ANTOLOGIA RECOLECTADA


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Wystan Hugh Auden nasce a York (Inghilterra) il giorno 21 febbraio 1907. La famiglia appartiene alla middle-class inglese; il giovane trascorre l'infanzia ad Harbonre, Birmingham. Negli anni successivi inizia a interessarsi di letteratura, soprattutto di mitologia nordica, oltre alla musica e alla psicologia. La carriera scolsatica inizia presso la Gresham's School di Holt, Norfolk, poi nel 1925 frequenta l'Università di Oxford. A Oxford fonda un circolo letterario che porta il suo nome, l'"Auden Circle", un gruppo di giovani autori che comprende Christopher Isherwood, Cecil Day Lewis, Louis MacNeice e Stephen Spender.

In gioventù viene influenzato da Rilke - per breve tempo e negativamente - poi soprattutto da Brecht e più tardi da Karl Kraus. 
Negli anni 1928-1929 insieme a Isherwood trascorre un anno a Berlino, al tempo sotto la Repubblica di Weimar 

L'esordio letterario negli anni '30 vede Auden come uno scrittore impegnato, di sinistra, ironico e sarcastico demistificatore della cultura borghese. 
Tra il 1936 e il 1945 è testimone di un cruciale passaggio d'epoca: vive infatti fra la guerra civile spagnola e la Seconda guerra mondiale, metabolizzando tutti i mutamenti delle situazioni storiche e letterarie del periodo. Queste esperienze fanno di Auden un maestro in bilico fra le due metà del secolo e anche per questo motivo, la sua produzione letteraria è oggi oggetto di nuove scoperte e rinnovate interpretazioni. 

Nel 1936 sposa Erika Mann, figlia di Thomas Mann, con lo scopo di farle ottenere il passaporto inglese permettendole così di uscire dai confini della Germania nazista; la coppia non vivrà mai assieme. L'anno seguente Auden partecipa alla guerra civile spagnola come autista dei soccorsi medici. 

Si trasferisce nel 1939 con Christopher Isherwood negli Stati Uniti: il loro gesto viene interpretato come una diserzione morale dall'Inghilterra (e dall'Europa) minacciata da Hitler e suscita reazioni polemiche. 

Ottiene la cittadinanza americana nel 1946; la sua notorietà di scrittore intanto si diffonde e diverrà sempre più ammirato nell'ambiente newyorkese. Eserciterà inoltre una notevole influenza sui poeti più giovani, tra cui John Ashbery. 

Negli anni passati in Inghilterra Auden aveva conosciuto Edward M. Forster, di cui era diventato stretto amico, e T.S. Eliot, che pubblicò un suo lavoro per la prima volta sulla sua rivista «Criterion». Negli anni passati negli USA conosce vari intellettuali e scrittori tedeschi come Klaus Mann, Erich Heller e Hannah Arendt. 

Per la cultura di Auden, fondamentale importanza avranno la filosofia e la critica sociale (Marx e Freud all'inizio, poi Kierkegaard e Simone Weil), così come il teatro (Shakespeare, Ibsen) e il teatro musicale (Mozart, Verdi). 

Con il suo compagno Chester Kallman scrive alcuni libretti d'opera, tra cui quello per "La carriera di un libertino" di Igor Stravinskij, che va in scena nel 1951 al teatro La Fenice di Venezia. 

Tra i libri di poesia più importanti e noti vi sono "Un altro tempo" (1940), "L'età dell'ansia" (1947) e la breve raccolta pubblicata postuma "Grazie, nebbia" (1974). Molto rilevante è la sua attività di saggista, documentata soprattutto nel volume "La mano del tintore" (1962). 

Durante gli anni '50 trascorre sei mesi a New York e sei mesi in Italia, a Ischia. In seguito sostituisce la sua meta italiana con Kirchstetten, piccolo villaggio austriaco vicino Vienna. Nel 1967 viene insignito negli Stati Uniti della "National Medal for Literature". 

Wystan Hugh Auden muore a Vienna il 29 settembre 1973. 

Una delle sue poesie più famose è "Funeral blues", citata nei film "L'attimo fuggente" (1989) di Peter Weir e "Quattro matrimoni e un funerale" (1994) di Mike Newell.


AUDEN Y LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

   ESPAÑA 1937


Ayer todos el pasado. El lenguaje de la magnitud

se propaga hasta China por rutas comerciales; la difusión

del ábaco y el crómlech;

ayer el barrunto de la sombra en los climas soleados.


Ayer la valoracion de seguros con credenciales,

la hidromancia; ayer la invención

de ruedas de carro y relojes, la doma de

caballos. Ayer el afanoso mundo de los navegantes.


Ayer la abolicion de hadas y gigantes,

la fortaleza como un águila inmóvil escrutando el valle.

La capilla construida en el bosque;

ayer la talla de ángeles y amedrentadoras gárgolas. 


El enjuiciamiento de herejes entre las columnas de piedra;

ayer las disputas teologicas en las tabernas

y la curacion milagrosa de la fuente;

ayer el aquelarre; pero hoy la lucha.


Ayer la instalación de dinamos y turbinas,

la construcción de vias ferreas en el desierto colonial;

ayer el sermon clasico

sobre el origen de la Humanidad. Pero hoy la lucha.


Ayer la creencia en el valor absoluto de Grecia,

la caida del telón a la muerte de un héroe;

ayer la oracion a la puesta del sol

y la adoracion de dementes. Pero hoy la lucha.


Mientras el poeta susurra espantado entre los pinos,

o donde la cascada libre canta concisa, o erguido

sobre el risco junto a la torre inclinada:

<Oh, mi visión. Oh, concedeme la suerte del marinero>


Y el investigador escuadriña con sus instrumentos

las provincias inhumanas, los viriles bacilos

o el enorme Júpiter acabado:

<Pero las vidas de mis amigos. Indago. Indago>


Y los pobres en sus alijamientos sin hogar, dejando las hojas

del periodico vespertino: <Nuestro dia es nuestra derrota, oh, enseñanos

al operador, al

organizador, Tiempo al rio que refresca>


Y las naciones combinan cada grito, invocando la vida

que conforma el vientre individual y ordena

el terror nocturno particular:

<¿No fundaste la ciudad estado del parásito,


levantaste los inmensos imperios militares del tiburón 

y el tigre, estableciste el valeroso cantón del petirrojo?

Interviene. Oh, desciende cual paloma

o furioso papá o afable ingeniero, pero desciende>.


Y la vida, si es que responde, replica desde el corazon

y los ojos y los pulmones, desde las tiendas y las plazas de la ciudad:

<Oh, no, no soy el promotor;

hoy no; no para ti. Para ti, soy el


>>que te sigue la corriente, el compañero de barra, el credulo;

soy aquello que tu hagas. Soy tu promesa de ser

bueno, tu historia graciosa.

Soy tu voz profesional. Soy tu matrimonio.


>>¿Que propones? ¿Construir la ciudad justa? Lo hare.

Accedo. ¿O es el pacto de suicidio, la muerte

romantica? Muy bien, acepto, pues

soy tu elección, tu decision. Si, soy España>>.


Muchos lo han oido en remotas peninsulas,

en llanuras soñolientas, en las islas del pescador aberrante

o en el corazón corrumpto de la ciudad.

lo han oido y han migrado cual gaviotas o las semillas de una flor.


Se aferraron como erizos a los largos expresos que iban dando tumbos

por las tierras injustas, a través de la noche, a través del túnel alpino;

surcaron los océanos;

cruzaron los pasos. Vinieron a entregar sus vidas.


En aquella arida plaza, aquel fragmento desgajado de la calurosa

Africa, tan burdamente soldado a la ingeniosa Europa;

en aquella meseta por rios surcada,

nuestros pensamientos tienen cuerpo; las sombras amenazadoras de nuestra fiebre

son precisas y tienen vida. Pues los miedos que nos hicieron responder

al anuncio de medicamento y el folleto de cruceros de invierno

se han convertido en batallones invasores;

y nuestras caras, la cara de instituto, la cadena comercial, la ruina


proyectan su codicia en forma de peloton de fusilamiento y bomba.

Madrid es el corazon. Nuestrso instantes de ternura florecen

como la ambulancia y el saco de arena;

nuestros momentos de amistad en un ejercito del pueblo.


Mañana, quizás el futuro. La investigacion sobre la fatiga

y los movimientos de empacadores; la exploracion gradual de todas las

octavas de radiacion;

mañana la expansion de la conciencia a fuerza de dieta y respiracion.


Mañana el redescubrimiento del amor romantico,

el fotografiar cuervos; toda la diversion bajo

la autoritaria sombra de la libertad;

mañana los momentos del organizador de desfiles y el musico.


el hermoso fragor del coro bajo la cúpula; 

mañana el cruce de consejos sobre la cria de terriers,

la entusiasta eleccion de presidentes

por el subito bosque de manos. Pero hoy la lucha.


Mañana que los jovenes poetas exploten cual bombas,

los paseos junto al lago, las semanas de perfecta comunion;

mañana las carreras de bicicletas

por las afueras en tardes de verano. Pero hoy la lucha.


Hoy el deliberado incremento del riesgo de muerte,

aceptar conscientemente la culpa en el asesinato necesario;

hoy el derroche de energia

en el panfleto flojo y efimero y la aburrida reunion.


Hpy el consuelo improvisado: el pitillo compartido,

las cartas en el granero a la luz de la vela, y el concierto escabroso,

las bromas masculinas; hoy el

abrazo torpe e insatisfactorio antes de la herida.


Las estrellas estan muertas. Los animales no quieren mirar.

Nos hemos quedado a solas con nuestro dia, y el tiempo es breve, y

a los vencidos la Historia

puede ofrecer piedad pero no ayuda ni perdón.

                                                                                            Abril de 1937



 SALTA ANTES DE MIRAR


La sensacion de peligro no debe desaparecer:

el camino es sin duda tan breve como escarpado,

por muy paulatino que aparezca desde aqui;

mira si quieres, pero tendras que saltar.


Los hombres duros se ponen sensibleros en sueños

y quebrantan las ordenanzas que cualquier necio puede respetar;

no es la convencion sino el miedo

lo que tiene tendencia a desaparecer.


Los esfuerzos cavilosos de la masa atareada,

la suciedad, la imprecision y la cerveza

rinden unas cuantas agudezas todos los años;

riete si puedes, pero tendras que saltar.


Las prendas que se considera adecuado vestir

no seran baratas ni practicas,

mientras consintamos en vivir cual ovejas

y nunca mencionar a quienes desaparecen.


Mucho cabe decir a favor del desparpajo social,

pero alegrarse cuando no hay nadie

es mas dificil incluso que el llanto;

nadie mira, pero tienes que saltar.


Una soledad de diez mil brazas de hondura

sustenta el lecho en el que yacemos, cariño:

aunque te quiero, tendras que saltar;

nuestro ensueño de seguridad debe desaparecer.


                                             Diciembre de 1940




      Epitafio para un tirano

 

Andaba tras cierta forma de perfección
y la poesía que inventaba era fácil de 
    entender;
conocía la tontería humana como a la palma 
    de su mano, 
y estaba muy interesado en flotas y en
armadas; cuando se reía, reventaban de risa 
    los respetables senadores, 
y cuando lloraba, los niñitos se morían en las 
    calles.     



Otro tiempo
Para nosotros como cualquier otro fugitivo,
como las innumerables flores que no pueden enumerar
y todas las bestias que no necesitan recordar,
es hoy donde vivimos.

Muchos intentan decir Ahora No,
muchos han olvidado cómo
decir Yo Soy, y se
perderían, si pudieran, en la historia.

Se inclinan, por ejemplo, con esa elegancia del viejo mundo,
ante una bandera adecuada en un lugar como es debido;
mascullan cual ancianos mientras suben renqueando
sobre lo Mío y lo Suyo y lo Nuestro y lo de Ellos.

Como si el tiempo fuera lo que solían desear
cuando aún estaba dotado de posesión,
como si anduvieran errados
al no desear seguir formando parte. 

No es de extrañar, pues, que tantos mueran de pena, 
que tantos estén tan solos al morir;
nadie ha creído aún ni apreciado una mentira:
Otro tiempo tiene otras vidas que vivir.

