Oaxaca
o la invención de la eternidad
o la invención de la eternidad
Por: Andrea Estrella
Hay algo profundamente seductor, y quizá un tanto perturbador, en la idea de que nada desaparece del todo. Bienvenidos al número uno del boletín Historias de ANCESTRAL MÉXICO.
Este proyecto no es una vitrina de nostalgia, ni un catálogo de artesanías para la mesa de centro. Es, en rigor, una provocación. Somos un equipo multidisciplinario —desde la sociología y la arquitectura hasta el derecho y el arte, pasando por la curaduría y la economía— que ha decidido dejar de ser espectador pasivo de su propia historia para convertirse en observante activo. Nuestra apuesta es atrapar ese interés casi instintivo que nos genera lo propio y convertirlo en una chispa de conciencia colectiva, esa que todos llevamos en el código genético pero que a veces el ruido de la modernidad citadina nos hace olvidar.
Nos hemos propuesto resguardar la memoria de nuestra herencia ancestral, no como quien guarda un objeto en una caja fuerte, sino como quien cuida el fuego. Reconocemos, plasmamos y traemos al escenario principal a los actores vivos que hoy, en pleno siglo XXI, siguen dándole forma al país.
Iniciamos esta entrega a modo de serial, en lo que podríamos llamar el ombligo cultural de Mesoamérica: Oaxaca. En las próximas semanas, les compartiremos los hallazgos de nuestra expedición, las capas de sentido que hemos ido rascando y, muy pronto, los detalles de nuestro primer libro.
Estén pendientes de nuestras Historias Recientes de cada viernes. El viaje, les aseguro, apenas comienza.