9.2 VIDA ETERNA EN CRISTO

<<<ATRÁS

 sigue>>>


 Esta es la Vida eterna:

 ¡¡Que te conozcan a ti Padre y  al que tu enviaste: 

Jesucristo  Nuestro Señor!!



-Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, 

conoceríais también a mi Padre. (Jn8)




Pero antes, San Fulgencio nos ilumina el camino hacia la resurrección así:
                                                                        
                                                                                                 ....Tratado sobre el perdón de los pecados, libro 2,11,2-12,1. 3-4

La retribución de la transformación futura se promete 
a los que en la vida presente realicen la transformación del mal al bien.

La primera transformación gratuita consiste en la justificación, que es una resurrección espiritual, don divino que es una incoación de la transformación perfecta que tendrá lugar en la resurrección de los cuerpos de los justificados, cuya gloria será entonces perfecta, inmutable y para siempre. Esta gloria inmutable y eterna es, en efecto, el objetivo al que tienden, primero, la gracia de la justificación y, después, la transformación gloriosa.

En esta vida somos transformados por la primera resurrección, que es la iluminación destinada a la conversión; por ella, pasamos de la muerte a la vida, del pecado a la justicia, de la incredulidad a la fe, de las malas acciones a una conducta santa. Sobre los que así obran no tiene poder alguno la segunda muerte. De ellos, dice el Apocalipsis: Dichoso aquel a quien le toca en suerte la primera resurrección, sobre ellos la segunda muerte no tiene poder. Y leemos en el mismo libro: El que salga vencedor no será víctima de la muerte segunda. Así como hay una primera resurrección, que consiste en la conversión del corazón, así hay también una segunda muerte, que consiste en el castigo eterno.

Que se apresure, pues, a tomar parte ahora en la primera resurrección el que no quiera ser condenado con el castigo eterno de la segunda muerte.
Los que en la vida presente, transformados por el temor de Dios,
 pasan de mala a buena conducta pasan de la muerte a la vida, 
y más tarde serán transformados  de su humilde condición a una condición gloriosa.

                                                                                                              

Casa de bendición


 http://youtube.com/watch?v=O3yR2-MSJdo



La Casa del Padre,

 Nuestra Casa en el Corazón De Dios.

 


LLEVÁME AL CIELO                                :http://www.Imp3-V1.1.html

 


                                           


En La Iglesia y con La 

Palabra de Dios

 


 1- Dice el Papa Benedicto XVI:


«Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo» (Ef 1, 3). Estas palabras de san Pablo nos introducen muy bien en la gran novedad del conocimiento del Padre, tal como se desprende del Nuevo Testamento.

 Aquí Dios se muestra con su rostro trinitario.

 Su paternidad ya no se limita a indicar la relación con las criaturas, sino que expresa la relación fundamental que caracteriza su vida íntima; ya no es un rasgo genérico de Dios, sino una propiedad de la primera Persona en Dios. 

Efectivamente, en su misterio trinitario, Dios es padre por esencia, padre desde siempre, en cuanto que desde la eternidad engendra al Verbo consubstancial con él y unido a él en el Espíritu Santo, «que procede del Padre y del Hijo». 

Con su encarnación redentora,

 el Verbo se hace solidario

 con nosotros precisamente para introducirnos 

en esa vida filial que él posee desde la eternidad.

 «A todos los que lo acogieron —dice el evangelista san Juan— 

...les dio poder para llegar a ser hijos de Dios» (Jn 1,12) 


                                                                                                                                       

    

San Pablo nos da algunos detalles de la resurrección y venida de Cristo. 

No sabe bien el momento ni cuando exactamente, pero pronto y así:

1 Tesalonicenses 4

1 Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús a que viváis como conviene que viváis para agradar a Dios, según aprendisteis de nosotros, y a que progreséis más.2 Sabéis, en efecto, las instrucciones que os dimos de parte del Señor Jesús.

3 Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación,4 que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor,5 y no dominado por la pasión, como hacen  los gentiles que no conocen a Dios. 

6 Que nadie falte a su hermano ni se aproveche de él en este punto, pues el Señor  se vengará de todo esto, como os lo dijimos ya y lo atestiguamos,7 pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad.

8 Así pues, el que esto deprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios,  que os hace don de su Espíritu  Santo.

9 En cuanto al amor mutuo, no necesitáis que os escriba, ya que vosotros habéis sido instruidos por Dios para amaros mutuamente.

