Tierra cárdena‎ > ‎

Tierra (2004-2006)





I



Tránsito de acacias espinosas,

no en la playa aquella

de mi juventud sombría,

tránsito distinto es éste,

pausado y amarillo y frío,

pero verdadero.

Es otro el levante y el poniente.

Silencio de osos muertos.

Más de un día, sí, es silencio.





II



Y era, en su perfil marino,

como un enigma alado,

como aquéllos de otros tiempos,

mediterráneos, lejanos,

que causaban la perdición sonora

con sus cuerpos y melodías.

Ojalá lo fuese siempre,

como hoy, destello perpetuo

y no una sombra que pasó,

sólo soledad, poliédrica sólo,

la inesperada paradoja,

de levedad oscura, de caña dulce.

Si fuesen las tardes siempre

como esta tarde marina, si fuesen

así de frescas y claras,

qué inesperado oleaje de Fortuna

para un hijo de navegantes,

olvidar el rumbo, pederme en el azul

de la sierra de Madrid.





III



Entonces una sirena alada

me hizo creer en la cercanía de la costa.

Fue ya hace siglo y medio de carestía,

despreocupación, mar revuelto,

que pensé en la posible solidez

de un reflejo, ilusión de calma,

esperanza al menos, acacias

a lo lejos espinando luz solar intensa.

Fue hace siglo y medio y ahora pensaba

<<tal vez vea tierra>>.





IV



Oteo silíceos horizontes

fragua y hogar, melancolía.

Quién dará gracia vestal a los vientos,

a los mares, al sueño inquieto.

Linde bermejo, ojos oscuros

y el vacío abstracto y el vacío

siempre, esencia de alameda.

Oteo sin fuerzas

el quejumbroso discurrir azul.





V



En el silencio de los gabanes

hay un equilibrio extraño.

Un poco mortecino, distante,

paralelamente oprimido de lejanía.

Fuera en cambio no existe,

aunque se busque, la armonía fecunda,

la felicidad amarillenta,

sino un discurrir de sombras

que se ondulan en el tiempo,

lomos en el aire de la esperanza

enredándose pesadamente

en una maraña de emociones acuáticas.





VI



Tierra para mis manos

y tierra que se deshace,

el silencio es una etapa

que algún día termina.

Fue frío despertar del

escalón del sueño,

parecía infinitamente helado

el aire y el tiempo.

Levantarse y levantarse

hasta el tejado, respirar.

Está allí, a 3 kilómetros

de visión suroeste

o a tres páginas web

y veinte correos.









Creative Commons License
Víctor Biehler









Comments