Este apunte revisa los fundamentos de la fisiología articular y el movimiento humano, integrando conceptos de mecánica (cinemática/dinámica), elementos anatómicos (planos, ejes, grados de libertad, movimientos básicos) y aspectos funcionales (roles musculares, tipos de contracción, cadenas cinéticas).
Comprender estos principios permitirá describir y analizar actividades de la vida diaria –desde algo tan simple como levantar la mano hasta acciones complejas como subir escaleras o patear un balón– identificando qué articulaciones y músculos intervienen, de qué manera lo hacen y bajo qué condiciones de movimiento. Para un kinesiólogo, dominar este lenguaje y conocimiento básico es fundamental antes de adentrarse en el análisis de las disfunciones del movimiento, o en la planificación de intervenciones kinesiológicas.
Recuerden siempre que detrás de cada gesto cotidiano existe una orquesta de estructuras y fuerzas trabajando en conjunto: el estudio integral del movimiento humano nos da las herramientas para comprender esa orquesta y optimizar su desempeño, ya sea en un paciente en rehabilitación o en una persona sana que busca mejorar su funcionalidad.
En biomecánica, cinemática y dinámica son dos enfoques complementarios para estudiar el movimiento. La cinemática describe el movimiento de los cuerpos (desplazamientos, velocidades, aceleraciones) sin considerar las causas que lo producen. En otras palabras, se centra en cómo se mueven las partes del cuerpo en el espacio y el tiempo, por ejemplo describiendo la trayectoria del brazo al lanzar una pelota. Por otro lado, la dinámica explica el movimiento desde las causas, considerando las fuerzas y torques que lo generan o lo modifican.
Dicho de otra manera, la cinemática nos habla de la 'geometría' del movimiento (ángulos de las articulaciones, velocidad de una extremidad, etc.), mientras que la dinámica incorpora la fuerza muscular y otras fuerzas involucradas para explicar por qué ocurre ese movimiento. Ambos aspectos son importantes para comprender el movimiento humano: por ejemplo, al analizar una caminata, la cinemática describe la amplitud y velocidad de los pasos, mientras que la dinámica aborda las fuerzas y torques musculares y la fuerza de reacción del suelo al dar el paso.
Ambas (cinemática y dinámica) tienen un rol en la descripción y explicación del movimiento humano, que se debe recordar, se produce de forma angular y lineal, por lo que resulta conveniente en este momento hacer la distinción entre estos dos tipos de movimiento.
En un movimiento lineal, un objeto o segmento corporal se desplaza en línea recta (o curva) sin rotar sobre sí mismo – todos sus puntos se mueven la misma distancia en la misma dirección. Un ejemplo sencillo es el desplazamiento del centro de gravedad del cuerpo al trasladarse caminando en línea recta; también cuando deslizamos un libro sobre una mesa, se está moviendo linealmente. La cinemática lineal describiría estos movimientos en distancias (m, cm, mm, km, etc.), velocidad o rapidez (m/s), y aceleración (m/s2). La dinámica del movimiento lineal va a usar la fuerza (en Newton o kilogramos-fuerza) como la causa relacionada con él.
En cambio, en un movimiento angular un cuerpo o segmento gira alrededor de un eje fijo. En este caso diferentes puntos del segmento recorren distancias distintas (por ejemplo, la mano recorre más espacio que el codo al doblar el brazo). Las articulaciones que actúan como bisagras producen movimientos angulares: por ejemplo, al flexionar el codo para llevar una taza a la boca, el antebrazo rota alrededor del eje de la articulación del codo, describiendo un arco. La cinemática va a describir el movimiento en magnitudes angulares (grados o radianes), velocidad angular (grados o radianes por segundo), o aceleraciones angulares. A su vez, la dinámica va a explicar usando el torque como magnitud asociada a la fuerza que genera el movimiento rotacional o angular.
