HISTORIAS Y RELATOS DE YUCATAN

LA X'TABAY
 
Se dice que la X’tabay vive en los ceibos frondosos, en los árboles de pochote o en los cactus en forma de cruz.
Es una mestiza hermosa de cabello largo que se posa en las noches, bajo las ramas de un árbol de ceibo, con un peine de espinas en la mano peina su larga cabellera, mientras entona una canción en espera de alguna víctima.

Los que han tenido la mala fortuna de toparse con ella han vivido minutos u horas de terror, esa mestiza es muy mala atrae a los hombres con sus encantos, sobre todo a los borrachitos que alegres y bullangueros pasan cerca de ella.

Los borrachos al mirar a aquella mestiza se ponen muy conquistadores, corren a su encuentro sin medir las consecuencias, pues no se ponen a pensar que a tales horas de la media noche ni una mujer decente puede estar en la calle, mucho menos a un lado del monte a menos que se trate de un espanto.

La mestiza con su vestido largo corre para que el borracho la persiga, pero por el estado de embriaguez no se da cuenta que esa mujer no pisa el suelo sino que flota en el aire.

Cuando llega al centro del monte junto a una enorme nopalera se detiene la mestiza, con la mano invita al borrachito a acercarse a ella, el desvelado pensando que ya está lista su conquista, corre lanzándose a sus brazos.

Pero sorpresa, cuando quiere abrazarla, esta mestiza de singular belleza, se convierte en espanto, le sale la cabeza de dragón y cuerpo de serpiente con los brazos llenos de espinas.

Cuando el borrachito reacciona, ya es demasiado tarde, aquel espanto de la media noche se ha convertido en X’tabay con una fuerza descomunal lo arroja sobre las nopaleras. Pobre hombre entre dolores y llanto vuelve a la realidad, mientras la mujer espanto regresa a su árbol en espera de su siguiente víctima.

Muy pocos se han salvado y los que lo han logrado quedan completamente locos.

Esta Leyenda Maya es completamente verídica ocurrió en el pueblo de Cuzamá, Yucatán, en donde don Fausto Cauich lo vivió en carne propia. Logró salvarse de las rede de la X’tabay corriendo por su vida.
 

 
 

LOS ALUXES

Los aluxes mayas son dundeillos malévolos que deambulan por los bosques y penetran en las casas por las noches. A los durmientes les zamarrean las hamacas para despertarlos. Los aluxes son también causantes de enfermedades: se las producen a las personas cuando duermen con solo pasarles la mano suavemente por la cara. Amanecerá la víctima atormentada por incontrolables fiebres y vómitos. Los aluxes lanzan piedras y maltratan a los perros. Sólo se compadecen de quienes les regalan comida o les hacen ofrendas. En compensación los protegen y cuidan sus casas y sus milpas. A quien pillen robando los frutos de los huertos ajenos, le propinarán una paliza y, por último, acabarán pegando en los gajos los frutos arrancados por el ladrón.

Los aluxes nunca duermen y si lo hacen mantienen los ojos abiertos. Un campesino maya describe lo que es un alux:
Es como un niño. Anda con alpargatas y sombrero; tiene también escopeta y perro; éste último es muy pequeño. En ocasiones, cuando un hombre va por el monte, suele oír disparos del alux y los ladridos de su perro; ésto indica que está de caza. Los animales que mata son de "puro aire" como el y su perro.

Existe la creencia de que los aluxes no son otros que los antiguos ídolos de barro esparcidos por los sitios arqueológicos que de tiempo en tiempo cobran vida para llevar a cabo sus trascadas. Algunos autores afirman que eran los propios hombres quienes volvían a la vida a los aluxes. Para lograrlos, quemaban copal en uno de los mismos aluxes de barro dentro de nueve días y nueve noches, sin conciliar el sueño. Agradecidos, los aluxes guardaban las milpas de sus bienhechores y los defendían de las fieras noctívagas. Sin embargo, los actuales campesinos procuran destruir estos ídolos para evitar la ocurrencia de supuestos desaguisados. Algunos creen que los aluxes desaparecieron para siempre cuando les cayó un rayo mientras bailaban en la lluvia.

 
 

 
 

LA COLA NEGRA

Quienes han percibido el horror de la cola negra (llamada Ekuneil en maya) la describieron del color de la ceniza y de extraordinario largo; a su cuerpo lo remata una espeluznante cola negra, ancha y bifucarda. Habita generalmente en el monte pero se le ha encontrado hasta en los mismos patios de viejas casas desamparadas.

Nadie ha logrado salvarse de la picadura de la cola negra. se sabe que vuela al interior de las casas si descubre que alguna madre da pecho a su recién nacido. Llega emitiendo su veneno, le introduce en las narices a la víctima la bifucarda cola y se aplica a extraerle la leche de los pechos.

 
 

 
 
 
 

EL CUCALKIN

Su nombre maya significa "sacerdote sin cuello". su visión nos provoca el horror. carece de cabeza y los ojos los lleva plantados en el pecho. Camina con paso de ganso, extiende los brazos al andar. "Se le veía salir de entre las paredes de los conventos arruinados, especialmente en los patios en que se notaban vestigios de sepultura". la aparición del Cucalkin ha sido frecuente entre los mayas. como viste una suerte de hábito religioso algunos encuentran sus origenes en la época de la Colonia; otros postulan que se trata de un espantajo maya.

El Cuclalkin acostumbra vagar por distintos puntos de la Península de Yucatán. A fines del siglo XIX dos campesinos se lo toparon una noche; el descabezado, vestido con un capote negro, les salió de súbito al camino. Amedrentados al principio, los campesinos recobraron el valor y blandieron un cuchillo frente al fantasma haciéndolo retroceder y finalmente desaparecer en la obscuridad. Después de buscarlo por mucho tiempo lo encontraron encaramado en alto de un guanacaste, arbol que denominan el maya, pich.

 
 

 
 
 

EL CHIVO BRUJO

El chivo brujo se ocupa de asustar y embestir a las gentes con sus enormes cuernos, desde la caída de la noche, la presencia de uno de éstos tragos llegó a trastornar la sosegada existencia de los habitantes de cierta aldea de Yucatán. Algunos habían perdido la razón por haber visto los relucientes y malignos ojos del monstruo. La gente acusó a un hechicero de asumir la forma de un chivo para atemorizar a la población. Aunque lo encarcelaron, no se ganó mucho con esto: su alma, transmutada en chivo, lograba evadirse de su encierro por las noche para aterrorizar a los moradores del pueblo. Con todo, la historia tiene un final felíz (por lo menos para los aldeanos): el chivo es ultimado de un balazo, el brujo falleció en prisión en el mismo instante en que ejecutaban al animal. Una herida de bala amancillaba su cuerpo.

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