José y los infanzones

Manuel De Sola en nombre de Joseph Navascués mayor sindico procurador general de a villa de Gallur, de quien con dicha calidad tengo y presento poder y de el usando ante V.E. parezco y como mejor proceda digo: que en la expresada villa de Gallur de pocos años a esta parte se hallan empadronados y puestos en la clase de hidalgos muchos vecinos de la misma que nunca se han reputado por tales ni para cosa alguna se les había considerado hasta de ahora exentos de aquellos cargos y obligaciones a que están sujetos y se precisa a los demás vecinos del pueblo sin que se sepa que para innovar en los empadronamientos haya habido otra razón que la mera voluntariedad del escribano con quien se han entendido los interesados, ni mi parte ni sus últimos antecesores han podido conseguir cosa alguna contra este abuso o porque los interesados se componían y valían del favor de los del ayuntamiento o porque los miembros de este, o alguno de ellos por lo regular estaban implicados en lo mismo y ha llegado a tanto este exceso que siendo antes corto el numero de infanzones que se conocían allí, en el día se denominan tales hasta veintiuna o mas familias y aunque entre ellas los de las familias de Ximenez, Ortega y Torres se hallan incluidos y los de Sinoeses*, Altura y Campos tienen firmas titulares y los San Martin, Bera y Blancas posesorias, todos los demás están sin documento alguno, a lo mas con algún testimonio que han podido com[…] trasladando de otros lugares a dicha villa de Gallur, pues mi parte aunque ha hecho no pocas diligencias para saber si era fundada la hidalguía que querían abrogarse, no ha podido conseguir otro mejor merito que se les calificare; siendo en virtud de todo esto tan notables los perjuicios que padecen el resto de los vecinos por quererse los otros substraer de las cargas que juntamente y con igualdad debían sufrir como los que se reputan y se han hallado y hallan constantemente empadronados entre los del estado llano e igualmente cierto que por más que mi parte haya propuesto los inconvenientes e injusticias que de esto se seguían al ayuntamiento de nada han servido sus quejas ni hay esperanzas de que en lo sucesivo sean atendidas (…)

AHPZ Real Audiencia 363/B18

*Sinués


Con estas razones, en agosto de 1780 José Navascués, representante del estado llano en el ayuntamiento de Gallur, pidió que se investigase a que viven en Gallur y se elaborase un nuevo padrón de Infanzones. Sospecha José, labrador acomodado de 60 años, que muchos de los que se autodenominan infanzones (nombre que recibían los hidalgos en el Reino de Aragón) no lo son en realidad y se han puesto de acuerdo con los encargados de elaborar el padrón para inscribirse como tales. Afirma que estas familias no tienen documentos que acrediten su condición pero aun así se libran de pagar los impuestos y, dado que son tantos, perjudican al resto del pueblo que tiene que pagar por ellos.

El caso es que al final todas las familias pasaron la prueba. Todas presentaron documentos y fueron inscritas en el nuevo padrón. La Real Audiencia respondió al ayuntamiento de Gallur preguntándose de donde haba sacado José Navascués la idea del fraude…pero lo cierto es que la reclamación no dejaba de tener sentido.

Durante la Edad Moderna, ser infanzón era un chollo del que muchos querían beneficiarse. Los infanzones tenían privilegios, como poder ejercer los principales oficios municipales (alcalde, etc) no ser alistado en las quintas y, lo más importante, no pagar impuestos. Había todo tipo de artimañas para conseguir entrar en este privilegiado grupo y la falsificación documental estaba a la orden del día. El número de hidalgos (versión castellana) e infanzones (versión aragonesa) no había dejado de crecer durante los siglos XVI y XVII debido a la numerosa concesión de mercedes reales durante ese tiempo y seguramente también al trabajo profesionales a los que no les importaba “arreglar” un árbol genealógico o falsificar un documento a cambio de dinero.

Por otro lado, como hemos dicho, Josef Navascués era un labrador acomodado, es decir, tenía dinero pero no tenía ningún título y por tanto, pagaba impuestos. Lo que él veía era que cada vez había más gente en el pueblo exenta y menos contribuyentes como él para repartirse las gravosas cargas. En 1785, el diputado del común Antonio Latorre (el mismo cargo que tenía Josef Navascués, con otro nombre) volverá a hacer hincapié en esta cuestión y en el quebranto que supone para las arcas públicas que haya tanta gente que se escape de contribuir.

¿En que se basaban las sospechas de Josef?¿Estaban bien fundadas?¿Se coló alguna falsificación entre los expedientes presentados a la Real Audiencia? De cualquier manera,  le salió el tiro por la culata. El padrón se rehízo, pero ahora con 26 familias. Tampoco les duraría mucho a estas el “chollo”, ya que con el siglo XIX iban a venir  importantes cambios políticos y sociales y pronto empezarían a desaparecer los privilegios nobiliarios. Pero esto Josef Navascués ya no lo vio: murió en 1802, diez años antes de la Constitución de Cádiz que hizo a los españoles por primera vez, iguales ante la ley.

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