En el cuerpo humano, muchos movimientos son combinaciones de traslación y rotación. Por ejemplo, al levantar un objeto pesado desde el suelo, el tronco realiza principalmente un movimiento angular (flexión/extensión de la columna), mientras que el cuerpo en su conjunto se traslada linealmente hacia arriba. Distinguir entre movimiento lineal y angular es útil para analizar la mecánica: el movimiento lineal suele asociarse a desplazamientos del cuerpo en el espacio (p. ej., correr implica trasladar el cuerpo hacia adelante), mientras que el movimiento angular ocurre en las articulaciones (p. ej., la rodilla se extiende y flexiona angularmente durante la carrera). Ambos tipos están sujetos a las leyes de la mecánica y se combinan para lograr actividades cotidianas (recuerden las formas lineal y angular de las Leyes del Movimiento de Newton).
Para describir con precisión un movimiento articular, se utilizan los conceptos de planos anatómicos y ejes de rotación. El cuerpo humano se puede dividir mediante tres planos principales perpendiculares entre sí: el plano sagital, el plano frontal y el plano transversal (u horizontal). Cada movimiento ocurre en un plano y alrededor de un eje asociado a ese plano:
Plano sagital: divide el cuerpo en lado derecho e izquierdo. En este plano ocurren principalmente movimientos de flexión y extensión. El eje de rotación correspondiente es el eje mediolateral o perlateral (horizontal de lado a lado), que atraviesa la articulación permitiendo que los segmentos giren hacia adelante o atrás. Ejemplo: al caminar o correr, las piernas se mueven en el plano sagital (flexión y extensión de cadera, rodilla y tobillo).
Plano frontal (coronal): divide el cuerpo en parte anterior y posterior. Sus movimientos característicos son abducción y aducción (alejamiento o acercamiento de un segmento respecto a la línea media del cuerpo). El eje asociado es el eje anteroposterior (de adelante hacia atrás), en torno al cual se producen estos movimientos laterales. Ejemplo: al hacer un “angelito de nieve” con los brazos y piernas en la nieve, estamos abduciendo y aduciendo extremidades en el plano frontal; otro caso cotidiano es al mover un brazo lateralmente para alcanzar algo a un costado del cuerpo (abducción de hombro).
Plano horizontal (transversal): divide el cuerpo en porción superior e inferior. En este plano ocurren las rotaciones internas y externas. El eje correspondiente es el eje vertical (longitudinal) que atraviesa el cuerpo de arriba abajo. Ejemplo: girar la cabeza para decir "no" es una rotación cervical en el plano transversal; cuando caminamos y miramos hacia los lados, la columna realiza rotaciones leves en este plano.
Es fundamental comprender la relación plano-eje: un movimiento de flexión/extensión ocurre en un plano sagital, alrededor de un eje mediolateral; una abducción/aducción ocurre en un plano frontal, alrededor de un eje anteroposterior; y una rotación ocurre en el plano transversal alrededor de un eje vertical. Identificar el plano y eje de un movimiento nos da información sobre qué articulaciones pueden realizarlo y en qué dirección se mueve el segmento. Por ejemplo, sabemos que el codo (articulación tipo troclear o gínglimo) solo permite flexión/extensión en el plano sagital, mientras que el hombro (articulación esferoidea) permite movimientos en los tres planos.
Los grados de libertad (GDL) se refieren al número de movimientos independientes que un sistema puede realizar. En biomecánica articular suele explicarse como el número de ejes o planos en los que una articulación puede moverse de manera fisiológica (por ejemplo: flexión-extensión, abducción-aducción, rotación interna-externa).
Ahora, ojo con el “truco” de la realidad física: en mecánica clásica, cualquier cuerpo rígido en el espacio tiene 6 grados de libertad. Esto vale también para los segmentos óseos que forman una articulación:
3 rotacionales (angulares): rotación alrededor de los ejes X, Y, Z
(equivalentes, según el marco de referencia, a flex/ext, abd/add y rotaciones).
3 traslacionales (lineales): desplazamiento a lo largo de X, Y, Z
(deslizamientos/traslaciones: anterior–posterior, medial–lateral, proximal–distal, según cómo lo mires).
Entonces, ¿por qué en anatomía funcional hablamos de 1, 2 o 3 GDL y no de 6? Porque en clínica y en fisiología articular nos interesa principalmente el movimiento angular “grande” y voluntario, el que observas y mides como rango de movimiento. Las traslaciones existen (y son importantes para que el movimiento sea normal), pero suelen ser pequeñas, están acopladas a la forma articular y a la tensión capsuloligamentaria, y rara vez se describen como “ROM” principal, aunque sí importan muchísimo para la artrocinemática y para entender pinzamientos, inestabilidad, o en la terapia manual de las articulaciones.
