¿Qué van a hacer conmigo?
Yiyun Li

Es cierta, esta historia que les voy a contar.

Corría el año 1968. La joven tenía diecinueve años y era secretaria de la Liga Juvenil Comunista de su clase, en el instituto de su ciudad, en la provincia de Hunán, China. Ustedes probablemente no conocen nada sobre Hunán, pero seguro que ha oído algo de una persona natural de esta provincia, el Presidente Mao, nuestro padre, líder, salvador, nuestro dios y nuestro dictador.

Así que era 1968 cuando una chica de Hunán de diecinueve años después de ver como eran golpeados y condenados a muerte muchos hombres y mujeres, por parte de sus compañeros de la Guardia Roja, expresa sus dudas sobre la Revolución Cultura que el Presidente Mao había comenzado dos años antes, en una carta que dirige a su novio, que estaba sirviendo en el ejército. Él le pasó la carta al oficial de la compañía. El oficial informó a sus superiores, quienes enviaron un telegrama al Comité Revolucionario de su ciudad. Tres días más tarde, la arrestaron...

Permaneció diezaños en prisión, diez largos años durante los cuales escribió a los oficiales de todos los niveles apelando por su causa. Las cartas se guardaron como evidencias de su falta de ganas por reformarse,y diez años más tarde, en una revisión de su proceso, fue sentenciada a muerte.

Fue ejecutada de un tiro en la primavera de 1978, dos años después de la muerte del Presidente Mao. Cientos de personas asistieron a la ejecución en un estadio local. Una bala le quitó sus veintinueve años de vida, y este es el final de la historia.

Pero hay más

Por que todavía tengo que contarles lo que aconteció antes del desenlace. Minutos antes de la ejecución una ambulancia entró veloz en el estadio, y varios sanitarios bajaron de ella. Yo les llamo sanitarios por que no sé si eran doctores o no. ¿Los doctores matan? Pero estos sanitarioseran profesionales, eficientes. Trabajaron rápido con el fin de no retrasar la ejecución, ellos extrajeron los riñones de la chica. Sin anestesia.

La bala solamente entró en su cerebro después de que los riñones fueran extraídos. El cerebro fue castigado.Los riñones fueron amnistiados, volaron a un hospital de lacapital de provincia, y transplantados a un anciano. El hombre era el padre deun miembro del Comité Revolucionario de la Provincia. Los riñones le salvaron,pero no sé por cuantos años.

Ya les dije que estahistoria no terminó cuando murió el cerebro,hay más.

Por quetodavíatengo que contarles que le sucedió al cuerpo de la joven, al que le faltaban los riñones. Como los familiares de muchos contrarevolucionarios, su familia pagó la bala con la que le quitaron la vida. Veinticuatro céntimos, el precio de una loncha de jamón en 1978. Firmarony pagaron la bala, pero no se atrevieron a recoger el cuerpo después de la ejecución. El cuerpo de la joven fue abandonado a las afueras de la ciudad, en un lugar donde merodean perros salvajes,cuervos y otros carroñeros. Se les anticipo un guarda de cincuentisiete años.Cuando más tarde, se descubrieron en su casa los tarros, él admitió haberla violado. Despuésamputó sus órganos sexuales y los conservó en formol para su colección.Lo sentenciado a siete años de prisión.

Pero la historia, les tengo que decir -ustedes ya se lo están imaginando – pero la historia, les tengo que decir que no termina aquí.

En la ciudad de la provincia de Hunán, antes de la sentencia final de la joven, hubo personas que intentaron organizarse y apelar por ella. Ellos no consiguieron parar la ejecución y pasaron a luchar ya no por su vida, sino por su inocencia. Ping-Fan, rehabilitado, es como se lellama, en nuestro país,como en otras naciones comunistas, la inocencia no venía determinada por el comportamiento sino por la tolerancia al comportamiento en cada momento.Crecí leyendo historias de rehabilitados en los periódicos y revistas, personas que habían sido etiquetadas como contrarevolucionarios durante diez, veinte, o incluso treinta años, y ahora eran readmitidos a nuestra familia comunista. Alguno de ellos con vida, pero la mayoría de elloscuando fueron rehabilitados hacía tiempo que estaban muertos. Aun así, la readmisión en la sociedad era celebrada por los miembros de la familia. Como ven, en nuestro país, las historias no terminan con la muerte.

