POEMAS ATRAPADOS AL VUELO




Yves Bonnefoy es uno de los poetas de mayor influencia de la poesía actual francesa. Nació en Tours, Francia, en 1923. A pesar de presenciar en su adolescencia el surgimiento de los movimientos literarios de vanguardia, prefirió mantener su voz al margen de la constante búsqueda de protagonismos, a veces superfluos. Sus primeros poemas fueron publicados en 1946 (Traité du Pianiste). Ha sido además ensayista y traductor, principalmente de la obra de Shakespeare, del inglés al francés. Estos poemas pertenecen a su libro Les planches courbes, Gallimard, 2006. Una mirada constante a los recuerdos de la infancia, donde lo sencillo, visto a través de los cristales de la poesía, adquiere un brillo de tesoro escondido en el lado sutil de la memoria. Las piedras, la lluvia, el río, los caminos, son protagonistas silentes de imágenes coloreadas por la palabra y por la luz de la inocencia.

Traducción: William Guaregua

Las ranas, la tarde

I

Roncas eran las voces

De las ranas en la tarde

Allá donde el agua del estanque, percolando sin ruido,

Brillaba entre la hierba

Y rojo era el cielo

En los limpios cristales

Todo un río la luna

Sobre el plano terrestre

Tomados o no de nuestras manos,

La misma abundancia.

Abiertos o cerrados nuestros ojos,

La misma luz.

II

Se entretenían, en la tarde

Sobre la terraza

De donde partían los caminos, de arena clara,

Del cielo inmesurable

Y tan desnuda ante ellos

Estaba la estrella

Tan próximo estaba su seno

Necesitado de labios

Que ellos se percataban

Que morir es sencillo,

Una rama separada por el oro

Del cuerpo ya maduro.

Una piedra

Mañanas que poseíamos,

Yo recogía las cenizas, llenaba

El balde, lo colocaba sobre la baldosa,

Con él regaba en toda la sala

El olor impenetrable de la menta

Oh recuerdo,

Tus árboles en flor ante el cielo

Se puede creer que nieva

Pero la luz del sol se extiende sobre el camino

El viento de la tarde derramaba su abundancia de chubascos.

Una piedra

Todo era pobre, desnudo, transfigurable

Nuestros muebles eran sencillos como las piedras

Tan sólo amábamos el saliente del muro

Fue ese espigón donde probábamos los mundos.

Desnudos, esa tarde

Los mismos de siempre, como la sed,

La misma tela roja, desgastada

Imagen, pasajera,

Nuestros inicios, nuestras prisas, nuestras confianzas

La lluvia de verano

I

El más querido y no por eso

Menos cruel

De todos nuestros recuerdos, la lluvia de verano

Repentina, breve.

Salíamos, y era estar

En otro mundo

Nuestras bocas se embriagaban

Del olor de la hierba

Tierra

El manto de la lluvia se extendía sobre ti.

Aquello era como el seno

Que hubiese soñado un pintor.

II

Y de pronto en el cielo

Percibíamos

Ese oro que la alquimia

Había buscado tanto.

Lo tocábamos, brillante

Sobre las ramas bajas,

De aquello amábamos el gusto

Del agua, sobre nuestros labios.

Y cuando recogíamos

Ramas y hojas secas

Ese humo al final de la tarde, brusco, ese fuego,

Era también el oro.

En el mismo río

I

A veces toma el espejo

Entre el cielo y el cuarto

Entre sus manos el mínimo

Sol terrestre.

Y las cosas, los nombres

Es como si

Las voces, las esperanzas se divirtieran

En el mismo río.

Donde se puede soñar

Que las palabras no existen

Aguas debajo de ese río, río de paz,

Demasiado para el mundo,

Y hablar no es más

Que cortar el cuello

Del cordero que, confiado,

Se deja llevar por la palabra.

II

Soñar: que la belleza

Sea verdad, la evidencia

Misma, un niño

Que pasa, emocionado, bajo una troja.

Él se levanta y, feliz

De tanta luz,

Estira su mano para agarrar

La roja uva.

III

Y más tarde se entiende

Sólo con su voz

Como si anduviese desnudo

Por una playa

Y tuviese un espejo

Donde todo el cielo

Se abriera, a grandes rayos, que colorearan

Toda la tierra.

Él se detiene a veces,

Aquí o allá,

Su pie arrastra, distraídamente,

El agua sobre la arena.