10 Y lo practicáis bien con los hermanos de toda Macedonia. Pero os exhortamos,hermanos, a que continuéis practicándolo más y más, 

11 y a que ambicionéis vivir en tranquilidad, ocupándoos en vuestros asuntos, y trabajando con vuestras manos, como os lo tenemos ordenado,12 a fin de que viváis dignamente ante los de fuera, y no necesitéis de nadie.

13 Hermanos, no queremos que estéis en la ignorancia respecto de los muertos, para que no os entristezcáis como los demás, que no tienen esperanza.

La voz de mi amado oí


14 Porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús.


15 Os decimos eso como Palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor no nos adelantaremos a los que murieron.


16 El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar.


17 Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor. 
18 Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.


                                                                                                                                              

Y leemos en 1 Tesalonicenses 5

1 En lo que se refiere al tiempo y al momento, hermanos, no tenéis necesidad que os escriba.

2 Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche.

3 Cuando digan: "Paz y seguridad", entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores de 

parto a la que está encinta; y no escaparán.


4 Pero vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad, para que ese Día os sorprenda como ladrón,5 pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas.6 Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.


7 Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.8 Nosotros, por el contrario, que somos del día, seamos sobrios; revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación.

9 Dios no nos ha destinado para la cólera, sino para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo,

10 que murió por nosotros, para que, 

velando o durmiendo,

 vivamos juntos con él.



..............y hablando del cielo:                  

.....dice el Papa................ 


 2. En el lenguaje bíblico el «cielo», cuando va unido a la «tierra», indica una parte del universo. A propósito de la creación, la Escritura dice: «En un principio creo Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1). 

En sentido metafórico, el cielo se entiende como morada de Dios, que en eso se distingue de los hombres (cf. Sal, 104, 2 s; 115, 16; Is 66, l). Dios, desde lo alto del cielo, ve y juzga (cf. Sal 113, 4-9) y baja cuando se le invoca (cf. Sal 18, 7. 10; 144, 5). 

Sin embargo, la metáfora bíblica da a entender que Dios ni se identifica con el cielo ni puede ser encerrado en el cielo (cf. 1R 8, 27); y eso es verdad, a pesar de que en algunos pasajes del primer libro de los Macabeos «el cielo» es simplemente un nombre de Dios (cf. 1M 3, 18. 19. 50. 60; 4, 24. 55). 


A la representación del cielo como morada trascendente del Dios vivo, se añade la de lugar al que también los creyentes pueden, por gracia, subir, como muestran en el Antiguo Testamento las historias de Enoc (cf. Gn 5, 24) y Elías (cf. 2R 2, 11). 


Así, el cielo resulta figura de la vida en Dios. En este sentido, Jesús habla de «recompensa en los cielos» (Mt 5, 12) y exhorta a «amontonar tesoros en el cielo» (Mt 6, 20; cf. 19, 21). 



3. El Nuevo Testamento profundiza la idea del cielo también en relación con el misterio de Cristo. Para indicar qué el sacrificio del Redentor asume valor perfecto y definitivo, la carta a los Hebreos afirma que Jesús «penetró los cielos» (Hb 4, 14) y «no penetró en un santuario hecho por mano de hombre, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo» (Hb 9, 24).

Luego, los creyentes, en cuanto amados de modo especial por el Padre,

 son resucitados con Cristo y hechos ciudadanos del cielo.  



Vale la pena escuchar lo que a este respecto nos dice el apóstol Pablo en un texto de gran intensidad: 

«Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros pecados, nos vivificó juntamente con Cristo —por gracia habéis sido salvados— y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús»(Ef 2, 4-7). 


Las criaturas experimentan la paternidad de Dios, rico en misericordia, a través del amor del Hijo de Dios, crucificado y resucitado, el cual, como Señor, está sentado en los cielos a la derecha del Padre.



4. Así pues, la participación en la completa intimidad con el Padre, después del recorrido de nuestra vida terrena, pasa por la inserción en el misterio pascual de Cristo. 

San Pablo subraya con una imagen espacial muy intensa este caminar nuestro hacia Cristo en los cielos al final de los tiempos: «Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos (los muertos resucitados), al encuentro del Señor en los aires.

 Y así estaremos siempre con el Señor. 

Consolados, pues, mutuamente con estas palabras» (1Ts 4, 17-18). 

En el marco de la Revelación sabemos que el «cielo» o la «bienaventuranza» en la que nos encontraremos no es una abstracción, ni tampoco un lugar físico entre las nubes sino una relación viva y personal con la Santísima Trinidad. 