Por ejemplo, una articulación “uni-axial” como el codo suele describirse con 1 GDL principal (flexión-extensión), aunque durante ese gesto ocurren también micro-rotaciones y pequeñas traslaciones entre superficies articulares. Lo mismo para muñeca, rodilla, etc.: el cuerpo real hace “de todo un poco”, pero el sistema fisiológico “declara” como GDL principales los movimientos angulares relevantes.
En general (en términos de movimientos angulares fisiológicos):
1 GDL (uniaxial): movimiento dominante en un plano/eje.
Ej: interfalángicas (flex-ext); húmetroulnar (flex-ext).
2 GDL (biaxial): movimientos dominantes en dos planos/ejes.
Ej: muñeca (flex-ext y desviación radial-ulnar); metacarpofalángicas (flex-ext y abd/aducción).
3 GDL (triaxial): movimientos dominantes en tres planos/ejes.
Ej: hombro y cadera (flex-ext, abd-add, rotación medial-lateral).
Tener más grados de libertad aporta más opciones de movimiento, pero normalmente exige más control neuromuscular para no convertir la movilidad en el “festival de la inestabilidad”. Por eso el análisis de GDL es útil: dice qué puede hacer una articulación (y qué no), y orienta sobre qué debe controlar el sistema muscular. Por ejemplo, la columna vertebral, como conjunto, presenta múltiples GDL angulares (flex-ext, inclinación lateral, rotación), lo que le da versatilidad, pero también le exige estabilizadores que trabajen fino.
Existen términos estándar para describir los movimientos articulares básicos. A continuación, se definen los principales movimientos, acompañados de ejemplos de la vida diaria para ilustrarlos:
Flexión: Disminución del ángulo entre dos segmentos óseos, aproximando las superficies articulares por delante (o en la dirección anatómica correspondiente). Sucede típicamente en el plano sagital. Ejemplo: al flexionar el codo para llevar una taza hacia la boca, se reduce el ángulo entre el brazo y el antebrazo. También cuando nos agachamos doblando las rodillas y caderas, estas articulaciones realizan flexión.
Extensión: Lo opuesto a la flexión: aumento del ángulo entre los segmentos, alejándolos o “enderezándolos”. Ocurre en plano sagital. Ejemplo: enderezar la rodilla al terminar de subir un escalón implica una potente extensión de rodilla (el ángulo entre muslo y pierna aumenta). Al levantarnos de una silla, extendemos las caderas y rodillas para ponernos de pie.
Abducción: Movimiento hacia fuera o alejamiento de un segmento respecto de la línea media del cuerpo (plano frontal). Ejemplo: al levantar los brazos lateralmente para abrirlos en cruz estamos abduciendo los hombros (alejándolos del tronco). Al dar un paso lateral hacia el costado, la pierna de apoyo realiza abducción de cadera para separar la pierna hacia fuera.
Aducción: Movimiento hacia dentro o aproximación del segmento a la línea media (contrario a abducción, también en plano frontal). Ejemplo: tras abrir los brazos en cruz, volverlos a bajar pegados al cuerpo es una aducción de hombros (las extremidades superiores regresan hacia la línea media). Cruzar las piernas una sobre otra implica aducción de cadera de la pierna que se cruza.
Rotación interna (medial): Giro de un segmento alrededor de su eje longitudinal, acercando su superficie anterior hacia la línea media. Rotación externa (lateral): giro opuesto, alejando la superficie anterior de la línea media. Estos movimientos se ven en el plano transversal. Ejemplos: al pararse con los pies ligeramente hacia afuera tipo “Charlie Chaplin”, se está haciendo rotación externa de caderas; al apuntar con los pies hacia adentro (puntillas juntas), es una rotación interna de cadera. Girar la palma de la mano hacia abajo (pronación del antebrazo) o hacia arriba (supinación) son también rotaciones de los huesos del antebrazo sobre su eje longitudinal.
