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Nebulosas orillas (1993-1994)

 


En el más absurdo de los tiempos.



En el más absurdo de los tiempos, la vida,

el futuro se hace presente

entre sutiles suspiros de felicidad.

Se va recorriendo el camino

entre la amenaza incesante de los lobos.

Y se aproxima la nada y su rotunda sentencia

persiguiendo egos insignificantes; que arrastra

con su máxima fría y eterna.

Y violenta, despiadada, va sacrificando,

como el animal que devora sus crías,

las débiles creaciones aterrorizadas

que ignoran el contenido de sus oscuras vísceras.






A unos ojos de profunda mirada.



Dulce alba en la noche estrellada,

quien fuese el suelo que tú pisas,

quien fuese el destino de tu mirada,

quien fuese una leve brisa

para poder acariciar tu cara.






Experimento.



En el mundo hay un país, en el país una ciudad, en la ciudad una casa, en la casa un jardín, en el jardín un invernadero, en el invernadero una mesa, en la mesa una maceta, en la maceta un rosal, en el rosal una rosa, en la rosa una gota de rocío, en la gota de rocío un mundo, en el mundo un país, en el país una ciudad, en la ciudad un puerto, en el puerto un mar de lagartijas y sapos en el que navegan barcos de plástico que se llenan de sangre, en un barco había un plátano, un plátano verde. En el puerto también había un centro comercial y en el centro comercial una tienda, y en la tienda una mujer, y en la mujer una mano, y en la mano un espejo, y en el espejo sus ojos, y en sus ojos el puerto, y en el puerto un mar de lagartijas y sapos en el que navegan barcos de plástico que se llenan de sangre, sangre de bichos mutilados. En el puerto también había un niño y en el niño había un barco de papel con un soldadito, y el barco cayó al mar, y el barco salió del puerto, y el soldadito navegó, pero comenzó a arreciar el viento y una ola lo lanzó lejos, y el viento lo llevó aún más lejos y lo cogió el señor gaviota y salieron de la ciudad y aún se alejaron más, y salieron del país, y aún se alejaron mucho más, y salieron del mundo, y el soldadito viajó entre las estrellas hasta llegar a un pequeño planeta; y en una nube pastaba una vaca alada. El señor gaviota soltó el barco y el soldadito comenzó a caer y llegó otra vaca y se comió su barco, pero el soldadito no murió porque llevaba paracaídas, y bajó hasta una playa donde se quedó a vivir acompañado de los nativos de la isla, reflexionando en las noches de arena fresca, de ojos y de estrellas, escribiendo y recordando aquel barco de papel, aquel mar de lagartijas y sapos en el que navegan barcos de plástico que se llenan de sangre, aquella mano, aquel niño, aquel puerto, aquella ciudad, aquel país, aquel mundo, aquella gota de rocío, aquella rosa, aquel rosal, aquella maceta, aquella mesa, aquel invernadero, aquel jardín, aquella casa, aquella ciudad, aquel país, aquel mundo, esta hoja de papel, esta persona que la mira.






Viaje.



Dios o nada.

Dios o nada.

El ave muerte baja desde el cielo.

El crepúsculo en la noche.

Una gorda hawaiana con una gran braga,

gran braga que pasa a ocultar el espacio

entre dos dedos que hacen los cuernos,

que pasan a adornar un casco dorado

ornamentado de ornamenta.






Rimas.



En la noche azulada

siento cerca tu ternura,

como el lobo que aúlla

siente cerca la luna.

En la noche azulada

los astros llenan el cielo

como llenan mi almohada

tus ojos y un sueño.

Sueño poder algún día

pasear junto a mi amada

bajo la luna llena

de la noche azulada.




No llores, mi niña

si alguien te dijo no,

porque si te ve triste

también llorará el sol.




Libélula convaleciente

en la casa de las conchas:


Necesito estar en la atmósfera ingrávida

en la que el alcohol me anestesia,

ahogarme en el planeta botella

en el que todo se olvida.

Necesito entrar en esa dimensión

en la que tú me miras.

Una copa, unos ojos y valor

para darle sentido a la vida.




Viento tibio, mar en calma,

tras las montañas se caen

el púrpura y el naranja,

difuminado de nubes y de cielo

en la bahía de Málaga,

difuminado como el anhelo

que recorre mi alma.




Es por ti que ya no hay tiempo

para el loco que te escribe.

Es por ti que ruge el viento

en el barco que dirige

mi cabeza hacia los sueños.

Es por ti que veo nevadas

donde solo había almendros.

Es por ti que están grabadas

las palabras que yo siento.




Como un susurro de ángel,

como una caricia de sol,

como una pequeña manta

noto llenando mi interior

aquella simpática mirada

que una noche afortunada

una estrella me lanzó.






Noche de San Juan.



Tras el atardecer dilatado

llega la noche de fiesta.

En mi cuarto encerrado

entre papeles de tormenta

pienso en el último verano

en que tal noche como esta

pude estar a su lado

aunque muy lejos de ella.

Aquella noche malvada

en que fui arena en la arena,

aquella noche traidora

¿será mejor que esta?.

Hoy al menos no está cerca

para embravecer mis venas

con su cálida presencia.

Pero hoy hay luna llena

y sé que la ha mirado

pues embravece mis poemas.






En nebulosas orillas ajenas.



En nebulosas orillas ajenas,

opuestas a mi lado de la bahía,

un barco muerto en nubes de barrena

que el cielo en la mar vacían

descansa entre el ser y no ser

de una atmósfera caliente y pesada.

Se oculta y vuelve a aparecer

cohabitando entre el "es" la nada,

siendo Fénix de metal

que entre dos azules se apaga:

azul de mar estático y cielo claro,

prendados de una luz eterna

que deja la gran estrella

en sus últimos suspiros dorados.

Nada el barco, nada solo,

arropado de montañas,

bajo el aire caluroso

que le acaricia y le tapa.

Y las gaviotas lo rodean,

y las gaviotas lo acompañan,

van despidiendo al navío

que sale del puerto de Málaga.






Anochecer desde mi balcón.



Aún muere el sol al oeste

y ya veo un lucero,

una nube y una farola,

un árbol y la baranda de mi balcón.

Inmerso en un aire cálido y ligero,

e inmerso en palabras de un sueño.

El sol desagua tras las montañas albero

de las últimas olas que llegan a la orilla del día,

y las últimas nubes rasgadas de fuego

yacen como palomas inertes que penden del cielo.

Entre las ramas del eucalipto

aparece un hilito curvado de luna,

como una fina hamaca luminosa

en la que tal vez se siente un poeta lunático

que se mece entre las hojitas de mi árbol vecino.

Se escurren entre los montes las últimas gotas de albero

y sin aprecio del tiempo,

ya ha cubierto el mundo la noche.

El mar es noche,

el árbol es noche,

la sombra de mi baranda es noche

y el cielo...

casi es noche.

Aún escurren unas gotitas de albero

de las últimas olas que llegan a la orilla del cielo.

Recorriendo la costa parpadean como el fuego

las hileras de bombillas que iluminan los paseos.

Málaga baila abrazada al mar

y son sus collares de perlas.

Y sus susurros... la brisa.

Y sus caricias... las olas,

que reflejan las estrellas.

Ya cayeron las últimas gotas de albero

tras las orillas del cielo.

Los enamorados se han arropado de noche,

aunque no los vea, lo sé:

los enamorados se besan.

Porque la luna ríe entre las hojitas del eucalipto

y se estremecen las almas de los poetas










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Víctor Biehler