El traje de seda

En Zaragoza dicho día veinte de septiembre del citado año tomé razón de la adveración de testamento de Miguel Blasco, marido de Pabla Orós, vecino del lugar del Burgo hecha en treinta de agosto del corriente año en el referido lugar delante de las puertas de su iglesia parroquial y ante el señor Juan de Urzola, alcalde del mismo lugar estando presentes el licenciado Don Mariano Bailón, cura de dicho lugar y Don Francisco Castel, medico, y Francisco Lasala, vecinos del mismo pueblo, por testigos por falta de notario estando enfermo y con peligro de morir hizo testamento en el mismo lugar a nueve de junio del corriente año el expresado Miguel Blasco en la forma siguiente (...)Item quiere que a su primo Francisco Lasala le den el vestido de seda.(AHPZ. Oficio de Hipotecas de El Burgo de Ebro. 5001-2 f.42v)

 


El 4 de junio de 1796 Miguel Blasco Salvador estaba tan enfermo que decidió hacer testamento. Murió poco después y como el testamento tuvo que hacerse sin notario fue adverado el 30 de agosto ante las puertas de la Iglesia de la localidad con el alcalde, el cura, el médico y otro vecino, Francisco Lasala, primo del finado como testigos.

Propiedades que deja en su testamento: Además de la fundación de aniversarios, para lo que obliga una casa, 5 sueldos a cada persona que tenga derecho y a su mujer, de gracia especial,  un campo de 3 cahices de tierra blanca sito en el llano, a modo de dote si quiere contraer nuevo matrimonio. Pabla queda además como heredera usufructuaria con la obligación de dividir sus bienes entre los cuatro hijos del matrimonio: Miguel, Iñigo, María y Raymundo. Y un vestido de seda que deja a su primo Francisco Lasala.

Aparte del hecho de facilitar a su mujer la tarea de encontrar un nuevo marido mediante la cesión de un campo, llama la atención la presencia de ese vestido de seda que se queda su primo Francisco y que nos habla de la importancia que en otra época tenían cosas a las que hoy no se da tanto valor. Hoy es raro encontrar prendas de vestir o ropa doméstica en un  testamento, salvo que el fallecido sea coleccionista de reliquias cinematográficas o trajes históricos de gran valor, pero si hablamos de otras épocas, uno de los principales documentos en los que informarse sobre las costumbres en el vestir son los notariales: en las capitulaciones matrimoniales, los inventarios o en los testamentos.

En esa época la mayoría de la gente no tenía más ropa que la que llevaba puesta y normalmente era ropa de mala calidad, que recibía numerosos remiendos. La mayor parte de las prendas estaban hechas de lino, lana y derivados.

A lo largo del siglo XVIII, propiciado  por la llegada de la familia Borbón a la Corona española van a cambiar drásticamente los gustos de la población española. Hay un creciente interés por la ropa como objeto de consumo, con más tipos de prendas, menos monotonía y más variedad en los colores. Se introducen en algodón y la seda  y las prendas son cada vez más vistosas, cómodas  y elegantes.

Aunque en el campo estos cambios se dan con menor intensidad que en la ciudad, si es cierto que el vestido siempre ha sido el primer signo de ostentación social y quien podía permitírselo se hacía con un traje bonito para las ocasiones especiales. Por lo menos uno, como el vestido de seda que Miguel poseía –y que nos habla de una familia acomodada- y que intuimos que era oscuro objeto de deseo de su primo. Porque lo sabía, porque lo intuía o porque tenía una especial relación con él, Miguel le dejo un bien que le sería muy preciado para él y que a partir de ahora su nuevo dueño ostentaría con orgullo.

Por otra parte hay que apuntar que Zaragoza fue un importante centro de producción sedera y, aunque esta importancia ha descendido todavía hay bastantes talleres que trabajan este material, cultivado en el Bajo Aragón, sobre todo Caspe, Híjar y Alcañiz. 

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