Circunducción: Es un movimiento compuesto que describe un círculo con la extremidad, combinando flexión, abducción, extensión y aducción secuencialmente. Ejemplo: al hacer molinos con los brazos estirados, el hombro realiza circunducción (el brazo traza un cono en el aire). La circunducción no es un movimiento “puro” sino una secuencia encadenada de varios movimientos en articulaciones multiaxiales como hombro o cadera.
Además de estos términos, existen otros como elevación y depresión (por ejemplo de la escápula u hombros hacia arriba y abajo), protacción y retracción (desplazar la escápula o la mandíbula hacia adelante o atrás), inversión y eversión (movimientos del tobillo orientando la planta del pie medial o lateralmente), etc. No obstante, flexión, extensión, ab-/aducción y rotaciones son las bases para describir la mayoría de movimientos.
Ejemplos integrados de movimientos en actividades diarias: Caminar es un acto complejo que combina muchos de los movimientos mencionados: en cada paso, la cadera y rodilla de la pierna que avanza realizan flexión para levantar el pie, mientras la pierna de apoyo atrás está en extensión; luego esa pierna adelantada se extiende al apoyar el talón en el suelo. Al subir una escalera, se requiere una flexión aún mayor de cadera, rodilla y tobillo para elevar el pie al siguiente escalón, seguida de una vigorosa extensión de esas articulaciones en la pierna de apoyo para impulsar el cuerpo hacia arriba. Incluso en una acción cotidiana como levantar una taza de una mesa, intervienen varios movimientos: extensión de hombro al estirar el brazo hacia la taza, flexión de dedos para agarrarla, flexión de codo y quizás algo de supinación de antebrazo al llevar la taza hacia la boca. Como vemos, las actividades funcionales suelen ser combinaciones coordinadas de movimientos articulares básicos.
La American Physical Therapy Association (APTA) introdujo el concepto de Sistema de Movimiento Humano para enfatizar que el movimiento es un sistema fisiológico fundamental, núcleo de la práctica de la kinesiología/fisioterapia. El sistema de movimiento humano se define como la integración funcional de las diversas estructuras corporales que contribuyen a la acción de moverse, es decir, el conjunto de sistemas (musculoesquelético, neurológico, cardiovascular, etc.) que producen y mantienen el movimiento normal del cuerpo. Esta idea realza la identidad del kinesiólogo/fisioterapeuta como experto en el análisis y optimización del movimiento humano, tanto en condiciones normales como patológicas.
Por su parte, la profesora Shirley Sahrmann ha propuesto modelos para clasificar las disfunciones del movimiento, introduciendo los términos patokinesiología y kinesiopatología. Estas dos perspectivas distinguen si la causa primaria es la patología o el movimiento mismo:
El término patokinesiología (en inglés, pathokinesiology) fue propuesto en 1975 por la fisioterapeuta estadounidense Helen J. Hislop en su conferencia Mary McMillan. Hislop describió la patokinesiología como “la ciencia clínica distintiva de la terapia física”, definiéndola como “el estudio de la anatomía y la fisiología según cómo se relacionan con el movimiento humano anormal”. En otras palabras, la patokinesiología se enfoca en las alteraciones del movimiento derivadas de un estado patológico preexistente. Bajo este modelo “patokinesiólogo”, una enfermedad o lesión (por ejemplo, artritis reumatoide) produce cambios en los componentes del sistema de movimiento (músculos, articulaciones, etc.), lo que resulta en patrones de movimiento anormales o disfuncionales. Hislop propuso que este fuera el fundamento de la profesión, otorgándole un cuerpo teórico propio para explicar racionalmente los desórdenes del movimiento humano. En la definición clásica: “La patokinesiología es la ciencia clínica distintiva de la terapia física. Es el estudio de la anatomía y fisiología según cómo se relacionan con el movimiento anormal...”