Regresando a la ciudad de Hunán, hubo gente que solicitó restituir la reputación de la joven a título póstumo. Cientos de personas se concentraron para protestar, y cada uno de ellos fue castigado al finalizar, años de prisión para unos, despido o suspensión en el trabajo para los más afortunados. Una de ellas, una mujer de treintidós años, que organizó la protesta y madre de un niño de dos años, fue sentenciada a muerte. Ella firmó la sentencia y se cuentaque tirando la plumadijo “¿Por qué tanto miedo la muerte? ... Todos morimos”

No estoy segura de cómo contar la historia que quiero contarles. A veces cuando pienso en la historia, se me convierte enun grotesco calidoscopio que gira con sus piezas y colores que asustan mis ojos. A veces tengo que cerrarlospara no ver. Y cerrar los ojos de mi mente para dejar deimaginar: La limpia incisión cuando el escarpelo cortó la piel, la rápida desinfección de los riñones, el pequeño intervalo entre la operación y la muerte, los padres que perdieron no solamente la vida de su hija sino también su cuerpo, o el niño que creció sin conocer a su madre y que tuvo que agradecer al gobierno, cinco años más tarde, que fuera rehabilitada.

¿Por quétanto miedo la muerte? No tengo la respuesta. Huyo de la muerte de dos jóvenes mujeres porque yo solamentetengo suficiente coraje para hablar de estas historias vividas – por ejemplo, la audiencia que llenó el estadio y vio a la joven sufrir y morir. La ejecución debió ser por la mañana como todas las ejecucionesque se han realizado en mi país durante cientos de años. El público acudió al estadio antes de ir a trabajar o marcharon al estadio desde las distintas unidades de trabajo cantando marchas chinas y soviéticas.

Intento ver el mundo a través demis ojos de 1978. Aquella primaveratenía cinco años y medio, una chica problemática en la guardería,me tenían manía todas las Tiítas, que era como llamábamos a las cuidadoras [1]. Una, la Tiíta Wang,me odio de forma especial. Yole odiaba más que lo que he odiadoa cualquier otra persona en mi vida. Siempre era la primera que dejaba de jugar y acudía a ella cuando nos llamaba.Allí permanecía mirándola a los ojos, esperando que elogiara mi rapidez... Pero ella al darse cuenta, me acariciabami cabeza con su ruda mano diciéndome“Deje de mirarme de esa manera, sé que lo hace para que creaque es una buena niña, pero no piense que me va a engañar”

Yo intentaba no gritar en el juego,no sabiendo que lo que en verdad le encolerizaba era mi mirada fija y profunda.La Tiíta Wang dio media vuelta y le dijo a otra: “Esta niña hace lo que le da la gana”, la otra tiita asintió.

Yo no sabía que significaba aquello. No tengo nada que agradecer a Tiíta Wang, ni una sonrisa, ni un elogio, ni siquiera que dejara de chillarme cada vez que yo era el líder de la guerrilla. En la guardería nuestro juego favorito era “jugar a la guerra”, los chicos combatían como guerrilla masculina, las chicas como combatientes de la guerrilla femenina [2]. Nuestro enemigo eran los invasores japoneses, el ejercito reaccionario nacionalista, soldados americanos en Corea o Vietnam, escondidos en las casas y los árboles, en los arcenes y en los matojos. Yo siempre era el líder de la guerrilla, pues yo creabalas historias de nuestros juegos, la responsable de retirarnos o de atacar.

Pero antes de ganar nuestra primera batalla aquella mañana, Tiíta Wang,me cogió del cuello y me obligó a detenerme:

“¿Qué está usted haciendo?” me dijo

Intenté no mirarla,respondí “Jugar a guerrillas”

“Hoy no se juega a guerrillas” dijo la TiítaWangy echó a mis compañeros que estaban conmigo “Ir a jugar a otra cosa”

Los chicos y las chicas se fueron. Yo intenté desaparecer, pero Tiíta Wang me retuvo con un grito atronador

“Usted ¿Le dije que se podía ir?”

”No”, y dijo “Ahora va a descansar toda la mañana. Siéntese de cuclillas aquí”.

Me puse de cuclillas entre la Tiíta Wangy otra que tejía un suéter de punto para su hijo.

Tiíta Wang reservó este castigo especial para mí. Otros niños estaban cinco o diez minutos parados sin jugar, pero ella me tenía en cuclillas al menos media hora.