                                http://www.letralia.com/transletralia/bonnefoy/01.htm


Un recuerdo

Parecía muy viejo, casi un niño,

andaba lento, crispada la mano

sobre un jirón empapado de barro.

Cerrados los ojos, sin embargo. Ah, ¿no es cierto


que creer recordar es el peor engaño,

la mano que toma la nuestra para perdernos?

me pareció, sin embargo, que sonreía

cuando pronto lo envolvió la noche.


¿Me pareció? No, desde luego, me engaño,

es una voz trizada el recuerdo,

se oye apenas, aunque nos inclinemos,


Y, sin embargo, escuchamos, y tanto tiempo

que a veces la vida pasa. Y ya la muerte

le dice que no a toda metáfora.


Ramas bajas

Instante que quiere durar mas sin saber

sacar eternidad de las ramas bajas

que protegen la mesa donde luces y sombras

juegan, en mi página blanca de esta mañana.


En torno a esos dos árboles primero la hierba,

y luego la casa, y el tiempo, y el día de mañana

para abrir al olvido, que ya disipa

esos frutos de ayer caídos junto a la mesa.


El allí está lejos. Sin embargo, es sobre todo

el aquí y el ahora lo que resulta inaccesible.

más sencillo es entrar en el porvenir.


Con, para dentro de poco, algo

de ese fruto maduro, por la gracia del cual

el verde se tiñe de azul en la noche de la hierba.


El pianista II

Una mano que se arriesga, anhelante,

en el remolino ora claro, ora sombrío,

su imagen se quiebra, como si ya no tuviera

las fuerzas para retener.


¿Y esa otra, en un espejo? Se acerca

a la tuya, que va hacia ella,

sus dedos se tocan

o casi, pero en la pequeñez de esa distancia

se abre el abismo entre ser y apariencia.


Esos dedos, al menos, que conmueven cuerdas.

¿Otra mano va a subir, del fondo del sonido,

a tomarlos entre los suyos, para guiarlos?


Pero, ¿hacia qué? No sé si es amor

o espejismo, y nada más que sueño, la palabra

que no tiene sino agua o espejo, o sonido,

para tratar de ser.

                                                           Versiones de A. G. Ruiz


El adiós

                                                                      

Hemos vuelto a nuestro origen.

Fue el lugar de la evidencia, aunque desgarrada.

Las ventanas mezclaban demasiadas luces,

Las escaleras trepaban demasiadas estrellas

Que son arcos que se hunden, escombros,

El fuego parecía arder en otro mundo.


Y ahora hay pájaros que vuelan de una habitación a la otra,

Los postigos se cayeron, la cama está cubierta de piedras,

La chimenea llena de restos del cielo que van a apagarse.

Allí, por las tardes, hablábamos casi en voz baja

Debido a los rumores de las bóvedas, allí, sin embargo,

Formábamos nuestros proyectos: pero una barca,

Cargada con piedras rojas, se alejaba

Irresistiblemente de una orilla, y el olvido

Depositaba ya su ceniza en los sueños

Que sin fin recomenzábamos, poblando con imágenes

El fuego que ardió hasta el último día.


¿Es cierto, amiga mía,

Que no hay más que una palabra para nombrar

En la lengua que llamamos poesía

El sol de la mañana y el de la tarde,

Una para el grito de alegría y el de angustia,

Una para el desierto río arriba y los golpes de hacha,

Una para la cama deshecha y el cielo tormentoso,

Una para el niño que nace y el dios muerto?


Sí, lo creo, quiero creerlo, pero ¿qué sombras

Son ésas que se llevan el espejo?

Y, mira, la zarza crece entre las piedras

En el camino de hierba aún apenas abierto

Por el que nuestros pasos iban hacia los jóvenes árboles.

Hoy me parece, aquí, que la palabra

Es el pesebre medio roto del que se escapa

En cada amanecer de lluvia el agua inútil.


La hierba y en la hierba el agua que brilla, como un río.

Todo está siempre a la espera de que una vez más se lo ate al mundo.

Sé que el paraíso está diseminado,

Es tarea terrestre el reconocer

Sus flores dispersas en la hierba pobre,

Pero el ángel ha desaparecido, una luz

Que no fue, de golpe, sino un sol poniente.


Y como Adán y Eva caminaremos

Por última vez en el jardín.

Como Adán el primer pesar, como Eva la primera

Osadía, querremos y no querremos

Pasar por la puerta baja que se entreabre

Allá a lo lejos, en la otra punta del ronzal, coloreada

Como auguralmente por un último rayo.

