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Numen (1996-2002)




I



Una  tarde,  en  este  olivo,  morían  sus  ojos  verdes,

mustios de ver, de muerte, de verde niñandad que muere,

de   verdes   aves   perdiéndose   como   deseos   etéreos.

Una   tarde,   morían,   por   los   gozos   herejes

de   algún   lejano   y   ardiente   infiel   entre   los   infieles

atardeceres   ausentes.   Infiel   entre   ronroneos

de   fuegos   fatuos   monte,   muerte,   infancia   fugada.

Atardecer   de   su   ingenua,   de   su   verde   mirada,

perdiéndose   para   siempre

por   los   campos   callados

de   su   presente

sin   dioses,

dolorido,

profanado.

Una tarde   volaron,

hasta   este   olivo   volaron

como   palabras   al   viento

las   verdes   aves   de   su   infancia.





II





soledad soluble

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soluble soledad





soledad salada

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salada soledad





soledad marítima

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marítima soledad





III



et

et

et

et    caetera-

realidades    tan    absolutas    y    leves

como    el    vuelo    de    una    mariposa-

imprudencias    cortantes-

gran    oleada    de    ángeles    negros,    de

muros,       the    scream,      de    angustias ígneas,

de    verdad,    de    la    fuerza    olvidada    de    un

fantasma axiológico    fuera    de    mí hasta

hace    unos    minutos,

¿por    dónde entró?, no lo sé‚ pero entró

de    golpe    y    trajo    consigo    el    pasado    demoledor,

cruel,    único,    desidioso;    trajo    consigo    el

descalabro    de    la    fantasía.             Siempre    pensabas

que    resistiría    el    vuelo    de    una    mariposa.

Pero    un    trémulo    y    frágil    batir    de    alas    se

llevó,    entre    aquellas    motas    doradas    de

desilusión,    una    mentira    pusilánime

que    parecía    moldearse,

parecía

moldear

      sssss

            ss

                e







IV



Te recordaba entre girasoles balanceados

bajo un mar leve, llegaste en el último sueño,

taimado y certero, arrumando el amanecer

de aquellos ángeles aletargados y cándidos.

Voluptuosamente eter

nidad, eternidad nuestra.



Eternidad celeste, sutil, ajazminada,

que guardé tras una gota de fresco rocío.

Eternidad agotada de verte partir.

Quise volver, volver, volver interminablemente.

Y estás difuminándote

en la horrible mañana.



Inventaste aquella noche tan real y azulada

para colorear todo el subsuelo de mis ojos,

para embriagarme con cada anhelo de tu existencia,

diluir nuestro silencio en un ramo de azucenas

y deshojarme, poco a

poco, de madrugada.



Yo te espero, cada noche, como a los rumores

que sostienen las horas con alfileres blancos.

Nunca fue tan real una sombra en el límite,

jugueteando en la alcoba de mis mitos nimbados,

raptando cada aurora

mis ilusiones frescas.



Dime por qué dejas en un alféizar plateado

mis deseos y me abandonas. Dime por qué eres

tan real, tan irreal como ese horizonte añil

que nos une, nos separa y me enloquece. Dime:

¿Qi tuelle-me ma alma?

¿Qi quere ya ma alma?









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Víctor Biehler









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