Muchos años después leí en un artículo que, tener a los prisioneros de cuclillas durante horas, era una práctica de las prisiones militares. De cuclillas, haciendo que el peso del cuerpo descanse sobre los talones, con esta posición primitiva se provocatanto dolor comovergüenza, según dicho artículo.

Me pregunto si Tiíta Wang se inventó el castigo o si ella conocía esta práctica de castigo.De cualquier manera estuve en esta posición tan a menudo que pasó a no incomodarme. Si, mis piernas se endolorían, pero yo todavía podía ver a mis amigos pese a mis piernas dormidas. Podía ver a los chicos perseguirse unos a otros en círculos y a las chicas arrancando flores silvestres y briznas de hierba. No sabían jugar a guerrillas sin mí.

Suspiré, pero Tiíta Wang me pilló

“¿Por qué suspira? ¿Piensa que es injusto el castigo?”

“No”, le dije

“Mientes ¿Acaso no suspiró? Le oí, no es sincera ¿Me odia?”

“No” le contesté, intentando con dificultar aguantar las lágrimas

“Mentirosa, sé que me odia, y sé que hacer contigo” dijo Tiíta Wang

Estos diálogos se repetían con frecuencia en los recreos. Desconozco que hizo que Tiíta Wang fuera tan constante en sus torturas conmigo. ¿Se divertía cuidándome?, no sé la respuesta. Pasados los años, cuando ya estaba en América, mi madre se la encontró en una tienda. Tiíta Wang la reconoció enseguida y le preguntó por mí. Durante los cinco años siguientes se la encontró con frecuencia y cada vez preguntaba por mí, me pregunto si se acuerda por la misma razón que yo la recuerdo. Con frecuencia me pregunto sobre ello, nunca conoceré las verdaderas razones de su comportamiento conmigo, tendré que aceptar como única razón queyo era “muy mía”.

Así, un desafortunado día, en el que estaba castigada de cuclillas, llegó una patrulla de policía al descampadodonde jugábamos. En el centro de la explanada había dos postes metálicos. Por las tardes, cuando se proyectaba cine al aire libre, un trozo de tela blanco se colgaba entre los postes, y la gente se sentaba a ambos lados de la pantalla a ver las películas de guerra en las que se comentaba en voz alta las acciones heroicas de los actores

Durante el día el campo quedaba a merced de los hierbajos y losinsectos, por lo que me sorprendió la llegada del coche patrulla llamando a través de los altavoces a los vecinos a reunirse en diez minutos. Hombres y mujeres jubilados salían de los edificios de viviendas con sus sillas y taburetes. Algunos llevaban paraguas para protegerse del sol de la mañana. Sonó la sirena de un colegio próximo. Unos minutos más tardes los estudiantes de todos los cursos salían rápidamentedel edificio, empujando y gritandoe ignorando las órdenes de los profesores.

Estaba tan excitada con lo que sucedía que olvidé permanecer en cuclillas. De pie intentaba ver a mi hermana entre los alumnos del colegio. Inmediatamente Tiíta Wang vino y meagarro para ponerme de nuevo en tierra. Estaba asustada, pero ella no tenía tiempo para regañarme. Me puso en el extremo de la cuerda larga a la que nos agarrábamos cuando salíamos de la guardería.Me cogí de la cuerday comencé a patear como hacían los demás niños esperando que nos sacaran de nuestro patio de juegos. Mientras caminábamos los hombres y las mujeres nos acariciaban las mejillas. Otros, jóvenes llegaron de distintos centros de trabajo. Nosotros nos sentamos en la hierba delante de todos. Unos trabajadores construyeron un escenario temporal con cañas de bambú y tablones de madera. Los alumnos del colegio se sentaron detrás de nosotros.Yo miraba hacia atrás para ver a mi hermana, en la segunda fila y le hacía muecas y burlas pues ella no estaba tan cerca como nosotros del escenario. Mientras esperábamos, las Tiítas charlabany se pasaban una bolsa que contenía aperitivos de tofu seco. Cogí una hormiga negra y la puse en la palma de mi mano, haciéndola caminar sobre mis dedos, a veces mis padres me decían que no lo hiciera puesmis manos estaban demasiado calientes para lashormigas y podrían tener fiebre si andaba sobre mis dedos. Observaba a la hormiga que buscaba de forma febril salir de mi mano. Cuando me cansé de la hormiga la tiré con el dedo aterrizando en el cuello de Tiíta Wang que estiba sentada cerca. Contuve la respiración, pero ella no miró a su alrededor. Vacilé y grite para advertirle “Tiíta, Tiíta”

“¿Qué?” Contestó girándose “usted de nuevo, levántese y póngase de cuclillas, y guarde silencio” Me levanté y tuve cuidado de que no me viera mi hermana para que no dijera queme habían castigado otra vez.

