La Retórica y la Oratoria Griegas

Seminario de griego IES SERPIS 

La Oratoria es el arte de hablar en público, práctica ya atestiguada en los Poemas Homéricos. En Atenas, con el desarrollo de las instituciones democráticas, a partir de la segunda mitad del siglo V,  fue adquiriendo progresiva importancia. Ante los tribunales populares, en las sesiones de la Asamblea e instituciones colegiadas y en los festivales y acontecimientos solemnes de la ciudad, el dominio de la palabra se convirtió en la clave del éxito y,  por tanto, en un instrumento de poder para quienes la controlaran. La persuasión, la capacidad de convencer a un auditorio de los propios argumentos, será fundamental para ganar al adversario en un juicio de carácter privado o para aprobar una medida política que afecta a toda la ciudad, o para convencer de lo oportuno de emprender o no una guerra, porque siempre, en la democracia clásica griega, decide el pueblo con su mayoría.

El dominio consciente de los principios teóricos para elaborar un discurso convincente es el objeto de la RETÓRICA que, junto con las destrezas interpretativas, constituye la condición fundamental para ser un buen orador.

 

    Aunque el origen del arte retórico haya que ubicarlo en la ciudad de Siracusa, en Sicilia, fue en Atenas donde se desarrolló especialmente y alcanzó su esplendor en el s IV aC.

La entrada oficial de la retórica siciliana en Atenas tuvo lugar en el 427 aC, y al combinarse con la tradición oral de elocuencia  de la propia ciudad motivada por su peculiar  vida política y social, la combinación de ambas dio paso a la Oratoria como arte, con carácter literario, confiada a la escritura tras su ejecución oral.

Desde la segunda mitad del siglo, confluyen en Atenas una gran cantidad de personajes procedentes de todo el mundo helénico (filósofos, médicos, sofistas…) atraídos por el brillo intelectual de la ciudad. Los sofistas fueron el núcleo fundamental de este grupo de hombres que llevaron a cabo una verdadera revolución cultural denominada “ILUSTRACIÓN GRIEGA”, y constituyen una referencia  obligada cuando se habla de Retórica, pues con sus diversos conocimientos, y especialmente lingüísticos y literarios, se convirtieron en los maestros del arte de hablar bien.

 

    Aristóteles atribuye los primeros pasos de este arte a dos sicilianos, CORAX y TISIAS, pero su verdadero introductor en Atenas fue el también siciliano GORGIAS de Leontini. Llegó a Atenas en el 427 como miembro de una embajada de su ciudad natal e impresionó vivamente por su elocuencia. Desde entonces inició en Grecia su labor de maestro de Retórica. Su enseñanza de la Retórica  estaba basada en la belleza y efectividad de la expresión. Para ello se apoyaba en el ritmo poético, rompiendo sus frases en cortas cláusulas simétricas, y en la ornamentación del lenguaje. Los paralelismos, las antítesis, las relaciones musicales entre las diferentes palabras y los finales de la palabra en rima son procedimientos usuales en él: las llamadas “figuras gorgianas”.

Consecuentemente, al convertirse la Oratoria en un producto artístico, toda la prosa quedó impregnada de elementos retóricos; y no sólo la prosa, también la poesía dramática.

 

Aristóteles clasificó la Oratoria en tres géneros transmitidos desde entonces hasta hoy:

            -Oratoria judicial o forense

            -Oratoria política o deliberativa

            -Oratoria epidíctica o demostrativa.

 

 

LA ORATORIA JUDICIAL

 

            Básicamente durante todo el siglo IV asistimos a la proliferación de una nueva profesión que resultó fundamental para el funcionamiento del sistema judicial ateniense: se trata del oficio de LOGÓGRAFO. Los logógrafos eran expertos en retórica, escritores públicos que redactaban discursos  para sus clientes a cambio de dinero, quienes los debían pronunciar ante los tribunales.

La comparecencia personal ante los jueces de un tribunal fue para los ciudadanos atenienses un honor y al mismo tiempo una responsabilidad que requería unas destrezas retóricas de las que carecían, por tanto el logógrafo se ganaba la vida redactando este tipo de discursos judiciales.

El discurso debía adaptarse lo más posible a la personalidad del cliente y a la ocasión, y su objetivo primordial era no tanto esclarecer la verdad como convencer al jurado.

  

    El primero en iniciar esta actividad de logógrafo fue ANTIFONTE de Ramnunte (480-410 aC). A él se le atribuye un pequeño corpus de discursos judiciales de carácter privado, y las “Tetralogías”, discursos ficticios creados por el autor para experimentar innovaciones lingüísticas y estilísticas, auténticos ejercicios teóricos para casos imaginarios o supuestos que podían  servir de modelo para otros reales.

A él debemos, según parece, el esquema que sirvió de base a los posteriores discursos forenses: proemio o introducción, narración o exposición de los hechos, establecimiento del tema, presentación de los argumentos, refutación de los argumentos del contrario, ampliación y epílogo.

 

 

    La oratoria forense alcanza con LISIAS (459-379aC) su cumbre. Era meteco, nacido en el seno de una familia muy rica en la que recibió una educación muy esmerada. A los 55 años, y desde entonces hasta el final de sus días,  como consecuencia de las tribulaciones que él y su familia padecieron bajo la tiranía de los Treinta, para subsistir económicamente decidió dedicarse al oficio de logógrafo, en el que sobresalió por encima de todos sus rivales.