¿Se toma el porvenir en el origen

Como cabe el cielo en un cóncavo espejo?

¿Podremos recoger, de esa luz

Que fue de aquí el milagro,

En nuestras sombrías manos la simiente, para otros charcos

En el secreto de otros campos "cercados de piedras"?


Por cierto, está aquí el lugar para vencer, para vencernos,

El lugar de donde salimos esta tarde. Aquí sin fin

Como esa agua que se escapa del pesebre.


La rapidez de las nubes

La cama, la ventana cercana, el valle, el cielo,

La rapidez espléndida de esas nubes,

La súbita garra de la lluvia en los cristales

Como si la nada rubricase el mundo.


En mi sueño de ayer

El grano de otros años ardía a fuego lento,

Sin calor, en el suelo embaldosado.

Descalzos, lo apartaban nuestros pies como un agua límpida.


¡Oh amiga mía,

Qué distancia tan débil separaba nuestros cuerpos!

¡La hoja de la espada del tiempo que merodea

Hubiese allí buscado en vano lugar para vencer!


Noli me tangere

De nuevo en el cielo azul vacila el copo

De nieve, el último copo de la gran nevada.


Y es como si en el jardín entrase aquella que

Bien había debido soñar lo que podría ser,

Esa mirada, ese dios simple, sin memoria

Del sepulcro, sin otro pensamiento que la dicha,

Sin otro porvenir

Que su disolución en el azul del mundo.


"No me toques, no", le diría él,

pero hasta el decir no sería luminoso.


La única rosa

I

Cae la nieve, es volver a una ciudad

Donde, y lo descubro al avanzar

Al azar por las calles vacías,

Habría yo vivido, feliz, otra niñez.

Bajo los copos percibo las fachadas

Que más que nada en el mundo bellas son.

Alberti sólo entre nosotros, y San Gallo

En San Biagio, en el salón más intenso

Que construyó el deseo, se acercaron

A esta perfección, a esta ausencia.


Por eso miro yo, ávidamente,

Esas masas que me oculta la nieve.

En la blancura errante, sobre todo,

Esos frontones busco que se alzan

A un más alto nivel de la apariencia,

Desgarrando la bruma como si

Con ingrávida mano, el arquitecto

De aquí, vivir hubiese hecho

De un solo, gran trazo floral,

La forma que quería, siglo a siglo,

El dolor de nacer en la materia.


II

Y allá arriba, yo no sé si es la vida

Aún, o sólo la alegría que resalta

En ese cielo que no es ya de nuestro mundo.

Oh constructores

No tanto de un lugar como de un renacer de la esperanza,

¿Qué hay en el secreto de esos muros

Que frente a mí se apartan? Sobre ellos

Nichos vacíos es lo único que veo,

Caligrafías de las que, por la gracia

De los números, se esfuma

El peso del nacer en el exilio,

Pero la nieve en ellos se acumula,

A uno de ellos me acerco, el más bajo,

Hago caer un poco de su luz,

Y el prado, de pronto, está aquí de mis diez años,

Donde zumban abejas,

Lo que tengo en mis manos, esas flores y sombras,

¿Es casi miel, acaso? ¿Es un poco de nieve?


III

Avanzo entonces hasta el arco de una puerta.

Los copos danzan en el aire, borroneando

el límite entre el exterior y este salón

de lámparas encendidas: pero ellas mismas

una especie de nieve que vacila

entre lo alto, lo bajo, en esta noche.

Es como si estuviese ante un segundo umbral.


Y más allá un idéntico ruido de abejas

en el ruido de la noche. Lo que decían

Las abejas innúmeras del verano,

Parece reflejarlo el infinito de las lámparas.


Y yo querría

correr, como en los tiempos de la abeja, buscando

con el pie el balón blando, ya que acaso

duermo, y sueño, y voy por los caminos de la infancia.


IV

Pero lo que miro es un poco de nieve

endurecida, que se ha deslizado sobre las baldosas

y se acumula al pie de las columnas

a la izquierda, a la derecha, y que se adentra en la penumbra.

Absurdamente sólo tengo ojos para el arco

que este lodo dibuja en la piedra.

Uno mi pensamiento a lo que no

tiene nombre, ni sentido. Oh amigos míos,

Alberti, San Gallo, Brunelleschi,

Palladio que haces señas desde la otra orilla,

No os traiciono, sin embargo, avanzo,

La forma más pura es aún aquella

Que penetró la bruma que se esfuma,

La nieve pisoteada es la única rosa.

