Laura Hibert era una mujer atractiva y provocadora, que llego a la capital desde un pueblito del interior del país, buscando mejores oportunidades. Hija única, siempre supo andar sola por la vida. Cuando sus padres fallecieron sintió que ya no tenía nada que hacer en aquel pueblo, así que vendió la pequeña casa y con el dinero ahorrado pudo sobrevivir un tiempo en la capital. Se pago un curso de Marketing y Ventas y mientras conseguía el trabajo ideal, tuvo que ser niñera, cuidar ancianos y vivir en una pensión en la Ciudad Vieja.
Cuando se reencontró con Karl, su vida dio un vuelco. Todos los momentos vividos con él en su juventud, le recordaron el gran amor que había significado en su vida. Si bien ahora estaba casado, pensaba que seguía siendo el mismo, con unos años más. Conectaron enseguida y comenzaron a verse con cualquier excusa.
Cuando le contó que estaba embarazada, fue un golpe duro para él y quiso dejar de verla. Unos meses después que el bebé nació, ella quiso que lo conociera. Cuando vio que el padre del niño estaba ausente, quiso acercarse y ayudarla en lo que precisara.
Un día la llevo a su casa y le presento a su familia. Ella estaba encantada. Andrea y sus hijas fueron muy consideradas con ella y con su hijo, haciendo que se sintiera bienvenida.
Cuando Andrea la invito a vivir con ellos después de que perdiera nuevamente su trabajo por causa de la pandemia, sin dinero y sin un lugar donde poder quedarse, sintió que era su salvación y la considero una buena amiga.