El furgón entró en el descampado al tiempo que yo intentaba mantenermede cuclillas... Los policías, vestidos con uniformes blancos como la nieve descendieron. Entonces cuatro hombres, todos caminando de forma pesada por las cuerdas, abandonaron el furgón y fueron conducidos al escenario. Dos policías estaban parados detrás de cada uno de ellos, obligándoles a bajar la cabeza. Un oficial de policía con un megáfono entró en el estrado anunciando que cuatro gamberros contrarevolucionarios habían sido sentenciados a muerte y la sentencia sería ejecutara después de que desfilaran todos los vecinos del distrito. Después levantando el puño gritó “Muertelos gamberros contrarevolucionarios”.

Las Tiítas nos hicieron una señal, y yo levanté el puño de cuclillas. Nosotros gritamos la consigna con los alumnos de primaria,los jovenes detodas las unidades de trabajo y los jubilados quienes ya habían comenzado a retirarse con sus sillas.Escoltaron a los detenidos de nuevo al furgón que minutos más tarde abandonó el lugar lo conduciría al siguiente lugar de reunión. Me sentí decepcionada por la brevedad del acto. Tiíta Wang vino hacia mí y puso la mano sobre mi cabeza y me dijo “¿Has visto? Si continuas así un día terminaras siendo una criminal. ¡Bang!” Dijo, mientras que con su dedo simulaba el disparo de una pistola“Esto es lo que te harán”

Así que yo podía haber estado en el estadio de Hunan, con cinco años o con setenta y cinco años, una niña atrapada en su infelicidad o un anciano ya cansado de unalarga mañana, ¿Veo la lucha violenta de la joven con los sanitarios que intentaban inmovilizarla? ¿Escucho los gritos que salen de su boca amordazada?

No, no lo vi, ni lo oí. Dormitaba en mi aburrimiento. Desperté para ver a otro hombre, un joven aldeano, en un tribunal provincial de China central, de pie decía por el micrófono “Quedé huérfano, soy analfabeto, desconozco como ser una buena persona. Prometo aprender a ser un hombre de provecho. Os pido que me escuchéis”

Era el invierno de 1991, yo era un estudiante de primer cursode la Universidad de Beijingy me encontraba a mitad del año del “lavado de cerebro”, en un campamento militar en China central. La Hardvard de China, como se autoproclamaba la Universidad de Beijing, había sido el foco de todos los movimientos estudiantiles chinos incluido el de la Plaza de Tian’anmen de 1989 que terminó en una matanza. Durante los cuatro años siguientes, con el fin de inmunizar a los nuevos estudiantes que entraban en la universidad de esa enfermedad llamada “Libertad” durante un año se les hacía un lavado de cerebro o como se le llamaba entoncesse les reeducaba políticamente.

Mi estancia con los militares me hizo pensar en mi misma como una víctima del régimen. Odiaba tener que utilizar los servicios sin puerta. Odiaba tener que escuchar a los oficiales enfadados llamándonos “gatas salvajes en celo” por habernos sorprendido cantando una canción de amor en un descanso o “perros vagabundos americanos” cuando nos pillaban leyendo en inglés en la clase de Educación Política, escupían en nuestras caras. El odio mantenía nuestra esperanza. El odionos alimentaba en lugar del guisado de rábanos que nunca llegó a nuestros estómagos. El odionos hizo desafiar, en público y privado,las órdenes que nos daban los oficiales. El odio nos ayudo a aguantar con dignidad los castigos.

El odio daba significado a nuestras vidas¿Qué podía satisfacer mas a unos chicos y chicas de dieciocho y diecinueve que sentir en su interior como crecía como crece una masa con levadura?

Un día de invierno me senté en medio, de mis colegas víctimas, dentro de mi uniforme verde oscuro en un teatroque servía como tribunal a tres jóvenes. Nos enviaron para escuchar un juicio para aprender como los ciudadanos deben observar la ley. En el estradoestaba un juez, un fiscal, un jurado compuesto por una única persona, y dos ayudantes que levantaban acta del juicio. Los tres acusados estaban separados: Desde donde estaba no podía ver sus caras, y tampoco me preocupé en mirar.

