Atenas Αθήνα

La Capital

El glorioso pasado de la capital griega la sitúa a la altura de Roma y Jerusalén, pero pocos se enamoran de la Atenas moderna a causa de la sempiterna presencia del nefos (contaminación) y los elevados bloques de apartamentos que se construyeron apresuradamente para alojar a los refugiados venidos de Asia Menor durante los intercambios de población con Turquía en 1923. Sin embargo, más allá de la capa de cemento armado subyace una especie de encanto desvencijado. En la mayor parte de las casas, en cada balcón o ventana, lucen innumerables geranios, y muchas de las calles y plazas del centro están arboladas con naranjos. Atenas es una curiosa mezcla de Oriente y Occidente; sus roncos vendedores callejeros y sus pintorescos mercados son una reminiscencia de los bazares turcos, mientras que las desmoronadas mansiones neoclásicas del breve período de apogeo de la ciudad le han valido el sobrenombre de "París del Mediterráneo".

La Acrópolis, coronada por el Partenón, se alza como un centinela por encima de Atenas, y es visible desde prácticamente todos los puntos de la urbe. Pericles inició la transformación de esta zona en una ciudad repleta de templos después de que, en 510 a.C., el oráculo de Delfos dictaminara que sólo sería habitada por los dioses. Sus colosales edificios estaban fastuosamente decorados, y sus gigantescas estatuas se elaboraron bien en bronce, bien en mármol chapado en oro y con incrustaciones de piedras preciosas. La fría grandeza del mármol desnudo, ahora en ruinas, sigue cortando la respiración. Junto al Partenón, insuperable por su gracia y armonía, se halla el Erecteón, reconocible de inmediato debido a sus más que fotografiadas cariátides, las seis doncellas que ocupan el lugar de las columnas. El teatro de Dionisios, donde los ciudadanos se alternaban en el coro de las tragedias griegas, se encuentra en la ladera sur de la Acrópolis.

En la vertiente noreste permanece el viejo barrio de Plaka, que en realidad era todo lo que existía de Atenas antes de que fuera declarada capital de la Grecia independiente. Sus angostas y laberínticas calles conservan buena parte de su encanto, a pesar de ser la zona turística por excelencia de la ciudad griega. Cercada por el margen de Plaka se halla la antigua Ágora, centro de la vida política y económica de la antigua Atenas. Entre las visitas de interés también sobresale el Museo Arqueológico Nacional, que alberga magníficos objetos micénicos de oro y espectaculares frescos minoicos de Santorini (Thera), entre otras antigüedades. Destaca asimismo el Museo Goulandris de Arte Cicládico y Griego Antiguo, con una colección de elegantes figuritas de mármol que influyeron en el estilo de Modigliani, Brancusi y Picasso.

Plaka es el zona más popular para alojarse, y algunos de sus hoteles más económicos permiten dormir en el tejado durante el verano. Es recomendable reservar por adelantado si se quiere viajar a Atenas entre julio y agosto, ya que la ciudad se convierte en un hervidero de turistas.

El nombramiento de esta ciudad como sede olímpica de 2004 ha impulsado notablemente el desarrollo urbano, especialmente en las infraestructuras.