                                                            Versiones de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán

El pozo, las zarzas

Pero amamos esos pozos que velan lejos de las sendas

Porque nos preguntamos quién llega hasta su lado

Entre hierbas que las zarzas obstruyen, atraídos

Por las cúpulas que forman

Por sobre los matorrales, allí donde empieza

El país que sólo sabe de lo eterno;

Que se detiene cerca de ellos aún hoy,

Que los abre y se inclina en otro mundo.

El hierro oxidado resiste, rechina,

Queda en silencio cuando cae en la piedra

El palastro que separa ambos cielos.


Y no es sino un instante del estío, cuando

El grillo retorna asustado, más allá de la muerte,

Su canto que es materia hecha voz

Y quizás luz, pero para nada.

Notó que esas hierbas aplastadas,

Esas palabras, esta esperanza, no existieron

Más de lo que él (si así cabe nombrarlo) existe entre las zarzas

Que arañan nuestros rostros pero son sólo

La nada que araña a la nada en la luz.


El pozo

Oyes la cadena chocar en la pared

Al descender el balde en el pozo que es la otra estrella,

A veces la estrella vespertina, la que llega sola,

A veces el fuego sin rayos que aguarda en la mañana

Que pastor y bestias salgan.


Pero siempre el agua está encerrada en el fondo del pozo,

Siempre la estrella allí queda sellada.

Bajo las ramas descubrimos sombras:

Son los viajeros que pasan por la noche


Encorvados, la espalda bajo una masa negra,

Diríase, como si dudaran en una encrucijada.

Algunos parecen esperar, otros se borran

En un chisporroteo sin luz.


El viaje del hombre, de la mujer es largo, más largo que la vida,

Es una estrella al borde del camino, un cielo

Que imaginamos ver entre dos árboles.

El balde toca el agua, que lo alza,

Y es la alegría, luego la cadena lo abruma.


Una piedra

El verano pasó violento por las salas frescas,

Sus ojos estaban ciegos, su flanco desnudo,

Gritó, y el llamado trastornó el sueño

De los que allí dormían en lo simple de su día.


Se estremecieron. Cambió el ritmo de su aliento,

Sus manos abandonaron la copa del sueño.

Ya el cielo otra vez volvía sobre la tierra,

Llegó la tormenta de las siestas de verano, en lo eterno.

                                                                                                Versiones de Ida Vitale


                                                     

Una piedra


Hace dos o tres años,

Yo me sentía plena. No me igualaban

Ni los astros, ni los ríos ni los bosques.

La luna se desconchaba sobre mis ropas grises.


Mis ojeras

Iluminaban los mares bajo sus bóvedas de sombra,

Y mis cabellos eran más amplios que este mundo

De ojos vencidos, de gritos que no me alcanzaban.


Gritan las bestias nocturnas: ese es mi camino,

Puertas negras que se cierran.


El único testigo

Luego de librar su cabeza a las llamas bajas

del mar, de perder sus manos

en su profundidad ansiosa, luego de arrojar

a las materias acuáticas su cabellera;

muerta ya, pues morir es ese camino

de verticalidad bajo la luz,

y ebria aún, incluso muerta: yo fui,

ménade consumada, gozo pétreo y pérfido,

el único testigo, la única presa cautiva

en las redes de tu muerte que fueron arenas

peñascos o calor, tu signo, me decías.


Nombre verdadero

Nombraré desierto el castillo que fuiste

noche esta voz, ausencia tu rostro,

y cuando te derrumbes en la tierra estéril

nombraré nada al relámpago que te arrebató.


Morir es un país que amabas. Llego

siempre por tus sombríos caminos,

destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria,

soy tu enemigo y no tendré piedad.


Te nombraré guerra y me tomaré

contigo las libertades de la guerra y sostendré

en mis manos tu rostro oscuro y surcado,

y en mi corazón ese país que ilumina la tormenta.

                                                                            

Versiones de Una Pérez Ruiz

La Imperfección es la cima

Habría que se debería destruir y destruir y destruir,

Habría salvación solamente a ese precio.


Arruinar la faz desnuda que entre el mármol asciende,

Toda forma martillar toda belleza.


Amar la perfección por que ella es el umbral,

Pero negarla apenas conocida, olvidarla muerta,


La imperfección es la cima.

¿Qué asir sino lo que se escapa?


¿Qué asir sino lo que se escapa?

