El alminar de Bab alQibla de Saraqusta

LA TORRE DE LA MAGDALENA, ALMINAR DE BAB AL-QIBLA

J. Miguel Pinilla Gonzalvo. Arquitecto


Zaragoza. Torre e iglesia de la Magdalena
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En primer término restos de la Puerta de Valencia, denominada bab al-Qibla hasta 1118.



La iglesia de Santa María Magdalena de Zaragoza aparece ya mencionada en 1126, según José María Lacarra y en 1145 según Ignacio de Asso. Angel Canellas (1) menciona que en 1197 en un testamento de un clérigo de esta iglesia ofrece piedras para construir un buen portal cercano a la torre campanario de la iglesia. Estas fechas tan tempranas dan que pensar que tras la toma de Saraqusta por los cristianos en 1118 fue habilitada como iglesia la mezquita que ocupaba su solar. El enorme esfuerzo económico de la conquista no debió permitir a los vencedores embarcarse tan pronto en actividades edilicias y en la Zaragoza recién conquistada éstas se debieron limitar únicamente a la construcción de los ábsides de la Seo, conservando el resto de la mezquita aljama. Gonzalo Borrás (2) mantiene, sin embargo, que en el caso de la iglesia de la Magdalena, como en el resto de las mezquitas, éstas fueron sustituidas por unos supuestos templos románicos (de los que extrañamente no hay constancia documental ni arqueológica), que a su vez fueron demolidos para ser sustituidos por iglesias mudéjares.

Javier Peña y yo mismo (3), como profesionales de restauración de edificios, venimos manteniendo desde hace muchos años que esto seguramente no fue así. Los edificios en buen estado se rehabilitan y se transforman, se cambia su uso si es necesario, y esto que sigue sucediendo ahora, ocurría también en el siglo XII, máxime en un contexto de dificultades económicas y de admiración de los vencedores hacia el arte de los vencidos.

Así pues, la iglesia mudéjar de la Magdalena, debió de construirse en el siglo XIV, tras derribar la mezquita que hasta entonces se habría utilizado como iglesia. Es de nave única de tres tramos con crucería sencilla (oculta por reformas barrocas), capillas laterales entre los contrafuertes de la nave y ábside de siete lados. Es en el ábside donde se concentra la decoración exterior formada por una banda de arcos mixtilíneos entrecruzados entre dos bandas de esquinillas, ventanas ojivales y sobre ellas lacerías de cruces resaltadas formando rombos.

La torre está formada por tres cuerpos separados por impostas. El inferior es liso salvo en su parte alta en que aparece una banda de arcos mixtilíneos entre dos bandas de esquinillas. El cuerpo intermedio presenta un panel de rombos entre bandas de esquinillas y tres vanos de medio punto doblados con columnillas en sus jambas. A mitad de este cuerpo cambia totalmente el repertorio decorativo que incorpora profusión de cerámica vidriada (platos, estrellas, azulejos, columnillas) que recuerda al muro de la Parroquieta. El cuerpo superior mantiene esta decoración, tiene dos vanos geminados por cara y se remata con otra serie de arquillos más pequeños y almenas que recreó el arquitecto Iñiguez en la primera restauración siguiendo el modelo de las torres de Teruel.

Alzado, sección y plantas de la torre de la Magdalena, según el arquitecto Fernando Aguerri




A pesar de que a la torre se la viene considerando como integrante de la fábrica de la iglesia y por lo tanto contemporánea de la misma, un análisis detallado revela que es una edificación diferenciada y anterior, por lo que seguramente se trata del alminar conservado de la mezquita que vamos a llamar de Bab al-Quibla por estar situada junto a la puerta de este nombre. Esta puerta, de la cual aún se conserva uno de sus paramen­tos en una de las casas de la plaza, se llamaba así ya que la quibla es el muro de las mezquitas orientado hacia La Meca y hacia allí estaba orientada. Conocemos su nombre porque junto a ella estaban enterrados dos de los santos más ve­nerados de Alandalús: los tabi (compañeros del Profeta) Hanas as-Sanaani y Alí al-Lahmí, naturales de Sanaa, capital del Yemen, país origi­nario de las dos dinastías reales de Zagr-Alandalús (Aragón musulmán): los Tuyibíes y los Hudíes. El lugar era estratégico dentro del recinto de la medina, en el extremo de una de las dos vías que aún conservaban su inicial trazado rectilíneo, el decumano romano (actuales calles Manifestación-Espoz y Mina-Mayor), por lo que el impacto visual del alminar sería muy importante (todavía ahora a pesar de la altura de los edificios se ve perfectamente desde la calle de San Gil).


