El primer paso para lograr una comunidad más justa es visibilizar esas realidades y generar espacios donde cada voz sea tenida en cuenta. “Cuando las personas se sienten escuchadas y valoradas, empiezan a participar de forma activa en la mejora de su entorno.”
Este proyecto impulsado desde Transiro Comunitario desea incrementar el valor de la escucha activa y la empatía. No basta con oír; es imprescindible comprender y conectar con la historia de cada persona. A través de metodologías participativas —talleres, asambleas, encuentros vecinales—, deseamos establecer los siguientes objetivos:
Identificar problemáticas concretas: desde la falta de servicios básicos hasta la necesidad de mayores espacios culturales.
Reconocer saberes locales: los conocimientos que cada grupo posee de su territorio son clave para diseñar intervenciones pertinentes.
Impulsar la corresponsabilidad: todos los actores —autoridades, organizaciones y ciudadanía— deben sumar esfuerzos.
El proyecto enfatiza la colaboración como motor de la transformación. Se propone tejer redes entre asociaciones civiles, instituciones públicas, universidades, colectivos barriales y personas voluntarias para generar impactos sostenibles. Algunos ejemplos de acciones en este sentido podrían ser:
Jornadas de trabajo comunitario para la mejora de espacios públicos, limpieza de calles o rehabilitación de infraestructuras.
Talleres formativos sobre liderazgo, emprendimiento social o resolución pacífica de conflictos, dirigidos especialmente a población joven y a colectivos con mayor vulnerabilidad.
Encuentros culturales e intergeneracionales que promuevan la solidaridad y el reconocimiento mutuo.
Estas actividades buscan fortalecer el sentimiento de pertenencia y la conciencia de que el bienestar colectivo es fruto de la participación de todos.
A continuación se presenta el siguiente video que resume la propuesta que tiene como eje la recuperación del mercado de la Cebada en la ciudad de Madrid:
Aunque el video deja claro las barreras que fomenta nuestro modelo de vida—falta de recursos, burocracia, prejuicios arraigados—, también destaca la esperanza que surge al ver las posibilidades de establecer este espacio como un lugar que puede ser recuperado por las vecinos y vecinas del Distrito de la Latina, ampliando las posibilidades de este espacios, sin necesidad de perder la esencia del encuentro comunitario