Alcaudete de la Jara era de 1644 habitantes. En función de la pirámide de población extraída de la página web de la entidad citada (imagen 1) se aprecia a simple vista que es de tipo regresiva, esto es, la población que nace es menor que la que componen las cohortes (grupos de edad, en este caso por quinquenios) que se ubican por encima de los 16 años. Tendencia esta que, como se puede apreciar, tiene lugar también a nivel nacional.
Si se analiza de forma más detallada la gráfica que ofrece esta institución estatal se perciben diferencias en los porcentajes de población entre los datos relativos a nuestra villa y el total nacional. La población del municipio situada entre los recién nacidos y los segmentos que reflejan la población entre los 45 y los 49 años es inferior a la media española, con las excepciones de la población situada entre los 0 y los 4 años (igual a la nacional), los varones de los con edades entre los 15-19, 20-24 (caso este en el que las mujeres se igualan a la dinámica nacional, si bien no la superan en proporción como sucede con los chicos) y 30-34.
Aunque en el año de referencia, 2021 ya se había padecido los efectos de la Covid-19, en este apartado no se analizará el impacto de esta pandemia al entenderse que un tema que, por la importancia que ha supuesto para la población en prácticamente todos los aspectos, se ha considerado oportuno dedicar un apartado a este triste fenómeno que ha abierto un ciclo en el que la humanidad ha tenido que aprender a ser más resilente aún si cabe.
En contraste con la población activa (entre los 16 y los 65 años aproximadamente) la población inactiva de edades avanzadas supera en proporción las cifras totales del país, dato este que recalca el carácter regresivo de la pirámide poblacional, con el consecuente envejecimiento que se palpa de la interpretación de esta fuente geográfica.
En conclusión, se podría decir que, aunque aún existe un porcentaje de población que se encuadra dentro de la población activa, este conjunto poblacional se sitúa más cerca de las edades próximas a la jubilación, lo que refleja la tendencia al envejecimiento que está por encima de los porcentajes registrados a nivel nacional, propia del contexto rural español interior. Esta situación podría restar mano de obra e iniciativa en un futuro sobre la economía local, si bien hay que tener en cuenta factores como la mejor comunicación que pueden facilitar los medios telemáticos y el teletrabajo en un contexto menos estresante que el urbano, las políticas de las instituciones oficiales para contrarrestar los problemas que se han generado en la España vaciada, así como otros que puedan surgir en un mundo tan dinámico como es el actual.
Tal y como se percibe de la visualización del gráfico lineal la evolución de la población total ha sido ascendente entre 1996 (año en el que la población era de 1684 habitantes) y 2010, momento en el que se alcanza el cénit demográfico de la localidad con un total de 2092 habitantes. A partir de este último año comienza un tímido descenso, que se torna brusco pasado el 2011, lo que ha supuesto que la población pasase de 2089 habitantes en el año citado a 1648 en 2019. En el último periodo mostrado se registra un ligero crecimiento, que cede el paso a otra caída en el tramo situado entre el 2020 y el 2022, cuando el montante demográfico cae hasta los 1614 habitantes, por debajo incluso de la población que daba vida a nuestra villa en 1996. El recorrido final vuelve a ser positivo con un incremento de 26 personas más.
Entre los factores que pueden haber incidido en la evolución de estas cifras están la crisis de 2008, cuando se desplomó la actividad en el sector de la construcción, si bien los efectos de esta desaceleración económica no parecen haber impactado en el conjunto poblacional, que apenas descendió tras el 2008, aunque sí que puede que se haya visto afectado por el desplazamiento hacia las ciudades en búsqueda de oportunidades de trabajo de los más jóvenes, ante la persistencia del contexto de crisis económica, que incide en la inversión de las tendencias que habían tenido lugar hasta la llegada de esta crisis (de la ciudad al medio rural).
A este factor se podrían sumar otros como el descenso de la natalidad en un contexto en el que las faltas de perspectivas influyen a la hora de tomar la decisión de tener hijos por parte de las generaciones en edad para concebirlos. Una combinación de ambas consecuencias es la marcha de la población activa que, a su vez, es la que suele incrementar las tasas de natalidad.
Hay que indicar que estas posibles causas no son más que meras hipótesis que requieren de un estudio más profundo, complementado con otros elementos a tener en cuenta como la comparación entre la población que está censada y la que vive de forma permanente en la villa.