De todo un poco.

    Es cierto que, hacia personas y colectivos que proponían soluciones a tales carencias, se desencadenaron desde esferas próximas a los poderes políticos –responsables en sus respectivos ámbitos de que tales carencias persistieran en el tiempo– toda una serie de ataques que, en pura lógica, intentaban desviar la atención de la mayoría sobre dichas carencias que, erre que erre ellas, persisten en el tiempo.

Posiblemente hubiera sido más operativo, a la vez que sencillo, sentarse y caminar todos en la misma dirección para que fueran desapareciendo. 

Pues no fue posible: los ataques fueron personales en algunos casos y, siempre, con origen en quienes, por omisión o incompetencia, son al menos causantes indirectos de tales carencias. 

Pero la realidad es tozuda. Y como siempre es posible que una situación mala vaya a peor, hoy vamos en pendiente hacia  el precipicio. ¿Ejemplos? Los que quieran. Por no hacerme largo sólo dos con el mismo condicionante: ¿Por qué tenemos que pagar por servicios públicos que nos prestamos nosotros mismos? Sí, no se extrañen; aquí ocurre eso. Verán. En general, la atención sanitaria es pública y obligatoria; a todos nos retienen o nos han retenido en la nómina por ello. Entonces ¿por qué protección civil tiene que darnos el servicio de ambulancia?; la respuesta es muy sencilla: porque en otro caso no tendríamos ese servicio público como cualquier españolito. 

Así que, por dejación, hemos convertido la agrupación local de protección civil, que por definición debe actuar en situaciones excepcionales, en el servicio ordinario. 

Pero, como no quiero hacer esto tan largo, aquí va la otra perla. ¿Cómo es posible que, sin causa, la reposición del servicio de energía eléctrica tarde casi dos horas? Pues no lo duden: ha ocurrido la tarde del día de San Miguel y, en este caso, el servicio lo presta una empresa pública municipal que, lógicamente, se llama a andana por los daños ocasionados por su deficiente servicio. Seguramente los empleados estaban preparando las andas de la procesión… o en los toros. Vaya usted a saber. Pero, ironías aparte, habría alguna razón. Pues sí: 30l/m2 o, si lo prefieren: ¡el Diluvio Universal en pleno siglo XXI! 

En fin, esperemos que las fiestas terminen con bien para “casi” todos. 

Fdo. José Cerdá 

 

 


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