En 1988 y 1989 el solar situado al norte de la iglesia fue excavado por José Francisco Casabona Sebastián y José Delgado Ceamanos, encontrándose una serie de restos y estructuras islámicas, como un fragmento de inscripción en árabe y un potente muro de cimentación de 20 metros de longitud en sentido NO-SE que por su orientación y tamaño bien pudo pertenecer a la mezquita de Bab al-Quibla. Sin embargo, no se halló ningún resto de la iglesia románica mencionada por Gonzalo Borrás.

Iglesia de Santa María Magdalena. Planta según Francisco Íñiguez y Ramiro Moya. Arquitectos.


Bernabé Cabañero Subiza y Carmelo Lasa Gracia, en su trabajo “Presentación de cuatro capiteles de época taifa reutilizados en la torre de la iglesia de Santa María Magdalena de Zaragoza”(4), dan por supuesto que estos capiteles se extrajeron de este edificio islámico para ser recolocados en el cuerpo alto de la torre, sin considerar la posibilidad más lógica de que la torre no sea mudéjar y contemporánea de la iglesia como siempre se ha pensado, sino que es el alminar que se salvó del derribo de la mezquita para ser reutilizado como torre de la nueva iglesia de la Magdalena. A continuación se exponen varias razones que apoyan esta hipótesis:

1)   Situación de la torre con respecto a la iglesia

La relevancia del lugar para los musulmanes conllevaría que el alminar de la mezquita junto a las tumbas de los tabi, constituyera un hito importante dentro del caserío de la medina (el significado literal de alminar es el faro). Por eso éste se ubicó alineado con una de las dos calles principales, el decumano romano. Estaría seguramente exento y al norte de éste, según las excavaciones antes comentadas, se levantaría el edificio de la mezquita con orientación SE. La mezquita se consagraría como iglesia después de 1118, para ser demolida previamente a la construcción de la iglesia mudéjar actual, conservando el alminar. El replanteo de la nueva iglesia que comenzaría por el ábside se hizo con un eje ligeramente desviado con el de la torre, desvío que casi no se aprecia in situ, y que los alarifes mudéjares disimularon hábilmente, aumentando progresivamente la profundidad de las capillas entre contrafuertes, con el objeto de integrar al máximo el alminar en la nueva construcción mudéjar. En las iglesias mudéjares con torres contemporáneas, estos desfases no se dan ya que todo el conjunto obedece al mismo proyecto constructivo, sin embargo cuando ocurre lo contrario casi siempre cabe pensar que hay varias fases constructivas, como en este caso.

 

2)   Diferencias estilísticas entre torre e iglesia

 A pesar de que las torres siempre son un elemento singular dentro del conjunto de la iglesia, cuando forman parte de un proyecto unitario el repertorio decorativo suele ser común en todo el edificio. Esto resulta bastante lógico al ser los mismos alarifes los que construyen naves y torres. En este caso el único elemento común entre torre e iglesia son las lacerías formando rombos, si bien en el ábside es en forma de banda y en la torre formando paneles. El resto de elementos decorativos de la torre: profusión de cerámica vidriada, arcos dobles de medio punto, arcos túmidos, arcos mixtilíneos sin entrecruzar (entrecruzados en el ábside), denotan una diferenciación estilística y constructiva evidente.

