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4 batallas (2006-2007)



I



Y de repente te vi. El ventilador de mis neuronas deshojaba recuerdos. Iba la ausencia, venían la luz, los abismos. Una vez más el abismo tras la tormenta seca que distrajo los sentidos, el horizonte imposible se despliega. Está próximo el otoño, viajes y batallas, páramos quemados donde descansan mis ejércitos. Siempre veo semillas que vuelan o ruedan cuando camino hacia el sur, y su mirada lánguida, profunda, de diosa mediterránea. Creo entonces en el azul diáfano y los campos sembrados. Calma, música, olivos... Comienzo el contraataque a lomos del dragón con un panzermail a ojos cerrados. Nada se escucha. He bailado en el valle de los rituales y tengo metralla en el lóbulo izquierdo, pero aún recuerdo el mapa del mundo. Los ángeles nos librarán, pensábamos, pero se nos ha nublado la vista, y somos deshilachados por molinos de viento. La soledad del perdedor tras la derrota.





II



La luz de la mañana azul neón y escarcha de hierba en el camino. Un avión de papel que te envié aún no ha caído. Ya no debiera tener fe en su regreso, asumir la derrota y retirarme . Pero tiendo la mano sin mirar, sin querer, sin sentido. Una avanzadilla involuntaria que me deja en el vacío, observando el catódico infinito, deseando la retirada a cualquier bunker, mil metros bajo tierra.


El otoño ha llegado y caen los posit desde tu pantalla.





III



Nuevas noches, un silencio agudo grisáceo. Siempre aspiro a la mañana, inexistente una vez más, tras la puerta blanca y el fuego. Témpanos colgando del balcón, témpanos de mi historia. He vuelto de la batalla de Wyrmberg y aún resuena la paradoja en el páramo. Días de incertidumbre, desorientación, perdido en el Desierto-Sombra. Y a pesar de todo, supongo mi destino tan claro... un oasis desde hace miles y miles de años. Miles de hijos, miles de juegos, miles de días. La batalla se aproxima una vez más, clamor de tambores, un trago de güisqui o de desesperanza.





IV



Su ausencia y eco restalla en la mañana de trigo otro tormentoso fin de semana. El verano sigue desplegándose insaciable. El desierto se propaga Norte y Sur en las columnas doloridas por el fin de semana. No hay vísperas de presencia ni verdad más cotidiana que la sombra plácida. Un combinado de limón, escudo contra las tentaciones del mundo. Ha pasado ya casi un año desde que muriese prácticamente toda la caballería, gran parte de infantería, oficiales y la aprendiz de mago. Como en Austerlitz me dejaron libre la retirada, otro regreso sin gloria. Arrastrar de pies, de cañones y carretas. Las tropas derrotadas descansan aún en la estepa aguardando un nuevo otoño.









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Víctor Biehler









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