                                                                                           Octubre de 1939

Versión de Eduardo Iriarte
"Canción de cuna y otros poemas"


Canción de cuna

 El estrépito del trabajo queda mitigado,
otro día ha llegado a su ocaso
y se ha cernido el manto de la oscuridad.
¡Paz! ¡Paz! Desprovee tu retrato
de sus vejaciones y descansa.
Tu ronda diaria ha concluido,
has sacado la basura,
respondido algunas cartas aburridas
y pagado una factura a vuelta de correo,
todo ello frettolosamente.
Ahora tienes permiso para yacer,
desnudo, aovillado cual quisquilla,
recostado en la cama, y disfrutar
de su acogedor microclima:
canta, Grandullón, canta arrorró.

Los antiguos griegos se equivocaban:
Narciso es un vejete,
domado por el tiempo, liberado al fin
de la lujuria de otros cuerpos,
racional y reconciliado.
Durante muchos años envidiaste
al hirsuto, el tipo machote.
Ya no: ahora acaricias
tu carne casi femenina
con enorgullecida satisfacción,
imaginando que eres
inmaculado e independiente,
calentito en la madriguera de ti mismo,
madonna y bambino:
canta, Grandullón, canta arrorró.


Deja que tus últimos pensamientos sean todo agradecimiento: 
ensalza a tus padres que te dieron
un Super Ego de fuerza
que te ahorra tantas molestias, 
llama a amigos y seres queridos por doquier,
luego rinde justo tributo
a tu edad, a haber
nacido cuando naciste. En la adolescencia
se te permitió conocer
hermosas antiguallas
que pronto desaparecerían de la faz de la tierra,
locomotoras de caldera venical, motores de balancín
y ruedas hidráulicas de admisión superior.
Sí, amor mío, has tenido suene:
canta, Grandullón, canta arrorró.

Ahora a caer en el olvido: que 
la mente del vientre se apropie
por debajo del diafragma,
del dominio de las Madres,
quienes vigilan las Puertas Sagradas,
sin cuyas mudas advertencias
el yo verbalizador pronto
se conviene en un déspota despiadado,
lascivo, incapaz de amar,
desdeñoso, hambriento de estatus.
Si te acecharan los sueños, no les hagas caso,
pues todos ellos, tanto los dulces como los horrendos,
Son bromas de dudoso buen gusto,
demasiado insípidas para hacerles caso.
canta, Grandullón, canta arrorró.

                                                                                            Abril de 1972

Versión de Eduardo Iriarte
"Canción de cuna y otros poemas"



mientras paseaba una tarde
" Mientras paseaba una tarde caminando Bristol Street abajo, las multitudes que cubrían el pavimento eran campos de trigo listos para la cosecha, y abajo, junto al crecido río, escuché cantar a un enamorado bajo una arcada de la vía férrea: El amor no tiene fin, te amaré, querida, te amaré hasta que China y Africa se unan, y el río salte sobre la montaña y los salmones canten por las calles, te amaré hasta que el océano esté plegado y colgado a secar y las siete estrellas corran graznando como gansos por el cielo, los años correrán como conejos, porque en mis brazos sostengo la flor de las eras y el primer amor del mundo. Pero todos los relojes de la ciudad comenzaron a vibrar y a sonar, ¡Oh! No permitáis que el tiempo os engañe, el tiempo no puede conquistarse, en las madrigueras de la pesadilla dónde desnuda está la justicia, el tiempo vigila desde las sombras y tose cuando queréis besaros, a base de dolores de cabeza vagamente la vida se nos escurre y el tiempo hará su capricho mañana u hoy, en muchos valles verdes se introduce la terrible nieve, el tiempo rompe las hilvanadas danzas y el brillante arco iris del somormujo. ¡Oh! Hundid vuestras manos en agua, hundidlas hasta la muñeca, fijad, fijad la mirada en la palangana y preguntaros qué os habéis perdido, el glaciar golpea en el armario, el desierto suspira en la cama y la grieta de la taza de té abre un camino hasta la tierra de los muertos (…) ¡Oh! Poneos, poneos junto a la ventana mientras abrasan las lágrimas y comienzan a fluir, amaréis a vuestro retorcido vecino con vuestro retorcido corazón, era tarde, tarde anochecida, los amantes habían partido, los relojes habían dejado de sonar, y el profundo río seguía fluyendo. "


FUNERAL BLUES 

Detengan los relojes 
desconecten el teléfono 
denle un hueso al perro 
para que no ladre 
Callen los pianos y con ese 
tamborileo sordo 
saquen el féretro... 
Acérquense los dolientes 
que los aviones 
sobrevuelen quejumbrosos 
y escriban en el cielo 
el mensaje... 
él ha muerto. 

Pongan moños negros 
en los níveos cuellos de las palomas 
que los policías usen guantes 
de algodón negro 

Él era mi norte mi sur 
mi este y oeste 
mi semana de trabajo y mi 
domingo de descanso 
mi mediodía, mi medianoche 
mi conversación, mi canción 

Creí que el amor perduraría 
por siempre. 
Estaba equivocado. 

No precisamos estrellas ahora... 
Apáguenlas todas 
Envuelvan la luna 
desarmen el sol 
Desagüen el océano y 
talen el bosque 
porque de ahora en adelante 
nada servirá. 

WH AUDEN

SI PUDIERA DECIRTE

EL tiempo dirá tan sólo: “ya te dije”

Sólo el tiempo conoce el precio que hemos de pagar;

Si yo pudiera decírtelo, te lo haría saber.

Si debiéramos sollozar cuando los payasos hacen su número,

Si debiéramos tropezar cuando tocan los músicos,

El tiempo diría tan sólo “ya te lo dije”.

No hay fortunas que predecir, no obstante,

Porque te amo más de lo que puedo expresar

Si pudiera decírtelo, te lo haría saber.

Los vientos deben venir de alguna parte cuando soplan,

Debe haber razones por las que las hojas se pudren;

El tiempo dirá sólo “ya te lo dije”..

Tal vez las rosas realmente quieren crecer,

Tal vez la visión quiere en verdad permanecer;

Si pudiera decírtelo, te lo haría saber.

Supongamos que los leones se levantaran todos y se fueran,

Y que todos los arroyos y los soldados huyeran;

¿Dirá el tiempo algo que no sea ya te lo dije?

Si pudiera decírtelo te lo haría saber.



Embajada

Se disipó, al caer la tarde, la opresión del día;
Las altas cumbres pudieron divisarse; había llovido
A través de amplios prados y flores refinadas
Fluía el diálogo de los diplomáticos.
Dos jardineros les miraron los zapatos caros
y el chofer esperaba, leyendo algo apoyado sobre el manubrio,
hasta que ellos terminaran su intercambio de enfoques.
Parecía una escena perteneciente a la esfera privada.
Lejos de ahí, sin importar sus buenas intenciones,
las fuerzas armadas esperaban un error verbal
con toda la parafernalia dispuesta para dañar:
Y del encanto de ellos dependía
una tierra devastada, con sus jóvenes masacrados,
sus mujeres llorando y el pueblo bajo el terror.

(Versión de Germán Carrasco)



Blues de la muralla Adriana

Un viento de tormenta sopla sobre el rastrojo,
Tengo frío en la nariz, y en mi túnica piojos.
Viene la lluvia repicando del alto cielo inglés,
Soy un soldado de este muro, y no sé por qué.
La neblina lo está cubriendo todo,
Mi chica está en Tungria, yo duermo solo.
Aulus es un tipo que le arrastra el ala,
No me gusta su estilo, no me gusta su cara.
Piso es un cristiano, su dios es un pescado:
Si por el fuera los besos se habrían terminado.
Ella me dio su anillo; lo jugué y lo perdí:
Yo quiero a mi chica, y también me quiero a mí.
Cuando tenga un solo ojo y sea un veterano
No haré más que mirar el cielo del verano.

(Versión de Daniel Samoilovich y Mirta Rosenberg)

    Canzone

 

¿Cuándo aprenderemos —cosa clara como el
    agua— 
que no podemos escoger lo que somos 
    libres para amar? 
si bien el ratón que deportamos ayer 
es hoy un furioso rinoceronte, 
nuestro valor está más amenazado de lo que
    suponemos:
necias objeciones a nuestro día de hoy
husmean sus alrededores; noche y día
caras, oraciones, batallas, acosan nuestra 
    voluntad
tanto como ruidos y formas cuestionables;
enteras esporas de resentimientos 
    cotidianos
dan status a los salvajes del mundo
que gobiernan a los distraídos y a este 
    mundo.

Somos creados con y desde el mundo 
para con él y desde él sufrir día tras día: 
ya sea que nos encontremos en un mundo
    majestuoso 
de sólidas medidas o en un mundo de sueño 
de oro y cisnes, se nos pide que amemos 
las cosas sin hogar que requieren un mundo.

 Nuestra exigencia de poseer nuestros 
    cuerpos y
nuestro mundo 
es nuestra catástrofe. ¿Qué podemos experimentar sino

 pánico y capricho hasta 
    saber al fin 
que nuestro medroso apetito exige un 
    mundo 
cuyo orden, origen y propósito, sea 
una copiosa satisfacción de nuestra 
    voluntad?
Deriva, Otoño, deriva; hojas, colores, donde
    quieran: 
necia melancolía se desmenuza por el 
    mundo. 
Deploren, fríos océanos, la voluntad linfática 
atrapada, reflejante, en el derecho a desear: 
mientras violentos perros alborotan su 
    moribundo día 
en furia báquica; aunque gruñan, como es su
    voluntad, 
sus colmillos no son un triunfo para la voluntad sino cabal

 indecisión. Aquello por lo 
    que nos amamos
es nuestro poder para no amar, 
reducirnos a la nada o explotar a voluntad, 

arruinarnos y recordar que sabemos 
lo que ruinas y hienas no pueden saber.

Si ahora en esta oscuridad sé cada vez 
    menos 
cuál es la escalera en espiral en que la 
    hechizada voluntad 
asecha el equipaje que le robaron, ¿quién 
    podría saberlo 
mejor que tú, amada? ¿cómo sé yo 
lo que da seguridad a cualquier mundo? 
¿o en el espejo de quién comienzo a conocer 
—como los mercaderes sus monedas y sus
    ciudades— 
el caos del corazón, rey por un día? 
pues a través de nuestro tráfico vivaz 
de todo el día en mi propia persona me obligo a 
    saber 
cuánto debe olvidarse del amor, 
cuánto, incluso, del amor, debe perdonarse.

Querida carne, querida mente, 
querido espíritu, Oh 
amor querido, 
en mis profundidades ciegos monstruos
    saben 
de tu presencia y están furiosos, 
y temen al amor que exige a sus imágenes algo más 
    que amor; 
los ardientes caballos rampantes de mi voluntad, 
atrapando las esencias Celestiales, relinchan: 
Amor no justifica el mal hecho en nombre del amor 
ni en ti, ni en mí, ni en los ejércitos, 

ni en el mundo de las palabras y las ruedas, ni en 
    ningún otro mundo. 
Querida creatura-semejante, alaba a 
    nuestro Dios
de amor
que así nos amonesta, que nunca un día
de juicio consciente sea un día desperdiciado.

Eso o de cada día hacer un espantapájaros, 
barullo y revoltijo de nuestro común mundo 
y borra y tontería de nuestra libre voluntad; 
eso, o nuestra carne en mutación nunca 
    sabrá 
que debe haber tristeza si es que puede 
    haber amor.     





Dichtung und wahrheit  (fragmento)

L
Este poema que deseaba escribir debería haber expresado exactamente lo que quiero decir cuando pienso 
las palabras Te amo, pero no puedo saber exactamente qué quiero decir; 
debería haberme resultado manifiestamente verdadero, pero las palabras no pueden
verificarse a sí mismas. Así que este poema quedará sin escribir. Eso no importa. 
Llegas mañana; si estuviera escribiendo una novela en la que ambos fuéramos personajes, 
sé exactamente cómo te recibiría en la estación: adoración en la mirada; en la lengua 
guasa y
 lascivia.
Pero ¿quién sabe cómo te recibiré exactamente? ¿La Dama Bondad?
Vaya, esa sí que es una idea. ¿Se podría escribir un poema (un tanto desagradable, quizá) 
sobre Ella?                  
                                                                                  
                                                                                                                                                                            1959

Versión de Eduardo Iriarte
"Canción de cuna y otros poemas"



GRACIAS, NIEBLA

Acostumbrado al clima de Nueva York,
tan familiarizado con su contaminada niebla,
a ti, su inmaculada Hermana,
te tenía olvidada por completo,
a ti y a cuanto aportas
al invierno británico.
Ahora, esa impresión nativa vuelve a mí.

