El alminar de Tauste

LA TORRE DE SANTA MARÍA DE TAUSTE

Jaime Carbonel Monguilan. Arquitecto Técnico

Tauste. Cinco Villas


PRECEDENTES DOCUMENTALES

Como en el resto de casos de alminares existentes en Aragón, no existe documentación que determine inequívocamente la fecha de construcción de la torre de Santa María de Tauste.

El profesor Íñiguez Almech, en su Informe sobre las torres mudéjares aragonesas (1937), describe un pergamino que existía en el Archivo Municipal de Tauste, de dimensiones 35x23 cm., por el cual, el Monasterio de San Juan de La Peña, y, en su nombre, el abad Íñigo, cedía a la villa de Tauste las primicias y diezmos que de ella cobraba, por concesión de D. Alfonso el Batallador, para que atendiera “a la terminación de las obras de la torre e iglesia, campanas y vestiduras, y en consideración al mucho aprecio que a la villa dispensó D. Alonso, de grata memoria”. Estaba fechado en 3 de noviembre la era 1281, lo que corresponde con el año 1243 de nuestro calendario. Cabe deducir, lógicamente, que en ese año ya existía buena parte de la nave de la iglesia (se aprecia el cambio constructivo entre el segundo y el tercer y último tramo), así como la torre, de la que podían faltar esas campanas que menciona y la adecuación de los espacios necesarios para su alojamiento.

De cualquier forma, el primer documento conocido donde se nombra a Tauste como población data del año 1086 y hace referencia a un intercambio de posesiones efectuado entre el infante Pedro y su hermanastro Fernando, por mandato de su padre, el rey Sancho Ramírez de Aragón, por el cual, Fernando recibe, entre otros bienes y lugares, “Tauste con sus términos y derechos, los que hoy tenemos y los que podremos adquirir en el futuro”. Naturalmente, no se refiere al dominio de la localidad sino a las parias, pues en 1094, desaparecido el infante Fernando, el rey hace donación a la iglesia de San Martín de Biel del diezmo de la paria que le satisface esta población musulmana.

 

OTROS PRECEDENTES

Existe un hecho trascendental que demuestra la existencia de Tauste como población importante desde, al menos, los primeros años de la época islámica. Se trata del hallazgo en 2010 de una extensa necrópolis musulmana a unos 500 metros de lo que fue la medina, en la que se encontraron restos humanos fechados entre los años 650 y 1020, por el método del Carbono-14, hallándose entre esos resultados la fecha absoluta más antigua para un individuo enterrado mediante rito islámico en todo Aragón. Como consecuencia de ello, quedó catalogada un área de casi cuatro hectáreas, con una densidad de enterramientos muy elevada en la zona donde se realizaron las catas arqueológicas.

 

EVIDENCIAS PARA SU CORRECTA DATACIÓN

La torre se encuentra a los pies de la nave de la iglesia, desviada unos 60 cm. respecto del eje de la misma. La señal más evidente de que su construcción es anterior a la iglesia la constituye el hecho de que los dos edificios, aunque se encuentran prácticamente pegados, son constructivamente independientes, puesto que no comparten muro. Observando la grieta de separación entre ambos, se observa que, mientras las hiladas de ladrillo correspondientes a la torre se encuentran perfectamente rejuntadas, las del muro de la iglesia presentan las rebabas características de una fábrica que ha sido levantada junto a otra ya existente. Esto indica que la torre fue concebida para ser totalmente exenta en todo su alrededor, sin pensar en que algún día pudiera alcanzada por edificación alguna que ocultara ninguna de sus caras. En cuanto a la sala situada a más de treinta metros de altura que hoy sirve de campanario, se observa que tampoco fue ideada para alojar campanas, pues, para este fin, tuvieron que romper algunos huecos, incluso un paño entero de rombos mixtilíneos para abrir dos nuevos huecos donde alojar sendas campanas. Dadas las características de este espacio y el amplio territorio que desde allí se domina, se ve claramente que su concepción original fue como atalaya de vigilancia, lo que justifica el gran tamaño de la torre, junto con una posible demostración de poder y ostentación, dado el enclave que ocupa respecto de las rutas del Norte hacia Zaragoza.