¿Qué ver sino lo que se obscurece?

¿Qué desear sino lo que muere

Sino lo que habla y se desgarra?


Palabra próxima a mí

Qué buscar sino tu silencio,

Qué resplandor tan profundo

Tú amortajada conciencia,


Palabra, ¿dique material

Sobre el origen y la noche?


Para la Tierra del Alba

Alba, hija de las lágrimas, reestablece

La habitación en su paz grisácea

Y en su orden al corazón. Tanta noche

Pedía al fuego que decline y se acabe,

Más nos vale velar cerca del rostro muerto.

Apenas se ha movido… ¿El navío de las lámparas

Entrará al puerto que lo había llamado,

Aquí, sobre las tablas, la flama hecha ceniza

Crecerá más alta en otra claridad?

Alba, toma, levanta el rostro sin sombra,

Colorea poco a poco el tiempo recomenzado.


El Libro, para Envejecer

Estrellas trashumantes, y el pastor

Encorvado sobre la felicidad terrestre, tanta paz,

Irregular, como ese grito de insecto,

Que un pobre díos trabaja. El silencio

Subió desde tu libro hacia tu corazón.

Sin ruido se mueve un viento entre los ruidos del mundo.

A lo lejos sonríe el tiempo, por cesar de ser.

Los frutos maduros son simples en el vergel.


Envejecerás

Y, descolorido entre el color de los árboles,

Haciendo la sombra más lenta sobre el muro,

Siendo, y del alma al fin, la tierra amenazada,

Retomarás el libro en la página marcada,

Dirás, Pues bien, eran las últimas palabras obscuras.

                                                                     Versiones de César Vásconez Romero


Hic est locus patriae

Los árboles llenaban el lugar de tu sangre;

el cielo se rasgaba, demasiado cercano

para ti; otros ejércitos vinieron, oh Casandra,

y nada pudo ya resistir a su abrazo.

Aquel que regresaba se apoyó sonriendo

en la copa de mármol que adornaba el umbral.

Cae la luz en el sitio que llaman La Arboleda.

Era luz de palabra, fue noche de huracán.

                                                                                      Versión de de Enrique Moreno Castillo


Cubierta por el manto silencioso del mundo

Cubierta por el manto silencioso del mundo.

Marcada por los surcos de una araña viviente,

Sometida ya al devenir de la arena

Toda tú disgregada secreta inteligencia

Ataviada para un festín en el vacío

y desnudos los dientes como para el amor.

Manantial de mi muerte presente insostenible.

                                                                       Versión de Patricia Martínez García



Pero que se calle esa que vela


Pero que se calle esa que vela todavía

En el hogar, su rostro caído entre las llamas

Que permanece sentada, careciendo de cuerpo


Que habla de mí con los labios cerrados,

Que se levanta y me llama, careciendo de carne,

Que se aleja abandonando su cuerpo dibujada,


Que ríe siempre, habiendo muerto la risa hace tiempo.


A menudo en el silencio

A menudo en el silencio de un abismo

Oigo – o deseo oír , no sé-

Un cuerpo que cae entre las ramas. Larga y lenta

Es esta caída; ningún grito

Viene nunca a interrumpirla y darle fin.


Entonces pienso en las procesiones luminosas

En un país que no nace ni muere.


Te acostarás sobre la tierra

Te acostarás sobre la tierra sencilla,

¿Quién te dijo que te pertenecía ?


Desde el cielo inmutable, la luz errante

Volverá a comenzar la eterna mañana.


Creerás renacer con las horas profundas

Del fuego negado, de fuego mal extinguido.


Pero el ángel vendrá con sus manos de ceniza

Para calmar la fiebre del día que nace.

Fénix

El pájaro irá al encuentro de nuestras cabezas.

Para él se alzará un hombro sangriento.

Cerrará alegre sus alas sobre la cima

De tu cuerpo, el árbol que tú ofrecerás.


Cantará largo tiempo alejándose entre las ramas

La sombra vendrá a marcar los límites de su grito.

Pero rechazando toda muerte inscrita en sus ramas

Se atreverá a traspasar las crestas de la noche.

  (Fuente: http://atlasdepoesia.blogcindario.com. No se menciona a los traductores)


El jardín

Nieva.

Bajo los copos la puerta

Abre por fin al jardín

De más que el mundo


Avanzo. Pero se engancha

Mi bufanda al hierro

Oxidado, y se desgarra

En mí la tela del sueño.