Enemiga implacable de la prisa,
amedrentadora de conductores y de aviones,
todo lo veloz, desde luego, te maldecirá,
pero cuánto me agrada
que hayas sido persuadida a visitar
el hechizado campo de Wiltshire
a lo largo de toda una semana
en estas Navidades,
evitando que a alguno le diese por venir
aquí donde mi mundo se reduce 
a esta vieja casa solariega
en la que gozamos de la amistad nosotros cuatro:
Jimmy, Tania, Sonia y Yo. 


Asilo de ancianos


Todos poseen un límite: cada uno
Tiene un matiz de daño muy distinto. La élite
Es capaz de arreglarse por sí misma,
Caminar apoyada en un bastón,
Leer completo un libro, interpretar
Movimientos de fáciles sonatas.
(Pero acaso la libertad carnal
Es el veneno del espíritu:
Conscientes de lo que ha sucedido y el porqué
Abominan su tristeza sin lágrimas.)
Luego vienen los de silla de ruedas, el promedio
Que soporta la tele
Y guiado por amables terapeutas
Canta en comunidad.
Después los solitarios que musitan 
Palabras en el limbo, y al final 
Los que ya son del todo incompetentes
Y como una parodia de las plantas 
(Ellas pueden sudar sin ensuciarse).
No obstante, hay algo que los une:
Todos aparecieron cuando el mundo, 
A pesar de sus males,
Era más habitable y más vistoso
Y los viejos tenían auditorio
Y un lugar en la tierra.
(El niño reprendido por su madre
Podía refugiarse con la abuela para ser consolado
Y escuchar algún cuento.)
Hoy ya todos sabemos qué esperar, 
Mas su generación es la primera
Que se ha desvanecido de este modo:
No en casa sino asignada a un pabellón, arrojada
Como se arrumban fardos indeseables.

Mientras voy en el Metro para estar
Media hora con una del asilo,
Recuerdo quién fue ella en su esplendor.
Entonces visitarla era un orgullo
Y no una caridad.
¿Seré tan frío como para esperar
Un somnífero rápido, indoloro;
O bien para rogar, como ella ruega,
Que Dios o la naturaleza precipiten
Su función terrenal?

                                                                          1970 Versión de José Emilio Pacheco



La ley como el amor

La Ley, dicen los jardineros, es el sol,
la Ley es aquello
que todos los jardineros obedecen
mañana, ayer, hoy.

La Leyes la sabiduría de los viejos,
rezongan lánguidos los abuelos impotentes;
los nietos sacan una lengua atiplada,
la Ley es la razón de la juventud.

La Ley, dice el sacerdote con mirada piadosa,
explicándose ante una congregación impía,
la Leyes las palabras en mi piadoso libro,
la Ley es mi púlpito y mi campanario.
La Ley, dice el juez con su mirada de menosprecio,
hablando con claridad y suma dureza,
la Ley es como ya os dije,
la Ley es como, supongo, sabéis es
la Ley, pero dejadme que os lo explique otra vez,
la Ley es La Ley.

Sin embargo, los eruditos cumplidores de la ley escriben:
la Ley no acierta ni se equivoca,
la Ley no es más que crímenes
castigados por lugares y épocas,
la Ley es la ropa que llevan los hombres
en cualquier momento, en cualquier lugar,
la ley es Buenos Días y Buenas Noches.

Otros dicen, la Ley es nuestro Destino;
otros dicen, la Leyes nuestro Estado;
otros dicen, otros dicen
la Ley ya no existe,
la Ley ha desaparecido.

Y siempre la muchedumbre furiosa y vociferante,
muy furiosa y muy vociferante,
la Ley somos nosotros,
y siempre el débil idiota débilmente Yo.

Si nosotros, cariño, sabemos que no sabemos más
que ellos sobre la Ley,
si yo no sé más que tú
qué deberíamos y no deberíamos hacer
salvo que todos aceptamos
de buen grado o por fuerza
que la Ley es
y que todos lo sabemos,
si por tanto pensando que es absurdo
identificar la Ley con otra palabra,
a diferencia de tantos hombres
no puedo decir que la Ley es otra vez,
no más que ellos podemos sofocar
el deseo universal de descubrir
o zafarnos de nuestra propia situación
hacia una condición indiferente.

Aunque al menos puedo limitar
tu vanidad y la mía
a expresar tímidamente
una tímida similitud,
alardearemos de todos modos:
como el amor, digo yo.

Como el amor que no sabemos dónde o por qué,
como el amor que no podemos imponer ni abandonar,
como el amor que a menudo lloramos,
como el amor que rara vez conservamos.

                                                                                     Septiembre de 1939

Versión de Eduardo Iriarte
"Canción de cuna y otros poemas"



MELANCOLIA DE FUNERAL

" Para todos los relojes, corta el teléfono, 
impide que el perro ladre con un hueso jugoso. 
Silencia los pianos, y con tambor amortiguado, 
trae afuera el cajón, deja que los afligidos vengan. 
Deja que los aviones circulen gimiendo por encima, 
garabateando en el cielo el mensaje "él esta muerto". 
Pon grandes cintas alrededor de los blancos cuellos de los cisnes. 
Deja que los policías de trafico usen negros guantes de algodón. 
Él era mi norte, mi sur, mi este, y oeste, 
mi semana de trabajo y mi descanso de Domingo, 
mi mediodía, mi medianoche, mi habla, mi canción. 
Pense que amor duraría para siempre. Estaba equivocada. 
Las estrellas no son deseadas ahora, apaga todas y cada una. 
Envuelve la luna y desmantela el sol. 
Vuelca el océano y barre la madera. 
Porque ahora nada podría hacer ningún bien. "



PARAD LOS RELOJES

Parad los relojes y desconectad el teléfono,
dadle un hueso jugoso al perro para que no ladre,
haced callar a los pianos, tocad tambores con sordina,
sacad el ataúd y llamad a las plañideras.

Que los aviones den vueltas en señal de luto
y escriban en el cielo el mensaje “Él ha muerto”,
ponedles crespones en el cuello a las palomas callejeras,
que los agentes de tráfico lleven guantes negros de
algodón.

Él era mi norte y mi sur, mi este y mi oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi día y mi noche, mi charla y mi música.
Pensé que el amor era eterno; estaba equivocado.

Ya no hacen falta estrellas: quitadlas todas,
guardad la luna y desmontad el sol,
tirad el mar por el desagüe y podad los bosques,
porque ahora ya nada puede tener utilidad.



TAMBIÉN NOSOTROS VIVIMOS
BUENOS TIEMPOS


También nosotros vivimos buenos tiempos
cuando el cuerpo sintonizaba con el alma,
y bailamos con nuestros amores sinceros
a la luz de la luna llena,
y nos sentamos con los sabios y los justos
y fuimos ganando ingenio y alegría
en torno a algún plato selecto
gracias a Escoffier.

Y sentimos esa gloria impertinente
que las lágrimas suelen alejar,
y quisimos que los corazones briosos
cantasen con el estilo grandioso de los antiguos.

Pero fuimos importunados y fisgados
por la multitud promiscua,
los editores nos convirtieron
en fraudes para aturdir a la multitud,
todas las palabras como Amor y Paz,
todos los discursos cuerdos y positivos
fueron ensuciados, profanados y degradados,
los convirtieron en un chirrido horroroso.

Ninguna oratoria sobrevivió
a aquel pandemonio
salvo la amarga, la soterrada,
la irónica y la monótona:
¿y dónde encontraremos cobijo
para la alegría o el simple bienestar
cuando apenas queda nada en pie
más que los suburbios de la discordia?



DESPUÉS DE LEER UN MANUAL 
DE FÍSICA MODERNA PARA NIÑOS



Si fuera cierto todo lo que sabe
sobre la Verdad un físico experimentado,
entonces cualquier hijo de vecino,
por mucha futilidad y mugre
que haya en nuestro mundo cotidiano,
lo tiene mucho mejor en la vida
que las Grandes Nebulosas
y que los átomos de nuestro cerebro.

El matrimonio casi nunca es una maravilla,
pero seguro que debe ser mucho peor
correr como las partículas
a miles de millas por segundo
por un universo
en donde el beso de tu amante
o bien no se notaría
o bien te rompería el cuello.

Aunque esa cara que veo
cuando me afeito sea cruel
porque año tras año rechaza
a un pretendiente que envejece,
al menos, gracias a Dios, tiene
bastante masa para no deshacerse
y no convertirse en un potaje indefinido
que está parcialmente en otro sitio.

Nuestros ojos prefieren
que el lugar que hemos de habitar
tenga una perspectiva geocéntrica,
que los arquitectos construyan
un tranquilo espacio euclidiano:
son mitos agotados, pero ¿quién
se sentiría en casa en una montura
que no para de expandirse?

Esta pasión que tenemos
por el proceso de investigación,
es un hecho que nadie puede cuestionar,
pero yo la disfrutaría más
si supiera con mayor claridad
para qué queremos el conocimiento,
y si tuviera la seguridad de que la mente
todavía es libre para saber si quiere saber.
Parece que eso ya fue decidido
de una vez por todas,
y ya descubriremos más adelante
si nuestro interés por las magnitudes
extremas puede dar lugar a una
criatura de tamaño mediano,
o si resulta sabio en definitiva
hacer política con la Naturaleza.



NUNCA HABRÁ PAZ

Aunque el clima benigno y claro
vuelva a sonreír en el condado de tu estima
y regresen sus colores, la tormenta te ha cambiado:
nunca olvidarás la oscuridad
que enturbia tu esperanza, el vendaval
que profetiza tu caída.

Tienes que vivir con tu conocimiento.
Detrás, más allá, fuera de ti, hay otros,
viviendo soledades sin luna que tú no conoces,
pero ellos sí te conocen a ti,
seres de género y de número desconocido:
y tú no les gustas.

¿Qué les has hecho?
¿Nada? Nada no es una respuesta:
llegarás a creer (¿cómo puedes evitarlo?)
que sí lo hiciste, que les hiciste algo;
te encontrarás deseando hacerles reír;
y anhelarás su amistad.

 Nunca habrá paz.
Por tanto, pelea, con todo tu coraje
y con todas las artimañas descorteses que conozcas,
y ten bien claro esto:
su causa, si la tenían, ya no les importa;
odian por odiar.


El Sabat

Al despertarse el Séptimo Día de la Creación,
    Husmearon cautelosamente el aire:
El olfato más fastidioso de entre ellos admitió
    Que aquel individuo ya no estaba allí.

Los herbívoros, los parásitos, los depredadores hacían salidas,
    Las aves migratorias volaban rápidamente y a gran distancia
Ni rastros de su presencia: agujeros en la tierra,
    Playas cubiertas de brea.

Ruinas y abundante basura metálica
    Eran todo lo que quedaba de aquel
Cuyo nacimiento en el Sexto había hecho de aquel día
    Un intermedio innecesario.

Bueno, aquel individuo en realidad jamás había olido
    Como una criatura capaz de sobrevivir:
No tenía gracia, destreza o facultad como las de aquellos
    Nacidos en los Primeros Cinco.

De vuelta pues, al fin, a una economía natural,
     Ahora que Su Imprudencia había desaparecido
Pareciendo exactamente lo que era,
    El Séptimo Día siguió su curso,

Hermosísimo, feliz, perfectamente sin objetivo...
    El restallante chasquido de un rifle
Rayó su Arcadia de par en par, interrumpió
    Su necesidad Sabática.

¿Para quién pensaba que habían sido creados?
    Aquel individuo estaba de vuelta,
Con una mente más sanguinaria de la que le recordaban,
    Más semejante a un Dios de lo que pensaban.

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"... hoy el inevitable aumento de la probabilidad de muerte"  (España 1937)


    Oh, ¿qué ruido es ese...

 

Oh, ¿qué ruido es ese que redobla en el valle, 
que estremece al oído, redoblando? 
Son sólo los soldados escarlata, querida, 
los soldados que van llegando.

Oh, ¿qué luz es esa que potente allá brilla, 
que veo en la distancia, tan brillante? 
Sólo es el sol en sus armas, querida, 
mientras van adelante.

Oh, ¿qué es lo que hacen esta triste mañana, 
qué hacen esta mañana, con todo su aparejo? 
Sólo sus maniobras habituales, 
    querida, 
o quizá una advertencia.

Oh, ¿por qué de pronto el rumbo cambian 
y salen del camino? ¿por qué viran? 
Quizá una contraorden tan sólo, querida, 
¿por qué te arrodillas?

