Departamento de Griego, I.E.S. Serpis 

 

Las Guerras Médicas y la Liga de Delos

 

Desde tiempos antiguos, la región que forma aproximadamente lo que hoy en día es Irán y Afganistán fue un enclave privilegiado entre Europa y Asia, un área de intercambio comercial y cultural entre Oriente y Occidente habitada durante mucho tiempo por diferentes tribus vasallas de los asirios.

Desde el año 550 aC, Ciro el Grande, rey del pueblo persa,  inició una ingente empresa que dio origen al Imperio persa: tras una serie de brillantes victorias se anexionó las regiones de Lidia, Babilonia, Asiria, Media; hacia el este tomó Sogdiana, Bactriana, Gedrosia….hasta llegar a los límites de las civilizaciones del Indo.

Con la caída de Creso, rey de Lidia, las ciudades griegas de Asia Menor pasaron a depender de la dominación persa, lo que fue un cambio para peor.

Ciro pereció en un combate en el 529 aC, y fue sucedido por su hijo Cambises que conquistó Egipto. El tercero en la sucesión fue Darío (521-485 aC). Con él, los griegos tuvieron el primer conflicto con el poder persa.

 

 

( Mapa del Imperio Aqueménida y sus diferentes conquistas. Fot. de sapiens.ya.com.)

 

Para resolver los problemas planteados por la diversidad de pueblos sometidos (medos, babilonios, sirios, fenicios, lidios, griegos de Jonia y arios desde Irán hasta el Indo), Darío organizó una veintena de satrapías, reinos en manos de jefes  a los que habia concedido  amplia autonomía y libertad para asegurar el orden público, recaudar los tributos anuales y organizar el reclutamiento de los contingentes militares.

Los elementos de unidad de este vasto imperio eran:

-la lengua administrativa, el arameo, junto con las lenguas regionales

-el ejército

-las grandes rutas administrativas y comerciales

-la moneda, los daricos de oro y

-la religión oficial, el mazdeísmo.

 

    La rebelión de las ciudades jonias de Asia Menor que estalló en 499 aC y que constituyó la causa del inicio de  las Guerras Médicas, se debió fundamentalmente a las maquinaciones del tirano de Mileto, Aristágoras quien, por intereses particulares, alentó una sublevación general contra el dominio persa. Las ciudades jonias expulsaron a los tiranos dependientes de los persas y solicitaron la ayuda de los griegos de la costa occidental, de entre los que respondieron Atenas y Eretria. Los sublevados consiguieron el saqueo de Sardes, y que Bizancio al norte y Chipre al sur se unieran a la sublevación.

La reacción persa no se hizo esperar y su dominio fue restaurado lenta pero inexorablemente: todas las ciudades fueron cayendo una tras otra bajo su autoridad hasta que en 494 aC la propia Mileto fue ejemplarmente destruida.

 

 

Darío había decidido castigar a los estados griegos que habían osado oponerse a la autoridad persa: 

En 492 aC, el general persa Mardonio dirigió una expedición con la intención de entrar en Grecia por la costa septentrional del Egeo, vía Tracia y Macedonia, pero la flota persa fue destruida por una tempestad junto al Monte Atos.

En 490 aC una nueva expedición fue enviada, esta vez atravesando el Egeo; tras saquear a  su paso Naxos y  Eretria, la flota persa llegó a la llanura de Maratón, en la costa oriental del Ática, y allí el ejército ateniense dirigido por  valerosos generales como Milcíades la derrotó.


Las consecuencias de la derrota de esta primera invasión persa fueron de enorme importancia pues demostraron a los griegos que podían vencer al enemigo, y para los persas  sirvió de advertencia de que se necesitaba una fuerza mayor para dominar a un pueblo que consideraban similar a los muchos que tenían bajo su autoridad.

 

Tras la muerte de Darío en 486, su sucesor Jerjes (486-465 aC) empezó a preparar una invasión gigantesca contra Grecia.

    Por esos mismos años,   los principales estados griegos, conscientes de que la amenaza persa no había desaparecido, comenzaron a prepararse: se unieron ante el enemigo común para formar una liga griega y se nombró a Esparta la directora de las operaciones por tierra y por mar. En Atenas, Temístocles había convencido a la asamblea del pueblo para que se invirtiera en la fortificación del puerto del Pireo  y en la construcción de una potente flota.

Junto a Atenas y Esparta, participaron también Corinto, Egina y otras ciudades griegas.

En 480 el ejército persa cruzó el Helesponto sobre un gran puente de barcos tendido en el estrecho, y tras bordear la costa Tracia fue bajando hacia el sur para unirse a su flota.

En las Termópilas rodeó y exterminó a los 300 soldados espartanos de Leónidas; Beocia y Ática fueron arrasadas; Atenas, cuya población había sido evacuada a la isla de Salamina,  fue ocupada y los monumentos de la Acrópolis incendiados.

Sin embargo, pronto, el ritmo de los acontecimientos cambiaría: ante la misma isla de Salamina tuvo lugar una batalla naval en la que la flota persa fue aplastada por las trirremes atenienses, y después de esta victoria siguieron la de Platea, y después las de Micala y Sestos (478 aC), con las que se destruyó definitivamente la fuerza naval persa y se alentó a la mayoría de las ciudades griegas de la costa de Asia Menor a la rebelión contra Persia.

 

 

La derrota persa no afectó básicamente a su poderío, que se mantendría aún más de un siglo, pero frenó su expansión; desde entonces, su intervención en Grecia sería económica, no militar.

Grecia mantuvo su independencia sin alterar su organización política y siguió desarrollándose, enorgullecida y convencida por la victoria de que los dioses estaban de su parte. Fue Atenas la ciudad que supo sacar más provecho de la victoria, al salir  como líder de los griegos. 

