El muralismo, como propuesta plástica, se basa en un concepto de arte político para el pueblo, entendido como un mosaico diverso y pluricultural que conforma una identidad nacional enriquecida por el desarrollo social, cultural y económico. Estos elementos se encuentran presentes en esta Obra, en la cual se fusionan los elementos simbólicos esquemáticamente representativos de lo mexicano, lo prehispánico por Kukulcán en los equinoccios, con las formas circulares que personifican un sol eclipsado. También se observa a un prohombre que viene del mar, parapetado en un estoque español que al mismo tiempo es una cruz de la evangelización, en tanto que la máscara estilizada del viejo mundo representa la razón oculta, la visión translúcida de una colonización dolorosa. En otra parte, se ubica la fertilidad, el futuro encarnado en una mujer morena con un sol que resplandece en el ocaso. Es el México desarrollado, con el maíz como identidad, el petróleo como motor y la tecnología como porvenir. En esta obra, el arte figurativo es anuencia del artista con su observador, creando una expresión plástica casi didáctica, cuyo valor estético descansa en la complejidad técnica de su realización, compuesta por 250 mil piezas de mosaico bizantino, de aproximadamente un centímetro cuadrado cada una, que conforman el minucioso entramado de la obra.
Autor: Aurelio Agustín Rojas Robledo (autor de la obra) Jesús Oñate Moreno y Camilo Aguilar Martínez (Autores de la obra como Mural)
Técnica empleada: Mosaico bizantino.
Año: 1985.
Ubicación: Exterior del Edificio A, campus 1.