Virgen de la Misericordia

Todo, ahora,

Al abrigo

Bajo tu manto leve

Sólo de bruma y bordados

Señora de la misericordia de la nieve


Contra tu cuerpo

Duermen, desnudos,

Los seres y las cosas, y tus dedos

Velan con su claridad esos párpados cerrados.

Un poco de agua

A este copo

Que se posa en mi mano, deseo

Asegurarle lo eterno

Haciendo de mi vida, de mi calor,

De mi pasado, de estos días de ahora,

Un instante simplemente, un instante,


Pero ya no es más

Que un poco de agua, que se pierde

En la bruma de los cuerpos que andan en la nieve.


Las manzanas

¿Y qué habrá que pensar de esas manzanas

amarillas? Ayer

sorprendían desnudas, por su espera.

tras la caída de las hojas.


Hoy hechizan por cómo

un ribete de nieve

en sus hombros subraya

su modestia.


Temprano, esta mañana…

Temprano, esta mañana, la primera nevada. El ocre, el verde

Se refugian debajo de los árboles.


La segunda, a las doce. Del color

Sólo quedan

Las agujas de pino

Que caen, también ellas, más tupidas a ratos que la nieve.


Luego, de atardecida,

El astil de la luz se inmoviliza,

Las sombras y los sueños tienen el mismo peso.


Sólo un poco de viento

Escribe una palabra con la punta del pie

Fuera del mundo.


Atardecer

Rayas azules, negras.

Los surcos que se encaran a la base del cielo.

La cama, vasta y rota como el río crecido.

- Mira, se hace de noche,

Y el fuego a nuestro lado habla en la salvia eterna.--


Los caminos

Caminos, entre

La masa de los árboles. Dioses, entre

El espesor del canto incansable de pájaros.

Y tu sangre enarcada bajo una mano pensativa,

Oh mi luz toda, oh próxima.


Quien recogió en las altas

Hierbas el herrumbroso hierro, no olvida ya

Que en los grumos metálicos la luz puede prender

Y consumir la sal de la duda y la muerte.


HAROLD PINTER


Londres, 1930) Dramaturgo y poeta británico, considerado el máximo exponente del arte dramático inglés de la segunda mitad del siglo XX, premio Nobel de Literatura en 2005.

Harold Pinter nació el 10 de octubre de 1930 en el barrio de Hackney, en el popular East End londinense, en el seno de una familia judía. Al estallar la II Guerra Mundial fue separado de sus padres y evacuado a la campiña inglesa. Aquella separación, traumática para él, iba sin embargo a alimentar su imaginación y la mirada introspectiva de su teatro.


En 2002 sufrió una operación de cáncer y ese mismo año, durante su discurso como doctor 'Honoris causa' por la Universidad de Turín, se declaró claramente en contra de la guerra en Irak. Durante años denunció el bombardeo de la OTAN sobre Serbia o la guerra de Irak, que le llevó a calificar a Tony Blair, presidente del Gobierno británico de "idiota iluso" y a equiparar con el régimen nazi al gobierno estadounidense de Bush, al que

calificó de "asesino de masas".

Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2005 por sus "obras, en las que descubre el precipicio en los balbuceos cotidianos y las fuerzas que entran en la opresión de los espacios cerrados".

Contrajo matrimonio con la escritora Antonia Fraser. Casado en segundas nupcias con una historiadora.

Harold Pinter falleció en Londres el 24 de diciembre de 2008.

http://www.buscabiografias.com/bios/biografia/verDetalle/9487/Harold%20Pinter

Los últimos poemas de Harold Pinter (1930-2008

Células del cáncer

“Las células del cáncer son las que se olvidan de cómo morir.”

(Enfermera, Hospital Royal Marsden)

Se olvidaron de cómo morir

Y entonces estiran su tiempo de matar.

Mi tumor y yo peleamos a fondo.

Esperemos que no sea una muerte doble.

Necesito ver muerto a mi tumor

Un tumor que se olvida de morirse

Y en vez planea asesinarme.

Pero yo sí me acuerdo de cómo morirme

Aunque todos mis testigos estén muertos.

Pero yo me acuerdo de lo que dijeron

De tumores que los dejarían

Tan ciegos y tan sordos como eran

Antes del nacimiento de esa enfermedad

Que puso los tumores en acción.

Las células negras se van a secar y morir

O a cantar con alegría y hacer la suya.