De esta época data la diferenciación entre griegos y bárbaros: el sentimiento nacionalista y de superioridad frente a Oriente fue otro resultado de las G. Médicas. Sin embargo,  no se produjo la unión de todas las ciudades. Esparta había sido la gran fuerza militar, pero Atenas había luchado con sus naves y en Maratón.

La verdadera herencia de las G. Médicas fue el reforzamiento de la polis en su autonomía y, más importante todavía, el surgimiento del dualismo espartano-ateniense. Este último marcaría la historia política y militar del siglo V: una tensa coexistencia entre Esparta, primera potencia terrestre y líder de la Liga Helénica, y Atenas, creadora de una talasocracia sin rival en el Egeo.

 

En el 477 aC se creó una Liga de ciudades aliadas griegas organizada por el ateniense Arístides. El objetivo de la Liga consistía en  mantener la ofensiva contra Persia, evitando la reconquista de ciudades recientemente liberadas, devastando territorios aún bajo el dominio persa y estando preparados para rechazar cualquier posible contraofensiva.

El centro administrativo de la Liga era la isla de Delos, antiguo lugar de reunión de los griegos jónicos y tradicional cuna de Apolo.

Incluía las ciudades de la costa de Asia Menor, las islas costeras de Rodas a Lemnos, un gran número de ciudades en la Propóntide, la mayoría de las Cícladas y Eubea (salvo la ciudad de Caristo). Entre sus miembros Atenas era la única potencia terrestre, y de las islas egeas, sólo Tera, Melos y Creta no pertenecían a la Liga.

 

El fin de la Liga era mantener una flota aliada, y se fundó sobre la base de que todos sus miembros proporcionasen barcos o dinero a la flota unida. Los pagos habían de efectuarse una vez al año en una tesorería común situada en Delos.

De los tipos de miembros de la Liga, los que aportaban barcos y los que únicamente contribuían con dinero (460 talentos), este segundo era, con gran diferencia, el más numeroso. 

El consejo de la Liga se reunía en Delos, allí se votaba, y no cabía duda de que Atenas, el miembro más poderoso, era la dueña de la organización.

 

Si en los primeros años, los éxitos militares y navales dirigidos por el ateniense Cimón, infundieron en los atenienses y sus aliados un sentimiento patriótico compartido, no fue lo mismo en años posteriores cuando se obligó a entrar a algunas ciudades y se actuó duramente contra las que pretendían salirse. De este modo Atenas avanzó hacia un control más fuerte de la alianza.

Con la elección de Pericles como arconte estratego en 454 el poder ateniense dentro de la Liga se extendió más allá de las necesidades estrictamente militares y navales: la tesorería de la confederación fue trasladada de Delos a Atenas  con el pretexto de que Delos estaba expuesta a un ataque por mar en un momento en que Persia había empezado a restablecer su dominio en Egipto y a convertirse de nuevo en una amenaza para Grecia.

De este modo, Pericles, al concentrar el control de la Liga en manos atenienses, la convirtió en un verdadero imperio y muchos de los cambios llevados a cabo revelaban la severidad de la ambición ateniense.

 

¿Qué formas adoptaron la interferencia y control atenienses?

  • 1-económica: Atenas utilizó las instituciones de la Liga para asegurarse el suministro de cereales, metales preciosos o madera para barcos.

El tributo de los aliados en barcos o en moneda estaba bajo su control y podía gastarlo como le placiese. Inmediatamente se abolieron las monedas locales y sólo se consideró el dracma ateniense moneda de curso legal.

  • 2-territorial: para tener seguros ciertos lugares de capital importancia, promovió el establecimiento de ciudadanos  atenienses en el extranjero, cleruquías que, más que colonias, fueron guarniciones militares con un sistema organizativo según el modelo ateniense, y que resultaron odiosos a los aliados.
  • 3-judicial: se fijó que todos los casos que supusiesen pena de muerte o privación de derechos civiles fueran juzgados en Atenas.
  • 4-política: Atenas apoyó en muchas ocasiones a las facciones democráticas de los aliados frente a los oligarcas.
  • 5: social: una ley del 451 restringió la ciudadanía y, por tanto, sus beneficios a personas de ascendencia ateniense por ambos lados. Pericles  pensó que no debían gozar del privilegio de gobernar el país quienes no fueran atenienses, puesto que no había seguridad de que antepusiesen los intereses de la ciudad a los personales.
  • 6-religiosa: Atenas, la autoproclamada metrópolis de Jonia, explotó la propaganda religiosa como una manera de afirmar su autoridad sobre sus aliados. Los acuerdos entre Atenas y sus aliados se comprometían bajo juramento que obligaban solemnemente a las dos partes, y cuyo quebrantamiento creían que causaba la venganza de los dioses.

Una parte de toda la contribución se ofrecía a Atenea, en cuyo templo se guardaba el dinero. Los pagos se efectuaban en el festival de primavera de Dioniso y los miembros que no lo hacían podían ser demandados.

Los atenienses poseían templos especiales en territorio aliado, muestras visibles de su dominación y del poder divino en el que se basaba. Ese mismo espíritu subyace en la política de Pericles de costear espléndidos edificios en la Acrópolis con el dinero acumulado por los tributos. Fue duramente criticado por ello, pero los atenienses lo apoyaron, pues se sintieron orgullosos de la gloriosa encarnación del espíritu nacional y de su diosa protectora de la ciudad.

Sin embargo, los aliados, más que sentir admiración de las glorias atenienses, sentían temor y aversión a Atenas, y se revolverían contra ella a la menor oportunidad.