Brenda Petrovsky siempre supo que quería ser abogada. Con un fuerte aire de defensora, había crecido cuidando a sus mascotas y protegiendo a sus amigas de los actos abusivos de algunos compañeros en el colegio. Odiaba las mentiras y proclamaba la igualdad de oportunidades.
Desde hacía dos años salía con Facundo, a quien conoció justamente en una de las reuniones que organizó el partido. Ambos compartían las mismas creencias y gustaban de concurrir a actividades en defensa del medio ambiente y la limpieza de los mares. Su sueño era fundar una organización activista que causara gran impacto y fuera reconocida en la región.