Es el encuentro con el Padre, que se realiza en Cristo resucitado

 gracias a la comunión del Espíritu Santo.  


Es preciso  mantener siempre cierta sobriedad al describir estas realidades últimas, ya que su representación resulta siempre inadecuada. Hoy el lenguaje personalista logra reflejar de una forma menos impropia la situación de felicidad y paz en que nos situará la comunión definitiva con Dios.  


                                                                       

El Catecismo de la Iglesia católica sintetiza la enseñanza eclesial sobre esta verdad afirmando que, «por su 
muerte y su resurrección, Jesucristo nos ha abierto» el cielo. 

La vida de los bienaventurados consiste en la plena posesión de los frutos de la redención realizada por Cristo, que asocia a su glorificación celestial a quienes han creído en él y han permanecido fieles a su voluntad. 

 El cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a él» (n. 1026).

Pero es necesaria aquí nuestra valiente necesidad de "confesar" a Cristo delante de los hombres, como hermosamente citaba el Papa en otro discurso:----..........

     Decía:

   ...Por otra parte, desde la perspectiva de los evangelios, la intimidad y la plenitud que tiene por ser «hijo» de ninguna manera se ven perjudicadas por este desconocimiento. Al contrario, precisamente por haberse hecho solidario con nosotros es decisivo para nosotros ante el Padre: 

 «A todo el que me confesare 

delante de los 

hombres, yo 

también le confesaré delante de mi Padre,

 que está en los cielos; 

pero a todo el que 

me negare delante 

de los hombres, 

yo le negaré también 

delante de mi Padre, 

que está en los cielos»    (Mt 10, 32-33). 


Así, pues:

Confesar a Jesús delante de los hombres es indispensable para que él nos confiese delante del Padre.

 En otras palabras, nuestra relación filial con el Padre celestial depende de nuestra valiente  fidelidad a Jesús, Hijo predilecto.    (Papa Bndto.XVI)

                                                                                                                                  


 ........y recuerda, ... todo lo dicho......será con persecución y sufrimiento ....

como nos lo recuerda  San Agustín:

"si quieres ser cristiano prepárate a sufrir persecuciónes".....porque Dios castiga y corrige a sus hijos predilectos.......si, pues, renuncias a la corrección y al sufrimiento, renuncias, también, a ser "Predilecto del Señor"..............

  Mas eso no quiere decir que seamos abandonados......"pues no permitirá Dios que la tentación supere tus fuerzas".......

 Dice, también, San  Pablo....

"en todo esto vencemos por Aquel que nos amó"........


sí, somos derribados, mas no aniquilados.   y con los sufrimientos viene también su socorro y compañía.  


 No es más el discípulo que el Maestro.............. 

...........pero si sufrimos con Él reinaremos con Él.


Porque así lo dice de Jesús.

 S.Marcos en su evangelio: 


 Jesús empezó a sentir terror y pavor.....y sudaba gotas de sangre.......

mas al fin un ángel le confortaba.

Como está escrito en los salmos de muchas maneras....

 "Cuando el pobre grita, clamando a Dios auxilio, 

el Señor lo oye y le libra de todas sus angustias......

...pues no permitirá el Señor que el justo caiga abandonado.


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V.  El agua que yo les daré se convertirá dentro de ellos

 en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

R/. Y habrá vida donde quiera que llegue la corriente. 


Me robaste



  

                                                                       


De otra parte los Padres de la Iglesia comentan:



Orígenes explicaba así la resurrección:


Porque llegará ciertamente un tercer día, y en él nace un cielo nuevo y una tierra nueva, cuando estos huesos, decir, la casa toda de Israel, resucitarán en aquel solemne y gran domingo en el que la muerte será definitivamente aniquilada. 

Por ello, podemos afirmar que la resurrección de Cristo, que pone fin a su cruz y a su muerte, contiene y encierra ya en sí la resurrección de todos los que formamos el cuerpo de Cristo. Pues, de la misma forma que el cuerpo visible de Cristo, después de crucificado y sepultado, resucitó, así también acontecerá con el cuerpo total de Cristo formado por todos sus santos: crucificado y muerto con Cristo, resucitará también como él.