Cerré mis ojos una vez nos mandaron sentarnos. Dormité durante la declaración del fiscal, hablaba un dialecto local que me costaba entender, me perdí en mis sueños hasta que me despertó un ligero golpe en el hombro que me dio con su correa el oficial que vigilaba el pasillo. Me estiré y miré el estrado. El juez preguntaba, y el acusado contestaba

“¿Qué han hecho estos hombres?” Pregunté susurrando a la muchacha del costado“Han robado un tren” contesto la chica “no estoy segura”. Cerré los ojos, no tenía curiosidad por que habían robado o que habían hecho en el tren. No vi nada de interés en ninguno de los tres hombres. El oficial de nuevo me despertó. Durante un rato estuve mirando la nuca de la que estaba sentada delante de mí, y de la que estaba delante de ella. Después baje la mirada por los hombros hasta llegar al respaldo de la silla donde con tinta débil se podía leer “Wang San come mierda de perro”.

Me reí al leerlo y se lo señale a la chica de al lado quien sonrió. Entonces el más joven de los tres criminales delante del micrófono con un profundo acento mandarín dijo: “Quedé huérfano, soy analfabeto, no sé ser un buena persona, prometo aprender a ser un buen ciudadano. Por favor escuchadme”. Reí y susurrando le pregunté a mi condidente “¿Qué hace?” “Pienso que el juez le ha preguntado si quiere decir algo en su defensa” “¿y esta es su defensa?” “seguramente” “¿Qué espera que hagamos?”Dije finalmente y nos reímos levemente, diciendo adiós al hombre y a la pintada del respaldo de la silla.

Este fue el final del juicio. No supimos a cuantos años condenaron a los jóvenes, y tampoco nos preocupamos en averiguarlo. Salimos del teatro enfadadas por haber perdido otra tarde de nuestras vidas, no sabiendo que nos habíamos perdido un momento crucial, al no haber contestar a la pregunta ¿Qué espera que hagamos?

¿Se preguntaron lo mismo las personas el estadio de Hunan? ¿Alguien intento responderla? Quiero saber lo que pensó el público cuando vio morir a la joven. ¿Había alguna Tiíta Wang entre el público?

También quiero saber quienes eran los sanitarios que entraron y salieron tan rápidamente del estadio en la ambulancia. ¿Fue el mismo cirujano que operó a mi madre cuando tenía diez años para extraerle la vesícula? Lo vi poco tiempo después de la operación, y bromeo conmigo diciéndome que mi madre mejoraría de carácter pues ya no tenía donde almacenar la bilis.

Quiero conocer al hombre al que transplantaron los riñones ¿Después de la operación caminaba con un bastón al centro vecinal para asistir a la reunión bisemanal, donde iba mi abuelo octogenario a pasar las horas, escuchando como otros ancianos lo critican por que una vez luchócontra los comunistas?

Quiero saber sobre el novio que le pasó la carta a su oficial ¿Fue ascendido por esta acción y admitido en el Partido Comunista? ¿Era el oficial que nos ordenó marchar por la nieve durante horas cuando estábamos en nuestro año en el ejercito, intentando golpearnuestras piernas con sus botas de cuero?

También quiero saber sobre el guardia ¿Cómo recogió el cuerpo? ¿Por qué buscaba el cuerpo de un criminal? ¿Era el portero de la Unidad de Trabajo de mi padre que siempre me acariciaba y me daba caramelos? Una vez me dio hojas de morera, envueltas en un pañuelo húmedo,para mis gusanos de seda ¿Se olvido intencionadamente o fue accidental que las hojas estuvieran rociadas de pesticida y murieran mis gusanos por la noche y me suspendieran Naturales de segundo curso?

Y sobre todas las preguntas, la preguntaque he estado intentando contestar¿Qué tiene que ver esto conmigo? ¿Por qué me siento obligada a contar la historia de las dos mujeres? ¿Quiénes eran?

La primera joven había sido secretaria de la Liga Juvenil Comunista. Debió ser una fiel heredera de la revolución para alcanzar dicho cargo. ¿Qué le hizo caer en el mal camino? ¿Qué hizo que se le perdiera la mirada? ¿Qué intentaba decir en las cartas que escribió durante diez años? ¿Qué carta le traicionó y la condujo a la sentencia de muerte en lugar de la libertad?