Se reproducen tan en silencio día y noche,

Uno nunca sabe, ellas nunca dicen.                                            Marzo 2002



La muerte puede estar envejeciendo

La muerte puede estar envejeciendo

Pero todavía tiene palanca

Pero la muerte te desarma

Con su límpida luz

Y es tan astuta

Que nunca te enterás

Dónde te espera

Para seducir tu voluntad

Y dejarte desnudo

Cuando te arreglás para salir

Pero la muerte te permite

Acomodar tus horarios

Mientras chupa la miel

De tus flores favoritas

Abril de 2005

                      POEMA


Las luces centellean.

¿Qué pasará después?


Ha caído la noche.

Deja de llover.

¿Qué pasará después?


Se adentra la noche.

Él no sabe

qué le voy a decir.


Cuando se vaya

susurraré una palabra

y diré lo que estaba a punto de decir

en el encuentro a punto de ocurrir

y que ahora ha sucedido.


Pero él no dijo nada

en el encuentro a punto de ocurrir.

Es sólo ahora que se vuelve y sonríe

y susurra:

“No sé

qué pasará después”.


                                FANTASMA

      Sentí suaves dedos en mi garganta

Parecía que alguien me estaba estrangulando


Los labios eran duros y al mismo tiempo dulces

Parecía que alguien me besaba


Mis huesos vitales estaban a punto de quebrarse

Me miré en los ojos de otro


Vi que era un rostro que conocía

Un rostro tan apacible como grotesco


No sonreía no lloraba

Sus ojos eran grandes y blanca su piel


No sonreía no lloraba

Levanté mi mano toqué su mejilla


                                  


  DIOS


Dios tanteó su corazón secreto,

buscaba una palabra

para bendecir la muchedumbre en la tierra.


Mas busca y busca como puede

e implora a los fantasmas que resuciten

pero al no escuchar una canción en ese recinto

se descubrió con un dolor que lo quemaba dolorosamente

no tenía bendición que ofrecer.


             LOS VENTRÍLOCUOS

           Envío mi voz a tu boca

Tú me regresas el cumplido


Soy el conde de Cannizzaro

Tú eres Su Real Alteza la Princesa Augusta


Yo soy la cadena taumatúrgica

Tú sostienes la copa y las cartas de la ópera


Te conviertes en la canción improvisada

Yo soy tu tutor


Eres mi semilla invisible

Soy Timour el Tártaro


Eres mi artificio curioso

Soy tu cajita encantada


Soy tu muñeco aturdido

Tú mi aturdido maniquí


                    ENCUENTRO

      Son los muertos de la noche

Los que han muerto desde hace mucho vigilan

a los nuevos muertos

y caminan hacia ellos


Se escucha un latido suave

mientras los muertos abrazan

a aquellos que han muerto hace tiempo

y caminan hacia ellos


Lloran y se besan

cuando se encuentran de nuevo

por primera y última vez


                                        MENSAJE

        Jill. Fred llamó. No puede venir esta noche.

Dijo que llamaría otra vez, tan pronto como pueda.

Yo dije (de parte tuya) Bien, no hay problema.

Quería que te dijera que estaba bien,

la misma mierda, dijo, tú sabes, jode,

la mierda con la que hay que lidiar.

A veces no eres más que un inodoro andante.


Yo misma estaba familiarizada con la peste,

le dije, y le aconsejé calmarse.

No dejes que los estúpidos te depriman,

quítale la tapa a la olla un par de minutos,

vete al pueblo, incinera a alguien,

búscate otra puta, dale unos cuantos martillazos,

vive mientras seas joven, hasta que canse,

patea en los cojones al primer ciego que encuentres.


De todas formas él llamará otra vez.


Yo regresaré a tiempo para el té.


Tu madre que te quiere.


                     NO MIRES...


No mires.

El mundo está a punto de colapsar.


No mires.

El mundo está a punto de soltar toda su luz

y saturarnos en el foso tupido de su oscuridad,

ese negro, repleto y sofocado sitio

donde vamos a asesinar o morir o bailar o llorar

o gritar lloriqueando o chillar cual ratones

para renegociar nuestro precio de salida.


                       FÚTBOL AMERICANO

      ¡Aleluya!

Esto funciona.

Los hicimos cagarse.


Les sacamos la mierda de sus propios culos

y de sus malditos oídos.


Funciona.

Los hicimos cagarse.

¡Ellos ahogados en su propia mierda!


Aleluya.

Alabado el Señor por todas las cosas buenas.


Los hundimos en la maldita mierda.

La están comiendo.