Tauste. Iglesia de Santa María. Plantas.
De mezquita a iglesia



El otro templo medieval de la localidad es la Iglesia de San Antón (antes San Miguel), ubicada en el arrabal del mismo nombre. Ésta está fechada en el siglo XII, claramente anterior a la Iglesia de Santa María. La construcción de un templo en un arrabal en tan temprana edad indica que en el enclave de Santa María ya existía otro, que debía ser el principal y que no podía ser otro que la antigua mezquita reutilizada y consagrada para el culto cristiano, la cual tenía como alminar la torre que hoy conocemos. A principios del siglo XIII, la población cristiana de Tauste se plantea que el templo es viejo, bajo de techos y obsoleto, y procede a la sustitución del mismo por otro, siguiendo las modas del momento, consiguiendo una mayor espiritualidad con unas bóvedas de mayor altura. La nueva construcción comienza por el ábside y se proyectan tres tramos de bóvedas de crucería, con el último de los cuales se alcanzará la torre. El ábside es poligonal, de cinco lados, al exterior, pero semicircular al interior, reminiscencia románica, dada la temprana edad del arte gótico en estas tierras para aquellas fechas. La ocupación de un solar donde antes había existido una mezquita condiciona la orientación del nuevo templo, resultando ser Sureste (hacia La Meca), en lugar de Este, según el criterio canónico medieval.

Debe descartarse, por tanto, la creencia de que la torre fuera construida junto con la iglesia mudéjar. Realmente, tuvo que ser construida dos siglos antes como alminar anexo a la mezquita de esta población y atalaya de vigilancia de las rutas comerciales que recorrían los valles de los ríos Ebro y Arba, así como símbolo del poder Hudí en un enclave tan estratégico como éste, circunstancias que justifican la majestuosidad de este alminar. Su datación más certera debe situarse hacia mediados del siglo XI.

 

CARACTERÍSTICAS CONSTRUCTIVAS

Se trata, pues, de un alminar de planta octogonal regular, de 10 pies de lado en cada una de sus caras (unos 3,50 metros), con 8,50 metros de distancia entre caras opuestas y que ocupa una superficie sobre el terreno de 60 m2. Su altura es de 47 metros, medidos desde el pavimento de la iglesia hasta la coronación de la torrecilla superior. Todo él está construido mediante fábrica de ladrillo recibido con pasta de yeso.

Hasta una altura de 7,50 m. es prácticamente maciza, aligerada tan sólo por una estancia circular en el centro del octógono, de 2,30 m. de diámetro, lo cual recuerda a las estancias circulares en que se divide verticalmente la torre de San Pablo de Zaragoza, la cual tuvo que ser, por muchos motivos, el precedente de esta torre. Esta estancia se encuentra totalmente colmatada de escombros y puede pensarse que en torno a la misma exista la escalera de arranque desde la cota cero, también rellena de escombros, así como la puerta de acceso desde dicha cota. Exploraciones arqueológicas al respecto podrían dar con hallazgos importantes que completaran el conocimiento de la parte baja de este gran alminar, así como la posibilidad de encontrar elementos interesantes de aquella época (capiteles, cerámicas, etc.).

A partir de esta altura, comienza la parte visitable del alminar, cuyo acceso actual se encuentra a nivel del coro en alto situado a los pies de la iglesia. Estructuralmente, se trata de un anillo octogonal de siete pies y medio de espesor cuyo hueco interior se halla dividido en cuatro estancias superpuestas, las cuales tienen planta octogonal de cuatro pies de lado (3,20 m. de distancia entre caras paralelas), cubiertas por bóvedas esquifadas de ocho lados, alcanzando cada una de ellas una altura aproximada de 5 m., medidos desde el suelo hasta la clave. En torno a estas estancias, dentro del muro, asciende la escalera de forma helicoidal, en sentido contrario a las agujas del reloj, alternando tramos de seis peldaños con rellanos horizontales en caras consecutivas (el primero de los tramos tiene cinco peldaños, como consecuencia de la última restauración), hasta completar un total de cuatro vueltas completas (16 tramos de peldaños+16 rellanos). A partir de ahí, existen cuatro tramos más (media vuelta de octógono), sin rellanos de descanso, hasta desembocar en la gran sala que sirvió de atalaya (actual campanario).