 

3)   Perfecto encaje de capiteles, cimacios y fustes islámicos

El trabajo de Bernabé Cabañero y Carmelo Lasa antes mencionado da por supuesto, seguramente por no cuestionar las dataciones para la torre generalizadas a partir de Gonzalo Borrás, que los capiteles, columnas y cimacios son reutilizados para el cuerpo alto de la torre. La reubicación de elementos “reciclados” es bastante habitual en la historia de la arquitectura (en muchas mezquitas se reutilizó abundante material romano y visigótico), pero en casi todos los casos la diversidad de tamaños hace que el encaje en los nuevos edificios no sea exacto y resulte evidente su carácter de piezas existentes aprovechadas. En la torre de la Magdalena, la correspondencia de tamaños entre fustes, capiteles y cimacios es perfecta. La armonía de proporciones entre estos elementos y el espacio en que se ubican no concuerda con el aprovechamiento de materiales de un derribo llevado a cabo siglos atrás. Hace falta mucha previsión para rescatar y acopiar unos materiales de derribo que se van a reutilizar nada menos que dos siglos después, además de mucha suerte para que encajen en su nueva ubicación tan armónicamente.

 

4)   Necesidad de hacer un cuerpo de campanas barroco

 La función principal de un campanario que lo diferencia de un alminar es la ubicación de las campanas. El cuerpo alto de la torre de la Magdalena se abre al exterior con dos grandes huecos geminados por lado, donde se encuentran los supuestos elementos islámicos reutilizados. Seguramente la causa de que sólo se conserven la mitad es que para ubicar las campanas tuvieron que eliminar fustes y capiteles de un hueco por cara y esos son precisamente los que se han perdido. Como esta modificación no dejó de ser un apaño forzado, en época barroca se acabaron tabicando todos estos huecos y se sobreelevó un nuevo cuerpo de campanas eliminado tras la restauración de Francisco Iñiguez. Si la torre se hubiera construido a la vez que la iglesia, hubiera sido concebida como campanario, como sucedió con otras torres mudéjares. Cuando para alojar las campanas en una torre ha sido necesario romper o ampliar los vanos, o recrecer un nuevo cuerpo de campanas generalmente se suele tratar, como en este caso, de un alminar reutilizado.


Ante la falta de documentación, a la vista de los resultados de las excavaciones y del análisis de las diferencias constructivas y estilísticas entre torre e iglesia, sólo cabe concluir que no son contemporáneas, siendo muy probablemente la torre de la iglesia de Santa María Magdalena un magnífico ejemplar de alminar zagrí. Dos siglos después los constructores de las torres de San Martín y de El Salvador de Teruel la tomaron como modelo aunque sin alcanzar la elegancia que le otorga su mayor esbeltez (las alturas son parecidas, pero las de Teruel tienen casi dos metros más en su base).


La mitad superior de la torre presenta un repertorio decorativo similar al muro de la Parroquieta de la Seo zaragozana. Javier Peña en 1992 descubrió en este muro una inscripción en árabe que viene a decir “la obra es de Salama bin Galb”, que atestigua su autoría y confirma que no es una obra mudéjar (los mudéjares no firmaban sus obras en árabe), sino zagrí. Esta parte alta de la torre bien podría ser también obra de Salama bin Galb.

El origen de la arquitectura mudéjar, tiene su explicación como continuación de la arquitectura islámica de ladrillo del Aragón andalusí o arquitectura zagrí que se conservó tras la conquista cristiana y le sirvió de modelo.


Para ubicar la mezquita de Bab al-Qibla: https://sites.google.com/site/zagralandalus/saraqusta

 

(1)   CANELLAS LOPEZ, Angel, Historia de Zaragoza. I. Zaragoza medieval. Ayuntamiento de Zaragoza. Zaragoza 1976.

(2)   BORRAS GUALIS, Gonzalo M., Arte Mudéjar Aragonés, Vol 3. Pág 465. CAZAR y COAATZ. Zaragoza 1985.

(3)   V.V.A.A., La cultura islámica en Aragón. Pág 19. DPZ. Zaragoza 1986

(4)   CABAÑERO SUBIZA, Bernabé y LASA GRACIA, Carmelo, Artigrama num. 17. Universidad de Zaragoza 2002

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