Oh, ¿por qué no han detenido sus caballos 
a la puerta del doctor, por qué no paran?

No hay entre ellos ninguno que esté herido, 
querida, no entre ellos.

Oh, ¿no será al párroco a quien buscan? 
¿al párroco, quizá, de blanco pelo? 
No. Pasan ante su puerta, querida, 
pasan sin detenerse.

Oh, ha de ser al ladino granjero al que 
    quieren, 
al granjero que vive ahí, tan cerca. 
Ya pasaron la granja, querida, 
y ahora van corriendo.

Oh, ¿a dónde vas? ¡quédate conmigo! 
¿me engañaban tus votos? ¿me engañaban? 
No; prometí amarte, querida, 
mas debo partir al momento.

Oh, han roto el candado y en torno a la 
    puerta 
que han roto están asechando; 
el ruido de sus botas retumba en el suelo, 
tienen hambre de fuego sus ojos en llamas.     




Septiembre 1, 1939

 

Me siento en un lupanar
de la calle cincuenta y dos,
incierto y asustado
mientras mueren las grandes esperanzas
de una década baja y deshonesta:
olas de rencor y de miedo
corren sobre las iluminadas
y oscurecidas tierras del planeta
oprimiendo nuestras vidas privadas;
el inmencionable olor de la muerte
ofende a la noche de septiembre.

La escolaridad debida puede
desenterrar toda la grosería que,
desde Lutero hasta ahora,
ha enloquecido esta cultura,
averigua lo ocurrido en Linz,
qué gran imagen hizo
un dios sicópata:
yo y el público sabemos
lo que aprenden los escolares:
aquellos a quienes se les hace mal
hacen mal a cambio.

Tucídides en el exilio sabía
todo lo que un discurso puede decir
acerca de la democracia,
y lo que hacen los dictadores,
la añeja porquería que dicen
a las tumbas apáticas;
todo lo analizó en su libro,
la ilustración ignorada,
el dolor que forma hábito,
pena y mala administración:
todo hemos de sufrirlo nuevamente.

Hacia este aire neutral
donde usan los ciegos rascacielos
toda su altura para proclamar
la fuerza del Hombre Colectivo,
derrama cada lengua su vana
competencia de disculpas;
pero quién puede vivir tanto tiempo
en un sueño eufórico;
se asoman fuera del espejo
la cara del Imperialismo
y el error internacional.

Los rostros en la barra
se aferran a lo cotidiano:
nunca deben apagarse las luces,
la música debe siempre oírse,
conspiran todas las convenciones
para que este fuerte asuma
los modos del hogar;
a menos de que veamos lo que somos:
perdidos en un bosque hechizado,
niños temerosos de la noche
que jamás han sido buenos ni felices.

La más ventosa basura militante 
que gritan las Personas Importantes 
no es tan vulgar como nuestro deseo: 
lo que el loco de Nijinsky escribió 
sobre Diaghilev 
es cierto del corazón común; 
pues el error creado en el hueso 
de cada mujer y de cada hombre
ansía lo que no puede tener, 
no el amor universal 
sino ser en soledad amado.

De la oscuridad conservadora
hasta la vida ética
los trenes atestados vienen
repitiendo su voto matinal:
“Seré fiel a mi mujer,
me concentraré más en mi trabajo”,
se despiertan los desvalidos gobernantes
y reasumen su juego compulsivo:
¿quién puede liberarlos ahora?
¿quién puede alcanzar al sordo?
¿quién puede hablar por el mudo?

Lo único que tengo es una voz
para deshacer la mentira y sus dobleces,
la mentira romántica en los sesos
del sensual hombre-de-la-calle
y la mentira de la autoridad
cuyos edificios tentalean el cielo:
no hay tal cosa como el Estado
y nadie existe solo;
el hambre no deja escoger
ni al ciudadano ni al policía;
debemos amarnos unos a otros o morir.

Indefenso en la noche
nuestro mundo yace en estupor
y con todo, punteado en todas partes,
irónicos puntos de luz
relampaguean donde sea que los Justos
intercambian mensajes;

pueda yo, compuesto como ellos de Eros y 
    de  polvo,

sitiado por la misma negación y 
    desesperanza,

mostrar una flama afirmativa.



    El compositor

 

Los otros traducen: el pintor dibuja 
un mundo visible que amar o rechazar; 

escarbando su vida, el poeta saca 
las imágenes que hieren y conectan,

moldeando con dolor, a la vida y al arte, 
confiando que nosotros cubriremos la grieta. 

Sólo tus notas son puro artefacto, 
sólo tu canción es un don absoluto.

Derrama tu presencia, delicia desbordada,
por las cascadas de las piernas y los 
    vertederos de
la espalda, 
que invade nuestro clima de duda y de silencio; 

sólo tú, tú sola, canción imaginaria, 
eres incapaz de decir que una existencia ha errado, 

y viertes, como un vino, tu perdón.     



Canción de otoño

Ahora las hojas caen aprisa, 
Las flores de la nana no durarán, 
Las nanas han ido a sus tumbas, 
Pero los cochecitos de niño siguen rodando. 

Susurrantes vecinos a izquierda y derecha 
Nos apartan de nuestro verdadero deleite, 
Manos hábiles se ven obligadas a congelarse 
Abandonadas sobre rodillas solitarias. 

A poca distancia de nosotros, en nuestro mismo camino, 
Muertos a centenares gritan “¡ay de mí! 
Con los brazos rígidamente alzados para protestar 
En falsas actitudes de amor. 

Desarrapados a través del saqueado bosque, 
Los trolls corren rezongando por su comida, 
El búho y el ruiseñor están mudos, 
Y el ángel no vendrá. 

Clara, inescalable, al frente 
Se alza la Montaña de En Lugar De, 
De cuyos fríos arroyos en cascada 
Nadie puede beber más que en sueños. 



DECIDME CÓMO ES EL AMOR

Unos dicen que el amor es un niño
                          y otros dicen que es un pájaro,
unos dicen que es lo que mueve el mundo,
                          y otros dicen que eso es absurdo,
y cuando le pregunté al vecino de al lado,
                         que parecía como si lo supiese,
su mujer se enfadó mucho
                         y me dijo que no iba a sacar nada.

  ¿Se parece acaso a una pijama,
           o al jamón de las clínicas de reposo?
¿Su olor recuerda a las llamas
           o es un olor reconfortante?
¿Tiene espinas como un seto,
           o es blando como pelusa de edredón?
¿Es afilado o tiene el borde suave?
           Venga, decidme cómo es el amor.

  Nuestros libros de historia se refieren a él
                          con notas minúsculas y crípticas,
es un tema bastante habitual en 
                          los barcos trasatlánticos;
he encontrado menciones al asunto
                          en relatos de suicidios,
e incluso lo he visto escrito
                          en contracubiertas de guías ferroviarias.

                ¿Aúlla como un pastor alemán hambriento
                          o retruena como una banda de ejército?
                ¿Alguien puede hacerme una buena imitación
                          con una sierra o con un Steinway Grand?
                ¿Cuándo canta en las fiestas la arma?
                          ¿Sólo se dedica a los clásicos?
                ¿Se calla cuando uno quiere silencio?
                          Venga, decidme cómo es el amor.

  Miré en el cenador
                          allí tampoco estaba.
Probé en el Támesis, cerca de Maidenhead,
                          Y en el aire tonificante de Brighton.
No sé lo que canta el mirlo
                          ni lo que decía el tulipán,
pero no estaba en el gallinero
                          ni debajo de la cama.

                  ¿Puede hacer muecas extrañas?
                          ¿Se marea con los balanceos?
                  ¿Se pasa el día en las carreras
                          o haciendo chanchullos con alambres?
                  ¿Tiene su propias ideas sobre el dinero?
                          ¿Es lo bastante patriótico?
                  ¿Sus chistes son vulgares pero divertidos?
                          Venga, decidme cómo es el amor.

  Cuando venga, ¿será sin avisar?
            mientras me esté hurgando la nariz?
¿Llamará a mi puerta por la mañana
           o me pisará un dedo en el autobús?
¿Será como cuando cambia el tiempo?
           ¿Saludará con cortesía o sin educación?
¿Cambiará mi vida a fin de cuentas?
           Venga, decidme cómo es el amor. 

    El novelista

 

Vestido de talento como de un uniforme, 
es bien sabido el lugar de un poeta; 
puede asombrarnos como una tormenta,
o morir joven, o vivir solo muchos años,

o ir hacia adelante como un húsar.
Pero él debe salir de su don infantil
y aprender cómo ser sencillo y desgarbado,
cómo ser uno al que nadie pensaría en 
    recurrir.

Pues, para lograr su más ínfimo deseo,
debe ser el todo del tedio, sujetarse
a quejas vulgares como el amor, ser Justo
entre los justos, puerco entre los puercos
también, y en su propia persona, si es que 
    puede,
acumular con celo los errores del hombre.     



    Herman Melville

 

Al final casi, navegando, entró a una calma singular 

y ancló en su casa y alcanzó a su 
    esposa 
y bogó en la ensenada de sus manos
y cada mañana cruzaba a la oficina como si fuera otra isla su 
    trabajo.
Existía el Bien: esto era su nueva ciencia
su terror tuvo que alejarse totalmente
para que se diera cuenta; mas fue lanzado 
    por el
viento 
allende el Cabo de Hornos del éxito 
    razonable 
que aúlla: “Esta roca es el edén. Aquí 
    naufraga”.

Pero que lo ensordeció con truenos y lo 
    aturdió con 
relámpagos: 
—el héroe lunático cazando, como a una 
    joya, 
al raro monstruo ambiguo que mutiló su 
    sexo, 
odio por odio hasta vaciarse en grito, 
sobreviviente imposible arrebatado al 
    delirio—
todo eso era falso y complicado; la verdad 
    era
simple.

Nada espectacular el Mal, y siempre humano, 

comparte nuestra cama y come en nuestra 
    mesa, 
y nos presenta al Bien todos los días, 
hasta en las estancias rodeadas de yerros; 
tiene un nombre (como “Billy”) y es casi perfecto 

aunque porta como un adorno su 
    tartamudez: 
y cada vez que se topan tiene que pasar lo mismo; 

es el Mal el que es desvalido como 
    un amante 
y busca pleito hasta encontrarlo 
y ambos son destruidos abiertamente ante 
    nosotros.
Pues ahora se había despertado y ya sabía 
que nadie se salva mientras no sea en 
    sueños; 
pero había algo más que había sido 
    trastocado por
la pesadilla—

incluso el castigo era humano y era una 
    forma de
amor: 
la quejosa tormenta había sido la presencia 
    de
su padre 
y había sido llevado siempre en el pecho de 
    su padre. 
Que con delicadeza lo había descendido 
    ahora para 
abandonarlo. 
Se puso de pie sobre el balcón angosto y 
    escuchó 
y todas las estrellas arriba cantaron como en 
    su
infancia 
“Todo, todo es vanidad”, pero ya no era lo mismo;

 porque ahora las palabras cayeron 
    como el sosiego
de las montañas 
—Natanaél fue tímido por ser su amor egoísta— 

pero ahora gritó, transportado y 
    vencido, 
“La divinidad se ha roto como un pan. 
    Nosotros somos los pedazos.”

Y se sentó en su escritorio y escribió una historia.     




MIENTRAS PASEABA UNA TARDE

  Mientras paseaba una tarde,
                bajando por Bristol Street,
las multitudes en las aceras
eran campos de trigo maduro.

  Y junto al río crecido
                oí cantar a un enamorado
bajo la vía del tren:
                “El amor nunca se agota.

  Yo siempre te voy a querer,
                hasta que China y África se junten,
y el río salte encima de la montaña
               y el salmón cante en la calle.

  Te querré hasta que tiendan
               el océano para que se seque
y las siete estrellas graznen 
en el cielo como gansos.

  Los años correrán como liebres
               porque en mis brazos llevo
la Flor de los Tiempos
               y el primer amor del mundo”.

  Pero los relojes de la ciudad
               empezaron a zumbar:
“No dejéis que el Tiempo os engañe,
               nunca lo vais a vencer. 

  ”En las madrigueras de la Pesadilla
               donde la Justicia está desnuda,
el Tiempo vigila desde la sombra
               y tose cuando intentáis besaros.

  ”Con angustias y migrañas
               la vida se va escurriendo
y el Tiempo se sale con la suya
               mañana igual que hoy.