Alabado el Señor por todas las cosas buenas.


Convertimos sus cojones en granitos de polvo,

en granitos de maldito polvo.


Lo hicimos.


Ahora quiero que vengas aquí y me beses en la boca.

 

                 RESTAURANTE

      No, estás equivocado.


Todo el mundo es tan hermoso

            como puede ser posible


Especialmente a la hora del almuerzo

            en un alegre restaurante


Todo el mundo es tan hermoso

            como puede ser posible


Y se conmueven

            con su propia belleza


Y por eso derraman lágrimas

            en el asiento trasero del taxi regreso a casa


                  LAS  BOMBAS

      Ya no hay más palabras que decir

Todo lo que nos queda son las bombas

que escapan de nuestra cabeza

Todo lo que quedan son las bombas

que nos chupan la última gota de sangre

Todo lo que nos quedan son las bombas

que pulen los cráneos de los muertos


   DIOS BENDIGA A NORTEAMÉRICA

           Aquí van otra vez,

los Yanquis con su desfile acorazado

cantando sus baladas de alegría

mientras galopan por el vasto mundo

alabando al Dios de Norteamérica.


Las cunetas están atestadas de muertos

Los que no pudieron unirse

Los otros que se niegan a cantar

Los que están perdiendo su voz

Los que han olvidado la melodía.


Los jinetes tienen látigos que hieren.

Tu cabeza rueda sobre la arena

Tu cabeza es un charco en la mugre

Tu cabeza es una mancha en el polvo

Tus ojos se apagaron y tu nariz

sólo olfatea el hedor de los muertos

y todo el aire muerto cobra vida

con la fragancia del Dios de Norteamérica.


              LA RELACIÓN ESPECIAL

           Las bombas estallan

Las piernas estallan

Las cabezas estallan


Los brazos estallan

Los pies estallan

La luz se apaga


Las cabezas estallan

Las piernas estallan

La lujuria crece


Los muertos están sucios

Las luces se apagan

Los muertos son polvo


Un hombre se inclina ante otro hombre

y chupa su lujuria


       REPORTE  METEOROLÓGICO

           El día empezará nublado.

Será un poco frío

pero mientras avance el día

el sol saldrá

y la tarde será seca y cálida.


Por la noche brillará la luna

y será muy luminosa.

Habrá, hay que decirlo,

un viento brioso

pero se apagará hacia la medianoche.

No pasará nada más.


Este es el último reporte.



Dos poemas de guerra de Harold Pinter

                                                                            Traducción de Miguel D´Escoto


DIOS NOS LIBRE DE LOS AMERICANOS


¡Dios nos libre del dio$ de los Americanos!

Aquí van de nuevo,

Los yankis y sus acorazados

cantando sus alegres baladas triunfalistas

Mientras galopan a lo largo y ancho de este mundo

Alabando al dio$ de las barras y estrellas.

Las alcantarillas están taqueadas con los muertos

Los que no pudieron incorporarse

Los otros que rehúsan cantar

Los que están a punto de quedarse mudos

Los que han olvidado la canción.

Los jinetes tienen lacerantes látigos.

Tu cabeza roda hacia la arena

Tu cabeza es un charco en la tierra

Tu cabeza es una mancha en el polvo

Tus ojos se han brotado y tu nariz

Olfatea sólo el tufo de los muertos

Y todo el aire estancado vive

Con el mal olor del dio$ de los Americanos.

22 enero 2003


DEMOCRACIA


No hay escapatoria.

Los Grandes Vergas andan al acecho

Buscando como joder a todos los que puedan.

Cuídate la espalda.

Febrero 2003



GOD BLESS AMERICA!


Here they go again,

The Yanks in their armoured parade

Chanting their ballads of joy

As they gallop across the big world

Praising America’s God.

The gutters are clogged with the dead

The ones who couldn’t join in

The others refusing to sing

The ones who are losing their voice

The ones who’ve forgotten the tune.

The riders have whips which cut.

Your head rolls onto the sand

Your head is a pool in the dirt

Your head is a stain in the dust

Your eyer have gone out and your nose

Sniffs only the pong of the dead

And all the dead air is alive

With the smell of America’s God.

January 22, 2003



DEMOCRACY

There’s no escape.

The big pricks are out.

They’ll fuck everything in sight.

Watch your back.


February 2003



http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5020-2008-12-28.html

http://www.haroldpinter.org/poetry/index.shtml

http://www.haroldpinter.org/home/index.shtml