Cada uno de los santos dice, pues, como Pablo: Lo que es a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

Por ello, de cada uno de los cristianos puede no sólo afirmarse que ha sido crucificado con Cristo para el mundo, sino también que con Cristo ha sido sepultado, pues, si por nuestro bautismo fuimos sepultados con Cristo, como dice san Pablo, con él también resucitaremos, añade, como para insinuarnos ya las arras de nuestra futura resurrección.

-------------
R/. Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.
 Él habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios.
 No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando
 un precio por vosotros. Glorificad a Dios con vuestro cuerpo. 

V/. No os volváis inmundos: sed santos, porque yo soy santo. 

R/. Glorificad a Dios con vuestro cuerpo. 



Y San Hilario lo expresaba así:

Tratado sobre los salmos 64,14-15 

La acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales. No hay duda de qué acequia se trata, pues dice el salmista: El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios. 

Y el mismo Señor dice en los evangelios: El que beba del agua que yo le daré, de sus entrañas manarán torrentes de agua viva, que salta hasta la vida eterna. Y en otro lugar: El que cree en mí, como dice la Escritura, de sus entrañas manarán torrentes de agua viva. Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él. 

Así, pues, esta acequia está llena del agua de Dios. Pues, efectivamente, nos hallamos inundados por los dones del Espíritu Santo, y la corriente que rebosa del agua de Dios se derrama sobre nosotros desde aquella fuente de vida.

También encontramos ya preparado nuestro alimento. 

¿Y de qué alimento se trata? De aquel mediante el cual nos preparamos para la unión con Dios, ya que, mediante la comunión eucarística de su santo cuerpo, tendremos, más adelante, acceso a la unión con su cuerpo santo. 

Y es lo que el salmo que comentamos da a entender, cuando dice: Preparas los trigales; porque este alimento ahora nos salva y nos dispone además para la eternidad. 

A nosotros, los renacidos por el sacramento del bautismo, se nos concede un gran gozo, ya que experimentamos en nuestro interior las primicias del Espíritu Santo, cuando penetra en nosotros la inteligencia de los misterios, el conocimiento de la profecía, la palabra de sabiduría, la firmeza de la esperanza, los carismas medicinales y el dominio sobre los demonios sometidos. 

Estos dones nos penetran como llovizna y, recibidos, proliferan en multiplicidad de frutos.

caminaré en presencia del Señor



                                        

R/. Se nutren de lo sabroso de tu casa, Señor, les das a beber del torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz. 

                                       

Cristo, pues, nos ha enseñado y la Iglesia lo predica, no para agradar a los hombres sino a Dios: 

Esta es la Vida eterna: 

 Que te conozcan a ti Padre
 y al que tu enviaste: 
Jesucristo Nuestro Señor!


                                                                                                                                                                                              

Pero aún más:

También Nuestra Madre, la Virgen María, fue subida al cielo.  


Y nosotros lo ansiamos
 Estoy agotado de gritar, 

tengo ronca la garganta; 

se me nublan los ojos 

de tanto aguardar a mi Dios.(Sl 68) 

y Cristo, para confirmarlo a sus discípulos, y en ellos a todos nosotros: 

"se transfiguró delante de ellos" 

 ------ 

Dios mío, tú conoces mi ignorancia, 
no se te ocultan mis delitos.

Que por mi causa no queden defraudados
los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.(Sl 68) 


                                                                                                                                 


Así, pues................

Todo cuanto existe, cuanto hemos dicho hasta aquí, toda la cultura,el sufrimiento, la alegría, la civilización humana: el arte, la belleza......, LA FELICIDAD, EL TRABAJO, EL AMOR, la amistad, el buen hacer y el mal hacer......y toda la creación entera ..ángeles y demonios, hombres y animales, mares y rios....y todo cuanto vemos que existe......

 CARECEN DE SENTIDO sin Dios,
sin la ETERNIDAD
SIN LA VIDA ETERNA

                                                                                                                                                                                          

veamos, por tanto que,............

..... si la nada, nada es y si ni siquiera existe--me pregunto:

...¿cómo la nada podrá tragarse o aniquilar al ser, a lo que existe?
 Por eso se hace necesario decir que la Realidad se impone.
La realidad Es.

Sí, pero vemos que también se impone la corrupción a la que fue sometida la creación entera......(todo hombre es como flor, se seca.....la apariencia de este mundo pasa....se enrollarán los cielos como una tienda......se gastan como un vestido..)--------( Las naciones ante mi son nada y vacío)

Es verdad,........

    ...pero con la esperanza de verse liberada la creación entera cuando se manifiesten los hijos de Dios a plena luz.