Históricamente, la visión de Hislop respondía a la necesidad de dotar a la fisioterapia de un marco conceptual autónomo durante una “crisis de identidad” profesional en los años 1970. Concebir al movimiento anormal (disfunción del movimiento) como objeto de estudio principal de la disciplina permitió distinguirla de otras profesiones médicas. Así, a finales de los 70 y en los 80, la patokinesiología fue discutida intensamente en el ámbito académico anglosajón. Un simposio de la APTA en 1984 planteó preguntas como “¿Qué es la patokinesiología y puede ser nuestra ciencia básica?”, reconociendo su potencial para articular la investigación y la práctica de la fisioterapia. Autores como Rose, Walker, Coffin, Smidt, entre otros, publicaron en 1986 análisis sobre este modelo, subrayando que estudiar las alteraciones del movimiento brinda datos clínicos útiles para guiar el diagnóstico, pronóstico y tratamiento de las disfunciones motoras. No obstante, también se señalaron limitaciones: se criticó que enfatizar solo la patología como origen del problema podía ser reduccionista. Jules Rothstein, editor de Physical Therapy, llegó a cuestionar “¿Es patokinesiología un nombre apropiado para nuestros tiempos?” en un editorial de 1986. Pese a ello, la idea de Hislop sentó un precedente fundamental: la profesión debía entenderse como experta en la disfunción del movimiento y no solo en la aplicación de medios físicos. Autores hispanoamericanos también adoptaron esta visión; por ejemplo, López et al. (Chile, 2008) definieron la patokinesiología como un “modelo de estudio de la disfunción del movimiento humano”, distinguiéndola de la kinesiología (estudio del movimiento normal) e introduciendo además el concepto ligado de patomecánica como método para describir el desbalance biomecánico producto de dichas disfunciones.
En síntesis, la patokinesiología se caracteriza por: (1) estudiar las anomalías del movimiento como consecuencia de patologías o lesiones; (2) proveer un marco para clasificar y analizar fenómenos motores anormales (p. ej., debilidad, espasticidad, patrones compensatorios), aportando elementos esenciales para el diagnóstico, tratamiento y pronóstico de trastornos del movimiento; y (3) haber establecido a la kinesiología como disciplina enfocada en un sistema corporal (el “sistema de movimiento humano”), equiparable a cómo cardiología se enfoca en el sistema cardiovascular.
La patokinesiología, entonces, responde a la pregunta: “¿Cómo afecta la patología al movimiento?”
El concepto complementario, kinesiopatología (en inglés kinesiopathology), emergió con fuerza a partir de los años 1990-2000, principalmente asociado al trabajo de Shirley A. Sahrmann y colegas de la Universidad de Washington en St. Louis (EE.UU.). Aunque el término en sí ya se empleaba en otros contextos (por ejemplo, en quiropraxia se habla de kinesiopatología para referirse a alteraciones del movimiento vertebral normal), Sahrmann formalizó su significado dentro de la fisioterapia musculoesquelética moderna. La kinesiopatología se define como el estudio de cómo los movimientos incorrectos, repetitivos o la inmovilidad pueden llegar a ser etiológicos, es decir, causantes de lesiones y patologías en los tejidos. En palabras simples, este modelo plantea que “los movimientos que realiza una persona (especialmente si son subóptimos o desalineados) pueden causar alteraciones que finalmente conduzcan a anomalías patológicas”. Se invierte así la dirección causal respecto de la patokinesiología: aquí el foco es “¿Cómo afecta el movimiento (o su alteración) a la estructura y su patología?”.
Sahrmann describió tres enfoques de análisis del movimiento: el modelo cinesiológico (estudio del movimiento normal), el modelo patokinesiólogo (en la línea de Hislop, patología produce disfunción del movimiento) y el modelo kinesiopatológico, donde “los movimientos imprecisos o mantenidos pueden inducir daño tisular acumulativo”. Este último modelo se apoya en evidencia de que “movimientos repetitivos y posturas sostenidas afectan el tejido musculoesquelético y neurológico; el efecto acumulativo, especialmente si el movimiento se desvía del estándar óptimo, es el daño tisular”. La idea de base es el desequilibrio entre carga mecánica y capacidad de los tejidos: “movimientos repetidos o biomecánicamente desventajosos pueden generar tensiones (strain) que exceden la tolerancia del tejido, desencadenando microlesiones y patologías a largo plazo”. Ejemplos comunes serían las lesiones por sobreuso (tendinopatías, artrosis precoz) originadas en patrones de movimiento defectuosos (como mala alineación articular, gestos deportivos inadecuados, desequilibrios musculares por sedentarismo, etc.).