  ”En muchos valles verdes
               se amontona la nieve atroz,
el tiempo deshace los bailes
               y la pirueta del colimbo.

  ”Oh, meted las manos en agua,
               metedlas hasta las muñecas,
mirad en la pileta
               y pensad que habéis perdido.

  ”El glaciar llama desde el armario,
               el desierto gime en la cama,
y la grieta en la taza de té
               lleva tierra a los muertos.

  ”Allí el mendigo rifa billetes de banco
              y el gigante hechiza a Pulgarcito,
y el pálido muchacho ruge de furia
              y Jill se tumba de espaldas.

  ”Oh, mirad en el espejo,
              mirad vuestra preocupación;
la vida sigue siendo una bendición
              aunque vosotros no sepáis bendecir.

  ”Oh, quedaos en esa ventana
              mientras las lágrimas os queman,
amaréis a vuestro mezquino prójimo
              con vuestro corazón mezquino”.

  Ya se había hecho muy tarde,
              los enamorados se habían ido,
los relojes habían dejado de zumbar
              y el río profundo seguía fluyendo



EL CIUDADANO DESCONOCIDO

El Departamento de Estadística descubrió que era 
alguien contra quien no había queja oficial, 
y todos los informes sobre su conducta coinciden 
en que, en el sentido moderno de una palabra anticuada, era un santo, 
pues en todo lo que hizo sirvió a la Gran Comunidad. 
Salvo por la guerra hasta el día de su jubilación 
trabajó en una fábrica y nunca fue despedido, 
sino que satisfizo a sus patronos, Motores Fudge S.A. 
Y sin embargo no era un esquirol ni tenía opiniones extrañas, 
pues su Sindicato informa que cumplió con su deber 
(nuestro informe sobre su Sindicato indica que era de fiar) 
y nuestros trabajadores de Psicología Social descubrieron 
que era estimado entres sus compañeros y le gustaba ir de copas. 
La prensa está convencida de que compraba el periódico todos los días 
y sus reacciones a la publicidad eran normales en todos los sentidos. 
Las pólizas hechas a su nombre demuestran que estaba asegurado 
                     a todo riesgo,
y su cartilla de Atención Sanitaria indica que ingresó una vez 
                    en el hospital pero salió curado.
Tanto Sondeo de Producción como Alto Nivel de Vida declaran 
que tenía actitud sensata entre las ventajas del Pago a Plazos 
y poseía todo lo que necesita el Hombre Moderno, 
fonógrafo, radio, coche y frigorífico. 
Nuestros investigadores de Opinión Pública están convencidos 
de que tenía las opiniones adecuadas según la época del año; 
cuando había paz, estaba a favor de la paz, cuando hubo guerra, acudió. 
Se casó y aportó a la población cinco hijos, 
lo que era el número adecuado para un progenitor de su generación 
                    según nuestro Eugenista,

y nuestros maestros atestiguan que nunca se entrometió en su educación. 
¿Era libre? ¿Fue feliz? La pregunta es absurda: 
si algo hubiera ido mal, con toda seguridad nos hubiéramos enterado.



Poesía y verdad. Un poema no escrito (1)

Por W.H. AUDEN

I
Esperando tu llegada mañana, me descubro pensando que Te amo: luego aparece la idea: me gustaría escribir un poema expresando exactamente lo que quiero decir cuando pienso estas palabras.


II
A cualquier poema escrito por otra persona lo primero que le pido es que sea bueno —quien lo haya escrito es de importancia secundaria; a cualquier poema escrito por mí, lo primero que le exijo es que sea genuino, reconocible, al igual que mi propia caligrafía, como un poema escrito, para bien o para mal, por mí. (Cuando se trata de sus propios poemas, las preferencias del poeta y las de sus lectores a menudo se enciman pero pocas veces coinciden).


III
Pero este poema que ahora me gustaría escribir no tan sólo debería ser bueno y genuino: si quiero que me satisfaga, también debe ser verdadero.

Leí un poema de alguien en el que lacrimosamente se despide de su ser amado: el poema es bueno (me conmueve al igual que otros buenos poemas) y es genuino —reconozco la “caligrafía” del poeta. Después me entero por una biografía que, por la época en que lo escribió, el poeta estaba harto de la mujer pero fingió llorar para no herir sentimientos y evitar una escena. ¿Afecta esta información mi opinión sobre el poema? En lo más mínimo: nunca conocí personalmente al poeta y su vida privada no es de mi incumbencia. ¿Habría afectado mi opinión el que yo mismo hubiera escrito ese poema? Así lo espero.


IV
No sería suficiente que yo creyera que lo que yo había escrito era verdadero: para satisfacerme, la verdad de este poema tiene que ser evidente por sí misma. Tendría que estar escrito, por ejemplo, de tal forma que ningún lector pudiera leer “Te amo” por Te amo.


V
Si yo fuera un compositor, creo que podría producir una pieza musical que expresara a un oyente lo que quiero decir cuando pienso la palabra amor, pero me sería imposible componerla de tal modo que ese oyente supiera que este amor lo sentía por Ti (no por Dios, o mi madre, o el sistema decimal). El lenguaje de la música es, digamos, intransitivo, y esta misma intransitividad es precisamente la que priva de sentido a un oyente que pregunta: “¿De veras cree el compositor lo que dice, o sólo está fingiendo?”.


VI
Si yo fuera un pintor, creo que podría producir un retrato que expresara a un espectador lo que quiero decir cuando pienso la palabra Tú (alguien con hermosura, adorable, etcétera), pero me sería imposible pintarlo de tal forma que ese espectador supiera que Yo te amaba. El lenguaje de la pintura carece, digamos, de la Voz Activa, y es precisamente esta misma objetividad lo que priva de sentido a un espectador que pregunta: “¿Realmente es éste un retrato de N (no de un joven, un juez o una locomotora disfrazada)?”.


VII
El “simbolista” pretende hacer una poesía intransitiva como la música, que no puede ir más allá de la reflexión narcisista: “Me amo a mí mismo”; la pretensión de hacer una poesía tan objetiva como una pintura, no puede llevar más que a una simple comparación. “A es como B”, “C es como D”, “E es como F”... Ningún poema “imaginista” puede ser muy largo.


VIII
Como lenguaje artístico, el Discurso tiene muchas ventajas: tres personas, tres tiempos —la Música y la Pintura sólo cuentan con el tiempo presente—, la voz activa y la voz pasiva; pero tiene un serio defecto: carece de la Atmósfera del Indicativo. Todas sus aseveraciones están en el subjuntivo y son posiblemente verdaderas sólo hasta que se verifican (lo que no siempre es posible) por evidencias no-verbales.


IX
Primero escribo Nací en York; después, Nací en Nueva York: para descubrir cuál frase es cierta y cuál es falsa no sirve de nada estudiar mi caligrafía.


X
Puedo imaginar un falsificador lo suficientemente hábil como para imitar con tal exactitud la firma de otra persona que hasta un experto juraría ante una corte que era genuina, pero no puedo imaginar a un falsificador lo suficientemente hábil que pudiera imitar su propia firma con la imprecisión necesaria para hacer que un experto jurara que es una falsificación. (¿O será que sencillamente no me puedo imaginar las circunstancias en las que alguien deseara hacer una cosa semejante?)
XI
En los viejos tiempos, normalmente un poeta escribía en tercera persona, y su tema acostumbrado eran las hazañas de otros. El uso de la primera persona lo reservaba para invocar a la Musa o para recordarle a su Príncipe que era día de paga; incluso entonces, no hablaba como él mismo, sino instalado en su capacidad profesional como bardo.


XII
En la medida en que un poeta hable de las hazañas de otros, su poema puede ser malo pero no puede ser falso, incluso si las hazañas son legendarias y no hechos históricos. Cuando en los viejos tiempos un poeta decía cómo un jovenzuelo de cincuenta kilos retaba a un combate a muerte a un dragón de veinte toneladas, o cómo un malvado robaba el caballo del Obispo, se metía con la mujer del Gran Visir y escapaba de la cárcel disfrazado de lavandera, nunca se le ocurrió pensar a alguien en su público: “Bueno, sus versos pueden estar muy bien o ser divertidos, ¿pero el guerrero era tan valiente o el villano tan astuto como él dice?”: las hazañas que describía le daban sentido común a su secuencia silábica.


XIII
En la medida en que hable de las hazañas de otros, un poeta no tiene dificultad en decidir qué estilo de discurso adoptar: una hazaña heroica requiere de un estilo “elevado”, un hazaña de astucia cómica de un estilo “bajo”, etcétera.

Pero supongamos que Homero no hubiera existido, de tal forma que Héctor y Aquiles se hubieran visto obligados a escribir La Ilíada en primera persona. Si lo que ellos hubieran escrito fuera en todos los otros aspectos el poema que conocemos, ¿no deberíamos pensar: “Los héroes genuinos no hablan de sus hazañas con esta grandeza. Estos tipos deben de estar mintiendo?” Pero si no es propio de un héroe hablar de sus propias hazañas en un tono muy elevado, ¿en qué estilo ese héroe podría hablar de ellos apropiadamente? ¿En un estilo cómico? ¿No sospecharíamos entonces una falsa modestia de su parte?


XIV
El poeta dramático hace hablar a sus personajes en primera persona y, muy a menudo, en un tono elevado. ¿Por qué esto no nos incomoda? (¿O sí?) ¿Es porque sabemos que el dramaturgo que escribió sus parlamentos no estaba hablando sobre sí mismo, y que los actores que los repiten sólo están actuando? ¿Pueden las comillas volver aceptable lo que sin ellas resultaría incómodo?
XV
Resulta fácil para un poeta hablar sinceramente de guerreros valerosos y canallas astutos porque el coraje y la astucia poseen sus propios obras por medio de las cuales manifiestan su carácter. ¿Pero cómo va a hablar ese poeta sinceramente de amantes? El amor no cuenta con una hazaña que le sea propia: tiene que pedir prestado un acto de gentileza que, en sí mismo, no es una hazaña sino una forma de conducta —es decir, no es una obra humana. Uno puede, si así lo desea, llamarlo obra de Afrodita o de la Frau Minne o de la Bella Dama.


XVI
Una hazaña atribuida a Hércules era el de haber “hecho el amor” con cincuenta vírgenes en el curso de una sola noche: en estas condiciones se podría decir que Hércules era un favorito de Afrodita, pero no se le llamaría un amante.


XVII
¿Quién es Tristán? ¿Quién es don Giovanni? Ningún fisgón podría decirlo.


XVIII                                                                                                                                     

Resulta fácil para un poeta alabar las benevolentes obras de Afrodita (llenando su canción de encantadores retratos como el del ritual de la corte del Gran Colimbo Crestado o el de la curiosa conducta del molusco macho, y después todas las alegres ninfas y corderos amándose locamente mientras se levantan y caen imperios), siempre y cuando ese poeta piense que ella rige las vidas de las criaturas (e incluso de los seres humanos) en general. ¿Pero cuál es el papel de Afrodita cuando se trata de un amor entre dos personas con nombres y que hablan en primera y segunda persona? Cuando yo te digo Te amo, admito, naturalmente, que le debo a Afrodita la posibilidad general de amar, pero el que Yo te deba amar a ti es, lo exijo, mi decisión —o Tú mandato— no la de ella. O eso, al menos, seguiré exigiéndolo cada vez que me encuentre felizmente enamorado: cuando me encuentre infelizmente enamorado (la razón, la conciencia, mis amigos me advierten que mi amor amenaza a mi salud, mis bolsillos y mi salvación espiritual; sin embargo yo insisto en la unión), entonces bien puedo responsabilizar a Afrodita y considerarme su víctima indefensa. Así, cuando un poeta desea hablar del papel de Afrodita en una relación personal, la ve por lo común como una diosa malvada: no es de felices matrimonios de lo que habla, sino de amores trágicos y mutuamente destructivos.


XIX
El amante infeliz que se suicida no se mata por amor sino a pesar del amor: para demostrarle a Afrodita que todavía es un hombre libre, capaz de una acción humana, no su esclavo, reducido a una simple conducta.


XX
Sin el amor personal el impulso afectivo no puede ser una hazaña, sino un acontecimiento social. Un poeta al que comisionan para escribir un epitalamio, debe saber los nombres y el estatus social de la novia y del desposado antes de poder decidir el estilo de la dicción y la imaginería apropiada a la circunstancia. (¿Es para una boda de nobles o de campesinos?) Pero el poeta jamás preguntará: “¿Están enamorados los novios?” —porque eso es irrelevante para un acontecimiento social. Podrán llegarle rumores de que el príncipe y la princesa no se soportan pero que se tienen que casar por motivos dinásticos, o que la unión de Juan y Juana es realmente la unión de dos cerdos de la piara, pero tal chismerío no influirá en lo que él escriba. Es por esto que se puede encargar un epitalamio.