Su actividad prolífica se constata por el gran número de discursos que se le atribuyen: alrededor de unos doscientos de los que unos cincuenta son considerados falsos o dudosos, y sólo treinta y uno se conservan completos. De los conservados, el discurso “Contra Eratóstenes” es el único que  pronunció él personalmente pues está relacionado directamente con su vida privada; es un discurso de acusación contra Eratóstenes, uno de los Treinta, a quien culpabilizó del asesinato de su hermano;  todos los demás versan sobre asuntos privados de sus clientes.

En Lisias se reconoce la sutileza y precisión de su interpretación  jurídica, la oportuna selección y valoración de testimonios, la habilidad dialéctica de su argumentación. Lo que más se admira en él es la extraordinaria facultad de crear un personaje y de prestarle sentimientos, palabras y tono perfectamente de acuerdo con la condición real de su cliente.

Su estilo es natural y espontáneo; utiliza con pureza la lengua ática; la sintaxis es sencilla con abundancia de períodos cortos; los conceptos y la exposición de los hechos son claros.

 

Otros oradores que ejercieron de maestros de retórica y de logógrafos durante el siglo IV fueron Andócides, Isócrates e Iseo.

 

 

 

LA ORATORIA POLÍTICA

 

            El máximo representante de este género y el mayor orador de la Antigüedad fue DEMÓSTENES (384-322 aC).

Nació en Atenas y tal como ocurrió con Lísias e Isócrates,  de vivir en el seno de una familia adinerada sin ningún tipo de problemas económicos que le facilitó una completa educación, pasó a tener que trabajar en diversas ocasiones redactando discursos judiciales para otros como principal medio de vida, pues gran parte del patrimonio familiar fue dilapidado por los tutores que se hicieron cargo de él cuando con siete años murió su padre, contra los que después, siendo adulto, se querelló.

Sus discursos son de dos tipos: los destinados a causas privadas ante los tribunales y los políticos, relacionados con el acontecer político de su ciudad, pronunciados ante la Asamblea.

Los logográficos, como los de Lisias, tienen interés en cuanto que son testimonio valiosísimo de la vida privada de los ciudadanos de Atenas en el siglo IV. Discursos como “Contra Androción”, “Contra Aristócrates”, “Contra Beoto”, “En defensa de Formión”, “Contra Midias”…, nos dan a conocer detalles de cuestiones de herencias, de la actividad mercantil, de los préstamos bancarios, de los registros censales, de las condiciones de los esclavos privados…

Los políticos nos sirven para conocer los entresijos de la vida política de la ciudad, las diversas facciones ideológicas y el acontecer de la vida política interna y externa, especialmente desde el momento en que Filipo II de Macedonia mostró sus pretensiones de convertir su país en la mayor potencia de Grecia.

Las ambiciones expansionistas de Filipo II,  la indolencia de los dirigentes para llevar a cabo contraofensivas y la mala administración interna de la ciudad fueron los temas recurrentes en la mayor parte de los discursos políticos de Demóstenes, quien durante más de una década, como político activo de su ciudad, se convirtió en la personificación de la oposición a Filipo.

Los discursos las cuatro “Filípicas” o  las tres “Olintíacas” son excelentes ejemplos de extraordinaria elocuencia griega puesta al servicio de  la política antimacedónica y la exaltación del sentimiento patriótico de Demóstenes.

Por sus méritos para con la patria, su amigo Ctesifonte propuso para él la concesión de una corona honorífica, origen de un famoso careo oratorio entre Demóstenes y su rival político, Esquines, también excelente orador, quien se opuso acusando la propuesta de ilegalidad. Por tal motivo Demóstenes elaboró el famoso discurso “Sobre la Corona”, una de sus obras más conseguidas,  defendiendo a su amigo y haciendo una apología de toda su labor política.

En cuanto a su estilo oratorio, si bien en los comienzos se nota la influencia del estilo de sus predecesores, con el tiempo va adquiriendo rasgos propios en el uso de la sintaxis, y de los recursos estilísticos, que han hecho de él uno de los oradores más admirados de todos los tiempos.

Oradores contemporáneos de Demóstenes fueron el ya citado Esquines, Dinarco e Hipérides.

 

 

LA ORATORIA EPIDÍCTICA

 

            Este tipo de Oratoria estuvo vinculada a las grandes solemnidades  públicas y a todas las ocasiones de la vida social y cultural de la ciudad en las que el discurso era el elemento fundamental de la ceremonia.

Su máximo representante fue ISÓCRATES (436-338 aC). Al igual que otros oradores, ejerció de logógrafo como medio de subsistencia  y creó una famosísima escuela de retórica de donde surgieron grandes personalidades literarias y políticas.

Para lograr su brillante retórica tenía unas doctrinas muy precisas sobre el estilo, que ejemplificaba en sus obras e inculcaba a sus discípulos: daba mucha importancia a la musicalidad de la frase, las figuras retóricas, y le gustaban los períodos sintácticos largos.

Su actividad ha de ser contemplada en la doble faceta de ensayista político y de maestro y teórico de retórica, aspectos no independientes sino más  bien complementarios.

Su interés por la política se revela en discursos como el “Panegírico”, en el que exhorta a todos los griegos para que se unan y creen una  confederación contra el enemigo persa.

Isócrates ejerció una influencia enorme en su siglo, no sólo en el campo de la estilística como perfeccionador de la prosa ática, y en el campo de la política, sino también en el terreno de la educación. Sus teorías educativas, expuestas en “Contra los sofistas” tienen un objetivo pragmático: la formación de hombres que con una educación completa y el dominio de la oratoria sepan adaptarse a las circunstancias de la vida.