Es importante notar que Sahrmann y colaboradores comenzaron a aplicar el concepto en la práctica clínica con su enfoque de diagnóstico de síndromes de movimiento. En su modelo, el objetivo es identificar “características del movimiento que contribuyen al desarrollo de procesos patológicos, en lugar de enfocarse únicamente en la lesión estructural presente”. Así, se establecen diagnósticos del movimiento (por ejemplo, “síndrome de movimiento escapular alterado” en vez de solo “tendinosis del manguito rotador”), reconociendo el patrón de movimiento causante del dolor para guiar la intervención kinesiológica. De hecho, la literatura reciente define la kinesiopatología como “el estudio del movimiento necesario para mejorar el desempeño y prevenir desórdenes relacionados con el movimiento”. Este enfoque fue originalmente descrito por Sahrmann y redirige la evaluación clínica a buscar las fallas de movimiento subyacentes a una dolencia, más que a catalogar únicamente el diagnóstico médico tradicional. En la práctica, representa un cambio de paradigma: el fisioterapeuta no solo rehabilita las consecuencias de la patología, sino que diagnostica y corrige los factores de movimiento que podrían haber contribuido a generarla.
Ambos términos resaltan la relación bidireccional entre movimiento y patología En la práctica clínica, el kinesiólogo debe considerar que una patología puede manifestarse en alteraciones del movimiento (visión patokinesiológica), pero también que hábitos de movimiento inadecuados pueden generar lesiones o trastornos (visión kinesiopatológica). El enfoque moderno del “sistema de movimiento humano” promovido por la APTA integra estas visiones, incentivando a evaluar globalmente cómo interactúan los sistemas corporales para producir movimiento y cómo las desviaciones del movimiento óptimo pueden ser causa o consecuencia de problemas de salud.
Al realizar cualquier movimiento, los músculos que rodean las articulaciones actúan en conjunto asumiendo roles funcionales distintos:
Músculo agonista: es el principal motor del movimiento, el que más contribuye a generar la acción deseada. Suele contraerse de forma concéntrica (acortándose) para producir el movimiento objetivo. En un movimiento dado puede haber un agonista principal y músculos agonistas secundarios que colaboran. Ejemplo: durante la flexión de codo al levantar una mancuerna, el bíceps braquial es el agonista principal que se acorta para flexionar el codo. También el braquial anterior contribuye significativamente como agonista.
Músculo antagonista: es el músculo que produce la acción contraria a la del agonista. Mientras el agonista se acorta para mover la articulación en una dirección, el antagonista se elonga (ya sea pasivamente o contrayéndose en forma excéntrica) permitiendo o moderando el movimiento opuesto. Su función es permitir, equilibrar o controlar el movimiento, evitando que sea brusco o excesivo. Ejemplo: al flexionar el codo, el tríceps braquial actúa como antagonista, relajándose y elongándose para permitir la flexión sin oponer resistencia excesiva. Si el movimiento es muy rápido, el tríceps puede contraerse ligeramente de forma excéntrica para frenar al final y proteger la articulación. En una sentadilla, al descender (flexión de rodilla y cadera), los glúteos y cuádriceps actúan como antagonistas controlando excéntricamente la bajada.
Músculo sinergista: son músculos colaboradores que asisten la acción del agonista, ya sea añadiendo fuerza, estabilizando articulaciones cercanas o neutralizando movimientos no deseados. Los sinergistas aseguran que el movimiento ocurra de forma eficiente y estable. Ejemplo: en la flexión del codo, músculos como el braquiorradial ayudan al bíceps y braquial, especialmente en ciertos ángulos o posiciones del antebrazo, actuando como sinergistas que aportan fuerza adicional. Durante la flexión de codo, el bíceps también puede ejercer acciones sobre el antebrazo (supinación) y sobre el hombro (flexión). Un músculo sinergista puede ser el deltoides posterior como extensor de la articulación glenohumeral, neutralizando el componente flexor de esa articulación que podría ejercer el bíceps. En este caso, el deltoides posterior es un sinergista neutralizador para la flexión de codo. Otro ejemplo: al flexionar el hombro para levantar el brazo al frente, el deltoides anterior es el agonista principal y el trapecio superior actúa como sinergista estabilizando la escápula (evitando que se desplome) para que la elevación del brazo sea eficiente. Entonces el trapecio superior sería un sinergista estabilizador.
