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Castillos de arena (2005-2006)




I



19:14, de resaca. Sin novedad en las persianas, aún pasa la luz. Bálsamo de sinfonía para el dolor de tarde y aire en calma para la circulación.

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Sigo buscando los círculos inalcanzables, he escarbado todos los puntos marcados pero no estaban, tampoco estaban al otro lado de la luna, a siete paradas de metro, y la arena entre los dedos me produce sueño. Mañana iré a la oficina círculos lejanos, a pedir cita para dentro de unos años. Mientras tanto, aprendo días de un curso de melancometría y compás. Allí he descubierto una trinchera alfabética que va avanzando poco a poco hasta el anochecer. Entonces se descansa, hay que regar las macetas en busca de la Fuente de los Cuatro Ríos. Aprendo tantas cosas. Área. Acuarela. Naranjas y licor. Paseo entre torres. Curvadas, rectangu-lares. En un balcón de la orilla sur puedo ver a los amos de la pimienta, en una torre rectangular y compacta. Es el lugar dónde hago el trueque de las horas y las especies cada día. No me apetece cambiar esta costumbre. Cuando vuelvo a la orilla norte, sí hay cosas que me gustaría cambiar, como dejar de ser caracolcolcol. Vuelta de acróbata. Pero siempre mirando al centro, hacia el eje de rotación que mantiene firme la inercia de los días grises.

Aprendo a esperar, también. Toda una noche clara paseando, recogiendo fruta, despidiéndonos, despidiéndonos, despidiéndonos. Imposiblemente dulce el encuentro. Imposiblemente cómoda la navegación hasta las islas. Imposiblemente lejano todo. Al levantarme tenía tantas ganas de regalarte una piruleta, pero ya ibas entre las persianas, camino del sol. El desasosiego de la tierra entre los dedos una vez más.





II



Arena entre los dedos al despertar. Necesito quema hidratante para el quemazón de esperanzas vanas. 1 cerveza, 2 cervezas. Malta de cebada, maíz. 4,8% de olvido. Imposiblemente perdido en el Atlántico me aferro a la cercanía del 12 de octubre. Concretar el horizonte, al menos imaginarlo, imaginarlo como hace unos días, cuando era color amarillo posit y completamente imposible pero uno, direccional y manifiesto. Ahora es mero eco de abanicos plateados, desasosiego, nada hay escaleras arriba. Da vértigo como kilómetros bajo el agua perder la orientación. Crash. Es el ruido de ayer. Ahora se mide en gramos la luz, tengo que volver a leer sobre la fatalidad y atormentarme con el significado de <<nada que decir>>.

Hay leones alados sobrevolando la ciudad.





III



Mis ojos descansan batallas perdidas. Lomos del desafío escalan hacia las palomas silenciosas. Un giro de cuello calidoscópico naranja claro, adiós adiós. El abrazo imposible y fugaz del rechazo. Mi gravedad es lo que decida aquella que se despedía amaneciendo el túnel del tiempo. Ahora menos de un octavo de 0.8, que rima con infinito pero es prácticamente lo contrario, vacío de firmamento y alejarse pausadamente en cuanto suelte mi cordón umbilical para el espacio. Quién fuese denso en el tiempo, pesado y fluorescente para sus ojos. Amanece pero no soy sol, sólo el náufrago que descansa debajo en una hamaca, esperando sentir que tiras de la red para despertar. Pasa un crucero, todos saludan y se extrañan de la ingravedad en tan nítido azul. Así es el día después, quisiera seguir embriagado y suenan gaviotas en el centro de Madrid. No, era la televisión. Seguiré buscando la máquina de palabras que imanta mi espacio y te acerca.





IV



El verde manzana se refleja en mi espalda dolorida de la región de las torres. Siempre mirar hacia adelante, a pesar del cansancio de las esquinas de plata. El desasosiego tendrá su fin del día, oscureciendo, persianas bajadas y pestañas. Círculos templados y acogedores, amarillo cotidiano como una percha. 12,1,2, el camino de caracoles que conduce hacia los sueños pasaba por un mercado antiguo. Por allí paseaba ella con sonrisa de luna azul, llevando en bolsas de plástico mis secretos. Cercana e imposible, tan sólo acercar un dedo y no tenía sentido y añoré la niebla. Hoy más la añoro, la niebla, el olvido de la claridad dolorosa, tan sólo pensar en el olor del jabón, nada ha pasado, desear que lleguen y lleguen horas de morfina.





V



Y de nuevo prefiero el Sol. En el incomprensible vaivén de nuevo el destino, la línea azul y el incendio de sus días. El dolor no existe debes pensar, debes pensar en el campo de actinias del sueño rojo, agua o niebla para dormir, en la arena anaranjada muy fina. Imposiblemente perfecta, es inevitable que se deslice y pierda el atardecer ardiente de futuro, vuelva cansinamente la desesperanza. Como un mamut quejumbroso intento girarme hacia el no vacío. El horizonte se va en un Airbus camino y bisagra de las nubes, las gaviotas y las focas de los acantilados. Si consiguiera anestesiarme, olvidarme, girar del todo, ver otro horizonte. Un poco de celta para el chillout posterior a estos días.





VI



Un reflejo de silicio. Despertando a medio día ya en la Torre y con nuevos ojos. Esta mañana difusa sólo vi... Nokia, línea 5, el libro de viaje y el guardián de la entrada. Ahora empiezo a recordar como cruzó corriendo y no existía, la mujer pulpo que se adhirió al cielo de escayola. Wwwlejana,
siempre hay lapsus y líneas discontinuas, ajetreo en el desequilibrio de un columpio. Suena una flauta para seguir el camino de las especias pero el sonido viene de todas partes. Un precipitado de ansiedad entre roja y añil se diluye y queda sólo la cotidianeidad cárdena, agradable y tambaleante.
Aquellos tiempos de brújula, cañones y pelotas, del Santísima Trinidad, ya quedaron atrás. Una batería en mis recuerdos y algunos besos pero ella no quería hablarme, adiós.





VII



Restos de nieve en tus pestañas y mirabas al frente. Ni a mi ni a nadie, sólo al frente, hacia una sombra de sueños pequeños, congelados de ambición y naftalina. El tren pasaba una y otra vez sin abrir las puertas y los destinos eran distintos a la imagen pasada, de hierro anaranjado, de óxido se sucedían, sin abrir sus puertas. Quizá no se presionó el botón adecuado o no era la hora exacta y quedaste mirando el verde prado una vez más como las vacas de Urano. Sueños deshaciéndose y un rumor de pesadillas y whisky, pero el tiempo era al fin y al cabo sabio, y tendría un marco perfecto reservado para esa parada en la que se abren las puertas. Al caer la luz se va secando la escarcha y pasado el día sólo queda asfalto en el transcurrir. Se silencia el aire y posiblemente no vuelva a nevar.





VIII



GOTAS de desafío de tamaño considerable en la lentitud del descenso y se convirtieron en peñascos. 1 sombra 2 sobras 3, que dejé de buscar, ya no necesito jabón para adherir las sombras de la infancia. Con paso rápido de fantasma se cruzan otras, sin detenerse, no sé si son reales sombras o simplemente telas de alguna araña veloz. Las sigo insistentemente y me cruzo con las torres ya conocidas, las habituales torres de la pimienta y las altas torres de los dragones. Tras alguna esquina estará la sombra-horizonte que me corresponde. Cruzo el verso, recuerdo el olor del ciprés, tan relajante y verde, y a aquel bardo que cantaba <<La sombra es el reverso del alma>>.









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Víctor Biehler









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