Las XL HORAS en la Parroquia Natividad de Ntra. Sra.

 

En nuestra Parroquia tendremos las XL HORAS el sábado 17, Domingo 18, Lunes 19 y Martes 20 de este mes de Enero. Horario de 9 de la mañana a 7 de la tarde de forma ininterrumpida. El Domingo empezaremos después de la Misa de la 1 de la tarde hasta las 8 de la tarde.

Las XL HORAS SON LA EXPOSICION MAYOR DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO PARA LA ADORACION DE LOS FIELES.

Las XL HORAS empezaron en Valencia en el año 1697 y hasta ahora hacían turnos sólo Iglesias de Valencia capital. Este año, por vez primera, hemos entrado nosotros a formar parte de esta cadena de Iglesias que tienen expuesto el Santísimo 4 días seguidos durante todo el día.

 

“Las Cuarenta Horas”

      

       Una exposición eucarística de importancia es la que lleva el nombre de las Cuarenta Horas  por referirse a las cuarenta horas durante las cuales el cadáver de Jesús estuvo en el sepulcro, según lo que escribe' San Agustín: A b hora mortis usque ad dilucu1um resurrectionis hora sunt quadraginta, ut etiam hora nona connumeretur. Esta prác­tica apareció en la primera mitad del 1500. Pero no está excluida la posibilidad de que naciese y se hubiera propagado de la antigua costumbre medieval, por nosotros descrita, de velar en la iglesia, desde el Viernes Santo hasta el nocturno de la noche de Pascua, delante del así llamado se­pulcro, donde .se colocaban o se sepultaban la cruz y la hostia consagrada. Esta, sin embargo, no era del todo vi­sible, sino que estaba cerrada en la llamada custodia.

       En el año 1527, en Milán, un fervoroso misionero, Gian Antonio Bellotti, predicando .la Cuaresma en la iglesia del Santo Sepulcro, persuadió a los fieles a que permanecieran en oración durante cuarenta horas continuas delante del Santísimo Sacramento con el fin de impetrar de Dios mi­tigara el azote de la guerra que les oprimía. Y la piadosa práctica quiso que se renovara cuatro veces durante el año: en Pascua, Pentecostés, la Asunción y Navidad. A los dos años fue admitido el rito en la catedral de Milán por obra del dominico español Tomás Nieto, famoso predicador, quien consiguió que en todas las iglesias parroquiales de la metrópoli lombarda se estuviera durante cuarenta horas en oración delante del tabernáculo. El Sacramento no se ex­ponía todavía velado en un ostensorio ni recibía especial obsequio de luces y flores. Del sagrario mural o de la sa­cristía, donde entonces solía conservarse, era llevado al altar, y permanecía allí hasta la terminación de la ora­ción.

       Es muy controvertido, sin embargo, cuándo y por obra de quién se comenzó a exponer visiblemente a los fieles en la forma solemne que prevaleció después en todas partes. Hay quien asigna el año 1534, en Milán, como iniciador al bar­nabita P. Bono de Cremona, compañero de San  Antonio M. Zacarías, que instituyó las Cuarenta Horas en Vicenza. Hay quien lo coloca en el año 1537, atribuyendo el mérito al capuchino lombardo P. Giuseppe Piantanida de Fermo, hombre apostólico, que, aprovechando sus misiones, la hizo conocer más tarde en Milán, Pavía, Siena, Arezzo y Gubio. Es cierto de todos modos que fue el último en introducir la feliz novedad de que las Cuarenta Horas, terminando en una iglesia, pasasen inmediatamente a otra, resultando así una oración eucarística ininterrumpida. En el año 1539, la nueva práctica, a instancias del vicario general de Milán, fue reconocida por Paulo III, que le concedió las primeras  indulgencias. San Carlos Borromeo en el primer concilio provincial (1565) la confirmaba y la organizaba establemente en Milán.

       Roma comenzó a practicar las Cuarenta Horas hacia el año 1550 por obra de San Felipe Neri, que lo introdujo  como uno de los principalísimos ejercicios de su Cofradía de los Peregrinos, y contribuyó no poco con los cantos con que supo enriquecerla a dar vida a aquellos conciertos musi­cales sagrados, cuya memoria se perpetúa en los «orato­rios» de tantos compositores ilustres. Sin embargo, la or­ganización oficial de las Cuarenta Horas en la Urbe no tuvo lugar hasta el año 1592 con la constitución Graves et diu­turnae, de Clemente VIII, que decía así:

        «Nos hemos decretado-dice el Papa- el establecer oficialmen­te en esta ciudad una cadena ininterrumpida de plegarias, por la cuál, en diversas iglesias y en determinados días, se celebre la piadosa y saludable devoción de las Cuarenta Horas, de forma que en cada hora del día y de la noche en todo el año suba con­tinuamente al trono de Dios el incienso de la plegaria».

       En el mismo documento, el pontífice exponía cuál era el fin de tal devoción, es decir, la concordia entre los prín­cipes cristianos y la paz entre las naciones. Por esto en la Instructio Clementina, dada por Clemente XII en 1731, como reglñ rubrical de las Cuarenta; Horas se, prescribía que la misa que se debía cantar en el segundo día fuese la votiva pro pace.

       Las Cuarenta Horas en la forma precisa de su ins­titución, es decir con un turno anual de adoración ininterrumpida de iglesia en iglesia, son posibles solamente en las grandes ciudades, donde existe abundancia  de iglesias y de adoradores. Estas se conservan todavía en Roma, Mi­lán y Génova, así como en Liverpool y Westminster.

       De una forma, sin embargo, esporádica y menos dura­dera, excluída siempre la adoración nocturna, florecen en muchísimas parroquias de Italia y de otras naciones, en don­de fueron generalmente introducidas desde los siglos XVII-­XVIII, fijándolas en los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza con la Finalidad particular de oponer una función reparadora a los abusos de carnaval. La iniciativa de este servicio eucarístico partió de Macerata delle Marche en el 1556.

      En el carnaval de aquel año, queriéndose representar en el teatro una  comedia obscena, dos misioneros jesuitas, para retraer y apartar de allí a la gente más sana del pue­blo, concibieron la idea de exponer durante Cuarenta ho­ras el Sacramento con todo lujo de flores y luces como expiación y penitencia. La prueba resultó de maravilla; el pueblo, despertada la fe, no dudó en preferir la iglesia a la escena.

       El piadoso ejercicio encontró buen ambiente; se exten­dió rápidamente primero en las casas y colegios de la Com­pañía, después en las iglesias y en las parroquias, en las que todavía actualmente se celebra como acto de amor y de solemne reparación a Jesús Sacramentado.

 

Historia de la Liturgia

M. Riguetti

Tomo II, BAC

Punto 351 (pags. 543-546) “La Exposición del Santísimo Sacramento”

 

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