Es importante destacar que estos roles musculares son contextuales: un mismo músculo puede ser agonista en un movimiento y antagonista en el movimiento opuesto. Por ejemplo, el tríceps es antagonista en la flexión de codo, pero será agonista cuando extendemos el codo (como al lanzar una pelota). Asimismo, muchos ejercicios terapéuticos y de entrenamiento se diseñan identificando agonistas y sinergistas débiles o antagonistas acortados, para restablecer el balance muscular adecuado. Un movimiento coordinado y saludable requiere que el agonista se contraiga eficazmente, que el antagonista se relaje o ceda apropiadamente, y que los sinergistas estabilicen las articulaciones involucradas.
Los músculos pueden desarrollar tensión de diferentes maneras según la situación. Los tipos de contracción muscular básicos son: concéntrica, excéntrica e isométrica:
Contracción concéntrica: el músculo se acorta mientras genera tensión. Produce movimiento en la dirección de su función, venciendo la resistencia externa. Es el tipo de contracción que usamos para acelerar o impulsar un segmento, aumentando su energía (cinética o potencial). Ejemplo: al flexionar el codo para levantar un objeto pesado (como al hacer “curl” de bíceps con una pesa), el bíceps braquial se contrae concéntricamente y acorta su longitud para vencer la gravedad y elevar la pesa. Las contracciones concéntricas nos permiten actividades como caminar, correr, o levantar objetos – por ejemplo, al subir escalones usamos contracciones concéntricas de cuádriceps y glúteos para empujar el cuerpo hacia arriba.
Contracción isométrica: el músculo genera tensión sin cambio apreciable de longitud (sin movimiento articular). Es decir, la fuerza muscular iguala exactamente la resistencia, manteniendo la articulación estática. Se utiliza para estabilizar posiciones o sostener cargas. Ejemplo: mantener una posición de plancha abdominal implica contracciones isométricas de múltiples músculos (abdomen, brazos, piernas) para sostener el cuerpo recto sin moverse. Del mismo modo, cuando sujetamos una puerta abierta con el pie o sostenemos una bolsa de compras con el codo semiextendido, los músculos están contrayéndose isométricamente para resistir la carga sin que haya movimiento. Las contracciones isométricas son importantes para mantener la postura (ej. músculos paravertebrales estabilizando la columna al estar de pie) y para proteger articulaciones lesionadas permitiendo ejercicio sin desplazamiento (por eso en rehabilitación se usan mucho ejercicios isométricos inicialmente).
Contracción excéntrica: el músculo se elonga (se estira) mientras genera tensión. Ocurre cuando el músculo se opone a una fuerza mayor pero cede lentamente, actuando como freno o control del movimiento. Es típicamente la contracción que usa el cuerpo para desacelerar segmentos o resistir la gravedad de forma controlada, disminuyendo la energía (potencial o cinética). Ejemplo: al bajar lentamente una pesa tras haberla levantado, el bíceps braquial realiza una contracción excéntrica controlada para que el antebrazo descienda suavemente. Igualmente, al descender escaleras o cuesta abajo, los músculos cuádriceps realizan contracción excéntrica para controlar la flexión de rodilla y que la bajada no sea brusca. Las contracciones excéntricas son cruciales para la estabilidad articular y la prevención de lesiones, ya que permiten absorber impactos (como al aterrizar de un salto, donde los cuádriceps y pantorrillas trabajan excéntricamente). Después de esfuerzo intenso excéntrico es común sentir dolor muscular tardío (Delayed Onset Muscle Soreness o DOMS), dado que este tipo de trabajo genera microdesgarros que luego estimulan el fortalecimiento muscular.