Y la segunda mujer, lamadre del niño, ¿Qué le hizo comportarse así ante la muerte? ¿Le gustaba leer historias de héroes como a mí?, mi heroína favorita era Zoya [3], joven soviética de diecinueve años queincendió un cuartel alemán y que murióahorcada ¿Admiraba a Jade de Otoño, la heroína que secretamente yo quería que fuera uno de mis antepasados?

Jade de Otoño fue alumna de mi tío el mayor, al que llamábamos familiarmente Gran Hombre. Gran Hombre fue un revolucionario a finales de la última Dinastía, y lucho con sus camaradas para establecer la República en China. Pasó a la historia por dos hechos - la alumna que entrenó para asesinar y su peculiar muerte después de una misión fallida. Jade de Otoño, veinticuatro años, era la másbella discípula de Gran Hombre. Fue enviada para matar, con una bomba, al representante personal del Emperador, la bomba no explotó, y ella fue arrestada, y decapitada en el centro de nuestra ciudad natal. El día de la ejecución, cientos de personas la vieron desfilar hacia el patíbulo, su cuerpo estababrutalmente torturado. Muchos dieron sartas de monedas de plata para sobornar al verdugo con el fin de conseguir bollos empapados en sangre, que se creía que curaba la tuberculosis ¿Cuántos bollos de los que se comieron aquel día curaron a algún hombre? Poco después de la muerte deJade de Otoño, Gran Hombre realizó en solitario otro asesinato. Tuvo éxito en su misión pero fue detenido por los guardianes. Su corazón y su hígado le fueron arrancados y fritos,y se los comieron en un platolos guardianes.

No puedo contar correctamente la historia del Gran Hombre y Jade de Otoño. No puedo resistir la tentación de hacer a Jade de Otoño una más de mi familia. Yo deseo que se amen Gran Hombre y Jade de Otoño, la bella joven que aprendió de él a luchar con espada, a disparar, a montar a caballo y la química de los explosivos. Deseo que Gran Hombre hiciera una misión suicida como tributo a Jade de Otoño, su camarada y su amor. Deseo que su esposa lo abandonaraal tener un hijo el Gran Hombre con Jade de Otoño.

Deseo interferir en la historia, haciendo las cosas que imagino,añadiendo matices a la leyenda. Deseo que la sangre audaz de Jade de Otoño fuera la que corría por la joven y la madre. A veces imagino a la segunda mujer mirar con sus ojos calmados a los ejecutores cuando le forzaron a arrodillarse para recibir la bala, al igual que hizo Jade de Otoño delante del hacha de su verdugo. Las escenas pasan delante de mí, pues son el tema central de la historia de un héroe. Deseo que las historia me den valor, pero siempre me paro.

Es cierto que los héroes son creados por el odio y el amor , pero ni el odio, ni el amor nos acompañan mucho tiempo. Sabemos que la primera mujer, después de la sentencia de muerte, gritó y pidió por su vida a cuantospasaron por su celda. Es un hecho que le machacó saberque iba a morir a los veintinueve años, y que no permaneció serena camino del estadio, cantaba y lloraba yreíay gritba.

Como si fuera un mundo imaginario, como en el mundo de los juegos de guerra de la guardería, como una historia cargada en mis jóvenes hombros. Pero antes o después la Tiíta Wang gritará con su voz potente, y acudiré a ella, esperando que esta vez se alegre, pero sabiendo que de nuevo no será así cuando vea despegar sus labios. Me pongo de cuclillas de nuevo otra vez en el recreo, mirando las blancas nubes encimay las atareadashormigas negras en la hierba.

Nuestros juegos se interrumpieron pero nuestras vidas continúan.



[1]NT: xiao ayí, es la forma de llamar a las cuidadoras del jardín de infancia o guardería

[2] NT: El juego de las guerrillas aparece en la película “Memorias de China”

[3]NT: Zoya Anatolyevna Kosmodemyanskaya(1923-1941) primera mujer héroe de la Unión Sovietica. Combatió contra los alemanes como partisana duarante la IIª Guerra Mundial, fue hecha prisionera, fue torturada y vejada ,antes de ser ahorcada dijo” Somos doscientos millones, no podéis ahorcarnos a todos”