XXI
El poeta nos habla de hazañas heroicas emprendidas por amor: el amante va hasta el fin del mundo para traer el Agua de la Vida, mata a ogros y dragones, escala una montaña de cristal, etcétera, y su recompensa final son la mano y el corazón de la mujer a la que ama (que por lo general es una princesa). Pero todo esto sucede en el reino de lo social, no en el terreno personal. Viene muy a tono que los padres de la muchacha (o la opinión pública) digan: “Tales y cuales virtudes son esenciales en un yerno (o en un rey)”, e insistan en que cada aspirante que se someta a cualquier prueba, ya sea escalar una montaña de cristal o traducir un pasaje oscuro de Tucídides, demostrará si posee tal cualidad o no: y el aspirante que pase la prueba exitosamente tiene el derecho de reclamarles el consentimiento de la boda. Pero es inconcebible cualquier prueba que haga decir a la muchacha: “No podría amar a cualquier aspirante que fallara, pero amaré a aquel, quien quiera que sea, que la pase”; tampoco es concebible alguna hazaña que le dé al aspirante el derecho de demandar el amor de su amada.

Supongamos, también, que ella dude de la calidad afectiva del héroe (¿él sólo va detrás de su cuerpo o de su dinero?), entonces ninguna hazaña de él, por heroica que sea, puede sacarla de la duda; en relación con ella personalmente, todo lo que eso puede demostrar es que el objetivo del héroe, noble o ruin, es lo suficientemente fuerte para someterlo a la Prueba.

XXII
Darle un regalo a alguien es un acto de generosidad, y el poeta épico invierte casi tanto tiempo en describir los obsequios que sus héroes intercambian y las fiestas que ofrecen, como el que gastan describiendo las acciones en una batalla, porque se espera que el héroe épico sea tan generoso como valiente. El grado de generosidad lo certifica el valor en el mercado del regalo. El poeta sólo tiene que decirnos el tamaño de los rubíes y de las esmeraldas incrustadas en la funda de la espada o el número de ovejas y de bueyes que se consumieron en la fiesta. ¿Pero cómo tendrá que hablar un poeta convincentemente de regalos hechos por amor (“te daré las llaves del Cielo”, etcétera)? El valor mercantil de un regalo personal es irrelevante. El amante trata de escoger, por lo que sabe de los gustos de la persona amada, lo que él cree que a ella más le gustaría recibir en ese momento (y recibirlo de él): podría ser un Cadillac, pero igual podría ser una postal cómica. Si él es un seductor en ciernes, con ganas de comprar, o ella una puta en ciernes, con ganas de vender, entonces, por supuesto, el valor mercantil es sumamente relevante. (No de modo invariable: su presunta víctima puede ser una muchacha muy rica cuyo único interés fuera el de coleccionar postales cómicas).


XXIII
El regalo anónimo es una obra de caridad, sólo que nosotros estamos hablando de eros, no de ágape. Es tan esencial al amor erótico el deseo de exponerse a sí mismo ante la otra persona, como es esencial a la caridad el deseo de no exhibirse ante nadie. En ciertas circunstancias, el amante puede intentar ocultar su amor —porque está jorobado, porque la muchacha es su propia hermana, etcétera— pero no es en su condición de amante como trata de esconderlo; y si en ese caso él le enviara regalos anónimos, ¿no delataría esto una esperanza, consciente o inconsciente, de despertar su curiosidad hasta el punto en que ella diera los pasos necesarios para descubrir la identidad del remitente?


XXIV
Mientras su romance con Crésida iba bien, Troilo se volvió un guerrero más feroz que antes —“Exceptuando a Héctor, era el hombre más arrojado de todos”—, pero, al mismo tiempo, el cazador más caballeroso —“Dejaba escapar a las bestias pequeñas”. Y es verdad que a veces decimos de algún conocido que está enamorado: “Esta vez tiene que ser cierto. Antes solía ser muy déspota con todos, pero ahora, desde que encontró a N, nunca suelta expresiones descorteses”. Pero es imposible imaginar a un amante diciendo: “Debe ser cierto que amo a N porque ahora soy mucho más amable que antes de que nos conociéramos”. (Quizá sólo sea posible imaginarlo diciendo: “Creo que realmente N me ama porque me ha vuelto mucho más tratable”.)


XXV
En cualquier caso, este poema que me gustaría escribir no tiene nada que ver con la proposición “Él la ama” (en donde Él y Ella podrían ser personas ficticias cuyos caracteres e historia el poeta es libre de idealizar a su gusto), sino con mi proposición Te amo —en donde Yo y Tú son personas cuya existencia e historias podrían ser verificadas por un detective privado.


XXVI
Es una convención gramatical de la lengua inglesa que el hablante se instale a sí mismo en el “Yo”, e instale en el “Tú” a la persona a quien se está dirigiendo; pero hay muchas situaciones en las cuales una situación distinta serviría igual de bien. Podría ser la regla, por ejemplo, que, al conversar cortésmente con extraños o al dirigirse a los servidores públicos, uno usara la tercera persona: “Al señor Smith le gustan los gatos, ¿también a la señora Jones?”; “¿Podría decirle el honorable conductor al humilde pasajero cuándo sale este tren?”: Hay muchas situaciones, digamos, en donde el uso de los pronombres “Yo” y “Tú” no va acompañado por el sentimiento-del-Yo o por el sentimiento-del-Tú.                                                                                        

XXVII
El sentimiento-del-Yo: un sentimiento de-responsabilidad-por. (No puede acompañar a un verbo en la voz pasiva.) Me desperté en la mañana con un violento dolor de cabeza y grité: ¡Ouch! Este grito es involuntario y está al margen del sentimiento-del-Yo. Entonces pienso: “Estoy crudo”; cierto sentimiento-del-Yo acompaña a esta idea —es mío el acto de localizar e identificar el dolor de cabeza— pero tal sentimiento es muy ligero. Luego pienso: “Bebí demasiado anoche”. En este caso el sentimiento-del-Yo es mucho más fuerte: Debí tomar menos. Un dolor de cabeza se ha convertido en mi cruda, un incidente en mi historia personal. (No puedo identificar mi cruda señalándome la cabeza y gimiendo; lo que vuelve mía la cruda es mi acción pasada y no puedo señalarme a mí mismo el día de ayer).


XXVIII
El sentimiento-del-Tú: un sentimiento de atribuir-responsabilidad-a. Sí, cuando pienso en Tu hermosura, a este pensamiento lo acompaña el sentimiento-del-Tú, me refiero a que te hago responsable, cuando menos en parte, de tu apariencia física; y ésta no se debe simplemente a una afortunada combinación genética.


XXIX
Algo común a los dos sentimientos, del-Yo y del-Tú: un sentimiento de estar-en-la-mitad-de-una-historia. Yo no puedo pensar Te amo sin incluir los pensamientos Ya te he amado (así sólo sea por un momento) y Te seguiré amando (así sea sólo por un momento). Si, por tanto, mi intención —como me gustaría que lo fuera en este poema— es expresar lo que quiero decir cuando pienso esto, entonces me vuelvo un historiador, enfrentado con los problemas de un historiador. De los documentos a mi disposición (memorias de mí mismo, de Ti, de lo que he oído sobre el tema del amor), es probable que algunos hayan sido trastocados, que algunos otros sean incluso completas falsificaciones; ahí donde carezco de documentos, no puedo decir si tal carencia se debe a que nunca existieron o si se han extraviado o si están escondidos, y, si es así, de ser recuperables no marcarían ninguna diferencia para mi cuadro histórico. Incluso aunque me fuera dada la memoria total, seguiría enfrentándome con la tarea de interpretarlos y de tasar su relativa importancia.


XXX
Los autobiógrafos son como otros historiadores: algunos son liberales, otros conservadores, algunos son Geistesgeschichtswissenschaftler, (2) algunos son folletinistas, etcétera. (Me gustaría creer que yo pienso Te amo más como Tocqueville lo habría hecho y menos como De Maistre).


XXXI
El problema más difícil en el conocimiento personal, ya sea de uno mismo o de otros, es el problema de intuir cuándo hay que pensar como historiador y cuándo como antropólogo. (Es relativamente fácil intuir cuándo uno debería pensar como médico.)


XXXII
¿Quién soy yo? (Was ist denn eigentlich mit mir geschehen?)(3) Muchas respuestas son plausibles, pero una definitiva sólo puede haberla en la misma medida en que pudiera existir una historia definitiva de la Guerra de Treinta Años.


XXXIII
Ay, que mi respuesta a la pregunta ¿Quién eres Tú? y tu respuesta a la pregunta ¿Quién soy Yo? sean las mismas, es tan imposible como que cualquiera de ellas resultara exacta y completamente cierta. Pero si no son las mismas, y ninguna resulta muy cierta, entonces la afirmación Te amo no puede ser muy cierta tampoco.


XXXIV
“Te amo; Je t’aime; Ich liebe dich; Io t’amo... no hay lengua en la tierra dentro de la cual esta frase no pueda ser traducida exactamente bajo la condición de que, por lo que se quiere decir con ella, el habla no es necesaria: en lugar de abrir la boca, el que habla muy bien podría señalarse con un dedo en primer término, luego señalar al “Tú” y enseguida dibujar un gesto que imite el acto de “hacer el amor”.

Bajo estas condiciones la frase se encuentra al margen de ambos sentimientos: el-Yo y el-Tú: “Yo” significa “este” miembro de la raza humana (no mi compañero de trago ni el cantinero), “Tú” significa “ese” miembro de la raza humana (no el inválido que está a tu izquierda, el niño de tu derecha o la vieja arrugada que está detrás de ti), y “amor” significa de “cuál” necesidad física soy la víctima pasiva en este momento (y no estoy pidiendo que me indiquen el camino hacia un buen restaurante o hacia el WC más cercano).


XXXV
Si fuéramos unos completos desconocidos (de modo que por ambas partes quedara excluida la posibilidad del sentimiento-del-Tú) y, abordándote en la calle, yo dijera Te amo, tú no sólo entenderías exactamente lo que estaba diciendo sino que tampoco dudarías que eso quise decir; nunca pensarías: “¿Este hombre se está engañando a sí mismo o me está mintiendo?” (Por supuesto, tal vez caerías en un error: Yo podría estarte abordando para ganar una apuesta o para provocar un ataque de celos en alguien más).


Pero no somos desconocidos y no es eso lo que quiero decir —o no es todo lo que quiero decir.
Si de algún modo lo que quiero decir —y cualquier cosa que esto signifique— puede ser expresado, yo no podría transmitirlo igual de bien usando gestos que haciendo lo mismo con palabras (por tal motivo deseo escribir este poema) y, dondequiera que el lenguaje es necesario, la mentira y el autoengaño son igualmente imposibles.


XXXVI
Puedo fingir ante otros que no tengo hambre cuando la tengo (si me siento avergonzado de admitir que me resulta incosteable una comida decente) o que tengo hambre cuando no la tengo (ya que heriría los sentimientos de mi anfitriona si no como). Pero, ¿tengo hambre o no? ¿Qué tanta hambre? Es difícil concebir que tengan lugar la incertidumbre y el autoengaño en lo que se refiere a la respuesta verdadera.


XXXVII
Tengo hambre; Tengo mucha hambre; Me estoy muriendo de hambre: es claro que estoy hablando de tres grados del mismo apetito. Te amo un poco; Te amo muchísimo; Te amo locamente: ¿Estoy hablando aún de distintos grados? ¿O de distintas clases de amor?


XXXVIII
¿Te amo de veras? Podría responder No con la certeza de que estaba diciendo la verdad en la medida en que tú fueras alguien con tan poco interés para mí que nunca se me habría ocurrido hacerme a mí mismo la pregunta; pero no hay ninguna condición que me permitiera responder Sí con certeza. De hecho, me inclino a creer que, mientras mis sentimientos pudieran aproximarse cada vez más al sentimiento que haría del Sí la respuesta verdadera, me volvería más dubitativo. (Suponiendo que me preguntaras: “¿Me amas?”, yo estaría dispuesto, creo, a contestar Sí, si supiera que esto es una mentira).