Cabe mencionar que existen otros tipos o matices de contracción (como isotónicas y isocinéticas), pero las tres anteriores son las fundamentales. Muchos movimientos combinan fases concéntricas y excéntricas: por ejemplo, en un salto, primero hacemos una contracción excéntrica rápida al flexionar rodillas (almacenando energía elástica) seguida de una explosiva contracción concéntrica al extenderlas para despegar del suelo. El análisis del tipo de contracción en cada fase del movimiento ayuda a planificar entrenamientos y rehabilitación, enfatizando la fase concéntrica para ganar fuerza o la excéntrica para mejorar el control y la resistencia muscular.
Al estudiar ejercicios y movimientos funcionales, usamos los conceptos de cadena cinética abierta y cadena cinética cerrada para describir si el extremo distal de la extremidad está fijo o libre durante el movimiento:
Cadena cinética abierta (CCA):
Ocurre cuando el segmento distal (la última 'pieza' de la cadena ósea) está libre en el espacio y puede moverse sin restricciones. En este tipo de movimiento, generalmente solo se desplaza la extremidad en cuestión, aislando la articulación o articulaciones que se mueven. Ejemplos: patear una pelota es un movimiento de cadena abierta para la pierna (el pie no tiene apoyo fijo, se mueve libremente al golpear el balón). Del mismo modo, al hacer extensión de rodilla en una máquina de gimnasio (ejercicio de cuadríceps sentado), el pie queda libre en el aire y la rodilla se extiende sin que el cuerpo esté soportando peso. Las cadenas cinéticas abiertas suelen usarse para fortalecer músculos aisladamente (p. ej. extensiones de rodilla, curl de bíceps) y tienden a generar movimientos más rápidos, con mayor enfoque en la articulación específica que trabaja.
Cadena cinética cerrada (CCC): Se da cuando el segmento distal está fijo o soportando peso, de modo que el movimiento de la extremidad provoca movimiento en otras articulaciones cercanas o del cuerpo completo. En una cadena cerrada, el cuerpo suele moverse en relación al segmento distal fijo. Ejemplos: ponerse de pie desde una silla o realizar una sentadilla es un movimiento en cadena cerrada para las piernas – los pies permanecen apoyados en el suelo (distal fijo) y al extender rodillas y caderas el cuerpo se eleva en bloque. Otro ejemplo es una flexión de brazos tipo lagartija: las manos están fijas en el suelo y al empujar, el movimiento ocurre en codos/hombros y el torso sube y baja, involucrando cadenas musculares de varios segmentos. En una "dominada" o barra fija, las manos están fijas en la barra (distal fijo) y al traccionar elevamos todo el cuerpo; es cadena cerrada para los miembros superiores.
Las cadenas cerradas involucran múltiples articulaciones trabajando de forma conjunta y suelen reflejar mejor actividades funcionales (como caminar, ponerse de pie, empujar una puerta, etc.), ya que en la vida diaria a menudo tenemos las extremidades apoyadas. Estos ejercicios tienden a activar más grupos musculares simultáneamente y a generar fuerzas de compresión articular (lo que puede mejorar la estabilidad). En cambio, las cadenas abiertas permiten focalizar en una articulación específica y generalmente implican movimiento de menor masa corporal (solo la extremidad), siendo útiles para aislamiento muscular o cuando se busca no cargar una articulación adyacente (por ejemplo, en rehabilitación inicial de rodilla se usan extensiones de rodilla en cadena abierta para fortalecer el cuádriceps sin cargar la articulación con el peso corporal).
En la práctica, muchas actividades combinan segmentos en cadena cerrada y abierta a la vez. Por ejemplo, al caminar: durante la fase de apoyo, la pierna está en cadena cerrada (pie en el suelo soportando peso), mientras la pierna contraria avanza en cadena abierta (pie en el aire). Al patear una pelota, la pierna de apoyo funciona en cadena cerrada estabilizando el cuerpo, mientras la otra pierna realiza la patada en cadena abierta. Entender estas diferencias ayuda al kinesiólogo a diseñar ejercicios terapéuticos adecuados (por ejemplo, después de una lesión de ligamentos de rodilla, iniciar con ejercicios en cadena abierta para ganar fuerza sin carga axial, y progresar a cadena cerrada para reeducar la función en situaciones de apoyo).
Bibliografía
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