Este hueco de escalera tiene un ancho de tres pies y se encuentra a un pie de separación de las estancias interiores y a tres pies y medio del exterior, lo que hace el espesor total de los siete pies y medio mencionados anteriormente. Como se decía, todo está construido en fábrica de ladrillo, incluso el peldañeado, cuya labor de hiladas se continúa de uno a otro lado de su ámbito. En cuanto al techo de todo el hueco helicoidal, está formado por bovedillas enjarjadas, consistentes en ir volando las hiladas horizontales hasta cerrar en el centro y continuar la fábrica maciza de ladrillo hasta la vuelta siguiente. Al ser horizontales estas bovedillas, van formando saltos para adaptarse al sentido ascendente, los cuales se producen en el centro de cada cara, lo cual facilita su resolución geométrica de forma perpendicular a las caras, al contrario de otros alminares octogonales donde los saltos se producen en las esquinas del octógono y que, al ir de esquina interior a esquina exterior, quedan resueltos de manera oblicua. En este caso de Tauste, el detalle en cuestión aporta una singularidad más de exquisitez geométrica y constructiva. Como en una vuelta completa se suben cuatro tramos de seis peldaños, con una tabica media de 20,5 cm, la altura ganada es de 4,92 m, aproximadamente. Esta misma altura es la que se va ganando con los saltos de las bovedillas enjarjadas, que, al ser ocho saltos (uno en el centro de cada lado), éstos son de 61,5 cm (resuelto en nueve hiladas de ladrillo). En los últimos tramos, al no existir descansillos en el peldañeado, se va perdiendo altura útil, hasta desembocar en la gran sala que sirvió de atalaya (actual campanario).

Esta resolución constructiva de la escalera produce la sensación, al subir por la misma, de encontrarse uno entre dos torres, una interior y otra exterior. Es por ello que, erróneamente, siempre se ha dado en definir este tipo de estructura como de “alminar almohade”, que consiste en dos torres concéntricas por entre las cuales circula la correa de escalera. Naturalmente, no se pensaba que la parte de obra maciza que tiene uno bajo sus pies en cualquier punto de la escalera tiene una entidad media de dos metros, lo cual, lógicamente, no puede calificarse de “correa de escalera”, cuando en realidad es la continuación del muro macizo. De hecho, el sistema de enjarje de hiladas da como resultado lo que en construcción se denomina como “falsa bóveda”, porque realmente lo que constituye es un elemento de cierre, más que de techo-suelo.

La gran estancia a la que se ha llegado está definida por el octógono que describía la cara exterior de la escalera, quedando el espesor del muro en tres pies y medio y resultando una superficie útil de 30 metros cuadrados. En cada cara del octógono, se abre un gran vano apuntado, dentro del cual se cobijan dos más pequeños, gemelos y también ojivales, separados por un mainel, todo ello de una gran esbeltez. En sección vertical, las proporciones geométricas de esta estancia con las inferiores son similares. Aquí la altura medida desde el suelo hasta el vértice es de 11,15 m. El último piso se cubre con una terraza almenada, existiendo sobre el suelo de la misma un torreón, también octogonal, que sirve de acceso a la terraza, a la vez que de refugio. Este torreón está apoyado directamente sobre la clave de la bóveda esquifada que cubre la gran estancia inferior, al contrario que en los alminares almohades, donde era frecuente prolongar la torre interior para formar esa torrecilla.

En cuanto a decoración exterior, las ocho caras se levantan de ladrillo caravista, siguiendo el aparejo soga-tizón, alternando juntas en las sucesivas hiladas, exquisitamente bien colocado, pero sin dibujo alguno hasta llegar al nivel del suelo de la tercera estancia. Cada paño decorativo de los que se van a describir a continuación se repite en cada una de las ocho caras, está remarcado inferior y superiormente por bandas de esquinillas de tres hiladas y se hallan sobre fondo rehundido. De abajo a arriba, el primero de ellos está realizado a base de arcos mixtilíneos entrecruzados. Encima del mismo, acaba el mismo el primer cuerpo visual de la torre mediante una imposta de canecillos de ladrillo de cinco hiladas de altura, cubiertos por un tablero de dos hiladas.

En el segundo cuerpo se encuentra una faja de lazos de cuatro octogonal y otra de labores aparentemente confusas, en las que el concepto de simetría es bastante más complicado de interpretar que en el resto de las decoraciones de ladrillo resaltado de toda la arquitectura occidental. Los matemáticos Carlos Usón y Ángel Ramírez llegaron a la conclusión de que se trata de una composición basada en la escritura cúfica, donde se encuentran la primera y última letra del nombre del profeta Mahoma, así como la negación con que da comienzo la profesión de fe islámica, por lo que el mensaje de dicho paño sería la shahadada o profesión de fe: “No hay más Dios que Dios y Mahoma es su Profeta”. Esta interpretación corroboraría la influencia directa de la cultura oriental en el desarrollo de Zagr-Alandalús.

Este cuerpo termina en otra imposta de canecillos de ladrillo de cinco hiladas cubiertos con tablero de dos hiladas, igual a la que separaba el cuerpo primero del segundo. Esta imposta se encuentra a nivel de suelo de la gran estancia superior, donde comienza el tercer cuerpo visual del alminar. En él, se abren en cada cara grandes ventanales de arco apuntado que cobijan otros dos arcos ojivales geminados, separados por mainel, ya descritos anteriormente.