XXXIX
¿Puedo imaginar que amo cuando, de hecho, no amo? Desde luego que sí. ¿Puedo imaginar que no odio cuando, de hecho, estoy odiando? Desde luego que sí. ¿Puedo imaginar que únicamente odio cuando, de hecho, amo y odio a la vez? Sí, eso también es posible. Pero ¿podría imaginar que odiaba cuando, de hecho, no estaba odiando? ¿Bajo qué circunstancias tendría un motivo para engañarme a mí mismo en relación con esto?


XL
Amor Romántico: No necesito haberlo experimentado por mi cuenta para dar una descripción justa y precisa de él, en la medida en que, por siglos, esta noción ha sido una de las principales obsesiones de la Cultura Occidental. ¿Podría imaginar su noción contraria: el Odio Romántico? ¿Cuáles serían sus convenciones? ¿Su vocabulario? ¿Cómo sería una cultura en donde este concepto fuera una obsesión tan poderosa como el Amor Romántico lo es en la nuestra? Supongamos que yo lo experimentara, ¿debería tener la capacidad para reconocer en tal experiencia al Odio Romántico?


XLI
El odio tiende a excluir de la conciencia cualquier pensamiento que no sea el de la Persona Odiada; pero el amor tiende a expandir la conciencia; el pensamiento de la Persona Amada actúa como un imán, que se rodea a sí mismo de otros pensamientos. ¿Es por esta razón que un poema de amor feliz es rara vez tan convincente como uno de amor infeliz: porque el amante feliz parece estarse olvidando con mucha frecuencia de su Persona Amada para pensar en el universo?


XLII
De los muchos (tantos, que suman demasiados) poemas de amor que he leído, poemas escritos en primera persona, los más convincentes se daban siempre en el fa-la-la de una sensualidad bien naturalizada que no tenía pretensiones de amor serio, o en los aullidos de dolor porque la persona amada había muerto y ya estaba imposibilitada para amar, o en los gruñidos desaprobatorios porque ella amaba a otro o tan sólo se amaba a sí misma; los menos convincentes eran aquellos en los que el poeta sostenía que era sincero, pero a la vez no tenía de qué quejarse.


XLIII
En la batalla, un soldado que se sepa bien a su Homero puede tomar las hazañas de Héctor y Aquiles (que posiblemente sean ficticias) como un modelo e inspirarse con eso para pelear con bravura él mismo. Pero el posible amante que conozca bien su Petrarca no puede inspirarse en eso para amar: si toma los sentimientos expresados por Petrarca (quien fue ciertamente una persona real) como un modelo e intenta imitarlos, en ese momento deja de ser un amante y se vuelve un actor que representa el papel del poeta Petrarca.


XLIV
Muchos poetas han intentado describir la experiencia del Amor Romántico distinguiéndolo del deseo vulgar. (Repentinamente avergonzado, me gustaría decir; consciente de haber soltado disparates, como un chango parlante o un mozo de cuadra que aún no se ha bañado, ante una Presencia Soberana, con la lengua trabada, temblando, temeroso de permanecer ahí pero renuente a partir porque éste es, entre todos los lugares, el mejor en el que se puede estar...) ¿Pero no ha tenido uno ya experiencias similares (de un encuentro radiante) en contextos no-humanos? (En un recuerdo me veo a mí mismo llegando inesperadamente ante una desdeñosa fundidora de acero en las montañas de Harz). ¿Qué es lo que hace la diferencia en el contexto humano? ¿El vulgar deseo?


XLV
Me gustaría creer que tiene lugar una evidencia amorosa cuando puedo decir verdaderamente: El Deseo, incluso en sus rabietas más salvajes, no puede persuadirme de que eso es amor ni impedirme desear que lo fuera.


XLVI
“Mi amor”, dice el poeta, “es más maravilloso, más hermoso, más deseable que...” —aquí sigue una lista de objetos naturales admirables y de artefactos humanos— (más maravilloso, me gustaría decir, que Swaladele, o la costa noroeste de Islandia, más hermoso que un tejón, un caballo de mar o una turbina fabricada por Gilkes & Co. de Kendal, más deseable que pan tostado en el desayuno o que un chorro sin fin de agua caliente...).

¿Qué entregan tales comparaciones? No una descripción, ciertamente, con la cual Tú pudieras distinguirte entre los cientos de posibles rivales que respondieran a una condición similar.


XLVII                                                                                                                                    

“La persona que adoro tiene más alma que otras gentes...” (Más divertida, me gustaría decir.) Para ser preciso, ¿acaso el poeta no debió escribir... “que otras gentes con las que me he encontrado hasta hace poco”?


XLVIII
“Te amaré siempre”, jura el poeta. A mí también me parece fácil jurar esto. Te amaré a las 4:15 PM del martes entrante: ¿sigue igual de fácil puesto así?


XLIX
“Te amaré pase lo que pase, aun cuando...” —luego viene una lista de milagros catastróficos— (aun cuando, me gustaría decir, todas las piedras de Baalbek se quiebren en trozos exactos, los cuervos de Repton murmuren funestas profecías en griego y a su vez el Windrush(4) allá abajo deslice imprecaciones en hebreo, el Tiempo enloquezca y que París y Viena vuelvan a estar fabulosamente alumbradas con gas...).

¿De veras creo que sea posible que estos acontecimientos ocurran durante el tiempo en que yo viva? Si no es así, ¿qué es lo que acabo de prometer? Te amaré pase lo que pase, aun cuando engordes nueve kilos o te aflija un bigote: ¿me atrevería a prometer eso?


L
Este poema que yo pensaba escribir era para expresar exactamente lo que quiero decir cuando pienso las palabras Te amo, pero no puedo saber con exactitud qué es lo que quiero decir; su función era lograr una verdad evidente en sí misma, pero las palabras no se pueden verificar por sí mismas. De modo que este poema permanecerá sin ser escrito. Eso no importa. Mañana llegarás; si yo estuviera escribiendo una novela en la que ambos fuéramos personajes, sé con exactitud de qué manera tendría que recibirte en la estación: adoración en la mirada; en la lengua, bromas y una amable malicia. ¿Pero quién sabe con exactitud cómo te saludaré? ¿La Bella Dama? Bueno, esa es una idea. ¿No podría uno escribir un poema (ligeramente desagradable, tal vez) sobre Ella?


1959

Auden. Circula una edición reciente de su libro Carta de año nuevo (Pre-textos, 2006).
Aguilar. Poeta, ensayista y editor. Entre sus libros: Antología de poesía popular mexicana y Fábulas de Ovidio, ambos de Cal y arena.

Saborit. Historiador y ensayista. Recientemente Cal y arena editó su antología sobre Pedro Castera en la colección Los Imprescindibles.



Notas de los traductores:

1 El título original de este poema de Auden es Dichtung und Wahrheit, en alusión más o menos paródica al libro de Goethe: Poesía y verdad.

2 Geistesgeschichtswissenschaftler: Historiadores del espíritu y de las ciencias humanas.


3 Was ist denn eigentlich mit mir geschehen?: ¿Qué fue, en fin, lo que realmente sucedió?


4 Windrush: Se hizo al mar en los astilleros de Hamburgo en 1930 y durante la Segunda Guerra Mundial se empleó como transporte de tropas y hospital; recibió el nombre de Empire Windrush después que el Ministerio del Transporte la adquirió en 1947. Al año siguiente llevó a Inglaterra el primer grupo amplio de inmigrantes de las Indias Occidentales.

Nota y traducción: LUIS MIGUEL AGUILAR y ANTONIO SABORIT

En:  El Universal

Gentileza de Roger Michelena: Libreros


Un viento de tormenta sopla sobre el rastrojo,
Tengo frío en la nariz, y en mi túnica piojos.
Viene la lluvia repicando del alto cielo inglés,
Soy un soldado de este muro, y no sé por qué.
La neblina lo está cubriendo todo,
Mi chica está en Tungria, yo duermo solo.
Aulus es un tipo que le arrastra el ala,
No me gusta su estilo, no me gusta su cara.
Piso es un cristiano, su dios es un pescado:
Si por él fuera los besos se habrían terminado.
Ella me dio su anillo; lo jugué y lo perdí:
Yo quiero a mi chica, y también me quiero a mí.
Cuando tenga un solo ojo y sea un veterano
No haré más que mirar el cielo del verano.

W.H. Auden, "Blues de la Muralla Adriana (versión de Daniel Samoilovich y Mirta Rosenberg)

 

Se disipó, al caer la tarde, la opresión del día;
Las altas cumbres pudieron divisarse; había llovido
A través de amplios prados y flores refinadas
Fluía el diálogo de los diplomáticos.
Dos jardineros les miraron los zapatos caros
y el chofer esperaba, leyendo algo apoyado sobre el manubrio,
hasta que ellos terminaran su intercambio de enfoques.
Parecía una escena perteneciente a la esfera privada.
Lejos de ahí, sin importar sus buenas intenciones,
las fuerzas armadas esperaban un error verbal
con toda la parafernalia dispuesta para dañar:
Y del encanto de ellos dependía
una tierra devastada, con sus jóvenes masacrados,
sus mujeres llorando y el pueblo bajo el terror.

W.H. Auden, "Embajada" (versión de Germán Carrasco)



MUSEO DE BELLAS ARTES

         

Nunca se equivocaron sobre el sufrimiento 
los Viejos Maestros; qué bien entendieron 
su lugar en lo humano; cómo sucede 
mientras otros por ahí abren una ventana, 
    comen
o en algún lado caminan sin fijarse; 
cómo, mientras los ancianos 
    apasionadamente 
esperan el milagroso alumbramiento, debe 
    siempre
haber niños 
patinando en un estanque a la orilla del bosque 

que no tienen especial interés en que suceda; nunca olvidaron
que incluso el temible martirio debe seguir su curso 

a como dé lugar en una esquina, en algún lugar sucio donde llevan los perros su 
    vida de perros 
y el caballo del verdugo 
se rasca el trasero inocente contra un árbol.
En el Ícaro de Brueghel, por ejemplo: cómo 
    se aleja
todo, 
placenteramente, del desastre; el labrador 
pudo haber oído el chapoteo, el desamparado grito, 

pero para él no se trataba de un fracaso importante: 

el sol brillaba como debía en las blancas piernas 

que desaparecían entre las aguas verdes;
y el airoso y delicado buque, que algo 
    asombroso
debió ver 
—un niño que caía del cielo— 
tenía que ir a algún sitio y navegó con calma.     




MUSÉE DES BEAUX ARTS

Acerca do sofrimento, nunca se enganaram
Os Velhos Mestres: quão bem entenderam
A condição humana; como está presente
Enquanto alguém se alimenta ou abre uma janela ou monotonamente segue a caminhar;
Como, enquanto os velhos esperam apaixonada e reverentemente
Pelo miraculoso nascimento, deve sempre haver
Crianças que não queriam especialmente que acontecesse, patinando
Num lago na orla da floresta:
Nunca esqueceram
Que até o mais terrível martírio deve seguir o seu curso,
Custe o que custar, a um canto, nalgum lugar descuidado
Onde os canídeos acorrem em suas vidas de cão, e o cavalo do torturador
Coça seu inocente traseiro por detrás de uma árvore.

No Ícaro de Brueghel, por exemplo: como tudo se afasta
Ociosamente do desastre; o lavrador poderá
Ter ouvido o splash, o grito desamparado,
Mas para ele não era um importante fracasso; o sol brilhou
Como soía
 sobre as pernas brancas que desapareceram na verde
Água; e o frágil e grandioso navio que deve ter avistado
Algo espantoso, um rapaz caindo do céu,
Tinha um destino para ir e afastou-se calmamente.

    Canción

 

¿En qué piensas paloma mía, mi gazapa?
crecen como plumaje tus pensamientos, 
    callejón sin 
salida de la vida: 
¿en hacer el amor o en contar el dinero, 
o en robarte unas joyas, planes de ladrón?
Abre los ojos, tú, la más querida;
déjame cazar con tus manos que de mí se 
    han
escapado; 
haz los movimientos que exploran lo familiar; levántate en el margen del tibio y blanco día.

Levántate con el viento, mi gran serpiente; 
silencia a los pájaros y oscurece el aire; 
cámbiame con terror, vive un momento; 
ataca al corazón y ahí detenme.     