Pues los hijos de Dios son Libres,  los ha liberado el Hijo de Dios que tiene poder para darles la libertad. ...y no,  ciertamente no nos ha liberado para la nada.

¡Para ser libres nos liberó Cristo!
 Él nos ha liberado de la corrupción de la muerte........... 

                                             Y nos ha dado su Espíritu,............... entonces,.....

Allí donde está el Espíritu está la libertad,
 pues Dios es Espíritu. (S.Pablo) 


     Así, pues:                                                                                                         


¡El SER, el existir algo,.... reclama la eternidad,....

....... ...como así también la libertad, 
componente previo de la justicia y la responsabilidad,
....reclama el infierno!
...............

¿Como ser hombre sin Dios Creador?
¿Cómo ser creados por Dios libres y por Amor si no es para siempre? 
¿Cómo ser libre si no hay posibilidad real de elegir?
¿cómo responsable si no se es libre para decidir, para hacer o no hacer?

La libertad del hombre es real y auténtica: "Puso Dios la vida del hombre en su propias manos, en su libre albedrío..." (Cfr.Eclo)

¿Cómo?


La justicia no se aplica a los animales, seres sin libertad, ni a las plantas.....ni a la luna o a las galaxias..........

....Sólo se aplica a personas libres, dotados de libre albedrío para poder elegir el bien
 y rechazar el mal que se les presenta. 

Sólo EL QUE ES, el Ser que tiene la existencia en sí mismo y el poder de darla, podría "aniquilar" algo de lo que fue hecho y existe; de la misma manera que lo llamó a la existencia puede llevarlo al aniquilamiento. 

Mas si es Dios el que ha dicho: <Vio Dios que todo era bueno> y ..."Las criaturas no tienen veneno de muerte, sino que todo lo creaste para que subsistiera"; 

¿Cómo va a querer destruirlo? 

Tiene todo el poder para transformarlo, porque así lo decidió en su plan de salvación. 

"Todo lo hago nuevo, es un hecho. "

                                                                                                                                                                                    

La ciencia dice desajustadamente: la materia ni se crea ni se destruye, tan solo se transforma.  ¿entonces como  es que dicen....?

Algunos científicos afirman que en el periodo previo a la inflación "mucha materia y antimateria se aniquilaron mutuamente, prevaleciendo un poco más de alguna de ellas". 
¿¿se aniquilaron?? ¿Se perdía información?

¿Cómo fue posible si la materia ni se crea ni se destruye

¿Podría ser ya  la hora de ajustar el dicho así?: La materia creada no se aniquila, tan solo se transforma, ....y eso si es que podemos probar con "total certeza que no se destruye hasta aniquilarse, es decir pasar a la nada".

¿Se pierde o no se pierde información? 

También, es notorio que el mundo se gasta como un vestido, parece que la polilla lo vaya royendo.......aunque eso no es aniquilarlo.

La muerte es corrupción........por el pecado entró la muerte en el mundo. 

Mas Cristo venció la muerte muriendo en la Cruz voluntariamente aceptada,-sufriendo aprendió a obedecer hasta la muerte y muerte de Cruz-. 

Por eso Dios lo Resucitó y lo exaltó 
y le dio el nombre más grande que existe.




«El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo,
 para vida eterna la guardará.» 
(Jn 12, 25)...


guarda, pues, tu vida, apégate a Dios, al Padre que nos ha revelado Cristo.

....tomado de ramillete espiritual. >>



Lam 3ss......dice...

Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello, y estoy abatido. 

Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien, se renuevan cada mañana: ¡qué grande es tu fidelidad! 

El Señor es mi lote, me digo, y espero en él. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor; le irá bien al hombre si carga con el yugo desde joven. 

Que se esté solo y callado cuando la desgracia descarga sobre él; que pegue la boca al polvo, quizá quede esperanza; que entregue la mejilla al que lo hiere y se sacie de oprobios. 

Porque el Señor no rechaza para siempre; aunque aflige, se compadece con gran misericordia, porque no goza afligiendo o apenando a los hombres. 


R/. Los que me odian sin razón me han dado caza, 

y pienso: «Estoy perdido.» 

Oíste mi voz, Señor, y me dijiste: «No temas.» 

Te encargaste de defender mi causa y de salvar mi vida. 


Nos has creado Señor para ti,  exclamará San Agustín,.....

.....¿cómo va ha querer aniquilarnos?

                                                        

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