La siguiente decoración la constituirán unos paños decorativos a base rombos de trazado mixtilíneo, remarcados también horizontalmente, por los lados inferior y superior, mediante las habituales bandas de esquinillas. Otra imposta de canecillos similar a las anteriores, dará fin a este tercer y último cuerpo de la torre. Sobre ella, a modo de corona, una faja de arcos de medio punto entrecruzados, banda de esquinillas y última imposta de canecillos, siempre estas bandas separadas por tres hiladas normales de ladrillo. La torre termina con las almenas de la terraza y el torreoncillo antes mencionado.

 

ESTADO DE CONSERVACIÓN

La torre fue restaurada en 1984, actuación en la que se dejaron unos testigos de yeso en diferentes sitios que no han roto, lo que demuestra la buena estabilidad estructural.

La existencia de campanas en los huecos impide la colocación de mallas metálicas para evitar la entrada de palomas. Consecuencia de ello es la acumulación de excrementos y cadáveres en todo el interior de la torre que producen un evidente deterioro, además de lo indecoroso que resulta. Sería necesaria la construcción de una estructura metálica para colocar de forma segura las campanas en el interior de la sala, evitando con ello riesgos de roturas de jambas por las vibraciones que producen las campanas al voltear. Ello posibilitaría la reposición de los arcos geminados y de los maineles en los huecos donde fueron eliminados, para devolver a la torre su aspecto original y se podrían colocar esas mallas necesarias para mantener en un mínimo estado de limpieza el interior de la torre.

Las obras deberían completarse con la restauración del interior (agujeros en bóvedas y paredes, reparación de peldaños, etc.) y la exploración arqueológica de la parte baja, mencionada anteriormente, con la consiguiente recuperación de la misma, si los resultados así lo aconsejaren. También sería de buen criterio la retirada del reloj exterior que se colocó con motivo de la última restauración y que, aparte de que funcionalmente es totalmente inservible (pues su diseño impide ver las horas), nada tiene que ver con la naturaleza del monumento.

 

RELACIÓN CON OTROS ALMINARES DE SU ENTORNO. LOS ALMINARES OCTOGONALES DEL VALLE DEL EBRO

El precedente claro de este alminar es la torre de San Pablo de Zaragoza, la cual posee unas dimensiones muy similares, tanto en planta como en alzado, pero es una construcción algo más arcaica y mucho más maciza. Más evolucionado es el alminar nuevo de la mezquita aljama de Saraqusta (oculto dentro de la torre barroca de la Seo), de mayores dimensiones todavía que estos dos.

Estos tres alminares, junto con el de San Pedro de Alagón y la torre de Pradilla de Ebro, constituyen un conjunto único de cinco torres octogonales de aristas vivas, situadas en una misma ruta del Valle del Ebro. Aparte de estas cinco torres, con estas características de construcción de ladrillo, planta octógona y aristas vivas, hay muy pocos ejemplares más en Aragón aunque ya dispersos (Sabiñán, Torrellas, Monasterio de Rueda) y ninguno más en el resto de la Península. Hay otros con molduras o contrafuertes en las esquinas, pero también sólo en Aragón (como Calatayud, Mainar y Muniesa), por lo que podemos afirmar que casi se trata de un patrimonio exclusivamente aragonés dentro del mundo occidental. Tan sólo hay algunos más en el Magreb (Xauen y Ouezzan en Marruecos, y Tawzar en Túnez), pero ya bastante más modernos, consecuencia de la cultura aragonesa que fue exportada hacia aquellas tierras con motivo de la expulsión de los moriscos.

El origen de esta tipología hay que buscarlo en el mundo oriental, donde hay ejemplares como el de Nayin (s.X) y Kirat (s.XI) en Irán, y Miskina (s.XI) en Siria. Posiblemente, todos ellos vengan de un tipo de alminares de planta circular, muy esbeltos, que se construían en el mundo persa. Los primeros ejemplares octogonales que se construyeron en Alandalús son los del conjunto fortificado de Calatayud, en tapial de yeso, planta que luego sería adoptada para estos alminares de ladrillo que mencionamos (esta vez ya, como arquitectura religiosa).


 

CARBONEL MONGUILÁN, Jaime: “Tauste en los siglos XI al XIII”, en Tauste en su historia. Actas de las X Jornadas sobre la Historia de Tauste, Asociación Cultural “El Patiaz”, Tauste, 2011, pp. 33-110.

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