    Blues del refugiado

 

Digamos que hay diez millones en esta ciudad, 

unos viven en mansiones, 

otros viven en agujeros: con todo, no hay lugar para 
    nosotros, querida, no
hay lugar.
Alguna vez tuvimos una patria y nos pareció 
    justo,
mira en el Atlas y ahí la encontrarás:
no podemos ir a ella ahora, querida, no 
    podemos ir.

En el cementerio del pueblo hay un árbol 
    viejo 
que año con año florece nuevamente: 
los viejos pasaportes no hacen eso, querida, 
    los 
pasaportes viejos no.
El cónsul golpeó la mesa y dijo:
“Si no hay pasaporte están oficialmente 
    muertos”:
pero aún vivimos, querida, aún estamos 
    vivos.

Fui a un comité; me ofrecieron una silla; 
me pidieron cortésmente que volviera en un año: 

pero ¿a dónde iremos hoy, querida? 
    ¿hoy a dónde
iremos?
Fui a un mitin público; el orador se puso de 
    pie y
dijo: 
“Si los dejamos entrar se robarán el pan”; 
hablaba de nosotros, querida, hablaba de 
    nosotros.

Creí oír el estruendo de un trueno en el cielo; 
era Hitler en Europa diciendo: “¡Deben morir!”; 

nos tenía en mente, querida, nos 
    tenía en mente.

Vi un poodle en un saco cerrado con un 
    alfiler, 
vi una puerta abierta para que entrara el 
    gato: 
no eran judíos alemanes, querida, no eran 
    judíos
alemanes.

Bajé a la bahía y me paré junto al muelle, 
vi nadar a los peces como si fuesen libres
a cinco metros de mí apenas, querida, a 
    cinco metros de mí.
Crucé un bosque, vi a las aves en los 
    árboles;
no tenían políticos y cantaban a placer:
no eran la raza humana, querida, no eran 
    esa raza.
Soñé que vi un edificio con mil pisos de 
    altura,
mil ventanas y mil puertas;
ninguna era nuestra, querida, ninguna era 
    nuestra.

Me detuve en la pradera entre la nieve que caía; 

diez mil soldados marchaban de aquí para allá: 

buscándonos, mi vida, buscándonos a ti y a mí.     



o cidadão desconhecido


Segundo apurou o Instituto de Estatística,
Contra ele nunca existiu qualquer queixa oficial,
E todos os relatórios sobre a sua conduta confirmaram:
No moderno sentido de uma palavra velha, ele era um santo,
Pois em tudo o que fez serviu a Grande Comunidade.
Com excepção da Guerra e até ao dia da reforma,
Trabalhou numa fábrica e nunca foi despedido;

sempre satisfez os seus patrões, Máquinas Fraude, Ltda.
Mas não era fura-greves nem tinha opiniões estranhas,
Pois o Sindicato informa que sempre pagou as quotas
(E o seu Sindicato tem a nossa confiança),
E o nosso pessoal de Psicologia Social descobriu
Que ele era popular entre os colegas e gostava de um copo.
A Imprensa não duvida de que comprava um jornal por dia
E que as reacções à publicidade eram cem por cento normais.
Apólices tiradas em seu nome provam que tinha todos os seguros,
Eo Boletim de Saúde mostra que esteve uma vez no hospital e saiu curado.
Tanto o Gabinete de Estudos dos Produtores como o da Qualidade de Vida declaram
Que estava plenamente sensibilizado para as vantagens da Compra a Prestações
E tinha tudo o que é preciso ao Homem Moderno:
Um gira-discos, um rádio, um carro e um frigorífico.
Os nossos inquiridores da Opinião Pública alegraram-se
Por ter as opiniões certas para a época do ano;
Quando havia paz, era pela paz, quando havia guerra, ele ia,
Era casado e aumentou com cinco filhos a população,
O que, diz o nosso Eugenista, era o número certo para um pai da sua geração,
E os nossos professores informam que nunca interferiu com a sua educação.
Era livre? Era feliz? A pergunta é absurda:
Se algo estivesse errado, com certeza teríamos sabido.



 

             El laberinto

 

Antropos apteros pasó varios días 
silbando en el oscuro laberinto, 
confiando alegremente su salida 
a su temperamento y a su instinto.

La centésima vez que vio un arbusto 
que cien veces pensaba haber pasado, 
en la confluencia de cuatro senderos, 
reconoció al fin que se había extraviado. 
“¿Dónde estoy? a menos de que tenga una
    respuesta, 
dice la metafísica, una pregunta no puede ser
    propuesta, 
por lo que asumo 
que a este laberinto lo ha planeado alguno.

Si el pensamiento del teólogo es correcto 
un plan implica la idea de un arquitecto: 
un laberinto creado por Dios sería sin duda 
un preciso universo en miniatura.
¿Serían los datos de la percepción,
en ese caso, válida comprobación?
¿Qué del universo que domino me puede 
    decir
cuál es la dirección que debo seguir?
Lo que sugeriría el matemático 
sería una línea recta: lo más práctico. 
Pero izquierda y derecha en alternancia 
es algo, con la historia, más en consonancia.

La estética en contraste cree que todo el 
    arte 
intenta el corazón gratificarte: 
si rechazo disciplinas como ésta... 
¿seguiré el camino, entonces, que mejor me 
    parezca?

Sólo es verdadero este razonamiento 
si se acepta el clásico discernimiento, 
cosa que resulta imposible de asegurar 
si al introvertido hemos de escuchar

ya que su absoluta presuposición 
es que el hombre crea su propia condición: 
este meandro no fue creado por la divinidad 
y más bien es reflejo de mi culpabilidad.

Su centro, que no puedo hacer presente,
es conocido para mi inconsciente;
no tengo pues por qué desesperar:
en él he estado siempre con sólo así pensar.

El problema es cómo decir no quiero; 
los que están quietos se mueven más ligero; 
mientras no acepte que estoy perdido 
porque yo quiero estarlo, estoy perdido.
Si eso fracasa, quizá yo debería 
hacer lo que los educadores harían: 
contentarme con la conclusión 
ya que, en teoría, no existe solución.

Toda declaración sobre lo que yo siento, 
como estoy perdido, es falsa al cien por 
    ciento: 
termina mi sabiduría donde había empezado: 

cualquier barda es más alta que un humano.”
Antropo apteros, vacilante, 
confuso ¿hacia atrás? ¿hacia adelante? 
mirando hacia arriba deseó ser el ave 
a la que estas dudas 
debían parecer poco menos que absurdas.     


         La pregunta

 

Todos creemos
que nacimos de una virgen
(¿pues quién puede imaginarse

a sus padres copulando?)
y se sabe de casos 
de vírgenes preñadas.

Pero la pregunta persiste:
¿de dónde sacó Cristo
el cromosoma que faltaba?     


      Acción de gracias

 

Que eran sagrados bosques y brezales,
yo lo sentí, aún no adolescente,
y a la gente miré como profana.
Así, cuando al verso accedí
me fui a sentar al pie
de Hardy, Frost y Thomas. 
Me enamoré. Las cosas se alteraron.
Alguien, al fin, ahora me importaba,
Yeats y Graves me fueron una ayuda.
Después, sin previo aviso, se derrumbó
de pronto toda la Economía,
allí, para instruirme, Brecht estuvo.
Finalmente, llegué a pensar en Dios
mirando las terribles acciones
por Stalin y por Hitler perpetradas.
¿Por qué estuvo seguro de sus tremendas 
    fallas?
A la fe, me llevaron de nuevo,
Kierkegaard el salvaje, Lewis y Williams. 
Maduro hoy, en los años,
con un hogar en generoso ámbito,
la Naturaleza me seduce de nuevo.
¿Dónde están los maestros que requiero?
Bien, Horacio, de entre los hacedores el más 
    diestro,
es colmenero en Tívoli.
Goethe, consagrado a las piedras,
quien intuyó —nunca pude probarlo—
que por causa de Newton se extraviaría la 
    ciencia.
Con cariño, los reconozco a ustedes:
sin su apoyo jamás hubiera logrado
incluso el más precario de mis versos.

                                          Traducción de Carlos Monsiváis     

           Danza de la muerte

 

Damas y caballeros han logrado el más
notable progreso, y el progreso, estoy de
acuerdo, es gran merced;
han construido más coches de los
estacionables, han roto la barrera del sonido
y nada impide que muy pronto, en la luna, a
una fiesta los conviden:
pero quiero recordarles que eso a mí me 
    divierte,
la cosmócrata he sido y seré: yo soy la 
    Muerte.

Entre jóvenes y osados ando, y a mi antojo
se fía el alpinista de una rama podrida,
mientras nadan, con resacas, a los niños 
    recojo, 
el piloto maniobra hacia la horrible herida:
con otros me contengo y les regalo más vida
antes de asignarles, según mi propio humor,
a éste una coronaria, a este otro un tumor.

Soy liberal en lo que toca a religión y a raza;
ingresos tasables, crédito, ambición social 
no me impresionan. Sé que nos veremos 
    cara a cara, 
a pesar de medicinas y a pesar del hospital,
no obstante los eufemismos del más caro
    enterrador: 
matrona de palacete, miserable de cabaña,
bailarán todos conmigo cuando toque mi 
    tambor.     




    Rimbaud

 

Las noches, los túneles, el mal tiempo, 
sus horribles compañeros, lo ignoraban; 
mas la mentira del retórico, en ese niño, 
reventó como una gaita: el frío había hecho 
    a un
poeta.
Su amigo, lírico y débil, le traía tragos,
sus cinco sentidos sistemáticamente 
    derrengados;
puso fin al sin sentido acostumbrado,
hasta que de la debilidad y de la lira fue 
    apartado.

Los versos eran una especial enfermedad de 
    los
oídos; 
la integridad no era suficiente; eso parecía 
el infierno de la niñez: debía intentarlo de 
    nuevo.

Ahora, galopando a través de África, soñaba 

con un nuevo yo, un hijo, un ingeniero: 
su aceptable verdad para los hombres falsos.  



    Por fin se devela el secreto...

 

Por fin se devela el secreto, como al final 
    siempre
debe suceder, 
la suculenta historia está madura para 
    contarla al
amigo intimo;
sobre las tazas de té y en la plaza logra al 
    fin la
lengua su deseo; 
aguas quietas corren en lo hondo, amada, 
    no hay
humo sin fuego.

Atrás del cuerpo en la morgue, atrás del 
    fantasma
en los linderos, 
atrás de la dama que danza y del hombre 
    que bebe
como loco, 
bajo la mirada fatigosa, el ataque de 
    migraña y el
lamento, 
invariablemente hay otra historia, hay más  
    de lo
que mira el ojo.
Para la clara voz que súbitamente canta, 
    allá arriba
en las paredes del convento, 
el perfume de viejos arbustos, las huellas
amigables en el corredor,
los juegos de croquet en verano, el apretón 
    de
manos, la tos, el beso, 
hay siempre un maligno secreto, una razón 
    privada 
para todo esto.



    Foxtrot de una pieza teatral

 

Él:                  El soldado ama su rifle
                      El estudioso su ciencia 
                      El granjero a sus caballos 
                      Las actrices su apariencia 
                      Hay amor por todas partes 
                      Dondequiera sea que estés
                      Y aunque algunos enloquezcan
                      con la cara de Mae West
                      Tú eres mi taza de té.

Ella:               Unas hablan de Alejandro
                      Otras más de Fred Astaire 
                      A unas les gustan velludos 
                      y a otras debonaire 
                      A unas les gustan los curas 
                      o el estrella del ballet
                      Y aunque algunas los prefieren
                      rudos y de muy mal ver
                      Tú eres mi taza de té.

Él:                  Unos aman los afganos
                      otros quieren pekinés 
                      otros gatos o pericos 
                      o cerditos o ciempiés 
                      Hay pacientes en asilos 
                      que se creen ser un ciprés
                      Y aunque yo tuve una tía 
                      enamorada de un pez 
                      Tú eres mi taza de té.

Ella:               Unos tienen muy fea panza
                      otros bulbosa nariz 
                      unos el riñón flotante 
                      otros dedos de lombriz 
                      unos codo de tenista 
                      otros rodilla al revés
                      Y aunque conozco a uno  
                          que otro
                      de orejas de canapé
                      Tú eres mi taza de té.

Los dos:        El ruiseñor ama al bicho 
                      La víbora quiere al sol 
                      El oso polar al hielo 
                      El elefante al calor 
                      La trucha adora su río 
                      El carnicero su res

                      Y los perros más que nada
                      aman al poste de luz.
                      Nada eso impide, amor mío:
                      Mi taza de té eres tú.     

        

   

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