El alminar de Azuara


El alminar de Azuara (Campo de Belchite)

(José M. Pinilla Gonzalvo. Arquitecto)

La iglesia de Nuestra Sra. De la Piedad de Azuara pertenece, en su mayor parte, al tipo de lo que se ha dado en llamar “iglesias fortaleza” mudéjares. En su estado inicial constaba de nave única de dos tramos cubiertos con bóveda de crucería sencilla, separados por bóvedas de cañón apuntado apeadas en torres-contrafuerte. Entre éstas se abren capillas y cabecera recta con triple capilla actualmente desaparecida. Al exterior se remata con tribunas abiertas por series de cuatro grandes arcos apuntados en cada tramo y testero. Las obras en esta parte mudéjar están documentadas por Mª Teresa Ainaga que sitúa al maestro Farax Alvalencí trabajando entre 1361 y 1364.

En época barroca la iglesia sufre un reforma habitual en muchas iglesias: se cambia su orientación y se le añade nuevo crucero y ábside en lo que eran los pies del templo inicial. Interiormente se remodeló profundamente, se recrecieron las torres contrafuerte de la primitiva cabecera para campanarios y se dotó a esta fachada de una nueva entrada.

A pesar de estar aparentemente integrada en el conjunto del edificio hay un elemento en la fábrica mudéjar que llama la atención. Se trata de la torre-contrafuerte situada en el lado del evangelio, junto al crucero barroco. En planta tiene mayor dimensión que las otras tres, estando alineada interiormente con ellas y sobresaliendo hacia el exterior. Tiene estructura de alminar, con machón central, alrededor del que se desarrollan las escaleras, cubiertas con falsas bovedillas de aproximación de hiladas. Su decoración exterior, muy sencilla, difiere de la del resto de la iglesia y consiste en una banda de ladrillo doble en zig-zag, enmarcada entre dos bandas de esquinillas, rematada por dos líneas de ménsulas en forma de pirámide invertida.

Esta decoración se interrumpe en el encuentro con la fábrica mudéjar, que a su vez, presenta una decoración parecida, pero con sutiles diferencias. En primer lugar desaparece el tema del zig-zag y a lo largo de todo el perímetro, incluidas las otras tres torres-contrafuerte se desarrollan dos franjas idénticas, consistentes en bandas de esquinillas rematadas por impostas de ladrillos en voladizo.  Estas bandas de esquinillas, son aquí de tres hiladas (dos en la primera torre), y las mensulillas de ladrillo en voladizo son rectas y no en pirámide invertida.

Como se ve son diferencias sutiles pero sin duda, muy reveladoras. En una obra tan unitaria como es la de la iglesia-fortaleza mudéjar, no encaja el cambio de repertorio decorativo ni las diferencias dimensionales en planta con las otras torres-contrafuerte, a no ser que el maestro Alvalencí, decidiera reutilizar en su construcción el alminar preexistente por hallarse en buen estado. Y se trataría de alminar y no de torre mudéjar, porque no tiene sentido derribar una iglesia mudéjar para construir otra. Este alminar formaría parte de la mezquita zagrí, que tras la conquista cristiana se consagraría como iglesia cristiana y que finalmente se derribó para que Farax Alvalencí, integrando el cuerpo bajo el alminar, construyera la iglesia-fortaleza.

Todas estas hipótesis se ven reforzadas si además se observa la orientación del eje de la iglesia en dirección S.O.-N.E., orientación que no viene impuesta por condicionantes topográficos o de falta de espacio, sino seguramente, de reutilización del solar (y del alminar) de la antigua mezquita orientada al S.E.

Por otra parte, los motivos decorativos conservados (en los cuerpos altos habría otros), están relacionados con los de otras torres cuadradas aragonesas que seguramente son alminares zagríes reutilizados: San Gil de Zaragoza, Aniñón, Romanos y Encinacorba.

 

CONCLUSIÓN

Agustín Sanmiguel en su libro “Torres de ascendencia islámica en las comarcas de Calatayud y Daroca”, señala con respecto a las discordancias que se dan entre algunas torres y sus iglesias mudéjares que generalmente  “lo último en construirse en una iglesia mudéjar es la torre. Si estas torres  no forman parte del programa constructivo de estas iglesias y presentan características más primitivas, hay que considerarlas pues, al menos anteriores al siglo XIV. Si se quiere cristiana, para lo que no cabe más que datarlas en el siglo XII o XIII, habría que suponer la existencia de las iglesias mudéjares correspondientes a estas torres (que hubieran sido magníficas si estuvieran en consonancia), derribadas al cabo de un siglo para volver a hacer otras iglesias mudéjares, pero manteniendo la torre anterior…Más lógico parece pensar que estas iglesias sustituyeron al cabo de dos o tres siglos y medio a mezquitas reutilizadas, y que conservaron sus alminares” .

Así pues, aquí probablemente se dio el mismo caso que Sanmiguel explica con tanta lógica, y se conservó integrado en la nueva construcción mudéjar, en todo o en parte,  el alminar preexistente. 



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